Secuestro en Madrid de un seleccionador soviético, por Sixto Miguel Serrano

Secuestro en Madrid de un seleccionador soviético, por Sixto Miguel Serrano

Estados Unidos y Unión Soviética disputaron, entre Juegos Olímpicos y Campeonatos del Mundo, siete finales. La última fue en Madrid, en el Mundobasket de 1986. Y fue sonada. Ganó Estados Unidos. Entre otras cosas, porque los soviéticos tenían el enemigo en casa. Secuestrado, pero en casa

Sixto Miguel Serrano escribió este artículo en un número de la revista Gigantes

La selección de la Unión Soviética acudía al Mundial español como gran favorita. Defendía el oro ganado cuatro años antes en Colombia, donde derrotó 95-94 a un equipo de Estados Unidos en el que la gran estrella fue el sensacional Glenn Doc Rivers, y en el que también militaban Mitchell Wiggins, Antoine Carr o John Pinone.

Los soviéticos tendrían que superar tres escollos para revalidar su oro cafetero: a sus dos rivales tradicionales, Estados Unidos y Yugoslavia, se unía España. A los tres se midió a lo largo del campeonato. Primero jugó con España, a la que derrotó 88-83 en la segunda fase, en Barcelona. En semifinales se topó con Yugoslavia. Y en la final se cruzó con su, Telón de Acero mediante, irreconciliable enemigo, Estados Unidos.

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Los campeones venían sin Alexandr Gomelsky, el padre del baloncesto soviético. Con él de seleccionador, estuvo 25 años, la URSS ganó 19 medallas, diez de oro, en Juegos Olímpicos, Campeonatos del Mundo y de Europa. Se estaba tomando un período de descanso, pero dejó todo tan estructurado que su selección, incluso sin él, había logrado el oro en el Eurobasket de Stuttgart un año antes. El sustituto, elegido por el propio Gomelsky, había sido su discípulo Vladimir Obujov. Y repetía en España al frente del poderoso equipo soviético. Sólo faltaban dos lituanos geniales: Sergei Iovaisha, lesionado, y Sarunas Marciulionis, que se incorporó a la selección un año más tarde, para el Eurobasket de Atenas.

EN EL DESCANSO DE LA FINAL DEL MUNDOBASKET ESPAÑA’86, LOS JUGADORES DE LA URSS ENCERRARON AL TÉCNICO OBUJOV EN UN CUARTO PARA PREPARAR LA TÁCTICA

El bloque que pusieron en las manos de Obujov lo tenía todo. Jugadores exteriores talentosos como los lituanos Valdemaras Homicius y Rimas Kurtinaitis o el letón Valdis Valters. Un alero tirador tan fiable (en la cancha, sólo en la cancha) como el ruso Sergei Tarakanov. Aleros altos, reboteadores y tiradores, como el kazajo Valeri Tijonenko y el ucraniano Alexandr Volkov. El no va más era el puesto de pívot. A los demoledores ucranianos Alexandr Belostenni, 2.14, y Vladimir Tkachenko, 2.20, se unía la gran sensación del baloncesto soviético y mundial, el emergente lituano de 2.20 Arvydas Sabonis. Con semejantes jugadores, esa selección se dirigía sola, sin entrenador…

La Unión Soviética arrasó en las dos primeras fases, ganando los diez partidos con un promedio de 111,1 puntos a favor y 81 en contra. Pero faltaba lo más duro, empezando por la semifinal ante una Selección de Yugoslavia que contaba con elementos como los hermanos Petrovic (Drazen y Aleksandar), el mítico Drazen Praja Dalipagic, Danko Cvjeticanin, Zoran Cutura, Ratko Radovanovic, Vlade Divac o Stojan Vrankovic, con otra leyenda, Kresimir Cosic, al mando técnico.

El partido, que fue extraordinario, lo ganó la URSS por 91-90 después de una prórroga. La victoria no pudo ocultar la división entre el seleccionador, Obujov, y muchos de sus jugadores, que no confiaban en él a pesar del oro alemán. En esa semifinal ya hubo un conato de rebelión, encabezado por la facción báltica, la que llevaba la voz cantante en esa selección.

Pero lo más impactante llegó en la final ante Estados Unidos, en el Palacio de Deportes de Madrid. Los americanos, bien dirigidos por Lute Olson, entrenador de la Universidad de Arizona, formaban un grupo joven, pero unido y trabajador. Y contaban con jugadores con un futuro esplendoroso. David Robinson era el líder. Pero los demás también disfrutaron de una larga y digna carrera en la NBA: los bases Tyrone Bogues, Kenny Smith, Brian Shaw y Steve Kerr; el alero Sean Elliott; los alas-pivots Derrick McKey, Tom Hammonds, Armon Gilliam y Charles Smith; y el pívot Rony Seikaly. El único que no jugó en la NBA fue el base Tommy Amaker, que después del Mundial se hizo entrenador.

Los soviéticos tenían un gran rival enfrente. Y lo sabían. Pero no imaginaban que en la primera parte Estados Unidos iba a conseguir una ventaja de diez puntos, 48-38.

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Mis amigos Rimas Kurtinaitis y Valdemaras Homicius me contaron que en el descanso, hartos de la ineficacia de su seleccionador, unos cuantos jugadores le encerraron, y con llave echada, en una dependencia del vestuario, antes de que sus ayudantes pudieran evitarlo. Se reunieron ellos solos, los jugadores, y planificaron la táctica para la segunda parte. Con la autogestión, la URSS estuvo a punto de remontar el partido y de ganar el título, pero la rémora de los diez puntos en contra al descanso pesó lo suyo y acabó perdiendo 87-85. Kurti y Valdas me dijeron que, como tardaron en darle la llave del improvisado gulag a los ayudantes de Obujov, el técnico se incorporó al partido con varios minutos jugados ya de la segunda parte.

Nadie le echó de menos. O sí. Uno de los jugadores soviéticos de la época tenía un cartel horroroso entre sus compañeros. Nadie, por lo visto, se llevaba bien con él. Le tildaban de chivato, de esquirol, de espía. Era un gran jugador, nadie lo discutía, pero sus compañeros estaban convencidos de que controlaba todos sus movimientos y luego pasaba esos informes a sus superiores. Y sus superiores estaban en la moscovita Plaza de la Lubianka, donde tenía su sede el temido KGB (Comité para la Seguridad del Estado). Todos los jugadores sabían que Sergei Tarakanov trabajaba para los terroríficos Servicios Secretos soviéticos, seguramente en el Quinto Directorio, el encargado de la seguridad interior y de los disidentes políticos. Y en esa selección había muchos disidentes políticos. Y baloncestísticos. Ni un oficial encubierto del KGB, el comandante Tarakanov, pudo evitar que en una final de un Mundial de baloncesto, en Madrid, el seleccionador de la Unión Soviética fuera secuestrado por sus propios jugadores.

El 4 de diciembre de 1986, estando yo en Kaunas para un Zalgiris-Real Madrid que se jugaba ese día, publiqué en el Diario Ya que Obujov apartaba de la selección de la URSS a Kurtinaitis y Valters por su “resistencia y rebeldía” en el Mundial de España, acusándoles de ser“los jefes de la oposición”, la conocida como Oposición del Báltico, formada por lituanos, letones y estonios y a la que también pertenecían Homicius, Marciulionis, Iovaisha, Sabonis, el letón Igors Miglinieks y el estonio Tiit Sokk.

Telón de Acero, USA, URSS, rebelión, bálticos, Obujov, secuestro, Tarakanov, KGB. Historias de la Guerra Fría. Como me lo contaron, lo cuento.