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El oro de Pekín

El oro de Pekín

La crónica del Argentina-España, la final del Mundial de China 2019: la Selección se proclama campeona de nuevo.

España lo vuelve a hacer. Segunda vez que la Federación de Española de Baloncesto y los millones de seguidores de la Selección pueden fardar de que sus jugadores, técnicos y ayudantes están en la cima del mundo. España, con un campeonato para quitarse mil sombreros y comprar mil más para poder seguir quitándoselos, se va con otro trofeo James Naismith en la maleta. Argentina siguió la senda de Grecia hace trece años y sucumbió con claridad los españoles en el Wukesong Sports Arena, donde una vez también se rozó la gloria (aquella vez, olímpica), por un amplio marcador: 75-95.

Otra vez en Asia. No fue Japón, Pau Gasol estaba sufriendo desde casa y no en el banquillo con un pie roto. No estaba Andrés Montes, con el que muchos siguen identificando aquel éxito. Garbajosa está de presidente y no de jugador. Era 2006, pero el de 2019 se ha vivido como una actualización 2.0 de lo que fue aquel estallido. Se demuestra con este éxito que España ni está muerta ni se espera que lo esté, que aprovecha cada grieta del sistema para continuar en lo alto del sistema, que nunca se puede dudar de ella. España, esta vez en Pekín y con destino a la eternidad, vuelve a llevarse el oro. 

Un inicio de película puso a España rápidamente por delante, Campazzo se pudo el mono de trabajo para lapidarla casi por completo en dos minutos. Los argentinos trataban de buscar a Scola, pero el ala-pívot no dio lo que se esperaba -viendo el torneazo que ha hecho- y la albiceleste se empezó a quedar sin recursos ya al final del primer periodo. El control de Ricky Rubio, el mejor de España en el partido con 20 puntos y 7 rebotes y a la postre MVP del Mundial, ayudó. La defensa fue clave y en ella se apoyaron los de Scariolo para sacar ya una ventaja considerable que crecía y crecía. La astucia de Llull, la potencia de Willy, el trabajo de Oriola, la puntería de Juancho o la polivalencia de Marc (14+7+7) fueron igualmente importantes. Sólo Gabriel Deck (24 puntos) parecía estar a la altura de la competencia. 

España dominó casi en todo momento a una Argentina desnortada, distinta a la del resto de citas decisivas. España pasó el rodillo, apretó y asfixió a una presa que ya tenía tras de sí el enorme mérito de haber llegado a la final. España terminó el trabajo. 

Otro éxito de un bloque impagable. No están todos los que son, pero sí son todos los que están. La Selección ha dado un vuelco, la Generación de Oro ya se despidió, pero los éxitos no paran para ellos y se puede mirar al futuro degustando todo esto.

España vuelve al sitio de privilegio.  Y lo recordaremos como si fuese la primera vez.

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