90 años de un sueño: Ginebra’ 35, primer Campeonato de Europa
Alcobendas, enero de 2021. Una llamada de teléfono.
“Buenos días, soy Jorge Manent, el hijo de Mariano Manent, el primer seleccionador de baloncesto de España en 1935. Mi hermana Nuria y yo querríamos donar a la FEB una sudadera de mi padre. No sabemos si ustedes estarían interesados”. Más que interesados, estábamos emocionados. Mucho más que un simple objeto
La extraordinaria muestra de generosidad de la familia Manent al donar este recuerdo de su padre fue una gran oportunidad para la FEB de mostrar, explicar y compartir esta pieza. Una “simple” sudadera, un objeto más o menos curioso por su “edad”, se convertía en presencia viva de un importante acontecimiento en la historia del baloncesto español. Una sudadera que “contaba” historias. Una sudadera que se convertía en puerta de embarque hacia un viaje en el tiempo; un tiempo pasado, pero ahora, 90 años después, relevante; un tiempo que marcó un inicio en la construcción de una identidad colectiva, de un sentido de pertenencia… el inicio de #LaFamilia.
La década de 1930 ha sido una de las más intensas que, en todos los aspectos de la sociedad, se han vivido. Unos años de crisis, conflictos y cambios profundos a nivel global. La Gran Depresión, la Guerra Civil Española y el inicio de la Segunda Guerra Mundial marcaron profundamente este período de la historia. Baloncesto en tiempos de cambio.
En España, y a pesar de su breve existencia, la Segunda República fue un tiempo de importantes transformaciones políticas y sociales que influyeron de manera directa también en el deporte. El acceso a la práctica deportiva se ampliaba a toda la ciudadanía, incluyendo a las mujeres, que alcanzan en este tiempo un progreso importantísimo en este aspecto.
En este contexto, el baloncesto, y no sólo en España, se estaba convirtiendo en una actividad cada vez más practicada y también más organizada. La FEB cumplía ya 12 años de existencia; la FIBA, creada en junio de 1932, se afanaba en gestionar el baloncesto de manera internacional, sentando las bases de una organización que reuniera a cada vez más países de todo el Mundo. El baloncesto se preparaba para su debut olímpico en Berlín 1936 y la FIBA tenía ya muy adelantado este proyecto, donde se pudo ver a James Naismith lanzando la pelota en el salto inicial del primer partido.
En sus 12 años de actividad organizada, el baloncesto español había vivido ya diferentes acontecimientos que mostraban el crecimiento en la práctica e interés por este deporte. Uno de esos acontecimientos cambió sin duda la visión algo “independiente” de la forma de juego que aquí se tenía. Recordar también que salvo en Cataluña y en la zona centro, Madrid fundamentalmente, el baloncesto se desarrollaba de manera desigual. En 1927, el Hindú Club de Buenos Aires, integrado por un grupo de millonarios argentinos de visita por Europa, celebró un partido amistoso frente a una selección catalana en Barcelona. Se descubrió un nuevo baloncesto. Cinco jugadores por equipo (con siete se jugaba hasta entonces), las dimensiones del campo, del balón, las tácticas en el juego. Después, diferentes visitas de equipos extranjeros, enfrentamientos entre Cataluña y Castilla, el inicio de las competiciones nacionales con la Copa de 1933 con la incorporación de otros territorios a la práctica del baloncesto de manera organizada. En resumen, el deporte del baloncesto, a pesar de su juventud, mostraba señales más que positivas en su camino de crecimiento.
El España-Portugal disputado el 15 de abril de 1935, fue el primer partido de la historia de la Selección. El partido clasificaba directamente al ganador para disputar la primera edición del Campeonato de Europa (actual EuroBasket) que se celebró apenas dos semanas después en Ginebra. Se jugó en Madrid, en el antiguo estadio de Chamartín (actual Santiago Bernabéu) y lo ganó España con contundencia: 33-12. Un enfrentamiento previo entre Cataluña y Castilla en Barcelona, sirvió a Mariano Manent y Ángel Cabrera, seleccionadores regionales, para confeccionar la Selección que disputaría aquel primer partido. Manent recordaba años después que a los portugueses “les ganamos, porque eran bastante malos, y nos clasificamos para el Europeo de Ginebra. Ni antes del partido contra Portugal ni después tuvimos ocasión de jugar ningún partido amistoso de preparación”. La victoria sobre Portugal había provocado una gran dosis de optimismo acerca del papel que el equipo español podría realizar en el Campeonato de Europa.
Rumbo a Ginebra
El equipo estaba preparado para viajar a Ginebra dos semanas después, aunque desplazarse a la ciudad suiza fue más complicado que ganarse la clasificación. Poco antes del inicio, la participación de España se vio comprometida por falta presupuesto. El presidente de la Federación, Gonzalo Aguirre, consciente de los esfuerzos e ilusiones invertidos por parte de jugadores, técnicos y federativos, decidió pagar de su bolsillo una buena parte de los gastos. El deseo de culminar el gran reto de ser protagonistas de la primera gran competición organizada por la FIBA, se antepuso a cualquier otra circunstancia.
Y una vez confirmada la participación, el viaje a Ginebra tampoco fue fácil. Para empezar, Mariano Manent acudía como único seleccionador. El otro, Ángel Cabrera, renunció a acudir a Ginebra por una delicada cuestión personal. Días antes de la fecha marcada para el inicio del campeonato, el cajero del banco que él dirigía había huido (precisamente a Suiza) con una elevada cantidad económica sustraída de la caja, y no quiso dar motivos de habladurías que pudieran complicar su trayectoria laboral. La delegación española quedaba finalmente formada por Pedro Alonso, Emilio Alonso y Rafael Ruano del Rayo Club, Armando Maunier del Patrie (que además se encargó de mandar las crónicas de los partidos a El Mundo Deportivo con quienes colaboraba de manera regular), Cayetano Ortega del Madrid C.F. (eran tiempos de la República y se había eliminado el Real del nombre), Rafael Martín del América, Fernando Muscat del Layetano y Juan Carbonell del F.C. Barcelona, con Mariano Manent de seleccionador y Alfonso Jorquera como delegado.
El tren en el que viajó el equipo desde Barcelona, llegó a Ginebra en la mañana del 2 de mayo, con el equipo convencido de “comerse” Europa… aunque rápidamente comprobaron que apenas nadie contaba con ellos en las apuestas. Checos y franceses, aparecían como favoritos. En este primer Campeonato de Europa participaron diez países: Letonia, Checoslovaquia, Suiza, Francia, Bélgica, Italia, Bulgaria, Hungría y Rumanía, además de España. Cuatro de estas Selecciones jugaron cuatro partidos; España fue de las que jugó únicamente tres, en un sistema de competición adaptado a las circunstancias, con una ronda preliminar de clasificación, otra de repesca, y ya directamente semifinales y finales.
Con apenas tiempo de dejar las maletas en el hotel, el primer partido contra los belgas estaba previsto ¡una hora y media después de la llegada del equipo! Los españoles se personaban en el Palacio de Exposiciones ginebrino, que se había habilitado como campo de juego con una pista de madera y canastas de hierro. Para el equipo español, jugar en un escenario tan grande, bajo techo y con gran número de público en las gradas, creaba un ambiente, ya de entrada, altamente impresionante. El partido fue dominado de principio a fin por los españoles consiguiendo la victoria por 25 a 17, clasificándose directamente para las semifinales, a las que también accedieron Checoslovaquia, Letonia y Suiza. Por sorteo, le correspondió enfrentarse a Checoslovaquia. Era una de las Selecciones más potentes del campeonato. Habían eliminado a otra de los candidatos, Francia, y partían como claros favoritos. Sin duda, esto hizo que el público se pusiera claramente a favor de los españoles que realizaron un completo partido consiguiendo una victoria contra todo pronóstico por 21 a 17. Martín, con apenas 1,60 de estatura, habilidoso y veloz jugador, acabó con 10 puntos, bien acompañado por Emilio Alonso, siempre certero con su tiro a dos manos desde abajo que terminó con otros 8 puntos; no era poca anotación en un tiempo en que la formación de juego habitual era de dos defensas, un centro y dos delanteros. España era finalista europeo.
El triunfo sobre los checos provocó, además de una gran sorpresa para todos, los más elogiosos comentarios de la prensa suiza sobre el equipo español. El Journal de Geneve escribió que “la exhibición de los españoles entusiasmó a todos, con su habilidad para el engaño, el temperamento pleno de fantasía y su brío endiablado”. En las páginas de La Suisse se pudo leer: “Los espectadores deseaban la victoria de los ibéricos para tener el placer de verlos nuevamente en la final”. Y La Tribune destacó que fue “un partido magnífico, en el que los españoles fueron un huracán desbordante de recursos técnicos”. Uno de los protagonistas de aquella victoria, Pedro Alonso, rememoró en una entrevista en la revista Rebote en octubre de 1973, que los checoslovacos habían eliminado a Suiza y Francia: “Nadie daba una perra por nosotros. Fue mucho público al partido, y la mayoría se puso en seguida de nuestra parte; en parte porque éramos más débiles y en parte como venganza por la eliminación de su Selección. Y nos salió un gran partido, especialmente a Martín”.
La victoria, bien merecía una celebración. Tras la cena, los jugadores decidieron salir a festejar el triunfo y se debieron sobrepasar en su festejo de regreso al hotel, porque fueron arrestados por la policía y castigados a pasar dos días en el calabozo por cantar demasiado alto de tono en las tranquilas y silenciosas calles ginebrinas. Imaginamos a Mariano Manent convenciendo al comisario de la necesidad de la “liberación” de los nuestros, junto con las gestiones de la propia organización y los directivos de la FIBA. Finalmente, con la ayuda del cónsul español en Ginebra, fueron puestos en libertad y pudieron jugar la gran final.
Final vs Letonia
Y así llegamos a aquel 4 de mayo, el día de la final frente a Letonia, que llegaba al partido tras haber aplastado a Hungría por 46 a 12 y a Suiza por 28 a 19. Desde el inicio, las cosas se torcieron con los letones alcanzando una ventaja de 14 a 4 que resultaría imposible de recuperar para los nuestros. Rafael Martín, al que la prensa ya había bautizado como “el pequeño diablo español”, y hasta entonces líder anotador del equipo, tuvo un mal día, abusando en exceso del balón, pecando de cierto individualismo ante la excelente defensa letona. El equipo español peleó hasta el final, pero la victoria por 24 a 18, cayó de parte de Letonia que se convertía en el primer campeón de la historia de los Campeonatos de Europa. Según el seleccionador español, varios de los jugadores letones eran “verdaderos atletas y más tarde nos enteramos de que eran además jugadores de balonmano profesionales”. Pedro Alonso comentó que “el partido se nos escapó al principio por un fallo técnico. Martín había enloquecido a la gente (en referencia especialmente a la semifinal contra Checoslovaquia), y como apenas salió empezaron a aplaudirle, el hombre quiso lucirse. Cogía el balón, regateaba y quería encestar pese a la defensa de hombres mucho más altos. Se puso nervioso, quiso arreglar él mismo la situación… y los demás empezamos a desmoralizarnos”. A pesar de esto, España acabó subcampeona, algo que ni el más optimista pudo haber imaginado días antes.
En aquella época no se estilaba el subir al pódium y recibir medallas y los españoles volvieron con un diploma y un trofeo. El regreso a casa les llevó a comprobar con sorpresa el gran recibimiento y entusiasmo del que fueron protagonistas nada más bajar del tren. Homenajes, entrevistas, artículos en la prensa, mostraban en su justa medida el éxito conseguido.
El subcampeonato de Europa se vio como una gran oportunidad para la promoción del entonces aún denominado basket-ball. El éxito provocó un mayor interés por el baloncesto, por practicarlo, por crear equipos y clubs, por organizar nuevos campeonatos y torneos, y por la generación de nuevos proyectos. Uno de ellos era la participación de España en el que iba a ser el debut del baloncesto en unos Juegos Olímpicos en Berlín. España se había inscrito, aunque con el paso de los meses el gobierno de la República anunció su intención de boicotear la cita que en la capital alemana iba a presidir Adolf Hitler.
Dos semanas antes de los Juegos, y como rechazo a la celebración en la Alemania nazi, se organizó en Barcelona la Olimpiada Popular que surgía con el objetivo de poner en valor el movimiento deportivo obrero internacional, pretendiendo resaltar aquellos valores de tolerancia que parecían en crisis con los Juegos de Berlín. La inauguración estaba prevista para el 19 de julio que fue suspendida tras el alzamiento militar del día anterior y que desembocó dramáticamente en la Guerra Civil española.
La ausencia de la Selección en Berlín fue motivada por razones más que de peso. En el archivo oficial de la FIBA y del COI se mantiene a España como uno de los países participantes en el torneo y le registra la derrota frente a Estados Unidos por incomparecencia. No sabemos con seguridad si el equipo llegó a desplazarse a la capital alemana ya que hay información en ambos sentidos. No fue una mera incomparecencia sino una renuncia obligada, quedando el baloncesto español sumido en una prolongada inactividad. La Selección no se volvió a reunir hasta 1943, y cuando lo hizo fue para jugar sólo seis partidos amistosos en más de seis años.
90 años después
Volviendo a 1935, la música swing en este año, alcanzaba éxitos en todo el mundo. Había trascendido fronteras llegando a una Europa inquieta y comienzan a crearse formas de swing autóctonas. La escuela principal se desarrolla en París, donde destacaba Django Reinhardt, creador de un estilo personal e inconfundible que se denominó jazz manouche. Meses después del subcampeonato europeo, en febrero de 1936, la Federación Española de Baloncesto organizó en Madrid un homenaje al equipo subcampeón. Mariano Manet, desveló muchos años después, en 1986, en un artículo publicado por El Mundo Deportivo, que “al cabo de un mes nos hicieron un homenaje en Chamartín y a mí, como seleccionador, me regalaron una cartera de piel de cocodrilo auténtica”. A los jugadores, se les entregó una placa conmemorativa en la que se puede leer “Homenaje de la Federación Española de Basket-Ball a los Sub-campeones de Europa”. Días antes de este homenaje, Django Reindhart tocaba dos conciertos históricos en Barcelona, ciudad donde había comenzado esta aventura baloncestística 9 meses antes.
Después del envío de la sudadera de su padre, la familia Manent también donó a la FEB su archivo documental, original, guardado tal cuál el seleccionador lo archivó. Sin tocar. El material que se conserva va desde mediada la década de 1920 hasta principios de 1940… los inicios del baloncesto en España, documentados y ordenados. Su valor histórico, inmenso. De aquel primer Campeonato de Europa, se guarda material precioso; el programa oficial del campeonato, tickets de partidos, fotografías y el diploma entregado por la FIBA como subcampeones de Europa.
Una guitarra de Django Reindhart se puede contemplar en el Museo de La Música de Paría… aquella sudadera, esos documentos y fotografías de Manent, en el Museo de la FEB en Alcobendas… … objetos que crean vínculos, que permiten simbólicamente apropiarse de aquellas historias… objetos que más allá de una evidencia histórica, son identidad y memoria.
90 años después, sirvan por tanto estas historias, estas memorias, como un viaje al pasado, a un pasado que no es algo dado, que no simplemente está ahí para recordarlo; un recuerdo que está para traerlo ahora y ponerlo en valor para que tenga relevancia. Una relevancia que, en este tiempo es completa, y que quizás, como un capricho del destino, tuvo a Letonia, primer país campeón de Europa en 1935, como sede de la fase final del EuroBasket 2025.