Entrevista a Quique Andreu: «Yo pensaba que me iban a agredir. Me giré, le di un puñetazo y se lio pardísima»

Entrevista en profundidad a Quique Andreu, que repasa toda su trayectoria, desde el inicio.

Quique Andreu

Hay jugadores que viven alejados de los focos, que no son los que más brillan, ni los que lideran las estadísticas. Pero, en cambio, son fundamentales para los logros de un equipo. Quique Andreu era uno de estos jugadores. Pívot duro que hacía el trabajo sucio sin rechistar.

Enrique Andreu Balbuena, conocido como Quique Andreu, nació en Valencia el 20 de octubre de 1967. Fue un pívot de 2,07 m que jugó sus mejores temporadas en el CAI Zaragoza (1988-93) y el Barcelona (1993-98). A pesar de empezar muy tarde a jugar al baloncesto, llegó a la élite en un tiempo récord: disputó los Juegos Olímpicos de Seúl 88 ¡sin haber debutado en la ACB!

Andreu es uno de los máximos exponentes de otro baloncesto, un basket más salvaje donde los pívots eran pívots y marcaban su territorio debajo de la canasta. Un center de los de antes, duro, rocoso y que no se achantaba ante nada ni ante nadie. Esta forma de jugar no le procuró muchos amigos dentro de la cancha, otra cosa era cuando se alejaba de las pistas. Nada tenía que ver el pívot con la persona que se escondía detrás del jugador del baloncesto. En la actualidad, vive en Alella (Barcelona) y se dedica al mundo textil.

Entrevista publicada originalmente en la revista Gigantes de enero de 2026 que puedes conseguir aquí en papel

¿Sigues el baloncesto en la actualidad?

Sigo los partidos importantes, en los que hay algo en juego. El otro día, por ejemplo, fui al campo a ver el Barça – Baskonia, pero hacía como 5 años que no iba. Estoy un poquito desvinculado por trabajo.

¿Mantienes el contacto con compañeros, rivales, entrenadores de tu época?

Tenemos varios grupos de WhatsApp, alguno con un círculo muy grande de exjugadores, luego algún otro más cercano. Pero sobre todo mantengo el contacto con Ferrán Martínez, Manel Bosch, Salva Díez, Jose Montero y Fran Murcia. Te diría que estos son con los que más contacto tengo.

¿Te reconoce la gente por la calle, o por ejemplo cuando fuiste el otro día a ver al Barça al Palau?

No, los jóvenes ya no, tienen otros ídolos. Allí no se acuerdan de los jugadores de hace 25 o 30 años. Pero la gente que estaba entonces todavía me recuerda.

¿Te ha dejado muchas secuelas el baloncesto en forma de lesiones?

La principal es que tengo un tobillo que no me permite practicar mucho deporte. A mí me gustaría jugar al pádel, a un montón de cosas con mi hijo, pero no tengo la posibilidad de permanecer mucho rato de pie. Cuando estoy un par de horas de pie, el tobillo empieza a dolerme y… ¡Buah!, lo paso fatal.

Es una lesión que arrastras desde que jugabas al baloncesto.

Sí, tuve 40 o 50 esguinces y al final la artrosis no perdona. Me lo he limpiado varias veces, me he operado, pero vuelven a salir y es una secuela para toda la vida.

Pero 40 o 50 esguinces son muchos, ¿no Quique?

Bueno, igual no son 40, son 30, no lo sé, he dicho un número por decir, pero fueron muchos esguinces. Y para una persona de mi altura, de mi peso, pues todavía peor porque no tenemos una habilidad especial para aguantar más peso, entonces tenemos los tobillos y las articulaciones, en general, fastidiadas. Hay gente que todavía sigue haciendo deporte, pero en general el deporte profesional es muy agresivo. A la mayoría nos deja secuelas físicas, de desgaste sobre todo articular.

¿Era muy salvaje el baloncesto de tu época? ¿Más que el de ahora?

Hombre, ahora es más salvaje porque se juega muy físico, muy rápido. El otro día flipé con la habilidad que tienen todos y el estado físico de cada uno de los jugadores de hoy en día. Pero es verdad que están mejor cuidados, se entrena mucho mejor, hay una calidad nutricional incluso. Creo que los jugadores actuales se cuidan mucho más que en nuestra época, que no nos cuidábamos tanto. En nuestra época se intentaba, pero tampoco era tan 100% profesional.

La alimentación en tu época, ¿no era algo tan estricto como ahora?

No, yo había partidos que igual me iba a un restaurante a comer un plato de pasta, o después de una salida nos íbamos todos los amigos a tomar unas hamburguesas. Por entonces, no tenías la noción de la importancia de la alimentación.

Naciste en Valencia el 20 de octubre de 1967. Tienes 58 años, mides 2,07 m y el baloncesto llega por casualidad y muy tarde a tu vida, con 17 años.

Sí, a mí me encantaba el fútbol, me sigue encantando, era jugador de fútbol y me hubiera gustado llegar más lejos, pero el pobrecico de mi padre me decía: “Ostras, Quique, ¿de verdad te gusta mucho esto del fútbol? Porque eres bastante malo”. El baloncesto llegó por casualidad, me dijeron de probar un día, lo probé, me gustó y desde entonces he ido yendo de sitio a sitio mejorando. Y siempre ha habido algún entrenador que se ha enfocado conmigo, se ha planteado como un objetivo personal suyo el que yo mejorara. Por tanto, he ido a pasos acelerados.

¿Eras muy alto ya cuando empiezas con 17 años?

Sí, lo que pasa es que yo no dejé de crecer hasta las 21 años, pero con 17 años ya tendría 1,98 o cerca de los 2 m. Luego seguí creciendo hasta los 2,08 m, y ahora ya estoy en 2,06.

Tengo entendido que antes de los 17 años el baloncesto no te llamaba la atención.

No, yo me perdí la emoción del chaval que empieza ilusionado con algo que le gusta y que quiere practicar. Lo mío fue por casualidad, de repente probé un deporte que se me dio bien, pero no estaba emocionado por jugar. Luego, evidentemente, con el paso de los años y de los clubes, de los partidos y competiciones, te vas enamorando del basket.

Te perdiste varios años de baloncesto.

Y sobre todo, que cuando eres joven adquieres unos hábitos, eres una esponja y todo lo retienes mucho más rápido. Yo, con 17 años, tuve la suerte de tener varios entrenadores que dijeron: “Quique, te quedas conmigo a hacer técnica individual”. Me acuerdo que el primero fue Isma Cantó, de Valencia. Él fue el primer entrenador que me vio como si fuera un diamante que lo tiene que pulir, y se quedó sus vacaciones de verano conmigo. Él lo hacía porque quería que mejorara, y no se le pagaba por ello. Le ponía mucha ilusión y me fue muy bien.

¿Eso fue cuando estabas en Llíria?

Sí, cuando fiché por el Llíria. En el San José de Valencia también había algún entrenador que se quedaba conmigo en el entrenamiento, porque cuando llegué allí, todos sabían jugar al baloncesto menos yo.

Ahí es donde empiezas a jugar al baloncesto, en el San José, un colegio de Valencia, ¿no?

Sí, correcto, con 17 años.

Eras juvenil por entonces.

Sí, más o menos. Entré con un equipo juvenil ya hecho, imagínate el nivel de un equipo juvenil ya hecho, que tú no tienes ni idea, ni cómo botar el balón, ni lo que son dobles, ni lo que son pasos… y de repente empiezas a jugar partidos. Y al cabo de dos o tres meses, el equipo sénior ya quiere que vayas a jugar con él, y yo digo: “Ostras, pero si soy el más paquete del equipo y el sénior quiere que vaya a jugar con él”. Pues bueno, porque era alto, coordinado, molestaba al contrincante. Poco a poco voy cogiendo los hábitos que no tenía cogidos desde pequeño.

¿Cuánto tiempo pasas jugando al baloncesto en el San José?

Estoy un año, jugaba con el juvenil, pero también jugué algún partido con el sénior. A la temporada siguiente ya me fichó el Llíria.

¿Cómo recuerdas esos inicios? ¿Qué era lo que más te costaba en esos comienzos, con todos los años de retraso que llevabas?

No es que fuera experto en nada, no era ni un buen tirador ni un buen… sé que siempre he sido un buen defensor y eso lo tengo clarísimo, pero no he sido buenísimo en nada, he sido bueno en todo. No era un anotador nato, no tenía mucho talento ofensivo para meter 25 puntos todos los partidos, casi todos los puntos que metía era de pundonor, de coger rebotes, de pegarte debajo de la canasta y meter puntos fáciles. Sin embargo, no me creaba mis propios puntos, bueno, algunos sí, evidentemente, pero no he sido un jugador súper talentoso. En esos comienzos, todo lo que era con la izquierda se me daba peor porque era muy diestro. Cualquier cosa que hacía con la izquierda me era un poquito más complicado. Pero también acabé haciendo las cosas mejor.

¿Cómo se produjo tu fichaje por el Llíria?

De repente estoy jugando en el San José y le digo a mis padres: “Oye, que ha venido a verme el equipo del Llíria”. No sabía lo que era el Llíria, ni lo que era el Pamesa. En aquel momento, tampoco tenía mucha noción de lo que era el basket. Que me quería fichar el Llíria, pues pensé, como veraneaba muy cerca de allí me va a venir genial. Y me fue muy bien.

El Llíria estaba en la Primera B, que era la segunda categoría del baloncesto nacional.

Exacto.

Me has nombrado antes a Isma Cantó como alguien fundamental para ti en tu etapa en Llíria. ¿Recuerdas algún momento con él que se te haya quedado grabado? Hay entrenadores que en esos inicios, hacen cambiar el futuro de los deportistas.

Alguna frase en concreto no la tengo grabada, pero evidentemente, todo fueron comentarios positivos de esfuerzo, me decía que si yo me esforzaba iba a tener resultados. Parecía que todos tenían claro que iba a llegar a jugar en la ACB, pero si me esforzaba iba a llegar más rápido. En Llíria estuve dos o tres años.

Creo que dos años, del 86 al 88.

Puede ser. ¿Y en el 88 ya ficho por el Zaragoza?

Sí, después de los Juegos Olímpicos de Seúl.

Correcto. Fue justo después de Seúl cuando ficho por Zaragoza.

¿Qué ejercicios o entrenamientos hacías con Isma Cantó durante esos días que se quedaba contigo? ¿Estaba mucho tiempo trabajando contigo?

Dos horas solo de técnica individual, no había nadie más en el campo. A Isma no le costaba nada coger el pabellón, recuerdo que me decía: “Quique, a las 5 mañana”. Y nos pegábamos 2 horas él y yo solos casi cada día, en verano, durante las vacaciones del equipo. Es una barbaridad, dos horas de técnica individual con un entrenador, acabas reventado no, lo siguiente. Y también hacía mucha incidencia en el físico porque en aquel momento yo era un raspa, ni músculo ni nada, era muy delgadito, entonces tenía que coger músculo y hacer muchas pesas. El enfoque al principio siempre fue el físico y técnica individual.

En Llíria ya era baloncesto profesional.

Sí.

¿Cómo llevabas a nivel mental, siendo tan joven y con tan pocos años jugando, convivir con jugadores profesionales?

Pues si te soy sincero, nunca me paré a pensar lo que estaba haciendo. La competición y las carreras de los jugadores te llevan de una manera estrepitosa, y no te da tiempo a pararte y pensar lo que está pasando, lo único que quieres es más y más. Y quieres aprender y aprender. Yo muchas veces digo que he jugado contra Michael Jordan, y el partido contra el Dream Team, es que ni lo disfruté. Sabiendo que estabas jugando contra el mejor jugador del mundo, yo estaba jugando como si fuera un partido casi normal. Evidentemente los veías y flipabas, pero no estaba soñando, que es un partido para soñar y para disfrutarlo y emocionarte. En cambio, yo estaba centrado en el partido, al que tenía que defender lo tenía que secar, lo tenía que sacar del rebote… lo típico. Nunca me he parado a pensar cómo de rápido iba mi carrera, solo sé que iba pasando todo muy rápido.

Eras un jugador de equipo que hacías el trabajo duro, el trabajo sucio, y no te daba tiempo a pararte y disfrutar de algunos partidos, como el del Dream Team en los Juegos Olímpicos de Barcelona.

Exacto, era lo que tenía que hacer y estaba centrado en hacerlo. Me acuerdo que en el banquillo en los Juegos Olímpicos de Barcelona, muchos equipos que jugaban contra el Dream Team, se llevaban cámaras de fotos para hacerse fotos en el campo. Y mucha gente intentando hablar con ellos, pidiéndoles un autógrafo después del partido, camisetas… A mí, para nada, se me ocurría eso, yo estaba centrado en a quién tenía que defender y a quién no tenía que defender.

¿Te puso alguien al principio en tu sitio, algún rival o compañero? El decirte, por ejemplo: “Mira, chaval. Esto es así, esto es el baloncesto…”? ¿Recuerdas algo así en tus comienzos?

Sí, Wiley Brown, que jugó en el Llíria. Era un jugador que además, tenía una característica, que le faltaba un pulgar. Cuando estaba con Isma, al acabar los entrenamientos, Wiley siempre se quedaba conmigo porque él también quería hacer ejercicios con Isma. Wiley Brown es la primera persona con la que aluciné viéndolo jugar, viendo cómo se movía, el estilo que tenía de juego… era el primer Michael Jordan que tenía delante, el primero que te deslumbra un poquito. Y luego cada vez que te enfrentabas a extranjeros o a figuras, flipabas de lo buenos que eran. Y cómo era capaz de estar al lado de ellos y no desentonar. Yo siempre decía: “Hostia, es que no desentono. Estoy jugando contra todos estos y no desentono”. Wiley Brown fue el primero que empezó a enseñarme a hacer mates. Para él era muy fácil hacer mates, con una mano, con la otra mano, de espaldas. A mí antes me costaba mucho llegar a la canasta y hacer un mate, pero él tenía mucha facilidad, y lo típico que te iba diciendo: “Coge impulso aquí, coge impulsó allá”.

Entonces, Wiley Brown se quedaba a entrenar con Isma Cantó y contigo.

Sí, no te sé decir por qué, pero yo he tenido siempre bastante habilidad para relacionarme con los extranjeros. Tampoco es que tenga un nivel de inglés increíble, pero en aquel momento casi nadie sabía hablar inglés, y quien oía mi inglés desde fuera decía: “Hostia, este tío sabe hablar muy bien inglés”. Pero no tenía ni idea, lo que pasa es que me soltaba como si lo supiera hablar. Me llevaba muy bien con todos los extranjeros. Siempre he tenido muy buena relación con ellos.

Tengo entendido que te gustaba mucho la música, que siempre estabas escuchando música.

Correcto, es verdad. Siempre he sido un enamorado de la música, de todo tipo de música. Me gusta todo, menos a lo mejor el heavy metal, bueno, alguna balada me puede gustar. Me gusta el flamenco, la salsa, un poco el rap, hip hop, pop… todo.

Ibas con tu Walkman a todas partes.

En aquel momento era el Walkman, luego se convirtió en el Discman. Me acuerdo que cuando iba con la selección a Estados Unidos, acababas comprándote el mejor Discman que había. Recuerdo que con algún compañero, como Ferrán (Martínez), nos picábamos a ver quién tenía el mejor Discman. Siempre he sido un enamorado de la música.

¿Cómo recibes la llamada de Antonio Díaz Miguel para los Juegos Olímpicos de Seúl?

Recibí la llamada por muchísima sorpresa. El único contacto que había tenido con la selección había sido para la Universiada. Había jugado con unas selecciones que se hicieron previo a la Universiada. Sin embargo, no había jugado nunca en una selección júnior o en una selección infantil, nunca. Y de repente te juntas en la selección con… Siempre me he tomado las cosas con mucho cachondeo, con risas, y con la selección me lo he pasado muy bien. Cuando estuve en la Universiada me lo pasé muy bien, siempre han sido grandes momentos. La llamada de Antonio Díaz Miguel creo que fue en un Parador, no me digas dónde, estaban mis padres y un periodista del AS, Martín Tello. Antonio Díaz Miguel me invitó a cenar con mis padres, y luego se unió a nosotros Martín Tello. Ahí Antonio me dijo: “Oye, Quique. Quiero que te plantees la posibilidad de ir a las Olimpiadas”. Y yo flipé… yo no había jugado en la ACB, no había jugado con la selección, y de repente juego unos Juegos Olímpicos.

Es alucinante, Quique.

Alucinante, sí.

Creo que esto no ha pasado nunca en la historia del baloncesto español, que un jugador que no juega en la máxima categoría, sea convocado con la selección española para disputar unos Juegos Olímpicos.

Pues no lo sé, creo que no. Es muy difícil que un jugador sin jugar en la ACB lo haya hecho.

Y si me apuras en otros deportes. Es un hito histórico.

Sí, puede ser. También creo que he sido un jugador que ha gustado a cualquier entrenador. No era un jugador figura, pero era un jugador que creaba equipo y que cuando había que defender era el que más defendía, y cuando había que animar al equipo sabía cómo hacerlo. Siempre he sido un jugador que casi todos mis entrenadores, por no decir todos, me han adorado como jugador. He sido como el típico jugador del Barça de fútbol que lo quieren porque lo pueden poner en todas las posiciones. No es muy bueno en nada, pero les vale para jugar en la defensa, en el medio… un jugador que es un comodín que tienen. Yo servía para muchas cosas. A la hora de entrenar era el que más entrenaba, nunca he creado problemas con ningún entrenador, y cuando había alguien que creaba problemas era capaz de hablar con él: “Tío, esto tal…”, intentar convencerlo para que siempre pensara que el equipo estaba por encima de cualquier individualidad.

¿Cómo te acogieron el resto de compañeros de la selección? Nunca habías jugado con todas esas estrellas que veías por la tele.

Alucinaba, pero le echaba mucho morro, no era un pardillo delante de ellos. Además, siempre he tenido muchísimo… no sé, era muy extrovertido, enseguida creo que cuajé bien con todos. Pero, claro, flipabas… cuando la primera noche me ponen en la misma habitación con Fernando Romay aluciné. Y aluciné de estar en la habitación con todos.

Has dicho que no te considerabas novato. ¿Cayó alguna novatada?

No, a mí nunca me han hecho novatadas. Bueno, pagar en un restaurante la cena a todo el equipo sí, eso creo que sí. Pero novatadas no. Me imagino que eso de llevar las bolsas de los balones o de los uniformes, eso de decir: “Venga, va chaval, que tienes que llevar esto”. Pues sí, pero no he caído en muchas novatadas.

En una entrevista de la época dijiste que eras un jugador poco talentoso. ¿Cómo se hace para llegar tan rápido a la élite siendo un jugador poco talentoso? ¿Solo con trabajo?

No, lo que pasa es que hay una parte del basket, que es la defensa, que ahí sí te puedo decir con orgullo que tenía mucho talento defensivo, porque era un jugador que sabía defender al jugador que tenía enfrente, era capaz de leer muy bien al jugador que tenía delante y buscar donde más le podía hacer daño. Y era capaz de defender a Sabonis, y dejarlo a lo mejor, en 12 puntos, que Sabonis en aquel momento casi cada partido pasaba de los 20 o 25 puntos. Lo desquiciaba… nunca he sido guarro, pero he sido muy duro jugando, pero no sucio. No era un jugador agresivo, sucio, era un tío duro que se pegaba, y al final mis rivales tenían que soltar un manotazo porque yo estaba todo el rato encima, y cuando soltaban el manotazo les pitaban personal a ellos. Era capaz de tirarme a por un balón al suelo o provocar faltas de ataque, he provocado muchísimas faltas de ataque.

Tenías mucha calidad defensiva, pero también había mucho trabajo detrás, ¿no?

Sí, y sobre todo los número intangibles, los que no se acaban de ver, pero que hace que cuando tú estás en pista el equipo no tenga lagunas defensivas porque voy tapando algún parche. Alguna ayuda a un jugador, alguna ayuda a otro jugador… estaba muy encima de todo.

¿Has visto a muchos jugadores con talento no haber llegado a la élite, haberse quedado por el camino, por falta de trabajo?

Claro, hay muchos jugadores que te los encuentras en categorías inferiores y dices: “¡Buah!, cómo se mueve este jugador, qué bien penetra, qué bien tira, qué bien lo hace todo…”. Pero al final, no sé… tienes que tener la cabeza fría, saber aguantar los momentos difíciles, no venirte abajo cuando lo fácil es venirte abajo, y recuperarte, levantarte. Cuando algo te está pasando piensas que eres malo y empiezas a comerte la cabeza, que no eres tan bueno, y puedes hundirte, y entonces pierdes confianza en ti mismo. Cuando pierdes la confianza en ti mismo, yo creo que es lo peor que le puede pasar a un jugador. Cuando te caes lo único que puedes hacer es levantarte rápido para estar otra vez ahí, y poner el pecho para volverte a caer otra vez, porque sabes que te vas a caer otra vez.

Aparte de ser un jugador muy duro en la cancha, mentalmente creo que también eras muy fuerte para afrontar todo esto que me estás contando, el no venirte abajo en los momentos difíciles.

Bueno, no lo sé, pero me imagino que sí…

Muchos jugadores de tu época con los que he hablado, me comentaron que tuvieron momentos de bajón, momentos complicados mentalmente. Pero en tu caso, al haber vivido el baloncesto de manera tan frenética, no te dio tiempo a pensar si tenías algún bajón, tal y como me estás contando.

Claro, en cualquier deporte, tu carrera deportiva es lo mismo que un partido de tenis, cuando estás jugando, si tienes un fallo, si la bola te va a la red, si tú no haces nada más que pensar en: “Hostia, la he fallado…” ya no estás preparado para el siguiente punto. ¿De qué te sirve estar lamentándote del punto que has fallado? Lo que tienes que hacer es estar cien por cien enfocado al siguiente punto, porque es la única manera de estar preparado para jugar bien. Escuché una entrevista a Michael Jordan, que le decían: “Has fallado muchas veces, tiros importantes, has perdido partidos…”. Claro, es lo normal, no puedes meterlo todo, es imposible. Y lo que hacen los grandes jugadores es levantarse rápido de un error, más que meter la canasta. Yo creo que es más grande el que falla y si levanta, y es capaz de meter una canasta después de haber cometido un fallado, que el que mete una canasta esporádica y gana el partido.

Después de los Juegos Olímpicos de Seúl fichas por el CAI Zaragoza, y pasas 5 temporadas allí, de la 88/89 a la 92/93. Fueron años muy buenos, ganasteis la Copa del Rey en el 90, fuisteis subcampeones de la Recopa…

Me lo pasé muy bien en Zaragoza porque disfruté con muchos amigos. Allí ya tenía cierto peso en el equipo, ya era un jugador que cobraba un sueldo bastante alto. Por tanto, ya tienes esa responsabilidad de que tienes que jugar bien todos los partidos y eso te puede afectar en no estar siempre al cien por cien, porque hay veces que psicológicamente el hecho de ser uno de los jugadores que más cobran del equipo, te hace tener una responsabilidad mayor.

La final de la Recopa 91 en Ginebra contra el PAOK. ¿Fue tan heavy como demuestran las imágenes por televisión?

No te lo puedes ni imaginar, cómo se puede robar un partido, porque para mí fue totalmente un robo, la manera de plantear todo el partido, cómo dejan entrar a toda la gente que dejaron entrar, más del 90% del campo eran griegos. Además invadieron el palco, hubo de todo… Miedo no, pero sí que juegas con una tensión especial que no tendrías que tener.

Precisamente eso te iba a preguntar, si pasasteis miedo en algún momento.

No, miedo no porque sabes que no puede pasar nada. Pero sí, tuvimos que estar en el vestuario durante media hora en el descanso porque había gente que no paraba de tirar de todo, tuercas, tornillos, palos encendidos, como bengalas, aparte que en aquel momento se fumaba y era todo humo. Miedo no porque sabes que no puede llegar más allá de solo asustar a los jugadores. Pero evidentemente no es lo mejor, no es el escenario ideal para jugar una final. Tú quieres ver a tu afición apoyándote, y temes también por familiares que habían venido al campo, más por ellos que por ti mismo.

Me has comentando antes que eras muy amigo de los americanos. En Zaragoza coincides con Mel Turpin, que tengo entendido que vivía muy cerca de ti y fuiste su mejor amigo en el equipo.

Sí, salía mucho con los americanos, ya te digo que era por la habilidad de hablar con ellos rápido, porque a la gente siempre le costaba más. Pero yo enseguida me lo llevaba a cenar… y por eso algún jugador puede tener la sensación de que fui el que mejor se portó con los extranjeros.

Ahora que has dicho de salir a cenar, ¿comía tanto Mel Turpin como se ha dicho?

Claro que comía, comía un montón, pero hay muchos rumores de que se metía 10 hamburguesas…

Sí, incluso en los descansos de los partidos.

Bueno, piensa que antiguamente en los partidos, como los extranjeros tenían comida libre cuando jugabas en casa, se iban al McDonald’s o al Burger King y se metían unas hamburguesas antes de jugar un partido, es decir, cuando jugabas en casa, tú comías por tu cuenta. Ahora ya los jugadores quedan a comer todos lo mismo y hay un control, cada uno come lo que necesita. Pero en aquel momento tú te cocinabas en casa o también recuerdo irme en Zaragoza al Ginos, y meterme un plato de pasta y un pollo porque sabía que era lo que tenía que comer… me metía plato y medio.

¿Qué tal con Mark Davis y Kevin Magee?

Pues también muy bien. Con Mark Davis tuve muy buena relación y con Kevin Magee también. Pero ya te digo, que con todos los extranjeros que ha habido en todos mis equipos, he tenido siempre buenísima relación.

Tuviste a Manel Comas de entrenador en Zaragoza y después en Barcelona.

Recuerdo que hablábamos muchas veces de la marcha del equipo, quedaba conmigo y me decía: “Oye, Quique, ¿tú qué crees que podríamos hacer o qué necesitamos?”. Como si fuera casi un capitán. A veces con Manel Comas tenía esa relación de hablar un poco del equipo, de decir cómo estaba psíquicamente el grupo. Con Manel Comas sufrí su horario Michelín, no sé si sabes lo que era el horario Michelín de Manel Comas. Resulta que hubo una racha muy mala con él cuando estuvo en el Barça, habíamos perdido 4 partidos o algo así. Pues se cabreó tanto con el equipo que decía que nosotros veníamos como los funcionarios, a fichar y a hacer tal, pero que no nos involucrábamos mucho. Y a todo el equipo nos dijo: “Vais a venir todos como en una fábrica de Michelín. Aquí estaréis a las 8, descansareis aquí, dormiréis aquí, comeréis aquí, luego entrenaremos, vídeos… tendréis 8 horas diarias de basket”. Y durante una o dos semanas estuvimos haciendo el horario Michelín. Lo que quería es que nadie saliera, que nadie… tener el control del jugador.

¿Cómo se tomó la gente aquello?

Bueno, imagínate decirle eso a Epi o a Andrés Jiménez, pues claro, rebotados todos, estábamos todos rebotados. Al final le convencimos de que eso no llevaba a nada, sino a crear peor ambiente. La verdad es que no me acuerdo cómo se solucionó, pero al final se solucionó.

Fichas por el Barça en la 93/94. ¿Cómo se produjo el fichaje? ¿Había otras ofertas?   

No, yo estaba en Zaragoza. Aíto me quería fichar e hizo lo posible por ficharme.

Tenías contrato con el CAI.

Sí, tenía contrato con Zaragoza. Tuvieron que pagarle una pasta gansa al CAI, y yo tuve que rebajar mi contrato porque cobraba más en Zaragoza que en el Barça. Tuve que rebajar un poco mi contrato porque tampoco podía llegar… mi nivel tampoco era como para cobrar más que jugadores que ya llevaban tiempo y estaban más contrastados que yo.

Tu contrato en el CAI Zaragoza era de 200 millones de pesetas por tres temporadas, casi 70 millones por año. En el Barça habría jugadores que no cobrarían tanto.

Claro, por eso.

Pero tampoco sería fácil cambiar de equipo y bajarte el sueldo.

Lo que pasa es que a mí me das a elegir entre seguir en Zaragoza o jugar en un equipo donde aspiras a jugar Liga Europea, títulos, estar siempre en lo más ato… entonces no me lo pensé mucho.

En el Barça estás cinco temporadas, ganas tres ligas, una Copa y juegas la Final Four, siendo un jugador muy importante para la consecución de estos títulos. ¿Cómo te sentías en ese rol de hacer el trabajo sucio? ¿Estabas a gusto en ese papel? 

Me sentía muy cómodo y orgulloso de ello porque sabía que no era un jugador que te podía meter 30 puntos en un partido. Sabía que era un sexto hombre, te estoy hablando del Barcelona. Nunca he pensado que he sido un jugador súper vital para el equipo. Cuando llegas al Barcelona ya eres uno más, entonces lo importante es que el equipo ganara. Y yo, la verdad, es que lo he llevado siempre súper bien, si no jugaba un partido… hombre, cuando estás cuatro o cinco partidos sin jugar te duele porque lo que quieres es jugar. Pero mientras vas jugando minutos y tu rol sea importante… porque ya te digo, yo creo que el rol de cualquier jugador, aunque solo sea un minuto, es tan importante como el que mete 30 puntos, porque ese minuto es vital para el equipo.

Pero no todos los jugadores son capaces de aceptar ese rol. Hay muchos que cuando destacan quieren jugar más, ser titulares, tener más protagonismo en el equipo… No todos hacen lo que tú hiciste.

Bueno, la verdad es que cada jugador es como es. Hay jugadores que necesitan pensar que son los números 1 en todo y que eso te motiva para serlo, y hay otros jugadores que son más humildes. Eso depende de cada jugador.

¿Te has sentido un jugador infravalorado? No con los entrenadores, con ellos está claro que eras un jugador súper importante. Me refiero más de cara al público, a los medios de comunicación… el notar que ellos no valoraban tanto ese trabajo que hacías en la sombra.

Sinceramente, nunca me ha importado… es que tampoco pienso que haya sido un jugador infravalorado. He sido valorado en lo que tenía que valorarse, que son los momentos importantes que tenía que jugar y que hacía todo lo posible. Entonces, ya me irá bien cuando los comentarios sean positivos, aunque seas un sexto o séptimo hombre, y cuando llegan estos comentarios positivos estoy súper agradecido. Alguna vez en algún partido, pues sí, algún comentario de la prensa, si no has metido puntos y no has cogido rebotes, de decir has hecho pamplinas en el partido. Pero yo no lo pensaba porque a lo mejor he hecho otras cosas en el partido, otras ayudas, he defendido al jugador que normalmente metía 20 puntos, y nos ha metido 7 puntos. Para mí eso es un logro, es un +13 que llevo ya encima.

También has hecho partidazos, como la final de Copa del 94 en Sevilla contra el Taugrés, donde quizá tendrías que haber sido el MVP porque firmas 20 puntos y 8 rebotes, en cambio, se lo dan a Perasovic. Incluso en grandísimos partidos tuyos, el reconocimiento se lo han llevado otros.

Es que si te paras a pensarlo, la verdad es que me salió un partido bueno. Jugué muy bien, pero Perasovic es más espectacular jugando.

A eso me refería antes cuando te comentaba lo de que quizá has sido un jugador infravalorado, es decir, que no se valora tanto tu trabajo como el de otros.

Pero es lógico que sea mucho más espectacular un tío talentoso y anotador, que no un bregador y uno que se dedica a hacer el trabajo un poquito sucio. Que en aquel partido me saliera bien y metiera puntos… pero era lo más normal del mundo que se lo dieran a Perasovic.

Te quedaste con el balón de la final.

Sí.

¿Lo conservas todavía?

Me imagino. Conservo dos balones, el de ese partido y el otro, creo que es el de la última o penúltima liga de Epi. Uno de la liga y uno de la Copa del Rey.

Esta final de la Copa del Rey fue algo accidentada con la trifulca entre Bannister y tú. Recuerdo también que cuando entrevisté a Ramón Rivas me comentó el incidente con Tony Massenburg.

Sí, sí. Tony Massenburg le metió un golpe en toda la cara que lo dejó grogui.

Me dijo Ramón que se lanzó al suelo cuando vio venir el brazo, que no le llegó a dar de lleno.

Yo sí que me lancé al suelo porque Bannister me metió en mitad del campo. Me lanzó un crochet con el puño, no me dio, pero yo me caí al suelo como si me hubiera dado y eso condujo a que los árbitros le pitaran descalificante, que ya por el hecho de haberme lanzado era suficiente, no me tenía que dar. Es que si me da me mata el animal este. Ese partido lo jugué bien, estuve motivado y metí puntos. Y claro, si un jugador duro y que hace el trabajo sucio, ese día mete puntos, pues imagínate, casi me llevo el MVP.

Te tocaba siempre bailar con la más fea.

Sí, sí. Eso lo tengo claro. Cuando había que defender a dos pívots, yo era el que defendía siempre al anotador o al más agresivo… el que iba a hacer más daño, a ese lo tenía que defender yo.

Por cierto, vaya pívots había en tu época, Ramón Rivas, Pinone, Fernando Martín, Bannister, Sabonis… ¿Qué recuerdas de aquellas batallas?

Lo único que te puedo decir, es que yo creo que a todos siempre los he defendido bastante bien. Evidentemente, algún partido me podían haber metido más puntos, pero el que a mí me parecía muy difícil defender, y siempre cuando fintaba yo saltaba, siempre caía en todos sus movimientos, era Audie Norris, no podía con él. A Audie Norris no he sido capaz de defenderlo bien. Yo he defendido a David Robinson y lo defendí bien; si tú te ves el partido contra el Dream Team, lo tienen hasta que sentar porque tampoco estaba haciendo mucho, o sea, que mi defensa fue buena. A Sabonis lo he defendido bastantes veces y muy bien muchas veces, lo sacaban por 3 faltas personales y tenían que sentarlo… Siempre se me ha dado bien la defensa, pero con Audie Norris no he podido.

¿Y qué trucos utilizabas para defender a estos grandísimos pívots? Ramón Rivas me comentaba que a Sabonis intentaba sacarlo de sus casillas para que terminara quejándose a los árbitros porque si no, no había manera de pararlo.

Tampoco he sido un jugador que hablara mucho…

El trash talking.

El trash talking no le he hecho nunca. Lo que sí es que si alguno me ha dicho algo, se ha encontrado con mi respuesta. Pero no he sido un jugador… ya te digo… es que no es la palabra agresivo, puede que alguno pensara que yo he sido agresivo, pero no ha sido nunca con mala fe. Cuando he metido un codazo, te puedo poner la mano en el fuego, a no ser que quisiera porque ya me había dado tres o cuatro mi rival, pero nunca he tenido mala fe en todos los codazos que se me han escapado. Y alguna vez… sé que por ejemplo, jugadores como Santi Abad, en algún momento, se han picado conmigo porque con un codazo mío le tuvieron que poner tres puntos en la boca, pero nunca he querido dar ese codazo. Lo que pasa es que abres los codos como para ganar la posición, y muchas veces ese codo va a donde no tiene que ir.

Ese incidente con Santi Abad fue en la final de la Copa del 94 y, en mi opinión, fue un codazo sin intención. He vuelto a ver el partido hace poco.

Correcto, él se cabrea conmigo y siempre me lo recuerda: “Joder, cabrón, es que tú ese día me diste un…”. Y yo: “Pero tío, te lo juro que fue sin querer”. Nunca he querido hacer daño a nadie.

¿Te ha creado enemistades esta forma de jugar? ¿O luego fuera del campo se ha zanjado todo?

Bueno, evidentemente siempre queda algo, aunque yo fuera del campo siempre he tenido buena relación, o he intentado tener buena relación con todo el mundo. Pero claro, a un jugador que le he estado dando algún codazo o que le he puesto en dificultades para hacer su juego, me imagino que se ha cabreado conmigo. Yo sé que, por ejemplo, en algún momento dado, Alfonso Reyes y Felipe Reyes también se cabrearon mucho conmigo… bueno, todos. Todos los pívots que se han enfrentado conmigo, nadie te puede decir de mí que he sido un jugador súper agradable.

Ahora que has nombrado a Alfonso y Felipe Reyes. Cuando publico algo de ti por twitter, alguien siempre comenta el incidente que tuviste con ellos en un partido. Yo no he podido encontrar las imágenes. ¿Cómo fue aquello, Quique?

(Resopla) Recuerdo un partido con el Madrid, estaban los dos, los dos jugaban.

Creo que sería contra Estudiantes, que fue donde coincidieron los hermanos Reyes.

Ah, puede ser en Estudiantes. Lo que no sé es con qué equipo estaba yo.

Yo creo que fue cuando estuviste en el Joventut.

Puede ser el Joventut. De repente, pues eso, igual le pegué sin querer a su hermano y  saltó Alfonso Reyes. Pidió el cambio, como diciendo: “¡Sácamelo, sácamelo que lo mato!!”. Y me vino diciendo: “¡Méteme, pégame a mí si quieres…!”. Vino un poco a defender a su hermano, pero yo creo que fue totalmente fuera de lugar, no venía a cuento tanto, pero bueno… Vendría de más atrás, de cosas que habrían pasado anteriormente. Pero no soy un jugador que se guarda, jugando tampoco soy rencoroso.

Entonces Alfonso pidió el cambio por su hermano y cuando salió se encaró contigo.

Sí, algo así.

¿Y cuál fue tu respuesta?

Nada, nos pegamos dos pechazos y ya está. Y si cogía algún balón alguno de los dos, pues se llevaba hachazo suyo o hachazo mío, ya está, tampoco… No llegó a más.

¿Te has vuelto a encontrar con Alfonso Reyes después de aquello? Ya vendría calentito el tema después de la final de la ACB contra Unicaja.

Bueno, es que… (se queda pensando unos segundos). Con Alfonso Reyes la verdad es que… sí que es verdad que es de los pocos jugadores que creo que me han odiado un poco, yo a él no, yo a él para nada. Pero sé que puede que me haya odiado por eso, porque en algún momento nos hemos enzarzado en más de una vez, y ya está. Pero nada más. Lo de la final de liga en Málaga es que fue fatalmente… es que hay que vivir ese partido.

Había mucha tensión…

Aparte de la tensión y de que todo el mundo esperaba que ganara el Unicaja, cuando pierden… ¿el cuarto partido?

Sí, el del no triple de Mike Ansley.

Exacto, que se tira Ansley un triple y lo falla, si lo llega a meter hubiera sido campeón el Unicaja. Al acabar el partido nos vamos corriendo… en el banquillo nos habían tirado de todo. Mira, recuerdo CDs, recuerdo mecheros Zippo, aquellos que eran de metal y se abrían… muy antiguos, que iba con gasolina. Recuerdo que habían tirado un Zippo al banquillo, aparte de cigarros encendidos porque en aquella época se podía fumar. Nosotros estábamos con la toalla porque tampoco había mampara, o sea, nos habían tirado lo que quisieron. Y acabó y nos fuimos corriendo al vestuario y sacaron el gusano ese de plástico, el túnel de lona para cubrir a los jugadores. Y de repente allí alguien había hecho un agujero y estaba escupiendo, insultándonos, gente del público. Y yo pasé por al lado y dije: “¡Tomaaaa!”. Como diciendo, os jodéis, ¿sabes? Y de repente alguien me cogió por la camiseta y me dijo: “Hijo de puta”. Me tiró la camiseta para abajo, hacia el suelo. Y yo me giré, pensaba que era alguien del público que había venido a agredirme, y le di un golpe a…

Antonio Jurado.

A Antonio Jurado, que no sabía que era el fisio en ese momento. Si lo llego a saber, pues igual le digo: “Oye, tío, ¿qué coño haces?”. Pero yo pensaba que me iban a agredir, y antes deque me agredan pues agredí yo. Le di un puñetazo y ya está, y se lio pardísima. Vino la policía nacional, tuvimos que esperar ahí un buen rato. Yo fui al vestuario a intentar hablar con Antonio Jurado porque además vino Manel Bosch, que era amigo mío, y me dijo: “Joder, tío. Es que le has ido a pegar a la más bella persona dentro del equipo”. Y yo: “Joder, Manel, es que no lo sabía. Yo pensaba que iban a agredirme a mí”. Íbamos a 200 pulsaciones, me vienen por detrás y yo pienso que me quieren agredir y le lancé un puñetazo. Me acuerdo que me hizo una entrevista José María García, y yo con los nervios, cuando me ponen los auriculares, lo primero que me pregunta es: “A ver, Quique Andreu. ¿Cuántos años tienes? Porque has hecho una chiquillada pegándole un puñetazo a alguien”. Y a mí, no se me ocurrió otra cosa que decirle: “¿Y tú? ¿Y tú cuántos tienes?”. Tampoco sabía… estaba nervioso, no he sido un jugador que ha pegado muchos puñetazos en mi vida. Y me viene José María García y me dice: “Quique Andreu, ¿cuántos años tienes?”. Pues eso, le solté: “¿Y tú?”.

¿Y qué te respondió José María García?

No sé, pero me acuerdo que acabó la entrevista diciendo: “Quique Andreu, una montaña de corazón…”. Como diciendo que se había entendido. Yo no tenía intención de pegarle a nadie, lo que pasa es que me viene alguien al final de ese partido, me viene por detrás, me coge de la camiseta y me la tira para abajo… yo creo que tuve una reacción natural.

Un gesto innato.

Innato, es que lo puede tener todo el mundo. Antes de que te agredan, agredes tú. Y fui a pedirle perdón a Antonio Jurado y el tío me perdonó, me dijo: “Ha sido culpa mía, no tenía que haberte cogido de la camiseta”. Y yo: “Ostras, ya, pero yo no te tenía que haber pegado. Tenía que haber sabido que eras tú”. Y ahí se quedó todo.

No hubo denuncia, ¿no?

No, no hubo denuncia. Me acuerdo que en aquel momento, creo que era Imbroda el entrenador, quería ponerme una denuncia, pero creo que Antonio Jurado dijo que él no quería ponerla.

He visto unas imágenes donde sale Antonio Jurado hablando después de este incidente, diciendo: “Este hombre, Quique, es muy buena persona fuera de la pista, pero dentro del campo se transforma un poquito…”.

Sí.

Pero daba la impresión de que Jurado le quitaba importancia a lo sucedido para que la cosa no fuese a más.

Correcto, sí, sí, correcto.

¿Es de lo que más te arrepientes en tus años de baloncesto, de aquel puñetazo a Antonio Jurado? ¿O hay alguna cosa más que te gustaría borrar?

¿Arrepentirme de lo que hice? Pues sí, a lo mejor tenía que haberme dado cuenta de que no era alguien del público que venía a agredirme, que era el fisio del equipo. Lo tenía que haber empujado y haberle dicho: “Oye, tío. ¿Qué coño haces?”. Y ya está. Pero es que en aquellos momentos, yéndote al vestuario corriendo después de haber ganado ese partido… ya te digo que mi reacción fue súper innata. Entonces, ¿arrepentirme? No me puedo arrepentir.

Se puede decir que no eras de los que iniciabas las broncas, pero si te buscaban te encontraban.

Claro, sí, sí. Es que tampoco me arrepiento de nada de lo que haya podido hacer, no te puedes arrepentir de tiros fallados, ni nada de esto porque es que esto es el deporte. ¿Arrepentirme de haber fichado por un equipo en vez de otro? No, yo creo que las cosas cuando te pasan te pasan, y a lo mejor me hubiera ido peor si no las hubiera hecho. No he sido un tío que se arrepienta de las cosas que ha hecho.

¿Se parece el Quique Andreu dentro de la cancha al de fuera de ella? Me han dicho que eres muy buena gente. ¿Te transformabas en la pista?

No creo que se parezca mucho porque yo creo que la imagen que tengo en el campo es de ser un guerrero y un jugador muy agresivo. Y yo fuera del campo para nada soy un tío agresivo. No me gustan las bullas, cuando puedo huir de una pelea huyo, no me enzarzo en ningún problema, nunca.

¿Cómo llevabas que se te pusiese la etiqueta de ser un jugador sucio? ¿Lo percibías cuando estabas jugando por comentarios del público?

Es que no te puedes parar a pensar. Yo sabía que en el campo era esa la imagen que daba, pero tampoco hacía nada para evitarlo, era mi forma de jugar. Cada vez que iba a Málaga después de esa final, era ver pancartas de Quique carnicero, Quique hijo de puta… todo el público insultándome. Yo no he sido un jugador que se ha llevado muchas ovaciones en los campos donde he jugado, al contrario. El público insultándome por haber hecho alguna acción dura, haber hecho caer a un jugador, o haberle sacado la quinta personal… Yo he levantado pasiones en campos contrarios, pero al revés, insultándome a mí. En vez de levantar pasiones animándote, pues ha sido al revés. Pero era lo que había, ni me arrepiento. Me ha tocado ser así, pues ha sido así.

¿Qué tal con tus compañeros en los entrenamientos? ¿Eras tan duro con ellos como con tus rivales?

Sí, mira. Tengo una anécdota con un jugador, Darryl Middleton. Hubo un momento que le dijo a Aíto: “Aíto, ¿puedes quitarme a Quique, para que no me defienda en los entrenamientos?”. Y dice Darryl: “Porque si me defiende, eso hace que no desarrolle mi juego ofensivo y esté todo el rato enzarzándome con él a hostia limpia. Y luego llego al partido y no estoy suelto, estoy muy engarrotado porque he estado toda la semana pegándome de hostias con Quique. Ponme a otro jugador que me defienda en los entrenamientos”.

¿Y qué hizo Aíto?

No me acuerdo. Sí, seguramente cambiamos durante algún tiempo para que se soltara y pudiera anotar sus puntos en los entrenamientos, porque evidentemente juegas como entrenas. Y si estás entrenando todo el día y no puedes meter un punto porque te están defendiendo sin parar y agresivo y tal, llegas al campo y no estás suelto… lo suyo es que hayas estado metiendo puntos por todos los lados y de cualquier manera, para luego estar más suelto en el campo.

¿Recuerdas más anécdotas con otros compañeros?

No. Con los compañeros, yo creo que nadie te puede decir nada malo mío. Yo creo que me he llevado siempre con todos los compañeros súper bien, con todos, incluso con el que me ha quitado minutos. No soy un tío que si tú me quitas minutos no te hablo, no, todo lo contrario. No he tenido problemas con ningún jugador.

Antes me has comentado algo que me parece muy interesante, que cuando había momentos de bajón en el equipo, intentabas levantar el ánimo y arreglar la situación. ¿Recuerdas algún momento delicado con el Barça, donde tú hayas tenido una charla con los entrenadores o compañeros para intentar levantar la moral del grupo?

Sí, con el Barça cuando nos entrenaba Aíto, no me acuerdo de la temporada que era. Habíamos encadenado un montón de derrotas y estábamos fatal entre nosotros, había mucho mal rollo con Aíto, había jugadores que no se hablaban con él. Y a mí se ocurrió… fui a Aíto y le dije: “Oye, Aíto. ¿Te parece bien si hacemos esto en el equipo?”. Y él: ¿El qué? ¿Qué quieres hacer?”. Yo: “Pues que nos sentemos en una silla, haciendo un círculo entre todos, y cada uno escuche de los demás, tres cosas buenas que hace y tres cosas malas que hace. Y así, por ejemplo, el jugador que no pasa una, no es lo mismo que se lo diga el entrenador, que se lo digan sus propios compañeros. Si hay uno que no defiende, pues si se lo dicen sus compañeros, no es lo mismo que se lo digas tú. Yo creo que nos puede ir bien el oírnos todos un poco…”. Aíto: “Esto lo veo peligroso, pero plantéalo, plantéalo”. Y lo planteé en el vestuario, pero no, hubo jugadores que dijeron: “No, Quique, esto es una chorrada que lo único que va a hacer es enemistarnos más todavía”. Y yo no era eso lo que buscaba.

Buscabas todo lo contrario.

Buscaba todo lo contrario. Pero sirvió para unirnos todos porque… jugábamos un partido, yo creo que estaba lesionado, y ganamos de 20 creo que al Pau-Orthez, en un partido donde veníamos que no salíamos del hoyo, estábamos todos ofuscados, cada uno a lo suyo, uno porque no juega, el otro porque no mete puntos… no había química en el campo. Y eso hizo que todo se hablara un poco en el vestuario. Pues mira, no sé si fue eso o qué, pero este partido se ganó.

No llegasteis a hacer lo que le propusiste a Aíto…

No se llegó a hacer.

Pero el simple hecho de haberlo planteado sirvió.

No sé si fue eso… También los capitanes, Andrés Jiménez, Epi… estuvimos ahí dándole vueltas al tema. Epi no sé si estaba, creo que ya no estaba. Y sirvió para que el equipo hablara entre sí, es que ni hablábamos entre nosotros.

Había mal rollo.

Había mal rollo. A partir de ese momento creo que se empezó a jugar un poco mejor.

Me has dicho que has estado bien con todos los entrenadores. ¿Qué tal con Aíto? Algunos jugadores de tu época no estuvieron tan bien con él.

Yo he estado súper bien con Aíto, no te puedo decir nada malo de él. Un tío muy calculador, eso sí que te lo puedo decir. Es un tío que va buscando una cosa provocándote otra, ¿sabes? Si lo que quiere es que tú entrenes más duro, pues de alguna manera te lo hacer ver, y te provoca y te provoca, y al final lo que consigues es entrenar más duro. Es un entrenador con un talento defensivo brutal, yo creo que no ha habido ningún entrenador que haya enseñado defensa como ha enseñado Aíto, por lo menos en mi época. Era un tío muy calculador que, por ejemplo, no te sacaba de inicio para provocarte que jugaras mejor.

Sí, te entiendo. Tocarte el orgullo.

Sí, tocarte el orgullo lo sabía hacer muy bien. O un jugador que llevaba 15 puntos seguidos y era capaz de sentarlo, y todo el mundo diciendo: “Hostia, ¿por qué sientas a este tío que lleva 15 puntos seguidos, si lo que tiene que hacer es jugar más?”. Pues Aíto lo sentaba, el jugador a lo mejor se cabreaba, pero volvía a salir en la segunda parte y te volvía a meter otros 15 puntos. Era un tío que lo pensaba todo.

Tu salida del Barça. ¿Terminabas contrato?

Terminé contrato y no se me renovó.

Y surge la oferta del Joventut.

Del Joventut, sí.

¿Tenías otras ofertas?

Sí, tenía un par de ofertas. Mira, tenía hasta de Málaga. Pero yo no me quería ir de Barcelona, estaba muy a gusto allí. Entonces el Joventut me venía súper bien, no tenía que hacer ningún movimiento, mi familia estaba aquí. Irme a Málaga me costaba un poco, cambiar a los niños de colegio… Yo ya estaba casi al final de mi carrera y buscaba también una parte de comodidad.

¿Cuántos hijos tienes?

Cuatro.

¿Alguno ha seguido tus pasos?

La única que ha seguido mis pasos es mi hija Daniela, que juega al vóley playa. Estuvo jugando un montón de tiempo al vóley. Jugó con el Barça Superliga, pero de repente se dio cuenta de que no era su camino, que su camino era el vóley playa, y todavía está jugando al vóley playa.

Vivís en Barcelona, ¿no?

Sí, en Alella.

¿Con qué te quedas de las dos temporadas en el Joventut? Vuelves a coincidir con Middleton, te encuentras con Raúl Lopez…

La verdad es que muy bien con todos, hasta con Alfred Julbe, con todos. También estaba Rafa (Jofresa). Ya te digo, muy bien con todos los jugadores, no te puedo decir nada malo.

En tu último año como profesional, te vas a Grecia. ¿Por qué tomas la decisión de salir de España? ¿No había ofertas de nuestro país?

Pues… no te lo vas a creer, pero tuve una oferta del Madrid.

¿Tuviste una oferta del Madrid?

Sí.

¿Durante tu último año en Badalona?

En mi último año en Badalona, sí. El Madrid me ofreció un contrato como para ir… porque había estado Djordjevic en el Barça y luego se fue al Madrid. Yo con Djordjevic también tuve muy buena relación, somos súper amigos. Djordjevic tenía una imagen mía de jugador de equipo, de jugador de vestuario, de jugador que hace falta en un equipo. Y, seguramente, le comió la cabeza a Scariolo de que me tenían que fichar. Me ofrecieron, primero entrenar solo para estar allí, pero yo había tomado la decisión de retirarme y no iba a fichar por el Madrid sin un contrato, ni nada. Luego me ofrecieron un contrato, me ofrecían ficha y cierto dinero, tampoco era una gran cantidad. Pero les dije que no, que me retiraba, tenía ganas de meterme en un proyecto textil, que es a lo que me dedico ahora con mi mujer. Pero de repente, me llamó un agente griego y me dijo: “Quique, te voy a pasar con el entrenador. Habla directamente con él”. Y empecé a hablar con un entrenador griego y me comió la cabeza de que me quería en el equipo. También lo pensé un poco con la familia y dije: “Ostras, es una aventura ir a Grecia a vivir como jugador”. Y nos fuimos a vivir allí, y te puedo decir que ha sido uno de los mejores años de mi vida, el año que pasé en Grecia.

El equipo era el Near East Athens, de Atenas.

Sí, en Atenas.

¿Cómo se le dice no al Madrid? Una oferta con Scariolo, con Djordjevic… ¿Pensabas más en la retirada en ese momento?

Tampoco es que fuera una oferta muy tentadora económicamente. Me imagino que en aquel momento, pesaba bastante la influencia de Djordjevic sobre Scariolo. Seguramente se pensaban que era súper importante tenerme en un vestuario y por eso me hicieron esa oferta. Pero yo ya tenía claro que me estaba retirando, no estaba ya a nivel físico… se me había salido el hombro, el tobillo empezaba a darme problemas. Entonces, dije: “Me retiro”. Pero lo de Grecia lo vi como una aventura, pensé: “Me voy allí y a lo mejor en un mes estoy de vuelta”. Pero que me quiten lo bailao, he estado en Grecia y la verdad es que estuve súper bien. Me enamoré de este país.

Tu etapa en la selección española. Fueron alrededor de 80 internacionalidades. Tu primera gran cita llega en los Juegos Olímpicos de Seúl. ¿Qué anécdotas recuerdas durante este torneo?

Flipé con todo y yo creo que todos fliparon un poco conmigo. Me acuerdo del primer paseo que hicimos los jugadores, sin el entrenador. Dimos un paseo por un parque y, de repente, había unas chinas bailando, haciendo un baile chino, y me metí a bailar con ellas, a imitarlas delante de todos. Se montó un coro con 60 personas mirándonos, me acuerdo de esa imagen.

Y lo que dices, tus compañeros fliparían contigo porque eras un chaval que acababas de llegar a la selección.

Exacto, un chaval que viene, que no ha jugado con nosotros, y tiene el morro de ponerse allí a bailar con la gente. Todo son anécdotas buenísimas de Corea.

En aquellos Juegos Olímpicos estaban jugadores de la talla de Arvydas Sabonis, Drazen Petrovic, Oscar Schmidt… ¿Cuál de todas estas estrellas te impresionó más?

El que más me impresionó fue Sabonis. Estaba Chechu Biriukov con nosotros y nos acercó bastante a los rusos, convivimos bastante con la selección rusa. Creo que venían al vestuario Chomicius y compañía, que luego coincidí con él en Zaragoza, con caviar ruso, que nos lo vendían… Son unas anécdotas muy buenas.

¿Y el vodka?

El vodka… no paraban de beber, no te lo puedes ni imaginar. En Seúl ganó la Unión Soviética a Estados Unidos, ¿no?

Sí, en semifinales. Luego en la final la Unión Soviética se impuso a Yugoslavia.

Sí, correcto. Me acuerdo perfectamente de estar en el hotel, porque estábamos con los rusos, y subir a la habitación de ellos y… bueno, no te lo puedes ni imaginar la fiesta que se montaban los rusos. Fue muy divertido.

Consigues el bronce con la selección en el Eurobasket del 91, en Roma.

Sí, sí, tengo una medalla de bronce.

También estuviste en el Mundial de Argentina en el 90. Creo que os aburristeis mucho en la fase de consolación.

Sí, en Salta, sí, sí. Eso fue horrible. Acabamos jugando a la gallinita ciega con los italianos y con otra selección. Estuvimos jugando a la gallinita ciega y al un, dos, tres, pollito inglés.

¿Qué tal con Díaz Miguel? ¿Era tan peculiar como me han contado? Este sí que tiene anécdotas, ¿no?

Este es para escribir un libro entero… muy graciosas. Antonio era muy entrañable. Me acuerdo que hacía régimen, y siempre pedía en las comidas una ensalada de sandía y melón. Y, de repente, un día miro la ensalada y le digo: “Antonio, ¿no creo que vayas a adelgazar mucho con el kilo de azúcar que te han puesto en el melón y en la sandía? Porque mira, todo eso es azúcar”. Bueno, se cabreó con toda la cocina: “Cómo coño me ponéis azúcar a mí en la ensalada… ya sabía yo que estaba bueno”. Anécdotas de estas hay mil de Antonio.

Al principio de la entrevista, me has contado cuando te enfrentaste al Dream Team en Barcelona 92. ¿Recuerdas alguna anécdota con los pívots americanos?  

Me llevé un codazo de Karl Malone y al día siguiente estaba con el ojo morado, pero estaba orgulloso de que estaba con el ojo morado por Karl Malone.

¿Qué les decías a tus compañeros de tu ojo morado? ¿Cosas, como: “Esto me lo ha hecho Karl Malone”?

Sí, sí. No quería que se me fuera el morado para que la gente me preguntara: “¿Y este morado?”. Y yo: “Ha sido un codazo de Karl Malone”. Fue alucinante ese partido. Y cuando he visto ese partido varias veces… se me pone la piel de gallina.

¿Cómo eran Jordan, Magic, Bird… en las distancias cortas?

Recuerdo que tenía la sensación en el campo de que ellos jugaban con 7 jugadores y nosotros con 5, porque querías pasar el balón y es que no veías un compañero libre, estaban todos súper defendidos. Era como, tierra trágame, ¿qué hago con el balón ahora? Tengo que soltarlo porque estaban todos defendidos, una presión en todo el campo… madre mía. Por eso te digo, siempre me dio la sensación de que ellos jugaban con 7 jugadores y nosotros con 5. Al principio del todo mantuvimos un poco el marcador durante un tiempo, pero llegó un momento en el que empiezan a meter canastas y empiezan a irse. Recuerdo que Lluís Cortés nos dijo en un tiempo muerto: “¡Presionad! ¡Tenéis que presionad en el medio campo!”. Nos miramos todos y nos dijimos: “Hostia puta. ¿Cómo de repente nos vamos a poner nosotros a presionar al Dream Team?”. Y Lluís: “¡Que no os rebasen!”. ¿Cómo que no nos rebasen?, si nos pueden rebasar hasta por debajo de las piernas si querían. Era una animalada, en aquel momento había una diferencia abismal. La anécdota que yo tengo con el Dream Team es que Michael Jordan metió 11 puntos y yo metí 11 puntos, siempre lo cuento así. Él cogió 4 rebotes y yo cogí 6 rebotes. Por tanto, soy mejor jugador, a las pruebas me remito (risas).

Y al final el angolazo. ¿Qué recuerdas de aquello?

Todavía no me lo puedoexplicar, cómo de repente aquella gente empezó a correr como… y metiéndolo todo, todo lo que tiraban lo metían. Y a ti se te hace el aro pequeño y al otro se le hace el aro muy grande. Tiraban de espaldas, sin mirar, y la metían. Y a nosotros todo lo contrario, un tiro bien tirado, pues, pum, pegaba en el arito y se salía. Muy mala suerte.

Aquello supuso el final de Antonio Díaz Miguel como seleccionador español. ¿Estaba rota la selección española? ¿Había mal rollo? Sí, en aquel momento tampoco había buen ambiente general, la prensa tampoco tenía… todo eran comentarios malos con Antonio o con los jugadores, estaba lo del tercer extranjero, la huelga que se hizo… No fue lo ideal para el momento más importante del baloncesto español, que eran las Olimpiadas en Barcelona. Y el baloncesto no supo estar a la altura para hacer una preparación como Dios manda. Para ese evento teníamos que haber estado todos a una, pero fue cuando más separados estuvimos, incluso con la afición, con tanto tema de huelga y de problemas de estos. No fue lo ideal.

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