¿Por qué era tan bueno ‘Mano Santa’?
Oscar Schmidt Becerra, explicado para los que lo vieron y para los que no coincidieron con él
Oscar Schmidt Becerra (Natal, Río Grande del Norte, Brasil, 16 de febrero de 1958-Santana de Parnaíba, Estado de São Paulo, Brasil, 17 de abril de 2026) se fue demasiado pronto, hasta el punto que estuvo más tiempo jugando al baloncesto, tres décadas como profesional, que jubilado como deportista. Ese dato ilustra ante quién estamos, ante una de las mayores figuras del baloncesto de siempre, quizá el mejor tirador que ha dado la Tierra y, sin discusión, el máximo anotador hasta ahora conocido, porque esto último son datos. Y contra los datos en este caso no hay discusión.
Artículo publicado originalmente en la revista de mayo de 2026 que puedes conseguir aquí
Tres décadas de carrera deportiva, desde que en 1974 debutara en el Palmeiras, pero sólo tres países en su mochila: Brasil, Italia, donde fue una deidad en Caserta, y España y sus dos años en los 90 en Valladolid.
Si en lo que a clubes se refiere ‘Mano Santa’ no sumó tantos trofeos como su calidad merecería (en Europa sólo alzó una Copa de Italia con el Caserta y perdió la mítica Recopa de los 62 puntos de Petrovic contra el Madrid, donde él firmó 44 tantos), con Brasil dejó varios hitos y medallas internacionales, entre las que sobresalen el bronce del Mundial de 1978 en Filipinas y el oro de los Juegos Panamericanos de 1987, cuando Estados Unidos fue derrotada por primera vez en su propio suelo, en la final.
Tras su paso por España en los 90, regresó a Brasil para iniciar el principio del fin de su carrera. Todavía le dio tiempo a acudir a Atlanta 96, para sumar sus quintos Juegos Olímpicos consecutivos y a superar a Kareem-Abdul Jabbar como máximo anotador mundial, en 2001. Es miembro del Hall of Fame (sin haber pisado la NBA) y del Hall of Fame de la FIBA.
¿Por qué era tan bueno ‘Mano Santa’?
“Soy un producto del entrenamiento”. Oscar Schmidt Becerra repitió una y otra vez esa frase a lo largo de su extensa carrera y también tras su colgar las botas. El brasileño contestaba así a la reiterada pregunta de por qué anotaba tanto, una profusión encestadora que lo llevó a ser el jugador con más puntos de la historia del baloncesto. Su marca de 49.793 tantos sigue en la cima universal anotadora y sólo quizá LeBron James amenaza un reinado que igualmente será eterno en la memoria de todos.
Más allá de la cifra exacta de puntos a lo largo de su carrera, que serían más si se hubieran contabilizado todos los partidos de sus inicios, abrazar 50.000 tantos, por muy extensa que haya sido una trayectoria que se fue hasta los 30 de servicio en la elite es algo que requiere de ciertas circunstancias, factores y conocimientos.
Más trabajador que nadie
Lo primero que puede chocar es que Schmidt Becerra fuera una estrella internacional del basket en un país, Brasil, donde el deporte rey era el fútbol. Pero pronto sus cualidades, su altura y su querencia por el baloncesto le enseñaron el camino.
“Soy un producto del entrenamiento”, repetía una y otra vez. Su discurso de entrada en el Hall of Fame se podía resumir con una palabra, que a la vez era también definitoria de una de las claves de por que fue tan bueno: trabajo: “He luchado para ser el mejor. No lo he conseguido pero he trabajado más que nadie”.
‘Mano Santa’ siempre dijo que su tiro no era divino, que no estaba bendecido por nadie ni le venía dado. Que todo era consecuencia del tesón, de la repetición, del amor por el deporte, del no importarle entrenar más que a nadie.
Durante años y años, después de cada entrenamiento, en Brasil, en Italia, en España, con la selección o con sus diferentes clubes, él siempre estiraba la jornada con sesiones de 1.000 triples. Y si lo veía fácil, subía la apuesta a 1.500. “Nunca me pesó tirar tantas veces en los entrenamientos”, aseguró en 2022 en una entrevista a El País.
“Él daba ejemplo con su trabajo. Era de actos, no de palabras. Siempre que llegabas al entrenamiento ya estaba él; y se iba el último”, apuntaba Mike Hansen, excompañero suyo de los días del Fórum de Valladolid
Un tiro excelso
La realidad es que las cualidades se deben tener sí o sí, por mucho que alguien entrene. Y de ese ingrediente también gozaba Oscar para cocinar uno de los mejores tiros de siempre. Si a trabajo y repetición incansable, con la mejora que ello conlleva, le unes de salida unas grandes cualidades y talento, el resultado es el mejor anotador que ha dado el mundo de la canasta. Un resultado que explica, por citar algunas gestas, no sólo los casi 50.000 puntos en su carrera, sino también los 55 tantos a España en Seúl 1988, que sigue siendo el récord de en un partido de los Juegos Olímpicos; que tenga varios registros entre las mejores anotaciones de siempre en unos Juegos; o que haya sido líder anotador en cada una de las ligas de cada uno de los países donde ha estado, incluída la ACB, con el Fórum de Valladolid.
Aunque suene a tópico no por ello deja de ser menos cierto: ‘Mano Santa’ era un jugador de otra época. Con su altura y su estructura física le podía costar irse del rival, pero no lo necesitaba tampoco. No era explosivo en el dribbling, ni falta que le hacía. Porque todo ello lo suplía con una rapidez en el tiro pocas veces vista. No le costaba nada lanzar a canasta. Era fruto de un proceso mecánico que hasta parecía sencillo a ojos del espectador, pero que entrañaba una dificultad enorme: recibir y tirar. Cuando recibía el balón a la altura de los ojos, Óscar sólo tenía que hacer el gesto de la muñeca… y dentro. Estéticamente era perfecto, con una rapidez de ejecución que complicaba cualquier defensa. No necesitaba nada para tirar y anotar. Solo su rutina mecánica, que le hacía lanzar sin demasiada dificultad con una mano encima. Era un rival cuyo tiro letal era muy difícil de taponar.
Un tiro que salía de la mano del sudamericano tenía un porcentaje elevadísimo de besar la red. A gran volumen de lanzamientos, gran resultado de conversión en puntos. Buena selección y buen rédito.
No era un jugador egoísta
Los contemporáneos de Mano Santa decían que podía tirar, y de hecho así hacía, cuando le daba la gana. Él sentía que las podía meter, nunca se arrugaba. Para él su problema no era la selección de tiro, decidir cuándo era el mejor momento para mirar hacia el aro. Nada de eso. Para Oscar el gran drama era recibir y decidir no tirar. Para su mente la prioridad era siempre bombardear el aro rival: “El tiro nunca se pierde”, llegó a decir, sobrepasados los 40, cuando todavía jugaba a primer nivel en Brasil, su mano le seguía respondiendo pero el físico le empezaba a decir que ya había sobrepasado cierta frontera.
Y a pesar de todo ello, y en contra de lo que pueda parecer o creerse, alguien tan cejado en tirar y tirar (también se valía de sus 206 centímetros para ser un buen reboteador) no era un jugador necesariamente egoísta. Más allá de lo que puedan ilustrar las estadísticas sobre su escaso número de asistencias (aunque tuvo partidos en Italia en los que sobrepasó los 5 pases de canasta), ‘Mano Santa’ no era individualista en el estricto sentido de la palabra, simplemente estaba tan seguro de hacer el bien colectivo con sus tiros, que no veía otra mejor opción. Aquí, los datos no matan el relato: en Seúl 88, por ejemplo, acabó con un 55,6% en tiros de tres.
Para los que vimos jugar a Oscar Schmidt Becerra en directo la suerte de ese privilegio siempre estará con nosotros. Para los que no, Youtube está plagado de actuaciones memorables suyas. Será un jugador de otra época, pero sigue siendo baloncesto puro y duro. Y merece la pena. Descanse en paz.
- Convierte Gigantes en tu fuente de noticias de baloncesto:
- Añade desde aquí Gigantes del Basket a Google para que te lo muestre más
El anillo de los Knicks (Nº 1.570 Julio 2026)
El anillo de los New York Knicks (revista de julio de 2026)
Comprar