Petrovic con Yugoslavia en Zagreb’89 y Argentina’90: Ivkovic dio con la tecla

Petrovic con Yugoslavia en Zagreb’89 y Argentina’90: Ivkovic dio con la tecla

Con la llegada del entrenador serbio al banquillo, Yugoslavia encontró la excelencia. El virtuoso Drazen ya disponía de su orquesta perfecta para interpretar sus mejores sinfonías. Zagreb `89 y Argentina `90, odas al basket en azul

Basket fluido; espectáculo grandioso. Selección bendecida a la altura de los ecos de Ljubljana’70, Barcelona’73, Belgrado’75 o Manila’78. Antes de desintegrarse, Yugoslavia desplegó un juego inolvidable, tan vistoso como eficaz e implacable. El mago Ivkovic dio con la tecla. Y nadie dudaba de quién era el líder. El trienio de Cosic, a falta de resultados brillantes, fue dando acogida a nuevos talentos que explotaron con el técnico de Belgrado.

Juegos Olímpicos Seúl’88. Obsesión roja

Pero Ivkovic también habría de padecer la obsesión roja que afectaba entonces a los yugoslavos. En aquel verano olímpico, Yugoslavia sólo perdió con la URSS… pero lo hizo tres veces. En el Preolímpico de Holanda (primera fase en Den Bosch, fase final en Rotterdam), los plavi sólo cedieron ante unos soviéticos sin Sabonis (86-83). Drazen promedió 24 puntos en nueve partidos. España se hizo con el tercer pasaporte gracias a un average favorable en un triple empate con Italia y Grecia. La controversia por la no convocatoria de Djordjevic será eterna. El último partido de Petrovic con la Cibona fue en Zagreb el desempate de la semifinal liguera ante el vigente campeón, el Partizán. Esa noche anotó sólo 13 puntos (0/9 triples), su anotación más baja en la liga yugoslava en sus cuatro años con los lobos de Tuskanac. ¿Represalia?

Para la cita coreana, Ivkovic mantuvo las novedades del veterano Zeljko Obradovic (eficaz) y Zdravko Radulovic (irrelevante), pero realizó dos cambios respecto al Preolímpico: Jure Zdovc y Arapovic en los puestos de Radovic y Peckarski. En el estreno olímpico, derrota inapelable ante los de Gomelsky: 92-79 pese a los 25 de Drazen y un Sabonis a medio gas con 11 tantos.

PESE A QUE IVKOVIC CAMBIÓ MEDIO EQUIPO DE UN AÑO A AÑO, ZAGREB’89 Y ARGENTINA’90 FUERON DOS ODAS L BASKET. DRAZEN, RESPETADO LÍDER

Los balcánicos aseguraron el pase a cuartos con victorias ante la República Centroafricana de Anicet Lavodrama, Corea del Sur y Australia de Gaze, antes de caer ante Puerto Rico en la última jornada. Cómodos cruces en cuartos ante Canada y en semifinales ante Australia. Estelar Petrovic ante los aussies con 24 puntos con apenas 11 tiros (6/8 triples). Final con muchas cuentas pendientes, después de que su gran rival acabase con la historia olímpica de los universitarios americanos: 28 puntos de Kurtinaitis y Sabonis contuvo a David Robinson en la semifinal.

En la lucha por la gloria olímpica, Petrovic estuvo demasiado solo. Su buen partido (24 puntos, anotó los dos únicos triples de su equipo) no tuvo ayuda del resto. Sabonis, sin embargo, se bastó con Volkov como única ayuda interior para minimizar la amplia batería de centers rivales (Divac, Radja, Vrankovic…). Partido de tanteo bajo (76-63) pese al small ball de ambas escuadras. Coronación de Sabonis con 20 puntos sin tirar triples y 15 rebotes.

Sabonis y Petrovic. Petrovic y Sabonis. La gran rivalidad del basket de los ochenta. En clubes y en las selecciones. Ahora, ambos emigraban a la vez para proseguir sus carreras en España: en el Real Madrid el escolta y en Valladolid el center.

EuroBasket Zagreb’89. Profeta en casa

¡Campeón de Europa ante tu afición, en el mítico Dom Sportova y promediando 30 puntos por partido! ¿Qué es la felicidad? El EuroBasket’89 fue la gran fiesta del baloncesto yugoslavo, una catarsis colectiva. Con Drazen como gran profeta. En lo más alto de Europa, doce años después.

Posiblemente, el Petrovic más generoso, aplicado, concentrado y efectivo de su trayectoria en Europa. Su basket fluyó como nunca, sin teatros, sin artificios. Cinco partidos: 154 minutos, 150 puntos. ¿Algo más? Sí, un 75% en tiros de dos (34/45), un 70% en triples (16/23) y un 87% en tiros libres (34/39). ¡30 puntos de media lanzando apenas 13,6 veces a canasta! ¡Un genio anda suelto! Drazen pilotó una máquina perfectamente engrasada: cinco victorias amplias, con una diferencia media de 22 tantos. El todos para uno y uno para todos en versión cestista. Director de un juego impecable. Implacable. Con Zdovc, Paspalj, Radja y Divac formó un quinteto titular inolvidable. Pero los doce convocados fueron piezas útiles: brillante debut de Predrag Danilovic.

Se ajustaron cuentas dos años después con la campeona Grecia, derrotada en la primera jornada y en la final (Gallis, 30 puntos en ambos choques). Bulgaria, Francia e Italia, en semifinales, fueron los que padecieron la tormenta perfecta de Zagreb. Una detalle revelador del espíritu con el que Drazen afrontó este torneo fue su tenaz defensa sobre el rocoso alero Fanis Christodoulou ante las apuestas de Paspalj sobre Gallis (no anotó hasta el minuto 14) y Zdovc sobre Yannakis. Y en la otra canasta, a sus 28 tantos sumó 12 asistencias. ¿Su obra maestra?

El gran Moncho Monsalve escribió en nuestra revista “cada día nos ofrece algo diferente y genial. Su creatividad, conocimiento del juego y fundamentos son espectaculares y le convierten en el mejor de Europa”. Con 24 años, ya era el veterano en el que todos confían. La progresiva recolección de talento que surgía de una liga yugoslava fabulosa dio sus frutos.

Mundial Argentina’90. Epílogo agridulce

Prueba del gran momento del baloncesto yugoslavo (en la década de los ochenta hubo cinco campeones nacionales diferentes), para el Mundial de Argentina’90, Ivkovic cambió medio plantel: Savic por Radja; Perasovic por Danilovic; Komazec por Radulovic; Obradovic por Radovic y los interiores Curcic y Jovanovic por Vrankovic y Primorac. Repitieron Zdovc, Petrovic, Kukoc, Paspalj, Divac y Cutura. ¿Resultado? El mismo: oro con un juego colectivo deslumbrante. El tercer (y último) Mundial de Yugoslavia.

Tras una primera primera fase en Santa Fe resuelta burocráticamente (victorias ante Venezuela y Angola y derrota con Puerto Rico con Drazen siempre +20 puntos), llegó una movida semana en el Luna Park bonaerense.

EL INCIDENTE DE DIVAC CON LA BANDERA CROATA TRAS GANAR EL MUNDIAL EN EL LUNA PARK DE BUENOS AIRES PESA MÁS EN LA MEMORIA QUE EL DELICIOSO JUEGO DE LA ÚLTIMA YUGOSLAVIA. LA GUERRA ROMPIÓ UN GRUPO ÚNICO

Paso firme con victorias ante Brasil, la URSS (tan esperada…) y Grecia que dieron paso a la semifinal ante la tradicional USA universitaria. Petrovic destapó el tarro de las esencias ante Kenny Anderson, más tarde su compañero de backcourt en los Nets: 31 puntos. En la final, ante una Unión Soviética sin Sabonis pero con Garastas en el banquillo, el juego coral de los plavi se impuso: Paspalj 20, Petro 18, Kukoc 14, Zdovc 13, Savic 11… Por parte soviética, Volkov y el base Sokk fueron los mejores anotadores con 15 tantos. En lo más alto, tocaba festejar… ¿o no?

Aquella final fue el último partido de Drazen Petrovic con la camiseta de Yugoslavia. Y desgraciadamente, en el recuerdo colectivo quedó grabado a fuego el incidente de Divac con un aficionado con una bandera croata en plena celebración. Curiosamente, justo después de Arapovic cerrase el marcador con un palmeo (9275), Divac y Petrovic se encontraron y abrazaron en mitad de la cancha. Tras separarse, el pívot iba a celebrar con Kukoc cuando se encontró con un seguidor enarbolando la bandera croata. Tras discutir, se la arrebató y la tiró al suelo cuando ya el resto del equipo se había reunido en el centro de la pista.

La política abrió la grieta en un grupo único, imbatible. La guerra terminaría por romper lazos casi fraternales. Drazen, inmerso con los Nets en su adaptación física a la NBA, declinó jugar el EuroBasket de Roma’91 donde Yugoslavia se colgó su último oro antes de despedazarse.

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