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Un volcán llamado Brussino: entrevista al jugador del Dreamland Gran Canaria

Un volcán llamado Brussino: entrevista al jugador del Dreamland Gran Canaria

La cancha de la Asociación Deportiva Everton Olimpia (ADEO) aún recuerda a un escuálido infantil que, en un partido cadete, eclosionó para siempre. “Tenía dos o tres años menos, solía ir convocado, aunque apenas jugaba. Ese día íbamos perdiendo y bueno, me pusieron. Entonces mi hermano Juan -hoy jugador de Quimsa- me dijo: “vos quedate quieto en la esquina, que yo te busco. Y cuando la tengas, tirá”. Quien iba a imaginar que aquel pequeñajo al que los rivales empezaron flotando estaba a punto de firmar el génesis de lo que hoy acostumbra a verse con las rachas de anotación de Nico Brussino. “En 3 minutos metió 5 o 6 triples, remontamos y acabamos ganando”, recuerda Juan desde la Argentina. ADEO, en Cañada de Gómez, es la vida de los Brussino, donde empezaron a jugar siguiendo a sus tres hermanas, patinadoras, cuando Nico apenas tenía 3 años y pasaron innumerables tardes jugando el uno contra el otro, esperando que en los entrenamientos de los grandes faltara alguien para completarlos. La silenciosa estrella del ‘Granca’ -15’1 puntos y 4’3 rebotes en la Liga Endesa-, acérrimo fan de Newell’s Old Boys, coqueteó con el fútbol, pero no era lo suyo. “Me ponían de portero, porque era mejor con las manos que con las piernas”. Y tanto que sí.

¿Estás en tu mejor momento?

Brussino: Pienso que no, que está por llegar. Quiero seguir dando pasitos hacia adelante. Cuando vine a Gran Canaria me costó al principio, pero luego los di en Tenerife, Zaragoza y ahora, de vuelta a Gran Canaria, otro más. Quiero seguir mejorando. Y quiero creer que va a seguir siendo así temporada tras temporada.

Apenas varías el gesto en la cancha. Pero tengo entendido que eso no era así antes…

Brussino: [Sonríe] ¡No sé cómo me aguantaban! Me enojaba por todo… ¿Me pegaban? Lloraba. ¿Perdía? Lloraba. Era constante. A los 15 o 16 hice un click mental, también cuando me fui de casa por primera vez. Ahí cambié de actitud, pero de pequeño era muy ‘calentón’. Además, es que mi padre decía que cuanto más me cabreaba, mejor jugaba. “Si vos estás medio tranquilo en la pista, ves el juego pasar, pero cuando estás enojado, estás mucho más metido”. Así que ahora, cuando estoy cabreado, me acuerdo de esa frase, y aunque no lo expreso tanto con gestos, intento sacar esa rabia durante el juego. Antes lo sacaba todo, ahora ya las emociones se quedan adentro.

Así que esas rachas de anotación, o en el reciente matazo ante el Covirán Granada solo una jornada después de ser MVP de la Liga Endesa ganando en Vitoria, sigue estando ese chaval…

Brussino: Creo que sí, pero también te digo que a veces me pasa que no sé cómo me salen las cosas. En ese mate le dije a los compañeros “no sé cómo me ha salido esto, fue el momento y ya está”. Tengo esas cosas, que me salen de pronto y hay que aprovechar. No pienso tanto en los movimientos que hago, en mis tiros o en mi juego. Trato de aprovechar la ventaja que me dan. A veces meto de fuera y a veces no, pero siempre trato de jugar para el equipo, sabiendo que habrá algún momento en que el equipo jugará para mí. Eso me da un equilibrio entre lo grupal y lo personal que me hace estar tranquilo durante el partido, siempre tratando de que el equipo gane. Sé que si juego para el equipo, luego eso volverá.

En varios partidos de esta temporada, has destacado también pasando, como con esas 7 asistencias en la cancha del Turk Telekom que destacó Jaka Lakovic.

Brussino: Yo antes solo pensaba en meter puntos. Pero a partir de una edad, empecé a entender que eso estaba bien, pero que no era lo único. Y empecé a comprender mejor el juego, a asumir que había días que metería muchos tiros, pero otros en los que me defenderían más o que no estaría tan acertado y en los que debía tener la capacidad de pasar en el momento adecuado. Así que los días que no estoy atinado hacia el aro, tengo que generar.

¿Jugar tantos años de base en formación ayudó?

Brussino: Me permitió tener ciertos movimientos y un buen manejo de balón. Creo que he sabido aceptarme a la posición que me ha ido tocando según he crecido. En su momento fue de ‘2’ y ahora más de ‘3’, pero el haber pasado por el ‘1’ y el ‘2’ me sirve para ser un ‘3’ móvil y con buen manejo en comparación a otros de mi tamaño.

¿La NBA que fue para ti?

Brussino: Una gran experiencia. Con 23 años, difícil y duro, porque era mi primera vez fuera de Argentina. No hablaba apenas inglés y me encontré con el cambio cultural y con que además solo llevaba tres años jugando en la Liga Nacional. Cuando llegas allí… eso era otro mundo. No había tanta información, y yo tampoco era un adicto a la NBA. Siempre había pensado que sería bueno llegar a jugar allí, pero que primero pasaría por España y luego ya se vería. Pero se dio la ocasión y pensé, “¡vamos!”. Fue difícil, pero en Dallas lo pasé muy bien. Me ayudaron mucho, me entendieron… Supuestamente iba a estar entre la GLeague y la NBA, pero acabé convocado en todos los partidos con los Mavericks y jugué 54. Esa primera experiencia, que supuestamente iba a ser más de aprendizaje, de ir creciendo, fue de golpe, pero la disfruté. En ese momento no te das cuenta de donde estás, pero cuando vine para España y lo pensé, aquello me enseñó mucho a prepararme física y mentalmente para lo que me venía. Estar ahí no es para cualquiera, todos están esperando a que juegues mal, a que tengas una mala semana, para quitarte el sitio. Hay que estar muy bien de cabeza y físico. Aprendí mucho.

¿No jugar la Euroliga afectó al inicio de temporada del ‘Granca’?

Brussino: Quizá. Es algo que dolió. Pero también lo entendimos, porque la anterior experiencia del club, en 2018, no había sido buena. Más allá del deseo de los jugadores de jugar la Euroliga, entendimos que estaba bien y fuimos de la mano del club. Y sobre el inicio de temporada, creo que la clave fue la llegada de varios jugadores nuevos, algunos que debutaban en la Liga Endesa y que tenían que adaptarse a la isla, que siempre cuesta un poco, o al nuevo entrenador. Y aunque teníamos una base, fue complicado. Pero desde que arrancó la Eurocup el equipo fue para arriba, y que estaban algo más incómodos en el sistema, empezaron a encajar. Ahora estamos en un gran momento, en el que, si no aparece uno, lo hace otro. Estamos aprovechando el momento. Sí que hubo dudas al inicio, pero ya no están.

¿Y Argentina? Fuera de la última Copa del Mundo y de los próximos Juegos Olímpicos.

Brussino: Sí… las ventanas no nos favorecieron. Es algo que influye mucho, pero (se encoge de hombros), son cosas que pasan. Es un momento difícil, que no nos gusta, pero es lo que nos toca. Hoy día la competitividad en América se ha igualado mucho entre los nacionalizados y las selecciones como Dominicana o Venezuela que ya tienen muchos jugadores en Europa con experiencia. También Brasil, y hasta Colombia. Antes ibas, jugabas y ganabas, apenas competías con una o dos, pero esto ya no es así, y se notó. Nosotros teníamos muchos jugadores en Euroliga y no nos favoreció. Pero son momentos para pensar y reflexionar.

Brussino: La altura, la celiaquía y una arritmia, trabas en la adolescencia

La imponente planta física para un alero que presenta Nico Brussino en el Dreamland Gran Canaria no fue ni mucho menos siempre así. “A los 16 años, cuando me fui de casa a Marcos Juárez, medía apenas 1’75, pero entonces crecí mucho en poco tiempo”, recuerda. 20 centímetros solo en un año, hasta los 2’05 actuales. Y es que, desvela, “mi estirón duró hasta los 21 o 22”.

Pero hubo más trabas durante tan crucial etapa para el desarrollo de un futuro profesional de la canasta. La primera, digestiva. “Cuando comía algo de pasta o pan, a los 5 o 10 minutos tenía que ir al baño de inmediato, con deposiciones diarreicas”, cuenta. La celiaquía dio la cara pronto, pero, como suele pasar, tardó en diagnosticarse. “Fue a los 19, hasta entonces yo no sabía ni lo que era ser celiaco. Pero en cuanto empecé a cambiar la dieta, a no tomar alimentos con trigo, me empecé a sentir mucho mejor. Me despertaba mejor también, y justo después me llamó la selección por primera vez, que además tenía dietas parecidas a las de un celiaco, lo cual me ayudó mucho”, rememora. Pero claro, para un adolescente, esta patología intestinal tiene repercusiones sociales que, en una fase tan crítica, pueden ser un serio problema. “Cuando salía con amigos y pedían pizza o algo así, yo tenía que tomar pechuga y ensalada siempre. Era un poco frustrante, porque comía siempre lo mismo. Pero por suerte, aquí en España, donde llevo desde 2018, hay de todo, hasta postres, así que no tengo ningún problema”, agradece.

Falta reseñar la prueba más compleja, la que de verdad puso su carrera, qué paradoja, en el alero. En 2012, Brussino ficha por Regatas de Corrientes y, al someterse a una ergometría, se le detecta una arritmia cardiaca producida por el síndrome de Wolf Parkinson White. “De primeras no sabían muy bien lo que era. El médico me citó con mi familia y me dijo que era algo que tenían que seguir estudiando pero que podía obligarme a no jugar al baloncesto nunca más”, recuerda con cierta emoción. “Cuando te dicen a los 19 años que igual no vuelves a jugar… fueron días muy duros”, admite. La solución pasó por una ablación quirúrgica que solventó la causa de la mala conducción eléctrica de su corazón. “Por suerte, se pudo solucionar. Hoy estoy bien, aunque tengo que hacerme controles cada seis meses, pero todo va rodado”, zanja.

Estadísticas de Brussino esta temporada en Liga Endesa

El histórico partido de Brussino

ACB Photo

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