Cuando Europa se dividió hace 25 años: la temporada con dos campeones europeos
En la primavera de 2000, un terremoto fragmentó el baloncesto continental. El choque entre la FIBA y la ULEB dio lugar a dos torneos, la Suproliga y la Euroliga, y a dos campeones en la temporada 2000-2001, el Maccabi y la Virtus. Un cuarto de siglo después, el anuncio del desembarco de la NBA para crear junto a la Federación Internacional una nueva liga europea reabre un conflicto que nunca terminó de cerrarse.
La onda expansiva de aquella sacudida llega hasta nuestros días y, 25 años después del seísmo, las réplicas no cesan. El 29 de mayo de 2000, 24 horas después de que la FIBA ratificase en Antalya (Turquía) la reforma de todas sus competiciones y la puesta en marcha de la Suproliga —como Borislav Stankovic decidió renombrar a la máxima competición del baloncesto continental—, la Unión de Ligas Europeas (ULEB), los campeonatos nacionales de España, Grecia e Italia y sus principales clubes, ratificaron en una cumbre celebrada en Barcelona su salida de la Federación Internacional y la organización de un campeonato propio: la Euroliga.
La división provocó que la temporada 2000-2001 tuviera dos campeonatos y dos campeones europeos. De un lado, la Kinder de Bolonia —con el MVP Manu Ginóbili, Marko Jaric, Hugo Sconochini, Antoine Rigaudeau, David Andersen y Ettore Messina—, que superó (3-2) al gran TAU (Baskonia) de Benett, Oberto, Scola e Ivanovic en el playoff final de la Euroliga. Del otro, el Maccabi de Tel Aviv —con Ariel McDonald, Anthony Parker, Nate Huffman, Derrick Sharp y Pini Gershon en el banquillo—, que triunfó frente a Panathinaikos, CSKA y Efes en la Final Four de la Suproliga disputada en París.
La Euroliga venció aquel pulso, todos los grandes clubes se reagruparon en la siguiente temporada en la competición impulsada por la ULEB (presidida por Eduardo Portela) y, durante unos años, reinó la paz. Pero el conflicto estaba latente y, en 2015, reapareció. Ese año, la FIBA intentó el rearme con la creación de la Basketball Champions League y el anuncio de la reestructuración del calendario internacional a partir de 2017 con las ‘Ventanas’ de selecciones. Sin embargo, el órdago tampoco triunfó, los grandes clubes volvieron a dar la espalda a la Federación Internacional, firmaron una alianza comercial con la multinacional IMG (con un plan de negocio de 872 millones por 10 años), y marcaron una hoja de ruta expansionista que llegó a los 18 equipos actuales en la Euroliga más otros 20 en la Eurocup.
Y, en este 2025, vivimos la reedición del conflicto de nunca acabar. Otra vez el baloncesto dividido en mitad de un calendario destartalado y claustrofóbico. En un escenario incierto para todas las partes. Con la Euroliga aún ajustando la transición en su cúpula de Jordi Bertomeu (CEO de la competición de 2000 a 2022) a la dupla formada por Dejan Bodiroga (presidente) y Paulius Motiejunas (consejero delegado); con el proyecto de fair play financiero pendiente de estrenar y la ampliación a 20 equipos sobre la mesa; con la extensión reciente del acuerdo con IMG hasta 2036, y la mirada comercial apuntando hacia los Emiratos Árabes —con Abu Dabi como sede de la Final Four—; con muchas licencias de los clubes propietarios pendientes de renovar, a un año de caducar y quedar libres… El momento estratégico elegido por la FIBA para reaparecer a lo grande e intentar recuperar la posición de fuerza en el baloncesto europeo. Y, esta vez, la Federación Internacional se presenta con un refuerzo todopoderoso: la NBA.
El comisionado Adam Silver y el secretario general de la FIBA, Andreas Zagklis, comparecieron conjuntamente el 27 de marzo para anunciar su plan de crear una nueva liga europea, sin extenderse en detalles ni cifras, sin mencionar siquiera a la Euroliga. Con la idea de arrancar en la temporada 2026-27. “Es el momento. Estamos preparados para pasar a la siguiente etapa. Se trata de explorar una liga con la FIBA como nuestro socio”, afirmó Silver, en un mensaje auspiciado por la Federación Internacional para marcar territorio. La comparecencia de NBA y FIBA fue el anuncio de una revolución en ciernes que sonó a desafío definitivo, y que retrotrajo al mundo del baloncesto a ese año 2000, a la primera vez que la Europa de la canasta se dividió en dos.
Aquella ruptura con la FIBA (organizadora de la Copa de Europa de clubes de 1958 a 2000) se produjo después de que los principales clubes europeos —agrupados en el llamado G14— se enteraran sin previo aviso de que la Federación Internacional iba a centralizar los derechos de televisión y marketing, que hasta ese momento gestionaban los equipos, en la Suproliga de nueva creación. El controvertido Borislav Stankovic había vendido esos derechos de manera unilateral a la empresa suiza ISL (comercializadora de las retrasmisiones de Juegos y Mundiales) por unos 20 millones de dólares anuales (3.800 millones de pesetas de la época) hasta la temporada 2003-2004. Para entonces, algunos clubes ya ingresaban de manera individual 1.000 millones de pesetas anuales por esos mismos derechos. La gestión intransigente de la FIBA generó un cisma sin precedentes y sin vuelta atrás.
Cinco clubes griegos (Olympiakos —entonces con ‘k’—, Panathinaikos, AEK Atenas, PAOK y Peristeri), cuatro italianos (Kinder Bolonia, Fortitudo Bolonia, Varese y Treviso), cinco españoles (Real Madrid, Barcelona, Tau Vitoria, Estudiantes y Caja San Fernando), miembros originales del llamado G-14, además del Olimpia Ljubliana, el Zalgiris Kaunas y el London Towers, firmaron en Barcelona un documento para crear la Euroliga y presentaron un aval por un millón de dólares (unos 185 millones de pesetas) que perderían si, finalmente, no cumplían el compromiso de integrarse en la nueva competición creada por la ULEB, que estaría presidida por Jordi Bertomeu, hasta ese momento secretario general y vicepresidente de la ACB con Eduardo Portela.
El proyecto de la Euroliga arrancó con el sustento económico de Telefónica Media, propietaria del 70% de la empresa que administraría la competición. A cambio de la cesión de los derechos audiovisuales, de patrocinio y marketing, los clubes pasaron a recibir unos 35 millones de dólares anuales durante un lustro, una cifra superior a la firmada por la FIBA con ISL (que quebró apenas un año después). La FIBA intentó reaccionar retocando su modelo de competición y el cupo de equipos por países, al tiempo que amenazaba a los clubes disidentes con excluir a sus jugadores de las competiciones internacionales de selecciones, igual que a los árbitros que decidieran pitar en la Euroliga. Las federaciones turca, rusa y francesa impidieron a sus clubes irse a la Euroliga. Y Stankovic logró además convencer al Panathinaikos, entonces vigente campeón de Europa como ahora, para que continuara en el torneo oficial.

Pero la Euroliga siguió su rumbo, con sus clubes seguros de haber configurado una competición estructural y competitivamente superior. Lo escenificaron en una espectacular ceremonia de presentación en el hotel Makedonia Palace de Tesalónica, donde los nba Vlade Divac y Predrag Stojakovic, y leyendas del baloncesto europeo como Epi, Paspalj y Brunamonti presentaron la que iba a ser la verdadera Copa de Europa.
La FIBA mantuvo en paralelo la Suproliga, pero no cumplió ninguna de sus amenazas y, el 16 de octubre de 2000, Real Madrid y Olympiakos disputaron en el pabellón Raimundo Saporta el primer partido de la era moderna de la Euroliga, la heredera de la máxima competición europea de clubes, con victoria para los blancos 75-73. Esa temporada, la Euroliga contó con cuatro equipos españoles: el Real Madrid (que cayó 2-1 en cuartos ante el PAF Bolonia), el Barça (eliminado en octavos por la Benetton de Treviso), el Tau Baskonia (subcampeón) y el Estudiantes (derrotado en octavos frente a la Kinder de Bolonia). El Caja San Fernando y también el Pamesa Valencia renunciaron a jugar el torneo pese a la invitación de la ULEB. La primera edición de la Euroliga contó con 24 equipos de catorce países —con un formato de cuatro grupos de seis equipos en la liguilla inicial, y después cuatro grupos de cuatro antes de las eliminatorias—. La Suproliga, por su parte, se organizó con 20 equipos divididos en dos grupos de 10 y eliminatorias entre octavos y cuartos para decidir el cartel de equipos para la Final Four.
En abril de 2021 hubo un amago de reunificación tras un principio de acuerdo entre FIBA y ULEB para crear una nueva competición que contaría con 32 clubes. Pero apenas dos meses después, tras la proclamación de dos campeones europeos, se reunió la Asamblea de la FIBA y el plan de paz saltó por los aires. Como consecuencia de esa decisión, ocho de los 11 miembros del comité ejecutivo de la FIBA presentaron su dimisión, entre ellos figuras relevantes como Ernesto Segura de Luna, presidente de la federación española. Panathinaikos y Maccabi lideraron la marcha de clubes de la extinta Suproliga y la Euroliga se configuró en la temporada 2001-2002 con 32 equipos, entre ellos Real Madrid, Barça, Baskonia y Unicaja.
Para el próximo movimiento de esta partida interminable, la FIBA va de la mano con la NBA. Un desembarco tan anunciado como lleno de incógnitas. Un horizonte abierto para cronificar el conflicto o lograr una reunificación histórica.
Foto: Archivo Gigantes
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