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El albor de un genio sereno: Intrahistoria de la famosa foto de los buscadores de Oro

El albor de un genio sereno: Intrahistoria de la famosa foto de los buscadores de Oro

Recordamos al Juan Carlos Navarro de los Juniors de Oro. El líder tranquilo se un equipo que hizo historia en el baloncesto español

Foto: Emilio Cobos

Fuera de la pista era un muchacho normal que prefería pasar inadvertido. En la cancha, el líder de nuestra mejor generación. Los Juniors del 80 dinamitaron los viejos postulados y cambiaron el modo de pensar y jugar de las generaciones posteriores. Juan Carlos Navarro fue uno de los responsables. Ya entonces asombraba con imaginativas jugadas que para él eran, sencillamente, normales.

Sus recursos para anotar eran tan inusuales que al principio parecían fruto de la casualidad. En los meses previos a la irrupción pública de los Juniors de oro, en una sesión en el INEF, alguien en la grada vio como Navarro encestaba una de sus ‘bombas’ y sin poder reprimirse soltó un espontáneo ‘¡Vaya churro!’. Hay que admitir que Navarro no era aún demasiado conocido y el tiro había sido verdaderamente poco ortodoxo. Una hora más tarde aquel base-escolta del Barça había metido más de diez de aquellos ‘churros’ que tiraba. Aquello no era casualidad, estábamos contemplando las primeras pinceladas de un genio que aún no era consciente del impacto que generaba.

Varna’98: Raül lo empuja al escolta

En aquellos tiempos el Barcelona quería que Navarro jugara de base y mantenía con la Federación un pulso por ese asunto. Sin embargo, España contaba con una generación sobrada de buenos directores y
el cuerpo técnico estaba convencido de utilizarlo como escolta. El seleccionador de entonces, Charly Sainz de Aja, lo recuerda con claridad: “Con Raül López, Carlos Cabezas y Calderón teníamos el puesto de base bien cubierto. Juan Carlos tiraba, corría el contraataque… nosotros lo veíamos claramente de escolta: teniendo a Raül de base no podíamos renunciar a jugar con los dos”.

Al Europeo junior de Varna se llegó con esa disyuntiva en plena ebullición. De hecho, en la lista para la cita de Bulgaria aparecía aún Navarro como base y era Calderón el que figuraba como escolta. El campeonato puso las cosas en su sitio. Raül López y Navarro jugaron juntos la mayor parte del torneo y lideraron a la Selección en su camino hacia el primer oro masculino de la historia del baloncesto español. Navarro disipó las dudas sobre su posición con un torneo soberbio: 15 puntos por partido, con 30 en cuartos ante la Rusia de Kirilenko y 17 en la final ante Croacia de Andrija Zizic. Pero una anécdota, en la fase previa contra Italia, refleja el estilo de Juanki. Tiempo muerto a 10 segundos del descanso para preparar el último ataque. Sainz de Aja se afana en explicar la jugada a realizar. Navarro le interrumpe: “Charly, yo desde ahí la meto”, dice señalando un lugar en la pista cercano al banquillo español, a unos 8 metros del aro. “Perfecto, Juan Carlos desde ahí la mete”, zanjó el seleccionador. España sacó de banda y Navarro la metió justo desde el sitio que había señalado. “Fue tal cual, pero es que él era así. Fuera de la pista no quería llamar la atención, pero dentro era el jefe”, rememora el técnico.

Lisboa’99: Serenidad en la cima del mundo

El verano siguiente nuestra gran generación de Juniors se preparaba para el Mundial de Lisboa. La expectación era tremenda. En Gigantes, para el reportaje previo a la cita, apostamos por aquella famosa foto de los ‘Buscadores de oro’. Lo teníamos todo planeado, habíamos asignado la ropa a cada jugador y –por qué no decirlo– teníamos reservado algún disfraz de mayor calidad para los más destacados, entre los que se encontraba, claro, Navarro. Nada salió como habíamos planeado.

Al abrir el maletero del coche los chavales se abalanzaron sobre el material obviando cualquier indicación y fueron cogiendo lo que les daba la gana. Navarro, la verdad, no peleaba demasiado por las mejores prendas y temimos no poder completar un conjunto que le quedara bien. Una vez más, el chico normal decidía estar en un segundo plano, quizá consciente de que su protagonismo estaba más cerca de la cancha. Esa misma mañana, después de la sesión de fotos, llegó el turno de las entrevistas junto a la pista de entrenamiento… y cambió el asunto: “Si no vamos a por el oro, ¿a qué vamos?”. ¡Zas! pisando parqué, el Navarro líder volvía a aparecer con la declaración más valiente y contundente de todos. Atrevimiento sin adornos, su cualidad más preciada. El campeonato en Portugal fue su consagración absoluta. Ya con experiencia ACB y definitivamente asentado como escolta (a pesar de la ausencia de Calderón, que se operó de la rodilla ese verano) promedió 18.8 puntos y fue creciendo a medida que el torneo avanzaba y se hacía más intenso: 22 puntos a Argentina en la semifinal y 27 a Estados Unidos en el partido definitivo. Fue elegido MVP de la final y mejor escolta del campeonato.

Tras ganar la final, desde la cima del mundo, soltó varias frases a la medida de alguien que combinaba genialidad y normalidad en idénticas dosis. Después, se alejó y siguió celebrando, pero con una desconcertante serenidad. Había ganado el Mundial y actuaba como si lo tuviera planeado. Cuenta Charly Sainz de Aja una anécdota ideal para acabar de comprender la irrupción de Navarro en aquellos años: “En un amistoso contra Croacia, en Villalba, metió un triple desde el medio campo antes el descanso y otro igual al final del partido. Se fue tan tranquilo, como si no hubiera hecho nada excepcional”. Así era aquel Navarro joven, un muchacho que te transportaba a una realidad paralela, nunca antes vista, en la que la inventar jugadas asombrosas era, al menos para él, algo sencillamente corriente.

Puedes encontrar esta entrevista en número 1.477 de Gigantes, correspondiente a octubre de 2018, cuya edición digital puedes conseguir en nuestra tienda on-line.

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