La forja de un oro duplo, por Daniel Barranquero

La forja de un oro duplo, por Daniel Barranquero

La crónica más emotiva del oro de España en la Cope del Mundo de 2019, desde la semifinal contra Australia hasta el partido por el oro contra Argentina

Cuéntame cómo es el amor. Cuéntame a qué se parece el mar o cuéntame si lo deseas en qué diablos consiste la vida. Pero jamás me podrás contar todo lo que sentiste tras el bocinazo final del España-Australia. ¿Cómo podía dolerte tanto el cuerpo, exhausto tras tantos nervios? ¿A qué se debía tal sudor? ¿Acaso habías jugado? ¿Acaso habíamos jugado?

Cada generación tiene sus propias reglas. Su estilo,su moda, su forma de pensar y hasta sus censores. Desde la mañana del 13 de septiembre de 2019, toda una nueva generación tiene su propio partido de basket, de esos que recuerdas dónde lo viste, cómo ibas vestido y con quién lo celebraste. Un clásico instantáneo y ya eterno, de los que relatarás a tus hijos con tantos detalles que ellos creerán haberlo visto cuando se lo transmitan a sus nietos, allá cuando sólo sea,seamos, lejano recuerdo y fría estadística. Carta blanca para el mito.

Matinal inolvidable

Australia pedía revancha a España y al mundo. Su bronce olímpico que no fue,su maldición en los duelos por medalla (¡0-10 ya!),su excelente nivel en esta Copa del Mundo. El 5-0 español no importaba. El triple de Llull para despedir el primer cuarto (22-21), tampoco. El rebote era australiano y los triples no entraban. La defensa, llave española durante el torneo,solo abría puertas oceánicas y para colmo, Mills avisaba antes del intervalo, Bogut hurgaba en la herida y hasta Nick Kay sonaba a Nick Cave en su Jubilee Street durante el parcial de 2-11.

Tras tanta lluvia, el 32-37 al descanso parecía hasta un premio,si bien el 39-50 del ecuador del tercer acto sí reflejaba mejor lo expuesto sobre aquel parqué. Quizá algún día, con suerte en un libro, algún protagonista cuente qué pasó en ese banquillo para volverse a vestir, tan repentinamente, de superhéroe. La capa la ponía Marc. Los jugadores recordaron las palabras de su técnico, esas que hablaban de un heredero con menos talento y más armas para escalar montañas imposibles. Vivos al entrar en el último cuarto (51-55), España no dejó de creer ni cuando se vio siete abajo a cuatro y medio del final.

Rubio, Llull, Fernández, Claver, Gasol. Cinco valientes al comando. Ricky y sus ojos inyectados en sangre, con cara de MVP; Sergio con lanzallamas a la menor brisa fría; Rudy leyendo el futuro en cada defensa; Víctor enamorando a un país y Marc… Marc parecía haberse apostado al descanso su anillo a un doble o nada. Gasol tan pronto anotaba siete puntos seguidos como triangulaba con Rubio para poner el partido en un puño, antes de aparecer con sangre fría para adelantar a los suyos desde la línea de personal, con 8 segundos restantes. Mills tuvo en su mano el pase a la final, mas ese tiro libre errado llevó el peso histórico de cada precedente negativo,y cuando el triple lejano de Ricky se estrelló en el aro -¿quién no recordó Linares 2006?-, la prórroga era ya una realidad.

Aquello ya no fue un partido de basket, más bien un Ali-Frazier en el 15º round, un Nadal-Federer en el 5º set, un grupo en el Mortirolo roto ya desde el Gavia. Diez tipos destrozados, con corazón como piernas, instalados en la épica, en la belleza del abismo, en la poesía de lo agónico. La pizarra de Scariolo, la persona que más tuits obliga a borrar de verano en verano, indicaba la senda. Del ajedrez al mus. Del 76-71 al 78- 80, 14 por jugar, antes de que Marc volviera a la línea de personal. Como antes, un fallo, un solo fallo, era cambiar un destino en el que sólo ellos creyeron. Como antes, encestó los dos. Y cuando Dellavedova se disfrazó de Nocioni para perdonar la vida sobre la bocina, cada uno de los seis millones de españoles que veían el choque viajaron a 2006, conscientes al fin de cómo acababa ese cuento.

España Copa del Mundo

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Dos oros en uno

La historia no entiende de héroes caídos, por muchos elogios que reciba en su entierro,y Marc, 29 de sus 33 puntos tras pasar por vestuarios y jugarse su carrera a cara o cruz, parecía repetirlo en cada acción. Ricky (¡19-12-7!) lo tuvo que escuchar y susurrarlo a cada compañero antes de que Llull lo transformara en grito, con dos triples que supieron a triunfo,sellado con el 95-88 final. El superviviente había vuelto a vencer, como si, aparte de victorias,su cuerpo exigiera épica y agonía para poder resistir. Y te acordaste de la noche en la que Pau se comió a Francia, como si acabaras de ganar el oro, pasara lo que pasara en la final. Y sentiste cada abrazo como si fuera tuyo,saltando ya en el sofá o disimulando en el trabajo con los ojos empapados de lágrimas. Y te pusiste a ver el Francia-Argentina pensando a veces con el corazón y otras con la cabeza. En un campeonato tan nostálgico, España se merecía a Argentina y Argentina se merecía a España. Los Júniors de Oro contra la Generación Dorada. Y qué más da que los nombres cambien si el ADN persiste, herederos de lo imposible. Aquella final empezó oliendo a Navarro y Ginóbili, a Reyes y Nocioni, a clásicos y a ACB y acabó haciéndolo al oro frente a Grecia. Desde los picotazos iniciales de Oriola, el conjunto español se sintió inmune a la derrota (2-14, m.5) tras la vacuna australiana.

A la cima sin titubear

Un 11-0 del equipo de Hernández -“El mejor de mi carrera”- solo enfadó más a su rival, que despegó desde el banquillo, con los hermanos Hernangómez al poder mientras Rudy seguía en trance a través de la defensa. Pura inercia,si hubiera cerrado los ojos habría firmado la misma exhibición defensiva para todos los tiempos, como el pintor ciego que jamás duda. España despegaba (14-31, m.12) y el encuentro no quedó roto ya sólo por el amor propio del corazón albiceleste.“Seremos más bajos, más lentos o menos fuertes, pero peleamos todo”, confesó profético Laprovittola.

La velocidad de Campazzo y los vuelos de Deck aplazaban lo inevitable (27-35, m.16), manteniendo las constantes vitales (31-43) al descanso, el enésimo despertar de Ricky y Marc. Con 14 de sus 20 puntos en la segunda mitad, Rubio fue en esos minutos todo lo que creímos ver en él de adolescente. De niño a hombre,su viaje fue el nuestro. El pase inimaginable, la pérdida infantil. Esa magia tan humana, esa genialidad imperfecta, ese éxtasis inconstante. Un impulso materno, algo más que un juego, ese encuentro era su vida. El rebote hacía el resto (33-55, m.25). El Oveja Hernández pidió entonces que, más que perder una final, era hora de ganar la plata. Y los suyos respondieron con dignidad (56-68, m.33) antes del arreón definitivo. “La noche lo pidió, el destino lo decidió. Ya sé que sentías lo mismo que yo y todavía nos queda un ratito para formar el escándalo”.

Hasta el Callaíta de Bug Bunny, canción oficial del campeonato en el vestuario español, parece verso de Ismael Serrano cuando de baloncesto se trata. Un chispazo de Ricky, un 2+1 de Llull, un triple de Juancho, las reverencias al omnipresente Marc. Al oro sólo le faltaba ese final con Beirán, Rabaseda y Colom. Cada cual,su propio cuento de hadas hasta llegar ahí, mediante odisea de lesiones, dudas o maletas de ida y vuelta. La justicia los quiso en pista, en representación de los guerreros de las ventanas, cuando la bocina sonó, con la foto del 75-95 ya adornando museos y recuerdos perpetuos. Y, por un camino muy diferente al de hacía 48 horas, te invadió en ese instante el pellizco que jamás entenderá aquel que no entienda este bendito deporte. Viajaste a Varna, a Lisboa y a Japón de la mano de esa fábrica de héroes. Conociste Europa de oro en oro,y te volviste a pellizcar cuando recordaste las finales olímpicas. Trece años no son nada para el equipo que cambia y cambia sin que nadie lo note, como ese time-lapse en el que las nubes, quietas cada vez que las miras, al menor descuido se ponen a correr veloces para hacer del cielo una obra diferente a través del tiempo. Y todo avanza tan rápido desde 2006 que, de la nostalgia pasas a la carcajada, mientras observas,ya sin voz, el recreo de todo un campeón del mundo. Colom dándole a Marc el balón del partido, los hermanos fundidos en uno, Llull y Fernández cortando redes y el MVP Ricky poseído mirando al cielo, con la mirada en otro mundo. El pódium,sonrisas con llanto, Rudy levantando el trofeo y golpeando a Willy. El vestuario, las declaraciones. El viaje de regreso, el recibimiento entre manguerazos. Un bus descapotable, un hidalgo de Marc, una plaza de Colón entregada, un oro mundial para el apátrida y el patriota.

Ocurrirá,ya verás. Esto ya no es una historia, esto es el mejor de los mitos. Y si hoy te cuesta explicarlo, mañana lo relatarás como te emocione más. Y añadirás alguna anécdota que no ocurrió, exagerarás cada detalle y hasta dirás que llovía, consciente de que tal sorpresa y tanto mérito no se entienden si no es añadiendo literatura. Quizá sea esa la única vía para narrar cómo dos generaciones y dos oros lograron,sin que nadie lo notara, fusionarse en el tiempo para dejar de ser historia y comenzar a ser leyenda. Una leyenda dual, la forja de un oro duplo

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