El último partido de Kobe Bryant, contado por Piti Hurtado

El último partido de Kobe Bryant, contado por Piti Hurtado

Fue el 13 de abril de 2016 en el Staples Center y Piti Hurtado comentó ese partido en Movistar+

La mejor última actuación individual de un jugador cerró la peor temporada en registros de victorias de Los Angeles Lakers. Una franquicia ganadora que fue liderada en esa 15/16 por un Kobe Bryant en los peores porcentajes de su carrera y un Byron Scott como entrenador que es el técnico con los números más lamentables de la historia de sus Lakers, un 23% de partidos ganados. Kobe nunca quiso retirarse desde otro lugar que no fuera su Staples Center y en su mente depredadora no había otro afán de dejar huella hasta el último momento.

La familia Buss le firmó la última extensión de su contrato en noviembre de 2013. Eso significaba que un Kobe crepuscular, en sus dos últimas temporadas, convalenciente, recuperándose para retirarse, iba a ganar unos 50 millones de dólares, lo cual condicionaba la reconstrucción de un proyecto pero eran los servicios a pagar por la excelencia de 20 temporadas defendiendo estos colores y 5 títulos de Campeón. Y Kobe, en el último momento, su última noche, no defraudó.

En la redacción de Movistar+, en Tres Cantos (Madrid), se produjeron varias reuniones los días previos a aquel 13 de abril de 2016. Se dio la circunstancia que en la misma fecha y a la misma hora (4:30 de la mañana españolas, horario de la costa Oeste) en California, se jugaría el Golden St. Warriors contra Memphis Grizzlies, el equipo de Steph Curry, que en una liga regular de fantasía había llegado con opciones de arrebatar a los Bulls de Chicago de 1996 y a Michael Jordan el récord de victorias en Liga Regular. Estaban empatados con 72 y a los Warriors les quedaba un partido por jugar.

Coincidían dos hechos grandes de la historia de la NBA a la vez.La NBA siempre se ha guardado de planificar televisivamente sus grandes momentos para que no se solapen, pero aquella noche la épica les pilló con el paso cambiado. Los rectores de la televisión para emitir la NBA en España tenían que decidir qué narrador y comentarista debían hacer cada partido. En condiciones normales, los titulares, Guillermo Giménez y Antoni Daimiel hubieran puesto voz a estos dos momentos. Daimiel, la voz de la NBA en España, y Guillermo, el narrador que cogió el testigo de Andrés Montes.

Al ser jueves y estar las parejas semanales establecidas por día, a Fran Fermoso y a mí nos correspondía el partido que no trabajaran los titulares. La gran incógnita a priori era cuál sería el partido con más contenido histórico para hacer la designación. Los Warriors tenían un alto porcentaje de conseguir el récord, jugaban en casa y en el Oracle Arena sólo habían cedido dos partidos en todo el curso…

UNA FELIZ CARAMBOLA

Lo que podía pasar con Kobe era pura elucubración. Todos habíamos visto que en su gira de adioses por las pistas de la NBA parecía que había forzado la máquina para que su ego se fuera con el respeto y cariño de todas las aficiones: desde Kareem-Abdul Jabbar no se veía un camino final parecido. Pero su físico y acierto estaban en el crepúsculo, obviamente. Utah Jazz, el convidado a la fiesta había hecho una buena temporada pero llegaba con remotas opciones de playoffs: finalmente la 8ª posición la consiguió Rockets.

Pero en la segunda temporada del entrenador Quin Snyder, el equipo seguía mejorando en solidez defensiva y oficio, un basket no muy brillante pero bastante fiel a su estado de pertenencia y a una franquicia de historia fiable. No parecía en las jornadas previas que los Jazz llegaran allí a dejarse ir. Los rectores de la cadena, supongo que también con cierto peso de la opinión de los periodistas más veteranos (o no) decidieron que Giménez y Daimiel fueran los que pusieran voz a la (probable) ruptura del récord de victorias de Golden State Warriors y que Fermoso y éste que teclea fueran los que tomaran el Lakers-Jazz.

En la preparación contactamos con personas que nos pudieran ayudar a contextualizar la figura de Kobe Bryant. Llegamos a hablar con John Cox, primo hermano de la Mamba, nacido en Caracas porque el tío materno jugaba en aquella liga y contra el que yo me había enfrentado. Nos contó que al oeste en Filadelfia, crecían y vivían los primos. Si John jugaba al basket y decidía hacerlo sin cansarse demasiado, Kobe cuando tuvo coche le dejaba tirado porque creía que no se había esforzado. No sabemos si cierto día jugando al basket entre primos, unos tipos del barrio les metieron en un lío, pero sí sabemos que Kobe se fue posteriormente a Bel Air y John Cox hizo carrera en la Pro-A Francesa y en Venezuela (clubes y Selección).

El momento y el lugar eran perfectos. La atmósfera que se creó en los prolegómenos era puro Hollywood. Las redes sociales, siempre mentirosas pero siempre sintomáticas según la producción de comentarios, nos hacían sentir que era un momento especial. Pero pese a los nervios y a notar que no era un día cualquiera, nadie pudimos ni siquiera soñar con el final de película que se vivió. Entre los compañeros de equipo de Kobe estaban el mítico Marcelinho Huertas(que ya nos parecía en la cuesta debajo de su carrera, qué osadía…), Tarik Black (posteriormente se vino a Europa a hacer carrera), Roy Hibbert, Ryan Kelly (en el Betis posteriormente, actualmente compañero en el equipo de Sebas Sainz en Japón) y un puñado de jóvenes con talento muy verde aún. World Metta Peace estaba en la plantilla pero vio el partido como si fuera otro de los invitados, ex compañeros de Kobe.

Aquella plantilla había firmado el peor ataque de la NBA, el equipo que menos puntos metía. Los primeros cinco lanzamientos que Bryant tomó fueron errados. Cada vez que el balón salía de su muñeca se creaba un instante de silencio esperanzador que acababa con un pequeño desencanto. Todos los que veíamos ese partido empujábamos para que Kobe tuviera una actuación al menos digna el día de su retirada. Entendíamos que anotar entre 15 y 20 puntos y pedir el cambio a mitad del último cuarto sería contentar a todos, incluso con victoria de los Jazz. El departamento de Marketing y Jeannie Buss al cargo del show harían el resto con una buena escaleta en el prepartido y un final dándole el micro al protagonista.

DE MENOS A… ¡LA LOCURA!

Vimos un primer cuarto ajustado. Snyder con raíces en la Universidad de Kentucky y en el baloncesto FIBA, lleva la defensa tatuada en su pizarra y puso a marcarle a sus piezas más inteligentes, Gordon Hayward y Joe Ingles. La primera acción que hizo a la grada aullar fue cuando ya se llevaban 7 minutos de juego, Kobe le coloca un tapón en la ayuda a Trevor Booker, sube la bola, hace un cambio de mano por delante en la cara de Toni Alcántara Hayward y anota una suspensión elevada por encima de Jeff Withey,el Staples se levanta y celebra el primer gol de la noche.

Por poco que les dieran, habían venido a eso, a celebrar cada canasta de la Mamba como si fuera la última porque iba a ser así. Su segunda fue un fade-away (desapareciendo hacia línea de tiro libre) y su tercera en un 1×1 contra un Rodney Hood que le atacó balón y al que superó para terminar en aro pasado y rosca inversa, falta personal. Kobe al suelo, mira a sus aficionados con mandíbula tensa y le levantan para ir a la línea de personal, 2+1.

Falló sus cinco primeros tiros. A los VIPs les dieron un KobeCopter Clavó 38 en la segunda mitad para firmar 60, remontar y ganar. Un abrupto ‘Mamba out’ fue el punto final

Es la primera vez que notamos algo aún más especial, se levantan los que estaban en la cancha, nos levantamos los que estábamos en el plató, Jack Nicholson se levanta, la realización le da un plano medio como un resplandor y su mirada parece más lúcida que en los últimos tiempos, aplaude. Esto enciende motores y a partir de esa jugada, la mayoría de los lanzamientos los toma el escolta angelino para cerrar el primer cuarto con 15 puntos que nos hacen sonreír. Varios triples lanzados, las penetraciones van decayendo. En los tiempos muertos todo era Kobe Bryant.

La señal internacional de la NBA nos proporcionaba contenidos que ensalzaban la figura del hombre en retirada, testimonios de antiguos compañeros como Pau que no podían estar en la cancha. Recuerdo con escalofrío que en una desconexión en plató comentó que a los asistentes en zona VIP de primeras filas y palcos, la organización de los Lakers les ha regalado un juguete, el Kobe Copter, que emula la figura de un híbrido entre la ya leyenda de los Lakers y su medio de transporte más habitual, el fatídico helicóptero con el que se movía para ir a muchos entrenamientos.

Segundo cuarto, seis minutos le hace descansar Byron Scott (muchos me parecen a día de hoy), vuelve a la cancha, anota otros 7 puntos, son 22 en total, las proyecciones ahora nos dicen que puede acabar el partido fácilmente por encima de los 30, firmamos. Utah Jazz se fue ganando de 15 al descanso del partido, no parece importar a nadie. Menos a Kobe. En una temporada tan ruinosa en victorias, ir perdiendo fácilmente a la hora de sentarse en su taquilla, saber que sus compañeros seguían instalados en la indolencia y mirar a la cara a un D´Angelo Russell desacertado e inapetente, fue lo mejor que le pasó a esa noche.

El equipo del estado mormón fue venciendo toda la segunda parte excepto los últimos 32 segundos, Kobe Bryant clavó 38 puntos en 24 minutos,ordenó que no le pusieran a descansar. Alcanzó los 60 puntos pero lo hizo para ganar,consiguió hacer remontar un partido más duro del que los highlights y las églogas del boxscorismo podían dar cuenta.

GLORIOSO COLOFÓN

Sus compañeros tiraron 35 veces, él lanzó 50 tiros a canasta, batiendo el récord de todos los tiempos, superando a quién tenía que superar por última vez pero no superará nunca, a Michael Jordan, que en 1983 en un enfrentamiento contra Orlando Magic hizo 49… Entre los 10 registros de más tiros de campo en un solo partido, Kobe acapara hasta seis. Su carrera murió como vivió, y su vida terminó como la disfrutó, máxima ambición, sin tiempo que perder, sin ocasiones que desperdiciar.

Los últimos seis minutos del partido y su salida de la cancha las recuerdo de una forma diferente, el trance hipnótico no sólo atrapó a Kobe Bryant en esa huida hacia la victoria, nos arrastró a los que lo veíamos. El partido empezó muy tarde, pero ya era muy temprano. Los 40 puntos nos parecieron fantásticos, los 50 era un número redondo que haría abrir la boca al mundo que despertaba pero sin bostezo. Último cuarto, mete quince consecutivos y pone a su equipo por encima, 96-97 a falta de 32 segundos.

Tiempo muerto y fallo del rival, Kobe con el balón de nuevo, falta personal, tiros libres y la posibilidad de alcanzar los 60 y darle ventaja de 3 a los de púrpura y oro. Otro error de Hayward y partido ganado. Se para con 4.1 segundos, Ryan Kelly corre la banda como si fuera un Gordillo o un Joaquín para pedirle el cambio. Pero hay tiempo muerto, se abraza a Larry Nance hijo y al resto de compañeros, se acerca al banquillo, busca/se encuentra con Shaquille O´Neal. La despedida final ha comenzado, se abrazan, aquí acaba una carrera deportiva de amor y odio, de éxito y más éxito.

EL ÚLTIMO ACTO

Kobe Bryant empieza una sucesión de golpes en el pecho, es la forma de decirle a Los Angeles que les quiere, que ha sido más feliz que desgraciado estos 20 años. Se abraza a todos, pero especialmente se para con Gary Vitti, el trainer de los Lakers desde la época del Showtime, 32 años cuidando del cuerpo y el alma de Magic, de Kareem, de Worthy… Y de todos los daños en dedos, rodillas, tobillos de la Mamba Negra, el jugador que más estiró los límites de resistencia del dolor. Vitti también dejaba los Lakers esa noche.

Kobe va al centro de la cancha, absolutamente emocionado, rodeado de muchísimos ex compañeros invitados al último acto. Agradece todo lo vivido a la organización de los Lakers, a la afición. Mención especial al sacrificio de Vanessa por mantener la familia unida en sus ausencias con tantos entrenamientos; asegura que no cree que haya forma de poder agradecérselo. Vanessa a punto de llorar, Gianna le tira un beso al aire. Bromea con que en los 20 años de su carrera le pedían que pasara la bola y esta noche todos le decían ¡no la pases! Se le acaban las palabras, se le acaba el tiempo y de forma abrupta acaba con ese ¡Mamba Out! que no olvidará el imaginario colectivo de la NBA y menos ahora… Y se retira por el túnel de vestuarios. Sus padres y hermanas son los grandes ausentes.

La realización nos da una última imagen, en la bocana, donde se abraza con parte de su familia política y desaparece. En rueda de prensa declara que no es la retirada perfecta, que para eso debía haber sido el partido por el campeonato, un séptimo partido contra Boston en casa. Pero aquello ya lo hizo, y lo ganó. La NBA a menudo parece guionizada para un mayor disfrute del aficionado. Ahora parece que el guión nos llevó a un giro terrible. Imborrable. Ha sido la retirada individual más brillante de la historia. Y ahora, más.

Foto: Getty Images