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AMERICAN LEGEND: Dinwiddie, libra por libra

AMERICAN LEGEND: Dinwiddie, libra por libra

José Ajero te trae la historia e historias de Spencer Dinwiddie, un jugador fetiche por méritos propios.

¿De qué vale una buena comida si la sobremesa es una mierda? ¿Merece la pena? Pues, no. La verdad. Con los años, aún eres más consciente de este tipo de cosas. No sé si se llama madurez o haber colmado el vaso de gotas. ¿Merece la pena ver el basket por inercia? Pues a mí, tampoco. Yo quiero que me levanten de la silla, que me den ganas de ir a la habitación y despertar a otra persona para que sepa que hay un tío que lo está reventando. Gritar de madrugada… yo que sé. Emoción se llama. Y siempre encuentro algún motivo para que me pase esto. Esta temporada se llama Spencer Dinwiddie. Sí, joder. Al principio me hacía gracia por el nombre, pero ahora por su historia y sus historias de madrugada. 

Pequeño, jugó, con la capacidad para anotar y controlar un partido sin necesidad de músculo o golpe. Un titán de los de antes, que conjuga con su bote bajo y su muñeca prodigiosa sensaciones antiguas. Ha vuelto a las canchas con los Brooklyn Nets, después de muchas semanas de baja por un problema en un pulgar. Y lo ha hecho para coger su faena por donde la dejo. Ahora mismo, después de caer en Portland, siguen fardando los Nets de llevar los playoffs a la Gran Manzana, de alargar un poco más el basket pro allá en donde dicen que es la Meca. Durante los dos primeros meses, Dinwiddie, fue el mejor jugador de su equipo desde el banco. Lo que le valió para firmar su primer contrato abultado de jugador profesional. 34 millones por tres años. Poco después de sacar su propia línea de zapatillas.

Rabia contra el sistema: Sus propias zapatillas

Este hijo de profesora de la Universidad de Southern California, sigue en su camino las flechas marcadas por la rabia. Se reventó la rodilla en su año junior en la Universidad de Colorado. Al lado de Andre Roberson había ‘rankeado’ a su equipo entre los 15 primeros del año. Se acabó su historia universitaria para empezar la profesional. Segunda Ronda por los Detroit Pistons, que lo ceden a los Bulls y en Chicago, del viento a la calle y a la sombra de la G-League.

En Liga de desarrollo llega llamada de BK. La ciudad de los edificios marrones se convirtió en su casa hasta ahora. Allí, al ritmo de Notorious BIG barre su rabia, clavando dos dagas voladoras a los Pistons -una para mandar el partido a la prórroga y otra para solucionar el tiempo extra-. Allí, masacra a los Bulls que le despidieron y sacude a las marcas comerciales de zapas con modelo propio.

K8iros es el nombre de sus propias zapatillas, que utiliza para mandar mensajes cargados de simbología activista. Blancas con una tira en el empeine, no deja escapar visita a ciudades para rendir sus tributos. Debutó un 8 de diciembre con un recuerdo ‘aerografiado’ a la activista Rosa Parks… después a Iverson, a Mandela, a Kareem o a Penny Hardaway. Para ellos no hay rabia. Hay puntos, deslizados por el parqué y la sensación de emoción que produce su conexión con la red.

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