«Ricard, desde entonces», por Piti Hurtado

«Ricard, desde entonces», por Piti Hurtado

Ricky Rubio ha sido inteligente, empático (a veces de más) e intuitivo desde chico, desde que le conocemos en una cancha. Su valor añadido en los primeros años fueron el ritmo y rendimiento defensivo, impactante para un adolescente en ligas profesionales pero también sobrevivió por la calidad de la llegada a los veteranos, esencial para ganar tu espacio sin comportamientos extraños ante el joven que discute el status quo, disfrazar la insolencia.

Lo que más acerca a los equipos a la fragilidad es el egoísmo individual. Que se cuantifica tanto el tiempo de juego y en los tiros lanzados por cada jugador. Ricky Rubio, en el baloncesto profesional a nivel de clubes, nunca ha sido el jugador de más volumen de tiro en su equipo, incluso en unos Wolves por etapas francamente zarrapastrosos. No nos olvidemos que Rubio es la elección nº 5 del Draft de 2009, por delante de Curry, DeRozan o Jrue Holiday. Podía haber usado ese salvoconducto para ser el hombre referencia. Incluso sin excusas del lanzamiento de larga distancia pues el mismo DeRozan promedia 28% desde la línea de 3, 4 puntos porcentuales menos que Ricky. Las comparaciones en positivo y negativo nunca nos dejan contentos.

Cuando acabó como MVP en 2019, promedió 11,8 lanzamientos efectuados de campo. En estos JJOO, tras dos grandes partidos en ataque promedia 13.0 lanzamientos y 23 puntos por encuentro. Tan insólito en su trayectoria como natural en el tiempo y forma que le llegaba esa importancia ofensiva. El joven adulto del Masnou no anota con la camiseta de España desde la voracidad del depredador, sino desde la armonía de una jerarquía que le ha llegado con la mayor naturalidad, desde la realidad del momento competitivo de las carreras de sus compañeros. Ricky, vuelve a ser tu momento, si queremos ganar, tienes que lanzar más. Nadie verbalizó esto, pero es lo que ocurre. Los mejores actúan antes de que la urgencia verbal aparezca. Lo han leído antes, eso es ser un pequeño genio.

Para reinar en un equipo de tanto talento y tanta experiencia ganadora tienes que tener una combinación de habilidad y seguridad en ti mismo. Damos por hecho que todo lo que le ha pasado en su carrera y en su vida, lo bueno y lo malo construyeron su forma de reaccionar ante lo que ocurre.

Absorber es el gran verbo del aprendizaje, no como una esponja confeccionada con materiales no reciclables que solo admite jabones industriales, sino como una magdalena de aceite de oliva de corte artesano en una taza de café con leche. Enriquecer lo que recoges para darle un sabor mejor. Ricky Rubio con esa mirada de ojo brillante y pestaña larga ha ido observando cómo se comportaban sus mayores, como se ajustaban los espacios defensivos y ofensivos y la gran memoria visual le permite en los últimos campeonatos tomar las mejores decisiones porque él ya estuvo ahí un millón de veces, acertándose y equivocándose. Pero ahora toma las decisiones con una plena consciencia, la velocidad sigue siendo compañera pero la prisa quedó fuera de su vida y de su juego. 

Ricky llega a este nivel y juega para la victoria, juega para su propio disfrute con una gran plenitud del ahora. Pero de una forma inconsciente juega para algunos que no están, entre otros juega para Raül López, el mayor jugador de culto de la historia de nuestro baloncesto y el único que podía hablarle al oído y poder entender las palabras que necesitaba oír Ricky. Una carrera tan larga, que por momentos dio para fatiga mental, mucho el camino andado. El trayecto hasta la meta donde se encuentra la gloria requiere de avituallamientos.

Declarar que tenía dudas sobre si ir a los JJOO acredita el valor de la seguridad. La concordia con uno mismo es mejor si puedes mirar de frente a las incertidumbres y explicarlas sin temer las reacciones ajenas.

Ricky era Ricard, entonces y ahora. Ricky ha sido madurez en la cancha desde siempre. Cuando el flequillo, cuando el pelo corto, cuando la coleta. Cuando no había unanimidad y cuando la hay. A él no le importa. Él es presente.