“Yo jugué con Diana Taurasi”

Diana Taurasi

Las compañeras de vestuario de Diana Taurasi recuerdan la capacidad de trabajo casi enfermiza con la que la mejor jugadora de todos los tiempos construyó su carácter competitivo.

Mario Taurasi, un portero de futbol que a los cinco años se mudó a Argentina, y Liliana, una ama de casa, se conocieron en Rosario. Años después se fueron a vivir a Estados Unidos, donde nació Diana. Durante su infancia, Taurasi pasó un año en Rosario, tiempo suficiente para que la pequeña acentuara su sangre argentina. Mientras su tía cocinaba ñoquis, ella y su hermana Jessica solían pasar las mañanas de los sábados comprando y haciendo encargos en el barrio.

Su madre les inculcó un amor incondicional por Rosario Central. La noche del 19 de diciembre de 1995, cuando Diana apenas tenía 13 años, vivieron en directo un partido en el estadio Gigante de Arroyito que ningún hincha canalla olvidará jamás. El equipo santafesino remontó los cuatro goles en contra de la ida contra el Atlético Mineiro para igualar la final y hacerse con el título en la tanda de penaltis. Hay quien dice que aquella noche se forjó el carácter competitivo de una adolescente que pronto cambió el futbol por el baloncesto.

Los tres títulos de la NCAA que ganó con UConn la situaron en el mapa. “Su vida es una novela, es una película, es una miniserie, es una saga. Es la vida de una persona extraordinaria que, creo, ha tenido mucho más que ver que cualquier otra a la hora de cómo ha cambiado el baloncesto femenino a lo largo de la historia”, resume Geno Auriemma, el entrenador que la transformó en una jugadora diferencial.

El resto de la historia es conocido. Diana Taurasi ganó 3 anillos de la WNBA en su primera década en la competición, levantó 6 títulos de la Euroliga y se colgó la medalla de oro en 6 Juegos Olímpicos y en 3 Mundiales.

Dos españolas la conocen muy bien. Alba Torrens coincidió en dos equipos con Taurasi. Primero en el Galatasaray y luego en el Ekaterinburgo. “La conocí cuando fiché por el Galatasaray. Era la primera vez que yo jugaba en el extranjero. Me ayudó mucho porque yo era muy joven y mi inglés todavía no era fluido. Como ella habla un español perfecto, me acogió y me ayudó mucho. También me inculcó la mentalidad que siempre se puede mejorar. Si se trabaja, el aprendizaje puede ser infinito. Había días libres en los que me decía: ‘Flaca, ¿vamos a tirar?’. Y yo, claro, le decía que sí. Veías que nunca escatimaba trabajo para mejorar”, recuerda.

Torrens y Taurasi lograron uno de sus seis títulos de la Euroliga juntas, el de la temporada 2015-16 con el Ekaterinburgo. “Para mí ha sido una gran suerte poder decir que he jugado con Diana Taurasi, una de las mejores jugadoras del mundo. Sin duda. Todos hemos podido ver su carácter competitivo en los partidos, pero también puedo decir que está en el día a día tanto en los entrenamientos de equipo como en la autoexigencia que ella mismo se imponía. Siempre quería mejorar y trabajar para ofrecer su mejor versión”, reconoce la jugadora del Valencia Basket.

La alero mallorquina tiene muy clara la ascendencia que Diana Taurasi ha tenido en el baloncesto mundial. “Ella elevó el nivel del juego y se tiene que valorar mucho todo lo que ha aportado y ha inspirado. Nos ha hecho creer en los imposibles. Una y otra vez y de diferente manera. Se ha acercado muchas veces a cosas que parecían imposibles. Hay que darle valor a todo lo que le ha dado al baloncesto, ya que ha aportado muchas cosas”, opina Torrens.

La otra jugadora española que compartió equipo con Taurasi fue Sílvia Domínguez. “Coincidir con ella, por la manera como trabajaba, fue brutal. No me gusta hacer diferencias entre el basket masculino y el femenino, pero la manera cómo se entrenaba era parecida a la de un chico por físico y dedicación”, asegura la base del Perfumerías Avenida.

La catalana no guarda un recuerdo excelente de su último año en el Ekaterinburgo, ya que tuvo poco protagonismo. “Mi último año en Rusia fue bastante duro por las normas de la liga rusa en cuanto al cupo de jugadoras extranjeras. Vi muchos partidos desde la grada y luego era la suplente de Diana Taurasi, por lo cual mi participación era poca”, recordó en una entrevista con el Deia la base, que acabó regresando a Salamanca.

Le mentalidad de la jugadora norteamericana (The Taurasi Mindset) ha sido analizada por muchos especialistas en psicología. “Media hora antes del partido trataba de concentrarme y prever diferentes escenarios. Imaginaba lo que podía pasar y cómo me podía yo relacionar con aquella situación. Doce minutos antes del partido, aumentaba la activación. Justo antes del salto inicial, trataba de volverme a relajar porque, cuando has trabajado bien, no tienes motivos estar nerviosa. Con el partido en marcha, me dejaba llevar por mis instintos y trataba de concentrarme en la siguiente acción. Una y otra vez”, dice.

“Cuando metía un tiro, lo olvidaba al instante. Cuando lo fallaba, intentaba preguntarme por qué para tratar de evitar el error en la siguiente posesión. Cuando llega el tiro decisivo, te tienes que olvidar de la presión porque, si no, seguramente lo fallarás. Simplemente tienes que lanzar con confianza”, explica. Taurasi tenía mal perder. “Cuando perdía, eso significaban un par de semanas de miseria. Lo más importante de ganar es que cuando tú lo haces, el otro equipo no gana”, añade.

Muchos comparan la mentalidad de Diana Taurasi con la de Kobe Bryant y algunos incluso la bautizaron como White Bamba. La norteamericana es una de las 11 únicas jugadoras que han ganado una medalla de oro olímpica, un campeonato de la NCAA, una Mundial ​​y un campeonato de la WNBA.

“Reproducir en la mente lo que quieres que pase en función de lo que has trabajado es de vital importancia. Diana define su estado competitivo como aquel en el que juega instintivamente, con gran intensidad y con una excelente concentración. La intuición es la primera forma de conocimiento que tenemos. Nos permite reaccionar antes y más eficientemente. La norteamericana salía a pista y simplemente jugaba. Sabía que tenía todo el conocimiento que había ido construyendo a lo largo de su carrera. Sabía que tenía todo el conocimiento que había ido preparando durante la semana para ese partido en concreto. Por eso salía y jugaba. Sin pensar, pero pensando”, opina Mar Rovira, exjugadora y psicóloga deportiva. “Ella no le tenía miedo al error ni lo minimizaba. Es una forma más de avisarte de donde está el camino”, recuerda.

Taurasi, que es la máxima anotadora de la historia de la WNBA, fue elegida en el 2021 como la mejor jugadora de todos los tiempos, una distinción que muy pocos se atreven a cuestionar. «Para mí, es la mejor», opina Becky Hammon, quien jugó y entrenó contra Taurasi. «Simplemente jugaba al baloncesto. Creo que una de las partes más subestimadas de su juego eran sus pases. Sus triples y sus tiros en suspensión recibieron mucha atención, pero ella literalmente lo hacía todo”, analiza.

Taurasi es la única jugadora de la WNBA en superar los 10.000 puntos. Sumó 10.646 puntos en 565 partidos de temporada regular y anotó otros 1.476 puntos en 72 partidos de playoffs. Lideró a las Phoenix Mercury a los anillos en 2007, 2009 y 2014.

Voz propia

Diana Taurasi es una jugadora con mucha personalidad que siempre dice lo que piensa. Durante un tramo de su carrera jugó con la imagen de Eva Perón en las zapatillas. Además, en uno de los laterales del calzado estampó la frase «Sé que, como toda mujer, tengo más fuerza de la que parece». Fue la misma que la congresista demócrata Alexandria Ocasio-Cortez utilizó para responder a Donald Trump, que la había comparado, en tono despectivo, con Evita.

En 2010 fue apartada de su equipo, el Fenerbaçe turco, por dar positivo en un control antidopaje. Según el abogado de la jugadora, la sustancia encontrada en los análisis era un medicamento para combatir la somnolencia y no un esteroide estimulante. Ese mismo año posó desnuda para ESPN.

En 2012, la FIBA la multó por no ajustarse a las normas, que exigían a las jugadoras llevar ropa ceñida. «Ellos quieren presentar el baloncesto como algo sexi, pero el baloncesto no es sexy, es un deporte. Es un deporte fuerte que se juega con velocidad. Las equipaciones son culturales y llevamos muchos años jugando sin ropa ajustada; eso no lo cambiarán. Si quieren cosas sexys, que se vayan a la Playboy…», soltó al mundo.

En 2013 trató de provocar a Seimone Augustus dándole un beso durante la final de conferencia de la WNBA. “Sólo Diana puede hacer esa locura. Tienes que quererla», dijo su rival.