Descifrando a Maite Cazorla, presente y futuro de la selección española

Descifrando a Maite Cazorla, presente y futuro de la selección española

El Saitama Super Arena lucía precioso. Con la luz del atardecer nipón en los exteriores, los focos y aros olímpicos hacían del interior del estadio un lugar especial. Nada diferente a lo visto durante el resto de la semana, a excepción de que esta vez se reencontraban las dos mejores selecciones europeas de la última década. El más que posible último asalto entre dos generaciones históricas (una más completa que otra a estas alturas), con Sonja Vasic viviendo sus últimos días como profesional y, muy posiblemente, el adiós de un buen puñado de jugadoras a la vuelta de la esquina. El tiempo no espera a nadie, tampoco a las leyendas, pero toda luz que se desvanece suele venir acompañada de una que se enciende. Todo final es seguido por un nuevo principio. Y, en el caso del España-Serbia, ambos coincidieron en un mismo espacio y tiempo, siendo Maite Cazorla la máxima expresión de dicho futuro transformado en presente.

El marcador lucía un importante 43-52 a favor del equipo de Marina Maljković. Las sensaciones también se decantaban hacia el mismo lado. El destino parecía anunciar un desenlace similar al de Valencia. Un resultado perseguido durante años por el conjunto serbio y que parecía estar encaminado a repetirse en la otra punta del globo, pero esta vez con un valor añadido: Alba Torrens estaba en la cancha. La gran leyenda del sur de Europa, respetada y admirada por todo el continente. Una jugadora prodigiosa y humilde a partes iguales, capaz de cambiar un partido por sí misma o de ceder todos los focos a una compañera si eso acerca a su equipo a la victoria. Porque no nos engañemos, incluso en la época de las estadísticas y las redes sociales, lo verdaderamente importante sigue siendo lo mismo. Ganar. Un imposible si el talento no abraza a la generosidad en algún momento. Justo lo que se vivió en el inmenso estadio japonés.

A falta de 5 minutos para el final del tercer cuarto, Maite Cazorla saltaba a la cancha. Pocos segundos después, hacía lo propio Alba Torrens, a tiempo para ser testigo de lujo del primer triple de la canaria en el encuentro, seguido por una tímida reacción de Ouviña reflejada en un «¡Vamos!». El equipo necesitaba reconectar con el duelo.  Torrens, que había entrado para intentar cambiar el encuentro, decidió apostar por el colectivo. Sí, una vez más. Dos veces pasó el balón por sus manos en el siguiente ataque y en ambos, sin llegar a echarlo al suelo, encontró a la misma destinataria: Maite Cazorla. La base, de 23 años, no perdonaba en la segunda ocasión de 3 y colocaba al cuadro español a tres puntos, provocando el TM de Maljković. Un breve paréntesis previo a la siguiente acción, calco de la anterior, en la que Torrens volvía a asistir a Cazorla, que cambiaba la dinámica del choque desde la línea exterior.

El equipo se sumó a la renovada energía con acento canario y, junto a los dos últimos triples de Cazorla, el cuarto y el quinto, confirmaba la remontada (parcial de 42 a 18) a la par que abría un nuevo capítulo en la trayectoria de la joven para el gran público. Uno de los más importantes, pero no de los primeros. Porque, pese al estado de flujo que levantaba del asiento a todos los que observaban atónitos dicha exhibición, aquello no era cosa de un día, sino la guinda que confirmaba algo mucho más grande y anunciado previamente: la llegada de Cazorla a la élite.

Un trayecto de largo recorrido

«Lo de Maite lo vivimos con mucha ilusión. El baloncesto, en nuestra familia, ha sido una forma de vida. Estamos contentos por ella… y por nosotros, porque así seguimos enganchados a nuestra gran pasión», confiesa Carlos Cazorla, uno de los tres hermanos de Maite que está viviendo su trayectoria por segunda vez. Él y Juan Pedro salieron de las islas para ser jugadores profesionales y, en cierta manera, viven los sueños de Maite como si fueran los suyos propios, aunque sufriendo un poco más que cuando saltaban ellos mismos a la cancha. «Nos manda vídeos desde la villa, fotos y más cosas, por lo que estamos viviendo esta experiencia de una manera más cercana gracias a ella», añade, confirmando que el gusanillo del baloncesto nunca dice adiós.

Sin embargo, este verano es tan solo el premio a más de una década de trabajo y esfuerzo. Desde el colegio Teresianas y CB Islas Canarias, pasando por el Canterbury Sport, hasta su salto al Segle XXI, momento en el que se alejó de verdad de casa por primera vez. Maite combinaba aquella trayectoria que comenzaba a apuntar maneras con sus veranos con la selección. Ganó el Torneo BAM en 2011, el Torneo de la Amistad y el Europeo U16 en 2012, se volvió a coronar en Europa en 2013 y, en 2014, el bronceo europeo fue acompañado de su primera cita internacional de gran calado. El Mundial U17 de 2014 no dejó a nadie indiferente. La Selección Española, dirigida por Víctor Lapeña, firmó uno de los mejores partidos de la década frente a Estados Unidos. «El de los 40 puntos de Ángela Salvadores», como popularmente se le conoce. Sin duda, cita de las que dejan huella a muchos niveles.

«Estuvimos muy cerca de ganar a Estados Unidos en una final de un Mundial, algo que nunca se ha logrado», recuerda Lapeña. El entrenador zaragozano, centrándose en la figura de la canaria, afirma que «era una de las jugadoras más importantes junto a Ángela Salvadores, María Conde y, seguramente, Laia Raventós. Maite tomaba decisiones y hacía al equipo más competitivo. Ya demostraba que podía llegar a ser la jugadora que es ahora, aunque no tenía ese desparpajo que mostró ante Serbia o en el Eurobasket. Prefería dar el balón a otras». Sensaciones y pensamientos que se extendieron con facilidad durante aquella final que terminó cambiando la vida de Maite.

Mark Campbell (verde fosforito), en la grada del USA vs España

Mark Campbell (verde fosforito), en la grada del USA vs España

En la grada del pabellón de la República Checa, sentado entre el público pero fácilmente reconocible, se encontraba Mark Campbell, entrenador asistente en la Universidad de Oregón. No sería el único entrenador de la NCAA presente aquel día en el pabellón, pero sí uno de los protagonistas directos posteriormente. «Era la primera vez que veía a Maite jugar. Tenía una comprensión increíble del juego. Siempre estaba en el lugar indicado y hacía la jugada adecuada en el partido. Y, además, había dos cosas muy fáciles de ver: era una pasadora especial y una defensora de élite», rememora el antiguo asistente de la Universidad de Oregón, recientemente nombrado primer entrenador de Sacramento State tras consagrarse como uno de los mejores ayudantes de Norteamérica. Durante el transcurso del choque ante su propio país, Campbell decidió que Maite era la jugadora ideal para liderar el proyecto en ciernes que nacía en su universidad. Y, en su cabeza, inició el proceso de reclutamiento que posteriormente llevó a cabo.

«Maite viene de una familia maravillosa. Tiene tres hermanos mayores que jugaron a baloncesto y entienden cómo funciona el proceso de reclutamiento. Aquello ayudó mucho porque la mayoría de familias no tienen esa comprensión. Lo más importante para sus hermanos y sus padres era que estuviera bien cuidada como persona y, después, que la empujáramos y retáramos para que llegara a alcanzar su máximo potencial», relata el estadounidense, que se salió con la suya y convirtió a Maite en una de las primeras piezas de un sueño del que, por aquel entonces, ni él mismo se imaginaba los límites. Xavi López, también asistente de aquel equipo, lo explica mejor que nadie: «Maite fue la jugadora que cambió la trayectoria de nuestro equipo. Ella vino a Oregón en nuestra segunda temporada allí. En ese momento no teniamos muy buen equipo y todavia no habiamos conseguido entrar en el torneo final de la NCAA. Cuando Maite llegó, la cultura de nuestro equipo cambió. Su espiritu competitivo y su generosidad en la pista impactó a sus compañeras y empezamos a ganar. La temporada siguiente llegó Sabrina Ionescu. Durante 3 años ella y Maite fueron nuestra pareja exterior que nos llevaron a la Final Four. Formaron un dúo muy especial y el año senior de Maite eran la mejor pareja de exteriores de todo el país».

Xavi López, Maite Cazorla y Mark Campbell

Su proceso de mejora, iniciado años atrás, no se frenó cuando llegó la hora de dar un nuevo salto, sobrevolando en esta ocasión todo el océano. A nivel deportivo, Maite llegó a Oregón con unas bases muy sólidas. Xavi López se las atribuye, en gran medida, a Iván Torinos (Segle XXI): «Maite tuvo la suerte de tener como entrenador en España, antes de venir a Oregon, a Iván. Al llegar a nuestra universidad tenía ya unos conocimientos del juego muy avanzados gracias a él». Unos conocimientos que continuó desarrollando tras su llegada a la NCAA, como bien añade López, ya que cada año «fue cogiendo un rol mas grande en el equipo. Su capacidad de liderazgo fue creciendo cada temporada. Ella es por naturaleza más reservada y fue muy divertido verla crecer en ese aspecto a medida que mejoraba y se sentía más cómoda. Trabajó muy duro y estaba en el pabellón todos los días durante 4 años poniendo horas extra para mejorar su tiro exterior». Palabras refrendadas por Víctor Lapeña, quien pasa rápidamente de los recuerdos a los elogios sobre el crecimiento deportivo y personal experimentado por Maite en su paso por Estados Unidos.

En Eugene vivió momentos irrepetibles, como el día en el que su familia recorrió el mismo trayecto que ella para darle una sorpresa. «Era la primera vez que su familia veía jugar en directo a Maite allí. Hubo muchas lágrimas y luego compartimos todos una cena juntos. Fue un momento muy especial», apunta con cariño López, mientras que su hermano Carlos cuenta cómo lo vivió él y el nuevo papel de Maite en la familia desde entonces: «Queríamos estar con ella en su fiesta de graduación. Era difícil pero pudimos ir bastantes miembros de la familia. Lo compartimos con ella, con las compañeras, con el pabellón… ahora usamos a Maite como organizadora de eventos. La seguimos allá por donde va y eso nos permite viajar y juntarnos todos, ya que cada uno vivimos en un sitio diferente«.

La aventura americana de Maite Cazorla se convirtió en mucho más que un mero proceso de formación. La española se ganó el cariño de todos los presentes gracias a su «gran corazón y espíritu de equipo», como afirma López. «Nunca le han importado sus puntos anotados o sus estadisticas personales. Cada equipo en el que juega Maite encuentra una manera de ganar. Es una caracterisitica muy especial y que no se puede enseñar», agrega.

Dicho compañerismo provocó un enorme aprecio por parte de sus compañeras, creando grandes conexiones con algunas de ellas. Este fue el caso de Satou Sabally, actual jugadora de Dallas Wings, Fenerbahçe y considerada una de las grandes promesas del continente europeo. «Maite era callada al principio, pero se convirtió en la mejor compañera posible cuando la conocí de verdad. Nos juntamos mucho en el college y lo seguimos estando hoy en día porque es una persona maravillosa», expresa con absoluta admiración la alemana, de la misma manera con la que habla sobre Maite su compañera de generación Ainhoa López: «Maite siempre tiene una buena palabra hacia ti y está muy atenta. Apoya a todo el mundo, nunca se le borra su sonrisa. Es una buena líder dentro y fuera de la pista para cohesionar el grupo. En este sentido, ha sido muy importante para la generación del 97, demostrándolo con los resultados y las metas que está consiguiendo«.

Maite Cazorla

Presente en Europa de Maite Cazorla

En 2019, el esperado regreso al viejo continente se hizo realidad. Tras alcanzar la Final Four con Oregón, un programa que pasó de tener centenares de aficionados en las gradas a meter en el recinto a miles de apasionados fans en cada partido, Perfumerías Avenida llamó a su puerta. Allí, tras su primera toma de contacto en la WNBA con Atlanta Dream, esperaba la ‘Marea Azul’. Un destino de primer nivel que le proporcionó un buen escenario para seguir progresando jugando doble competición. En primer término, la Eurocup. Y, esta temporada, la Euroliga, competición más prestigiosa de Europa.

De la mano de Roberto Íñiguez, la canaria ha vivido su primera campaña en lo más alto, acompañada por jugadoras más experimentadas en competiciones europeas como Tiffany Hayes y Silvia Domínguez, o en competiciones nacionales como Andrea Vilaró. «Lo que más me llamó la atención era la capacidad que tenía de hacer fácil lo difícil sin prácticamente inmutarse. También lo autoexigente que es con ella misma y que nunca está satisfecha. Es difícil que te diga que ha jugado bien, siempre está buscando cómo hacer las cosas mejor», declara la jugadora barcelonesa.

En cuanto a su actual juego, las opiniones son tan positivas como variadas. A Satou Sabally le sigue llamando la atención el equilibrio y control sobre el juego que tiene y la capacidad de mantener unido a un equipo que demuestra aunque sus estadísticas no siempre acompañen. Además, también destaca su impacto en el lado defensivo o la velocidad a la que acostumbra a jugar en la cancha. Cualidades y características que Maite está siendo capaz de mostrar sobre la pista, una cuestión sobre la que Víctor Lapeña asegura que «la única duda con Maite venía de cuándo lo demostraría, no de si era capaz o no de jugar así. Eso estaba claro». Para el entrenador del Fenerbahçe, la salida de jugadoras importantes de la selección española ha sido clave para ver a Maite este verano, aunque también destaca sus dos años en Salamanca como pasos vitales para el presente de la joven base.

En el caso de Roberto Íñiguez, debido a la particular perspectiva que le aporta ser el técnico de Maite en Perfumerías Avenida, su opinión sobre este verano de Maite se encuentra dividida en dos puntos clave con la vista puesta en el presente, pero también en el futuro: «Está viviendo una experiencia maravillosa y muy enriquecedora, por la doble competición, las jugadoras, el staff, los rivales… es muy importante. Sin embargo, estoy un poco preocupado. No está jugando donde nosotros sabemos que tiene que ser importante. Yo soy muy ambicioso y quiero que, cuando yo deje Avenida, Maite sea la mejor base de Europa. Eso es lo que hay en mi cabeza y es que, además, tiene una compañera en la posición que le va a ayudar muchísimo en ese crecimiento. Espero que lo asuma y sepa que lo que está haciendo es ‘irreal’ para lo que nosotros queremos de ella, que es ser una base, ya que está jugando en otra posición y otro baloncesto. Estoy viendo otras cosas, que también me gustan, pero que no son nuestro objetivo con ella. Al final son torneos cortos en los que el cuerpo técnico tiene que utilizar los roles de las jugadoras en función de la plantilla que tienen y evidentemente es comprensible, pero a mí, como entrenador de Perfumerías Avenida, me gustaría verla con responsabilidad en la posición de uno».

«Yo siempre digo a mis bases que una base top, cuando está sola, la tiene que meter. Creo que es una característica fundamental. Cuando el balón ha rotado o tiene una buena posición, debe meter con un gran porcentaje en contraataque, en estático, con pase extra… Ella ha mejorado su confianza y su proactividad, piensa mucho menos. Eso es una tiradora», asiente el técnico de Avenida en referencia a los 5 triples contra Serbia, a lo que añade como conclusión de cara al futuro que «debe seguir igual de humilde, igual de honesta y cada vez ambiciosa».

Lo cierto es que lo complicado es no ilusionarse al escuchar a los que realmente saben de esto. Porque Kelly Graves (primer entrenador de Oregón y formador de algunas de las mejores bases que ha dado EEUU como Ionescu o Vandersloot), en 2019, afirmó convencido en rueda de prensa que Maite Cazorla llegaría a ser olímpica y base titular de España. Palabras en línea de las de Roberto Íñiguez, quien se ha propuesta hacer de ella la mejor base de Europa a base de trabajo y humildad, o Víctor Lapeña, que tenía claro que antes o después el plano internacional tendría un hueco para la base canaria. Tres entrenadores de primer nivel internacional que, como el resto, se han visto atraídos por el carácter, juego y pasión de Maite Cazorla. La joven que asoma el futuro al presente de la selección.

Foto: FIBA