Puerta a lo desconocido: análisis del presente y futuro del basket femenino

Nuevo convenio en la WNBA, Awa Fam rumbo a Project B… Recuperamos este artículo escrito en diciembre de 2025. El futuro incierto ya está aquí.

*Artículo publicado en la revista 1.564 de Gigantes del Basket

La incertidumbre se ha adueñado del futuro más cercano en el mundo del baloncesto femenino. No es tanto una falta de trasparencia para con el aficionado, sino que las propias protagonistas desconocen lo que se van a encontrar dentro de unos meses. Todo ha derivado en una situación enquistada, compleja y atípica, cuya resolución marcará la siguiente décadas. Los numerosos intereses se entremezclan con calendarios ajustados y un número de competiciones que no para de crecer. Nadie quiere quedarse sin un trozo del pastel, pero tampoco hay espacio para cada uno de los novedosos proyectos y las competiciones más clásicas si la intención es que el nivel general no decaiga.

No engañan las matemáticas. En 2025, de los 365 días que componen el año, el reparto (desde una óptica española) ha sido el siguiente: 167 de las franquicias WNBA y 235 de los equipos LF Endesa. Sin añadir más variantes a la operación, el resultado es evidente. Para que ambas competiciones convivan, deben solaparse, lo que ha venido sucediendo en el último lustro. Un problema que sería menor si el panorama fuera estable, no contara con más agentes en el asunto y las perspectivas de crecimiento no invitaran al optimismo. Justo lo contrario de lo que está aconteciendo.

La WNBA se encuentra en un momento decisivo de su historia. Liga, propietarios y jugadoras llevan meses negociando un convenio colectivo que puede revolucionar el contexto internacional. No solo por el dinero que acuerden pagar a través de los salarios, sino por las normativas que se firmen alrededor de estos. Del último acuerdo en la competición nació la normativa de priorización, aquella regla impuesta por los propietarios a cambio de mejorar las condiciones de las profesionales. Un par de folios clave en documento firmado que ha colaborado de forma directa a la reducción de estrellas estadounidenses en el Viejo Continente. De hecho, de las 20 jugadoras elegidas en primera instancia para el All-Star WNBA 2025, tan solo una está compitiendo a día de hoy en Europa. 

Lejos de que se vuelva al escenario previo, todo apunta a que la tendencia será un endurecimiento de este tipo de cláusulas. Cuanto más dinero sobre la mesa haya en la WNBA (las proyecciones sitúan los salarios máximos por encima del millón de dólares, casi cinco veces por encima de las cifras actuales), más certezas querrán los propietarios de que sus jugadoras no se lesionan ni desgastan en los meses que separan cada campaña. Un periodo de tiempo que también podría variar (la liga alcanzará las 18 franquicias en 2030), con los meses de marzo y noviembre como posibles fechas de inicio y final en años venideros. No hace falta explicar el impacto que tendría en las mejores competiciones europeas, programadas entre septiembre y mayo.

No obstante, la telaraña de partidos y fechas no termina ahí. El exponencial crecimiento del baloncesto femenino a nivel global ha disparado el interés de inversores, así como el deseo lógico de las jugadoras de recolectar lo máximo posible. Un objetivo que, a día de hoy, no se cumple en la WNBA, donde el reparto en el control de la liga complica un asunto complejo de por sí, que evidencia un desajuste entre lo generado y lo que llega a las jugadoras (punto central en las negociaciones previamente comentadas). Ese espacio tan llamativo que lo han aprovechado diversas competiciones para intentar encontrar su propio hueco.

Primero fue Athletes Unlimited, con un formato muy alejado al baloncesto tradicional, que con el paso del tiempo se ha quedado como un lugar ideal para aquellas que buscan promocionarse de cara a encontrar oportunidades en los training camp WNBA. Sin embargo, el gran impacto llegó de la mano de Unrivaled, la competición de 3vs3 fundada por Breanna Stewart y Napheesa Collier. La dupla de estrellas WNBA se rodearon de un grupo de primerísimo nivel y llevaron a cabo una primera edición que resultó todo un éxito. Durante un par de meses, las jugadoras pudieron prepararse para la temporada WNBA, recibieron salarios con un valor medio superior a los 220.000 dólares y evitaron las largas competiciones a las que solían acudir en otros continentes. Todo lo deseado.

Pero el caos ha llegado a un punto en el que la competencia de Unrivaled a partir de 2027 no será ni Athletes Unlimited, ni las ligas europeas, ni la reapertura que tuvo lugar en el mercado chino, ni la propia WNBA. El gran transatlántico que asoma por el horizonte se llama Project B. Una liga que arrancará en 2026, disputada en torneos de dos semanas entre noviembre y abril en varios continentes, financiada por grupos de inversión. Un músculo financiero potente que ya ha convencido para unirse a la competición a jugadoras de la Liga Femenina Endesa como Leo Fiebich y Juste Jocyte, quienes acompañarán a estrellas de la talla de Jewell Loyd, Jonquel Jones, Alyssa Thomas o Kelsey Mitchell.

El tablero está más abierto que nunca. Y si después de leer este texto cuentas con más preguntas que antes, no te preocupes. Es normal. Nadie sabe lo que va a suceder mañana, una nueva realidad en la que todos deberán ir encontrando su sitio. Ojalá el aficionado no sea el gran perjudicado.