Viaje al museo del talento (o por qué hemos hecho un especial de Petrovic)

Viaje al museo del talento (o por qué hemos hecho un especial de Petrovic)

Recuperamos la columna del director de Gigantes para el número especial de Drazen Petrovic que estará en los kioskos durante todo el mes de agosto.

La revista del mes de agosto es un especial de Drazen Petrovic para guardar. Un número de coleccionista con una historia detrás y un motivo muy claro para ver la luz. Ambas cosas las explica el director de Gigantes, David Sardinero, en su columna de este número 1.475.

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Hace unos meses empezamos a pensar en el número que tienes en las manos. Un especial de Drazen Petrovic, dijimos. No se trataba solo de un homenaje a un jugador diferente. Queríamos que fuese una forma de acercar la figura de un tipo icónico como el croata a todos aquellos que no vivieron su época, que no disfrutaron con él. Y el trabajo no era sencillo.

Hemos hecho más especiales, números con aire vintage y miradas al pasado, pero en el caso de Petrovic, todo era diferente. Primero, por el respeto casi reverencial con el que considero que hay que acercarse a su figura. Alguna vez he hablado en este espacio de lo que para mí son los jugadores icónicos, los que traspasan una generación o abanderan la suya. Y con Petrovic sucede exactamente eso. Un verdadero mito del baloncesto europeo, con toda la amplitud que evoca una palabra tan solemne. La que demuestra que se fue demasiado pronto; demasiado.

Unas horas antes de escribir este texto he estado un rato con mi padre. Él, gran aficionado a la canasta, al baloncesto ochentero y noventero, y posiblemente culpable indirecto de que mi foto salga en esta página, es uno de esos lectores que sí pudo disfrutar de Drazen en plenitud; vibrar con él, amarle o insultarle. Como cada mes me ha preguntado de qué iba el siguiente número. La mezcla de sorpresa e ilusión que ha puesto cuando le he desvelado el especial del croata era justo lo que esperaba encontrarme: la leyenda de Drazen sigue viva.

Imaginen lo que hubiera sido Petrovic en la época de las redes sociales. Un Doncic desatado en una era preTwitter, copando hashtags y desbocando pasiones. Y aunque no puedo negar que este número lo degustarán especialmente aquellos que vivieron esos momentos sin un móvil en la mano, la intención no era solo esa. Planteamos la idea de que los aficionados más jóvenes pudieran acercarse a la figura de otro gran fenómeno que vivió Europa y la ACB, que abrió de verdad las puertas de la NBA a un europeo diferente, demostrando que había un baloncesto distinto que allí también podía funcionar. Y lo hizo.

Así empezaron varios meses de trabajo consiguiendo fotos y testimonios, repasando la hemeroteca de nuestra publicación y buceando en más de 1.700 números de Gigantes. Un trabajo enciclopédico que ha comandado el irrepetible Nacho Doria, un profesional ejemplar que se puso manos a la obra, con todo el cariño y dedicación que se puedan imaginar, para no dejarse nada contable de la vida de este genio croata. El redactor jefe de esta publicación, que lleva más números en Gigantes que la cabecera de la revista, como bromeábamos en la redacción, y cuyo nombre este mes debería aparecer por encima del mío en la mancheta del staff.

Llegados a este punto solo me queda invitaros a embarcar, pasar de página y viajar a Sibenik, primero, hacer escala en Zagreb, Madrid y Portland, antes de aterrizar en New Jersey. Por el camino solo les pido que abran los ojos y se preparen para leer, porque hay mucho y bueno. Historias que muchos recordarán y otros descubrirán y que quizá ayuden a entender muchos de los fenómenos que hemos vivido y seguimos viviendo en nuestro basket. No es un homenaje, es un paseo por nuestro particular museo del talento de un genio inolvidable, de un genio no olvidado.