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Relatos Olímpicos: 2008. La mejor derrota de nuestras vidas, por David Sardinero

Relatos Olímpicos: 2008. La mejor derrota de nuestras vidas, por David Sardinero

Cualquier buen aficionado al basket en nuestro país recuerda lo que estaba haciendo el 24 de agosto de 2008, desde las 8:30 de la mañana. A esa hora comenzó uno de los grandes partidos de la historia de este deporte, y por suerte, nuestro baloncesto estaba representado. Un duelo épico, antológico, entre dos super potencias. Un partidazo, qué demonios. Una selección de Estados Unidos descomunal, con Kobe Bryant, Wade, LeBron, Bosh, Chris Paul, Dwight Howard… y España, con uno de nuestros mejores equipos de siempre. Los mejores, en uno de sus mejores momentos. Y les tuvimos ahí. Muy muy cerca. Tras el final del partido, Marc Gasol verbalizó lo que muchos sentimos en ese momento:  «Estaban cagados, y si no lo admiten, mienten. Los hemos tenido». Les aconsejo que vuelvan a revivir el final del partido. El último cuarto. Esas sensaciones que se convirtieron en una mezcla de “no me creo que esté pasando esto, no me creo que esté viendo esto” a los nervios por vernos ahí, tan cerca, tan de tú a tú. Una agonía de esas que disfrutas y no quieres que terminen nunca.

La perspectiva que ahora nos da el tiempo, 14 años después, no le quita ni un punto de épica al partido. Un cara a cara salvaje, con un nivel de acierto y despliegue de talento sobre la pista infinito, abrumador. “Veías ahí a Pau Gasol, a Navarro tirando bombas, alley-oops, y pensabas: pero estos tíos, ¿dónde van?”. “Competimos a muerte cada segundo”, recuerda Pau Gasol en el documental La Familia.  Era una de las cimas de un equipo que había conquistado el planeta dos años antes, en 2006. Superélite mundial, sí. Pero esto era otra cosa. Una final de unos Juegos ante un superequipo como el de Estados Unidos. El Redeem Team, el equipo que buscaba la redención de todo un país. Y jugábamos sin Calderón, lesionado, y con un jovencísimo Ricky Rubio (17 años) irrumpiendo a los ojos del mundo.

“Muchos de nosotros ya estábamos en la NBA, y ellos juegan contra nosotros la final pensando: ojos que estos tíos saben de qué va la cosa”, explica el propio Calderón. Un partido al que se llega después de que Estados Unidos nos pintara la cara en la primera fase del campeonato (82-119). Y seguramente no se pueda entender este partido sin tener presente ese otro encuentro. “Nos metieron un meneo y el equipo estuvo a punto de desmoronarse ahí”, recuerda Garbajosa. En una convivencia con el seleccionador que no fue sencilla, con un estilo y una forma de llevar el grupo diferente a la de Pepu en los años anteriores, Mumbrú contó en el mismo documental la importancia de un encuentro con el seleccionador. “A la hora de competir tanto con Estados Unidos tiene una parte importante Aíto y una reunión que nos hizo cuatro partidos antes de la final. Aíto nos dijo: “chicos, a veces a lo mejor se acaba una generación”. Tocó tanto el orgullo de jugador, estábamos tan molestos, que yo creo que competimos tanto gracias a esa reunión”.

Y vaya si competimos. España se puso 91-89 en el último cuarto, con un triple de Rudy Fernández, que tres minutos más tarde firmó el mate. El mate sobre Dwight Howard. Una canasta que se convirtió de inmediato en un símbolo de rebelión. De insurrección e inconformismo. Una forma de decir, ante el físico más imponente de ese equipo, una armadura de músculos con hombros al que habíamos visto volar con una capa de Superman, que estábamos ahí, en el último cuarto.  “No preveían que pudiéramos dar ese nivel”, recuerda Rudy Fernández.

Y entonces, Kobe Bryant apareció. “Kobe estaba tranquilo, sabía que cuando llegara el momento podría decidir”, recuerda Raül López. Y decidió. Un triple suyo mandó callar al pabellón, que clamaba revolución, y puso el 104-99 a falta de 3 minutos. “Ese triple nos mató”, recuerda Garbajosa. Una finta de pie con la que esquivó a Rudy Fernández, que cometió la quinta falta al puntear el triple. Kobe en estado puro.

A falta de 2’20” para el final, Carlos Jiménez metió un triple abierto que ponía el 104-108. Fue el último gran acercamiento de un duelo en el que el propio Carlos tuvo la posibilidad de colocar a España a 3 puntos a un minuto y medio del final, pero su lanzamiento, como aquel de Nocioni en 2006, no entró. Nunca sabremos qué hubiera sucedido si ese triple hubiera entrado. O si los árbitros hubiesen pitado pasos en más ocasiones. O si José Manuel Calderón hubiera podido jugar la final. Lo que sí sabemos es que fuimos testigos y protagonistas de uno de los mejores partidos de la historia del baloncesto. Una exhibición y un campeonato que ahora, en 2023, revivimos con Berni Rodríguez, uno de los 12 elegidos que representaron a España en ese partido.

Gigantes: Al principio del campeonato, ¿teníais la sensación de que podíais lograr algo tan gordo?

Berni: Una característica que ha acompañado siempre a este grupo y es que pensábamos siempre que podíamos ganar a todos. Desde Mannheim… íbamos con una naturalidad impresionante a los campeonatos. Sin miedo y sin complejos. Y esa sensación yo por lo menos la tenía siempre.

G: ¿Qué tienen los Juegos Olímpicos que los hagan tan especiales?

B:  No tienen absolutamente nada que ver con otro campeonato. A ver, la parte de baloncesto es igual que cualquier otro torneo, sí, con el formato que sea, los cruces, etc. Ahora, todo lo que rodea a los Juegos, es brutal. Vivir en la Villa Olímpica, el aspecto mediático y la sensación de estar en un sitio que es el culmen del deporte. El desfile y convivir con otros deportistas a los que no habías visto en tu vida. Y de repente te interesa muchísimo la esgrima, porque te ha saludado el día anterior en el desayuno y te ha deseado suerte. Se forma una camaradería real entre españoles, chulísima. Es lo que más me gustó de los Juegos. Igual estás jugando a las cartas con dos chicas de sincronizada.

G: Cuentan que Ricky Rubio se hartó de traer hamburguesas del McDonald’s en la Villa

B: Te explico. En la Villa Olímpica todo lo que hay dentro es gratuito exceptuando la tienda de recuerdos. Había máquinas de bebidas, zonas de buffet y dentro de esa área, había un McDonald’s. Los primeros tres o cuatro días intentas controlarte y hacer las cosas bien, pero llega el cuarto día, que igual habías jugado un día a las 11, otro a las 5 y otro a las 9, y ya te relajas un poco más con la comida. Y mandábamos a Ricky. A veces había que acompañarle porque no podía con todas. Ya hablando en serio, la realidad es que era un niño super cariñoso, prudente, educado, natural… con algo especial para jugar al baloncesto. Y en una pista, de manera natural, lideraba al equipo. Y tú, de manera natural, le seguíasEs una de las cosas que más me sorprendieron de Ricky. Hacía de rookie, pero cuando pisaba la pista… ¡coño! Le decía a cualquiera: corta por allí, no te quedes ahí. En esas se veía su personalidad.

G: Antes de la final hubo aquel partido ante Estados Unidos, en la primera fase. Aquella derrota tan dura. ¿Qué ocurrió ahí para perder por 30 y después ser capaces de plantarles cara así?

Berni: Ese partido nos enchufó más por nosotros que por ellos, por esa sensación de decir: somos gilipollas, ni hemos competido. Para nosotros fue una sensación mala el no llegar a competir en un partido en el que sabíamos que todo el mundo estaba muy pendiente de nosotros. Internamente, sí que dijimos: “espérate, que nos vamos a encontrar más adelante”. Sabíamos que no habíamos hecho un buen partido y que no habíamos dado nuestro nivel. Y teníamos claro que nos íbamos a reencontrar.

G: Antes del partido, ¿tú pensabas que podías ganar?

B: Totalmente. Salimos a ganar ese partido. Sabíamos que Estados Unidos cogía rachas, que te podía coger 10 puntos de ventaja en un momento, nos cogieron alguna de hecho, pero fuimos mentalmente duros para aguantar el tirón. Recuerdo un tiempo muerto con Estados Unidos 3 o 4 arriba. Recuerdo saltar del banquillo para animar a mis compañeros, mirar al banquillo y verles a los americanos con cara de: “me cago en la leche que la vamos a liar”. Y te digo una cosa. Si no está Kobe ese día, ganamos ese partido. Su cara era de: “Que nos ganan, que nos ganan”. Y tengo el recuerdo de ver a Kobe cogiendo la bola y diciendo: “hoy ganamos porque estoy aquí yo”.

G: En ese momento en el que estás jugando un partido como ese, ¿teníais la percepción de lo histórico que era o el jugador no lo nota en ese instante? ¿Cuántas veces has vuelto a verlo?

B: Ni una sola vez he visto el partido entero. Antes no me gustaba mucho verme. Ahora sí tengo más curiosidad por ver cómo fue. En el partido estás centrado en lo que estás. Yo era un jugador de rotación, que igual tenía que salir de repente por lo que fuera. Y estás a eso. Luego con el tiempo reflexionas y piensas: Ostias, vaya partido del que fui parte. Qué jugadores, qué equipos. Los dos eh. Pau, Navarro, Raül, todos a tope, y enfrente Kobe, Chris Paul, Wade, Carmelo. En ese momento estás concentrado en el marcador, en si estás defendiendo en zona, en los cambios de asignaciones, ver cuántas faltas llevamos… No estás pensando: ¡Qué partido más guapo estamos jugando! En ese momento es puro presente lo que vives

G: La final del 2012 la viviste de forma muy diferente. Todavía estabas en activo, pero ya no en la Selección

B: Me invitó la federación a viajar a Londres para ver la final.. Y no sé si es porque fui de aficionado, pero ahí sí que sentí que nos faltaba un poco. Que no llegábamos. No sé si es porque en el 08 jugué, estaba dentro, y las sensaciones son diferentes, o por qué. Pero sí sentí que en Londres nos faltaba algo. Un puntito más. En 2008 estuvimos ahí. Con el tema de los pasos, algunas decisiones arbitrales concretas… lo piensas y dices: “Me cago en la leche, si es que lo teníamos ahí”.

G: ¿La mejor derrota de tu vida?

B: Puede ser una buena definición, sí. Me suena que alguien en la prensa lo definió como oro blanco o algo así. Nos quedamos con un sabor feo inicialmente de perder, pero al momento nos cambiamos, nos pusimos aquellos chandals blancos y sentimos ese orgullo. Pero sí, fue la mejor de mis derrotas.

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