‘El último baile no era Tokio. El último baile es hacia la eternidad’, por David Sardinero

‘El último baile no era Tokio. El último baile es hacia la eternidad’, por David Sardinero

Nos hicieron soñar. Una vez más. Como tantas otras veces. En un 3 de agosto, miles de aficionados se han despertado a las 6 y pico de la mañana para ver este partido ante Estados Unidos. Como otros tantos miles de aficionados hicieron en 1984, en aquella final de Los Angeles que arrancó a las 4 de la mañana. Y durante muchos minutos soñamos de verdad, ya despiertos, porque lo que veíamos era real. Estábamos plantando cara, de tú a tú, a una selección que, aunque no tuviera a LeBron James o a Stephen Curry, era un All-Star de la NBA en una cancha. Sirvan estas líneas para intentar expresar y condensar lo que hoy muchos sentimos, en un día especial, de sentimientos.

Es evidente, pero no está de más recordarlo. Hay que sentir orgullo de este equipo, de este generación, de este grupo. Es un día agridulce, en el que todos tenemos sensaciones contrapuestas. Rabia pensando ese partido ante Eslovenia; impotencia por algunos tramos del duelo ante Estados Unidos, y nostalgia por lo que termina. Los hermanos Gasol han anunciado el final de una época. Dicen adiós a la selección, después de 15 y 20 años gloriosos, eternos, incomparables. Y ante eso solo podemos responder dando las gracias.

Gracias por habernos hecho soñar siempre. Por habernos hecho sentir los mejores del mundo. En dos ocasiones. Por haber plantado cara a los mejores jugadores del planeta durante dos décadas y por habernos ganado su respeto. Y por todo eso, el de hoy no puede ser un día de decepción. Debe ser un día de orgullo y reconocimiento a lo conseguido.

No es fácil juntar líneas con el corazón encogido, el nudo en la garganta y el vértigo de pensar que esto se termina. Algo con lo que hemos disfrutado tanto y que no volverá. Algo que ya solo quedará en nuestras retinas y en las hemerotecas. Es humano. Esta generación nos ha cambiado la vida y ha cambiado la vida de nuestro baloncesto para siempre. Nos enseñó que podíamos competir y que podíamos ser mejores que los mejores. O al menos igual de buenos que ellos. Y así, poco a poco, aprendimos a ganar. Y nos acostumbramos. Eurobasket, medallas olímpicas, dos mundiales.

Una generación que nos llevó al infinito. A la eternidad. Los aficionados, los periodistas, solo podemos ahora darles las gracias. Un agradecimiento sincero, cálido. Un viaje inolvidable. El último baile de este equipo no era Tokio 2020. El último baile es hacia la eternidad y el recuerdo de todos.

Una familia de leyenda. Pau y Marc Gasol se despiden de la selección

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