Entrevista a Xavi Crespo: «Me volví tonto del culo y olvidé de dónde venía»

Entrevista en profundidad con Xavi Crespo, que repasa toda su trayectoria, desde el inicio

Xavi Crespo

No todo en la vida de los deportistas es de color de rosa. Hay muchas espinas por el camino, momentos complicados que no todos consiguen afrontar de la misma manera. Algunos se caen y ya no se levantan, y a otros, en cambio, estas adversidades les hacen más fuertes. Éxitos, fracasos, lesiones, decepciones, abandono… Xavi Crespo ha vivido de todo a lo largo de su carrera, pero siempre se ha levantado mirando, con optimismo, hacia delante. 3 horas de charla con él en la que deja al descubierto las luces y sombras del deporte profesional.

Xavier Crespo Clará nació en Barcelona el 07 de mayo de 1966. Con sus 2,01 metros de altura, era un jugador que en sus inicios podía jugar casi en cualquier posición. Tras una primera etapa en el Barça llegaría al Joventut en la 86/87, allí se encontró con Randy Knowles, un maestro en el perfeccionamiento del tiro que le ayudó a mejorar sustancialmente sus porcentajes en el lanzamiento de 3.

Los mejores años deportivos los vivió en León (91/92 y 92/93), donde jugó su mejor baloncesto y se convirtió en uno de los mejores aleros altos nacionales del momento. Pero en tierras leonesas también fue sacudido por el lado más cruel del deporte profesional.

Dijo adiós a las canchas en la 96/97 con un buen sabor de boca, protagonizando una soberbia actuación con la Penya en la final de Copa contra el Cáceres, curiosamente en León, para conquistar este título por primera vez en su carrera. Sin embargo, su maltrecha rodilla acabaría diciendo basta y decidió retirarse, con tan solo 31 años, al final de temporada. Aunque en la actualidad se encuentra feliz y encantado de la vida, tampoco fue fácil el vacío con el que se encontró al retirarse del baloncesto.

Entrevista publicada originalmente en la revista Gigantes de enero de 2026 que puedes conseguir aquí en papel

Háblanos de tu infancia.

(Risas) Yo tengo muy mala memoria, te lo digo ahora antes de empezar, ya te digo que de memoria voy fatal. Pero de algo todavía me acuerdo.

No te preocupes, Xavi. Seguro que iremos recordando detalles interesantes.

Yo tenía un hermano. Mi madre murió cuando yo tenía 5 años y mi hermano 3. Nacimos en un barrio de Barcelona, mi padre jugaba todavía al baloncesto, nunca a nivel profesional, pero siempre había jugado. Por entonces, también empezó a entrenar, siempre estaba vinculado al baloncesto. A los 9 años en el colegio hacíamos mucho deporte. Nos hacían practicar diferentes tipos de deporte, balonmano, baloncesto, incluso esgrima. Y al final acabé jugando al baloncesto. Empecé a los 9 años en el colegio y a los 14 me llamaron por si quería hacer una prueba en el Barça, y allí me quedé.

Me has dicho que falleció tu madre cuando tenías 5 años.

Sí, nos quedamos con mi padre, que nos crió a mi hermano y a mí. Mi madre tuvo un cáncer y falleció. Con 5 años tengo pocos recuerdos de ella. Mi padre nos enseñó a ser bastante autosuficientes porque teníamos que espabilarnos si él trabajaba, eso lo aprendimos desde pequeños. Él nos inculcó ser autosuficientes, aprender a hacer las cosas, aprender a gestionarnos un poquito.

A los 14 años te hace una prueba el Barça.

Sí, estaba en casa. Un día, al acabar el cole, me llamaron y me dijeron que si quería ir a hacer una prueba. Ya te digo, yo jugaba en el colegio y no era ni el bueno del equipo, era altito, no me hagas decir cuánto, pero era alto. Y me llamaron por si quería hacer una prueba, y fui. Llegué al antiguo Picadero del Barça, un montón de chavales allí. No sé qué vieron en mí, supongo que lo único que vieron debía de ser la altura en aquel momento, y me quedé. Entré en el juvenil B, luego jugué en el A. Y a los 16 años, con compañeros como Ángel Heredero y Julián Ortiz, empezamos a subir a entrenar con el primer equipo.

En el júnior del Barça destacáis mucho, fuisteis campeones de España en Zaragoza.

Sí, fuimos… ¿campeones de España? ¿Estás seguro que ganamos?

Eso me dijo Jordi Soler, que ganasteis en Zaragoza con Ferrán Martínez, Ángel Heredero, Julián Ortiz… Me lo contó así. Él era juvenil todavía.

¿Sí? Yo creo que no ganamos, creo que perdimos contra el CAI de Paco Zapata. Pero ya te digo, mi memoria es mala. Mira, ayer estuve con un exjugador cenando en casa y tal, que había jugado en la Penya, y con la Penya perdimos no sé cuántas finales.

Sí, eso también me lo comentó Jordi Soler, pero me dijo que en la final ganasteis de 25 al Zaragoza, en su propia cancha.

Puede ser, ya te digo, yo soy un desastre y es una cosa que me fastidia. Me da una envidia estos que dicen: “Aquel partido, ganamos de 25 y al final, en la última jugada tiró este, hicimos aquella jugada…”. Me da mucha envidia, pero yo soy un desastre con eso.

Después de tantos años hay gente que todavía recuerda anécdotas muy buenas.

Sí, hay gente impresionante, a mí me da una envidia brutal esto.

¿Recuerdas tu primer entrenamiento o tus primeros contactos con el primer equipo del Barça?

Empezamos a subir con 16 años. En aquel momento tú estás en el juvenil, juegas, estás empezando a jugar un poco mejor, ya has aprendido un poco, has ido ya a un par de concentraciones de las operaciones altura que había, y ya has empezado a ir alguna vez a la selección. Pero claro, entras en el vestuario y te encuentras a los dos tíos que, en teoría, puedes sustituir, que son Epi y Sibilio en plena capacidad con veintipocos años, de los mejores de Europa en su posición, si no los mejores. También dos americanos impresionantes como Mike Davis y Otis Howard, un ritmo de entrenamientos… En el juvenil y en el júnior entrenas fuerte, pero estás a un nivel con el resto de los compañeros, aquí te encuentras a unas bestias que te exigen mucha tensión. Y pasarlas canutas y aprender rápido para estar al nivel, porque allí no hay prueba error demasiadas veces, o sea, tú tienes que ir allí, darlo todo y estar a la altura porque si no otro vendrá a tu posición.

¿Y mentalmente cómo se lleva eso? Supongo que sería un cambio muy grande, pasas de estar con chavales de tu edad en el instituto a convivir con gente adulta.

Sí, al principio, sobre todo, fue un momento complicado por eso, porque vas allí y muchas veces vas frustrado porque ves que: “Hostia, aquí no llego. Este me torea por todos los lados”. Tú no te has planteado ser profesional de esto. Yo creo que la suerte que tuvimos todos, ya no solo Ángel Heredero, Julián Ortiz, también Rafa Jofresa en la Penya o Antonio Martín en el Madrid, o sea, nuestra generación, tuvimos la suerte de que hacíamos lo que nos gustaba, es decir, a ti te gustaba hacer aquello y disfrutabas jugando. El decir: “¡Ostras, estoy aquí y hacen cosas que a mí me gustaría hacer!”. Y eso también te genera un planteamiento de decir: “Yo quiero aprender, yo quiero llegar a hacer lo que hace Chicho, esa facilidad para tirar, esa elegancia, esos movimientos… Yo quiero ser como Epi, que es un tío con una cabeza súper centrada. Quiero ser potente para ir a un rebote y que cuando choque con Mike Davis no me vaya al otro lado del campo”. Y además, en aquel momento, yo siempre lo digo, todos en general, Nacho (Solozábal) y todos, pero Juanito de la Cruz y Chicho Sibilio me arroparon como hermanos mayores, y me dieron un soporte que me ayudó muchísimo.

He hablado con varios que estuvieron cerca de ti mientras jugabas al baloncesto, uno de ellos es Jose Montero, una persona que me ha marcado después de la entrevista que le hice.

Sí, te salió una buena entrevista, ¿eh? Te contó cosas que no había contado nunca.

No lo sé, lo que sí sé es que se portó conmigo…

Al menos públicamente no las había contado.

Lo que él me contó es que en esos inicios, por eso te lo preguntaba, para él supuso un cambio muy grande porque pasó de jugar a los Madelman a estar con gente adulta, con conversaciones adultas. Me dijo literalmente: “Creo que lo que estamos haciendo es crear adultos que en el futuro van a tener problemas de salud mental, ansiedad o lo que sea, y en mi caso algo de eso sí que hubo”. No sé si viviste algo parecido.

Sí, sí, sí, o sea, ya te digo, era un nivel totalmente superior. Es más, a mí me pasó, yo tuve un momento de mucha tensión. Entrenábamos con el primer equipo y con el júnior, jugábamos el sábado, jugábamos el domingo, estabas todo el día allí. Entonces, en un momento determinado, yo creo que fue el primer año con Antonio Serra, a un entreno no fui, me quedé en casa. No fui, no me presenté al entreno.

¿Estabas agobiado?

Sí, me dio algo de esto, y digo: “No voy”. Y me quedé en casa. Mi padre me cogió, habló conmigo, también habló Antonio con mi padre, y se pasó aquello. Yo en aquel momento, con 16 años, dejé de estudiar. Entonces mi padre hizo dos cosas conmigo, una es animarme, y la otra me dijo: “Mira, tienes un año”. Yo le dije: “Yo no quiero estudiar”.

¿En qué curso estabas?

Era 2º de BUP. Repetí 2º y el segundo año dije: “Lo dejo”. Yo, hasta 1º de BUP, ahora no sé qué curso de la ESO sería.

1º de BUP equivale a 3º ESO.

Sí, pues eso. En 1º BUP lo aprobé todo, lo aprobé bien, sobrado. Y en 2º de BUP, que es cuando empezaba ya a entrenar, aquel año suspendí. Repetí el curso y ya estaba en dinámica de primer equipo, ya entrenábamos, viajábamos, y hubo una parte de decir: “A mí lo que me gusta es el baloncesto y esto de estudiar, comparado con el baloncesto, no me atrae”. Además, el sistema tampoco ayudaba. Me acuerdo que tenía un examen y le dije al profesor: “Mire, lo siento, pero es que yo este día estoy en Rusia, que tenemos un partido”. Y me dijo: “Pues ya no veremos en septiembre”. Y yo pensé: “No nos veremos en septiembre ni nunca más”. Entonces dije: “Lo dejo todo”. Y mi padre me dijo: “Tienes un año, prueba un año. Si esto funciona, si tú te encuentras bien y los resultados acompañan, tira pa’lante. Si no funciona, vuelves a estudiar porque tendrás que ganarte la vida de alguna manera”. Pues salió, que es una de las cosas que me arrepiento, haber dejado de estudiar, pero en aquel momento lo hice y salió.

Dejaste los estudios.

Dejé de estudiar a los 16 años. No aprobé 2º de BUP, lo dejé. Al principio empecé, pero ya ni iba. No hice nada, lo dejé y me dediqué al baloncesto. Ya te digo, en aquel momento estaba en dinámica del primer equipo, entrenábamos dos veces al día con el primer equipo, luego por la tarde, después del entreno con el primer equipo, con el júnior, sábado y domingo ibas con el primer equipo y jugabas con el júnior, las vacaciones con selección, Semana Santa selección, Navidad… Estabas todo el día, un no parar.

Seguiste metido en la dinámica del primer equipo y algún momento complicado pasaste en esos inicios, ¿no?

Sí, porque es un shock. Tú entras allí, eres un chavalín, no estás desarrollado físicamente como las bestias que te encuentras delante, técnicamente te queda todavía muchísimo camino, tienes la presión de decir: “Hostia, si no valgo vendrá otro”. Todo eso te genera un estrés y en aquel momento cada uno lo gestionaba como podía. Ya te digo, tuve el día que no fui a entrenar. Luego vas cogiendo ritmo, vas teniendo suerte. Además, tenía el apoyo de Lagarto y Chicho, que me apoyaron muchísimo y te sentías… También es cierto lo que decía Jose Montero, que ya no es solo la parte técnica, es que tú entras en un mundo adulto, de gente que está casada, que tienen hijos o tienen otras realidades completamente diferentes de la tuya, que funcionan, que ganan dinero, que tienen una vida muy diferente de la tuya. Entonces eso… ostras, también estás en un mundo que tú dices: “Yo aquí no encajo”. Por eso, el apoyo de Lagarto y Chicho fue muy importante. Me acuerdo de la primera vez que viajé con ellos y, al acabar el partido, te estás duchando y tal, y todo el mundo: “Oye, ¿dónde vamos a cenar? ¿Qué vamos a hacer?”. Y claro, tú allí calladito, no tienes un duro, tienes 16 añitos… Y yo: “Me iré al hotel y cenaré allí”. Llegamos al hotel y todos: “Venga, va, quedamos aquí en 10 minutos y vamos para el restaurante”. Y yo: “Buenas noches…”. Y Lagarto y Chicho: “No, no, Xavi, tú aquí”. Yo: “Bueno, vale, perfecto, vamos”. Y yo pensando: “Madre mía, y ahora, ¿qué hago yo?”. Acaba la cena: “Bueno, ¿cuánto es? ¿Cuántos somos?”. Y ellos: “No, Xavi no paga”. Y así fue siempre hasta el día que firmé el primer contrato profesional. Digo: “Vamos a cenar, vamos a celebrarlo, que de puta madre”. Y todos: “Venga, va, vamos, vamos”. Y al terminar: “La cuenta, por favor”. ¿La cuenta para quién? Y todos: “La cuenta para Xavi”.

En tu época la salud mental no era lo que más se trabajaba.

No, en absoluto.

Te lo comento porque leí algo que publicaste en Facebook, a raíz de la retirada de Álex Abrines: “La parte emocional es la que menos se trabaja en el deporte y es fundamental para rendir al máximo. Y para mí, lo fundamental es disfrutar con ello”. En tu caso, como me estás contando, fue muy importante la figura de Chicho Sibilio y Juan de la Cruz para saber gestionar ese cambio tan grande, sobre todo mentalmente, al llegar al primer equipo del Barça.

Sí, fue súper importante para mí. El resto también, Nacho, Perico Ansa, Manolo Flores, que era el capitán. Yo jugué con Manolo Flores, lo he tenido de capitán, de segundo entrenador, de entrenador… de todo. Pero principalmente, Juanito y Chicho fueron espectaculares, o sea, fue impresionante cómo me arroparon.

Supongo que la figura de tu padre, por el hecho de haber perdido a tu madre, también fue muy importante para ti en estos comienzos en la élite del baloncesto. Quizá maduraste más rápido que los chavales de tu edad por esta difícil situación familiar.

Sí, te marca, está claro. Mi padre, mi hermano y yo teníamos un funcionamiento que era bastante diferente del resto de las familias. Nosotros no teníamos esa parte familiar de poli bueno y poli malo con la que juegan los padres, donde siempre hay uno que hace de poli bueno y otro de poli malo. En nuestro caso, los tres crecimos de una manera diferente, además siendo tres chicos, esa autosuficiencia puede llegar a crear conflictos por el hecho de que cuando eres adolescente, llega un momento en el que te enfrentas a los padres, y aquí éramos tres tíos, y los tres íbamos a nuestro rollo. Pero con todo, mi padre era una persona que, por el hecho de ser entrenador, tenía una capacidad de gestión de las emociones y de las tensiones, que nos funcionaba bastante bien, que no quiere decir que no hubiera conflictos, pero nunca llegaba la sangre al río, siempre teníamos discrepancias, pero también la parte que nos había enseñado era: “No, tú no tienes que aceptarlo todo, tienes que cuestionar las cosas, pero hay momentos en que el que toma las decisiones las toma, y tú tienes que acatarlas aunque no te gusten”. Y también el hecho de que mi padre, y creo que no se lo reconocí suficiente, nunca, nunca, nunca, nunca, en toda mi carrera, nunca me dio consejos tácticos.

¿Consejos tácticos?

Nunca, nunca me hizo de entrenador, nunca. Cuando yo le decía una cosa o algo, él me contestaba, pero nunca aquello de acabar el partido y decir: “Oye, allí tenías que haber pasado, ¿por qué no tiras aquella?”. Nunca, nunca hizo de entrenador. Si yo sacaba el tema él me contestaba, pero él nunca me hizo de entrenador.

Siendo entrenador, además.

Sí, por eso. Y él nunca, nunca, nunca me hizo eso de: “Es que no te sacan, es que tendrías que jugar así, es que este entrenador te tenía que poner por otro lado…”. Nunca, nunca, nunca.

La figura de tu padre ha sido muy importante en tu carrera deportiva.

Sí, en mi vida en general. A ver, un hombre que se queda viudo con un chaval de 5 y uno de 3 años, los cría solo, no se vuelve a casar nuca, está allí todo el día… Es alguien que realmente nos ayudó y nos formó bien. Además, hay otra cosa, y es que mi padre era una persona que era muy abierta, yo siempre lo he dicho y todavía lo sigo diciendo ahora, me encuentro con gente que había entrenado mi padre, que son incluso mayores que yo, y todo el mundo que conoció a mi padre me dice lo mismo: “Tu padre era una buena persona”. Y esto, por desgracia, es difícil de encontrar, que digan que es una buena persona. Yo creo que es lo mejor que se puede decir de alguien. Yo ya firmaría que me recordaran así.

Sí, por supuesto. Tu padre ya falleció, ¿no?

Sí, falleció en el 2009. Estuvo 6 años con cáncer, con tratamiento. Pero él decía: “Yo no estoy enfermo, yo solo tengo cáncer”. Y estuvo a tope, conduciendo la moto hasta que lo ingresaron 15 días antes de morir, viviendo solo y siendo independiente.

Qué fortaleza.

Sí, sí.

¿Recuerdas algún momento con tu padre durante tus años de baloncesto que te haya marcado, aparte del hecho de que no te diera consejos tácticos?

Él siempre estaba ahí. Es cierto que esa autosuficiencia que nos inculcó desde pequeños a mi hermano y a mí, también generaba que… y esto lo sigo notando ahora, lo noto con mi pareja, con la relación con la familia y con todo esto. Nosotros no éramos de llamarnos cada día o cada 15 días, podíamos estar 2 meses sin llamarnos, sin vernos, sin hablar, pero porque éramos así, no es porque nos lleváramos mal o tuviéramos problemas, éramos un poco así. Pero mi padre siempre estaba allí, venía a ver todos los partidos, cuando yo era más pequeño me llevaba y me traía. Y cuando ya era mayor él venía, veía los partidos, se iba, yo ya hacía mi vida y luego nos veíamos el día que nos veíamos: “Oye, ¿qué tal? ¿Cómo vas?”. Y hablábamos. Me acuerdo de un campeonato de España en Calpe, él se pegó todo el viaje conduciendo el coche para llevarnos e ir a ver el campeonato. Es una persona que influyó por el hecho simplemente de estar ahí, del apoyo y de que cuando te rompes una rodilla y te tienes que operar y tienes que estar 8 meses sin jugar, él te decía: “¿Qué hay que hacer? Apretar, recuperar y volver otra vez a darlo todo, no hay más. No vamos a quedarnos aquí llorando y diciendo: ‘Ay, qué putada…’ no, es lo que hay, pues venga, pa’lante”. Y esa filosofía realmente la sigo teniendo hoy en día, diciendo: “Esto ha salido mal, bueno, perfecto. Es la situación que tenemos ahora. ¿Qué hay que hacer a partir de ahora?”. Y eso yo creo que también viene de allí, como el decir: “Se ha muerto mi mujer, tengo dos hijos, ¿qué tengo que hacer? Pues tirar pa’lante lo mejor posible y no quedarme aquí. Y hacer que estos chavales crezcan lo más felices posible sin tener madre”.

Antes de avanzar con tu etapa en el Barça, con la selección española ya tuviste presencia tanto en la juvenil como en la júnior, en el 83 y 84. En el 83 fuisteis plata. ¿Qué recuerdas de aquellos dos campeonatos?

Sí, el de la plata sobre todo, fue en Alemania. Nosotros estuvimos dos años haciendo una selección para ese campeonato. Estuvimos dos años entrenando en Semana Santa, Navidades, verano. Con esa selección estuvimos dos semanas en Font-Romeu, en un centro de alto rendimiento, 9 horas diarias a 2000 y pico metros para prepararnos para el campeonato. Habíamos estado jugando torneos los dos años anteriores. Y en aquella final jugamos tres prórrogas, me parece recordar. Perdimos después de tres prórrogas con Yugoslavia. No me hagas decir quién había, pero había alguno que luego fue muy bueno. Nuestra selección era muy potente, había gente muy buena.

En tu primera etapa en el Barça, del 84 al 86, eran años donde dominaba en España el Real Madrid.

Aquella época es el momento en el que el Barça empezó a hacer el clic para convertirse en un equipo ganador. Pero ojo, en el 85 ganamos la Recopa de Europa en Grenoble.

Sí, la temporada 84/85.

Sí, aquella temporada. Ganamos la Recopa, el primer título. El año anterior, aunque estaba en el primer equipo, no viajé a aquella final que perdimos contra el Banco di Roma en la Copa de Europa, o sea, era el momento en que la sección de baloncesto empezaba a plantar cara, esos fueron los años que empezamos a ganar las primeras ligas. Claro, tú tenías allí un Nacho Solozábal, un Epi, un Chicho Sibilio, un Juanito de la Cruz… una base con jugadores que eran muy buenos, con dos americanos buenos y tal, y hacías un equipo muy potente. Después entró Aíto, justo cuando yo me fui vino Aíto. Yo estuve en la parte cuando Manolo Flores cogió al equipo, que ganamos en Grenoble, y luego al año siguiente ganamos en Caserta otra vez, las dos Recopas seguidas. Y en aquel momento yo creo que el club empezó a darse cuenta de que a la sección había que darle un giro,  vinieron Salvador Alemany y Aíto, y cambió completamente lo que era la sección del Barça.

Tengo apuntado que tienes ficha con el primer equipo del Barça en la 84/85.

Sí, claro, es que esta es otra. Las fichas de júnior y las que son antes de la ACB no te las cuentan, que esto es una cosa que a mí siempre me ha dado mucha rabia. Yo si fuera Epi estaría cabreado de cojones.

Por todo el palmarés que tiene antes del nacimiento de la ACB.

Hombre, claro, ¿qué quiere decir que me empieces a contar los puntos, los minutos, los partidos, los récords y tal a partir de que tú creas la ACB? ¿Y lo anterior? ¿Por qué empiezas de cero desde la ACB? ¿Ahora se ha inventado el baloncesto? No hombre, es una cosa que siempre me ha llamado la atención y que no entiendo en absoluto por qué es así. Todo el baloncesto de antes existe.

Ahora que has nombrado a Epi, ¿cómo era entrenar día a día con él? ¿Y su comportamiento con los más jóvenes?

Estaba fastidiado de la espalda y no era un tío muy flexible, así que calentaba muy concentrado para estar preparado para el entreno. A nivel de entreno era de los más competitivos. Epi es un tío que tenía muy claro de qué se trataba esto, él quería jugar bien, quería estar al 100% y ser un tío relevante. Por tanto, entrenaba muy serio, era un tío duro entrenando, lo cual a mí me ayudó mucho porque aprendí muchas cosas. Cuando tú entrenas a un nivel muy alto, con una exigencia muy alta como la que ponía Epi y lo tienes que defender, tienes que estar a un nivel muy alto también. Te exige que tú también mejores, que tú también estés todo el día concentrado porque si no, no puedes con él. Epi era uno de los mejores jugadores de Europa en aquel momento, yo creo que para todos los que coincidimos con él era un referente. Todos queríamos llegar a ser Súper Epi, todos queríamos tener ese reconocimiento y tener esa actitud. Lo que pasa es que no es fácil mantener ese nivel, yo creo que lo que más aprendí con él es la constancia, hay que trabajar por muy bueno que seas, tienes que trabajar cada día porque si no, no llegas o no te mantienes. Llegar es una cosa y mantenerse es otra. Yo creo que el gran éxito de Epi fue primero llegar, porque Epi llegó al Barça digamos de rebote, ficharon a su hermano y una de las condiciones era que viniera él también. Yo creo que eso también le marcó, el decir: “Tengo que quedar bien, tengo que cumplir y tengo que mantener el tipo, y si hace falta entreno tres veces más que los otros”. Y luego también con un carácter y una mentalidad ganadora, y con una confianza impresionante. Yo recuerdo que estuvo después de una lesión como dos meses sin entrenar, estábamos jugando un partido amistoso y no había entrenado todavía, y lo sacaron a jugar y metió 6 triples seguidos. Y recuerdo que le dije: “Mira Epi, el día que te retires y des un curso, yo quiero apuntarme porque quiero aprender cómo se puede tener fortaleza mental”. Muchas veces la gente joven piensa: “No, es que no tenemos la oportunidad”. Bueno, tener la oportunidad, pero hay que estar preparado, y él estaba preparado siempre. No importa que hubiera estado dos meses lesionado, él mentalmente estaba preparado para salir y estar al nivel que siempre se le exigía.

¿Cómo se preparaba mentalmente?

Yo creo que él es autodidacta, desde muy joven trabajó en eso, en la fuerza mental, el decir: “Yo voy a trabajar, si yo trabajo duro, luego los resultados saldrán”. Él fue capaz de crear esa mentalidad de campeón, esa mentalidad de mejorar cada día, de estar ahí y de no bajar en ningún momento el nivel. Y fue eso, autodidacta, es innato, hay gente que lo tiene y a la gran mayoría nos cuesta más. Él era un tío muy capaz de controlar las emociones, de no perder los nervios, en algún partido a lo mejor, pero yo no recuerdo especialmente… ¿Cuántas técnicas le habrán pitado en su carrera? Poquitas, siendo un tío muy determinante tanto en el Barça como en la selección, siendo un tío al que le daban mucha caña. A Epi le apretaban y era capaz de controlar esas emociones para no perder los papeles, lo cual no quiere decir bajar el ritmo, al contrario, pero sí el tener el límite de decir: “No pases de aquí que esto perjudica al funcionamiento del partido”.

Entonces, esa personalidad, ese carácter lo tenía innato, ¿no?

Sí, yo creo que una parte es innata, creo que también a nivel personal era muy consciente de eso. La parte innata es indudable que está porque esto es muy difícil de enseñar y más en aquel momento, que no había ese soporte que ahora todos los equipos tienen, que si psicólogo… Y luego, individualmente trabajaba esa mentalización, el decir: “Hay que estar ahí”, pero iba con el carácter, indudablemente.

Recuerdo su canasta en las semifinales del Europeo del 83 contra la Unión Soviética que clasificó a España para la final. Había muy pocos jugadores españoles por entonces que pudiesen meter ese tipo de canastas en grandes campeonatos, cuando quema el balón en las manos.

Sí, eso está claro. Cuando tú jugabas con él sabías que si había que tirar un último tiro, faltaran 20 segundos, 10, 5 o 1, Epi era la persona, y además, era de esos jugadores que no se escondían, que buscaban esos tiros. Hay otros grandes jugadores que ese tiro no lo quieren tirar porque eso representa mucha presión porque si lo metes bien, pero si lo fallas también eres tú el que lo has fallado. Él era uno de sus jugadores que buscaban ese tiro. Me acuerdo de la Copa del Rey que al final se la pasó a Nacho (Solozábal), pero la canasta era para él. Era suficientemente frío para tomar la responsabilidad, pero también sabía leer el partido, o sea, ver que todos estaban con él y pasársela a Nacho. Pero la responsabilidad primera era suya, él era la persona que tenía que tirar aquel tiro, todo el mundo lo sabía.

¿Entrenaba ese tipo de situaciones en el día a día?  ¿Buscaba situaciones para simular el último tiro del partido?

Cada balón que cogía era para meter canasta. Defender a Epi en los entrenos era jugar una final cada día, porque él jugaba como si estuviera jugando una final, y era duro y te cascaba y aguantaba que le cascaras. Buscaba eso, buscaba tener ese nivel competitivo que luego en el partido le permitía estar y saber lo que se iba a encontrar. Él generaba eso también, porque claro, por muy bueno que seas si luego en los entrenamientos estás al 60%… No, él entrenaba al 100% y te exigía a ti que estuvieses al 100%, así él cogía todo ese ritmo y en el partido seguía como si estuviese entrenando. Y a ti te exigía que estuvieras también a tope, por lo tanto, te hacía que tú fueras más fuerte, lo cual a él le preparaba para todas las defensas y situaciones que luego se encontraba en el partido. Era intenso y te hacía ser intenso, pero en el fondo mejoraba su juego, mejoraba el tuyo y mejoraba el del equipo.

¿Hay alguna conservación o algún momento con él que recuerdes por encima del resto?

Epi tiene esa parte que es un buen compañero, pero es un tío que no es muy social, no es un tío muy abierto. Yo creo que va un poco dentro de ese carácter de ser competitivo, de estar concentrado… No es el típico tío que es el alma de la fiesta, por decirlo de alguna manera, pero sí que es cierto que cuando éramos jóvenes, claro, era Súper Epi y hacía muchas cosas, y cuando hizo un anuncio para Nocilla nos cogió a Ángel Heredero, Julián Ortiz y a mí, y nos dijo: “Oye, voy a hacer esto. Tiene que haber dos o tres que vengan a jugar conmigo. ¿Queréis venir? Os van a pagar”. Nos dio la oportunidad. Nosotros teníamos 15 o 16 años, no nos dieron mucho dinero, pero algo nos dieron, y él pensó en nosotros. Era para hacer las fotos y hacer cuatro tomas. Es un tío que es generoso, pero no es muy expresivo. Hay gente que es mucho más cariñosa, que son más abiertos. Yo he oído muchas cosas de fuera, gente que no lo conoce demasiado y decir: “Es que es tan frío, es un tío desagradable”, no, no es así. Él es un tío introvertido, él funciona así.  Hubo un momento en que, por situaciones y tal, él no jugaba porque había gente que consideraba que Epi ya no tenía que seguir, me ponían a jugar a mí antes que él. Y nunca, nunca, nunca, nunca tuve ningún problema con él. Hay otros jugadores a los que les pasa eso y te van a machacar y putear. Él nunca, al contrario, me apoyaba, me ayudaba, o sea, es un tío que necesitas conocerle para entender bien a Epi. Yo creo que mucha gente tiene al ídolo, pero no tiene a la persona, y Epi es un tío que es interesante de conocer, complicado, introvertido, tiene su parte más escondida, pero es un gran compañero.

Hablé con Roger Esteller quien, al igual que tú jugaba en la misma posición que Epi, y me comentó lo mismo que me estás diciendo, que le apoyó mucho, que nunca le puso una mala cara y nunca fue a putearle para que no le quitase el puesto.

Exacto, coincido totalmente con Roger, que además somos muy amigos. Es eso, él era muy duro, sí, entrenar con él era muy duro, sí, recibías por todos los lados, sí… sí, sí, sí, totalmente, la exigencia era al 100%, pero nunca para putearte, nunca para impedir que tú crecieras. Al contrario, y lo repito, esa parte de dureza y de exigencia me ayudó mucho a crecer como jugador, muchísimo, y nunca con la otra parte negativa, que es decir, lo hace para putearte, lo hace para que tú quedes mal, para que tú no tengas la oportunidad. No, al contrario.

Tengo entendido que le llamabais ‘Robocop’, y que él se lo tomaba bien.

Sí, es que es eso. Él tenía sus limitaciones, no era flexible, no era explosivo, y él lo aceptaba. Pero con todo eso, cualquier otro diría: “Estoy limitado”, y él le sacó el máximo rendimiento y lo hizo espectacularmente bien. Era un tío que físicamente se cuidaba, estaba bien, estaba fuerte, aguantaba porque sabía que iba a recibir… y le ves ahora y está todavía más fuerte que cuando jugaba, por la espalda y por muchas cosas. Tiene la constancia de estar ahí porque esto es necesario y hay que hacerlo, así que se hace bien y se hace al 100%.

Roger Esteller no supo decirme si había alguna explicación de su típico pisotón cuando se disponía a lanzar los tiros libres.

No, yo creo que no tiene ninguna. Si te fijas en los tiros libres, ahora no se hace tanto, pero en aquel momento cada uno hacía… me acuerdo de Granger Hall, que daba los tres botes. Bueno, son manías que coges un poco para focalizar, alguno daba vueltas al balón, otros que no hacían nada, simplemente tirar sin botarla ni nada… Yo creo que, conociéndole, me imagino que lo hacía para decir: “Estamos aquí y vamos para dentro”. Es lo único que se me ocurre, pero no sabría decirte exactamente por qué.

Volviendo contigo, en la 86/87 te vas al Joventut, estás dos años en la Penya. ¿Cómo se produjo el fichaje?

(Risas).

Me han contado un poco cómo fue.

A ver, qué te han contado.

Hablé con Alfred Julbe, que por entonces era el entrenador del Joventut, y me dijo que se llegó a un acuerdo con el Barça de cesión contigo por dos años obligatorios, y que esto fue determinante para el fichaje de Andrés Jiménez por el Barcelona. Entonces yo le pregunté si tu cesión al Joventut entraba dentro del fichaje de Andrés Jiménez por el Barça, y esta fue su respuesta: “Más o menos, te lo he explicado lo mejor que he sabido, un pacto, digamos. Se acepta una cosa no habitual para un Joventut, tener a alguien cedido, porque más bien eres tú el que cedes, pero pensamos que nos podía ir bien”.

Sí, pero yo creo que esto es más a nivel de despachos. Mi sensación no fue así. Yo sé que nos cruzamos con Andrés, que es muy buen amigo mío y he jugado con él. Yo tenía que ir a la mili aquel año y el Barça me ofreció un acuerdo con el Cacaolat Granollers, para que ellos a través de un militar, me hicieran la gestión de lo de la mili para que la hiciera aquí y así pudiera jugar en el Granollers. Vale, si es así pues me arreglan la mili, yo me quedo aquí, perfecto. Llega el día de ir al cuartel a recoger el petate, me presento allí, había tenido una reunión con este militar, que me dijo: “No te preocupes, el día que vayas allí yo vendré y ya lo arreglas”. Llegué allí y nadie se acercó… un mes antes de que yo tuviera que ir aquí salió la ley de que con más de 2 metros no ibas a la mili. Entonces yo llego allí, nadie me dice nada, y cuando estoy a punto de coger el petate, que estaba delante del camión con un tío que me lo iba a dar…

¿La mochila?

Sí, el uniforme, la mochila y todo. Y oigo que alguien dice: “¿Alguien tiene algo que alegar?”. Digo: “Yo”. Y se me acerca un tío y dice: “¿Usted qué tiene que alegar?”. Yo: “Pues mire, más de 2 metros”. Y él: “¿Más de 2 metros?”. Yo: “Sí, sí”. Me dice: “Póngase allí”. Y había cuatro o cinco allí en un rincón. Me voy allí, nos llevan una bata, nos dicen: “Síganme”. Nos lleva a un sitio donde había las típicas básculas con el palo detrás para medir, me pone allí: “Póngase aquí. Quítese los zapatos y los calcetines. Súbase”. Me pega una hostia en la cabeza… y me dice: “1,99”. Digo: “No”. Y él: “¿Cómo que no? ¿Qué quiere decir?”. Y yo: “No, no”. Me dice: “Sígame”. Me lleva al otro despachito, otra vez allí, y digo: “Ahora no hay tutía”. Me pongo allí, aguanto con los ojos cerrados, y el tío me da otra hostia… pam, lo mira y dice: “Bueno, 2,01. Váyase”. Como no tuve que hacer la mili allí y ellos (Granollers) no me habían solucionado nada, le dije al Barça: “No, ellos no han cumplido, no me han solucionado nada, ahora yo voy a escoger dónde voy a ir”. Claro, esto es un acuerdo que teníais vosotros para unas condiciones, pero no han cumplido y yo no voy. Y entonces me reuní con algunos clubes, porque en aquella época nuestra generación teníamos buen cartel y había mucha gente interesada. Y es cierto, vino Alfred, hablé con la Penya y yo también decía: “Hostia, irme por ahí y tal…”. En la Penya estaban Rafa (Jofresa), Jose (Montero), Jordi (Villacampa), que yo los conocía, que eran de mi edad, era un equipo joven, con gente que conoces. Un equipo que el que juega en tu posición es Margall, que es muy bueno, pero que ya tiene una edad, con un entrenador joven… Jugaban de una manera que me gustaba, correr mucho, ser un equipo dinámico, con mucho movimiento. Pero el Barça no quería que fuera a la Penya porque Barça y Penya nunca han tenido muy buena relación. Que luego después dijeran: “Me has fichado a Andrés, pues mira, yo quiero a Xavi cedido…”. ¿Que esa fuera otra conversación? Ahí yo no entré, pero puede ser que aceptaran, que dijeran: “Queremos a Xavi. Hombre, te has llevado a Andrés”. No lo sé, yo sé que hubo conversaciones, pero no sé exactamente cómo. Lo que sí sé es que costó que el Barça me dejara ir cedido a la Penya.

¿El Barça no te ofrecía garantías de seguir?

No, me imagino por qué. Estaban Chicho y Epi, que estaban a tope, traían a Andrés, entonces dijeron: “Mejor que juegue porque aquí ahora lo tendrá todavía más complicado”. Y la verdad es que me fue de puta madre. Yo empezaba en aquella época, bueno, ya llevaba un año o un año medio empezando a jugar de 3, pero todavía no estaba… venía de ser pívot, de ser un 4, o sea, me estaba reconvirtiendo a 3. Y en la Penya con Randy Knowles, que nos cogía a Jordi, Rafa, Jose y a mí después de cada entreno a hacer tiro, técnica de tiro y cambiarnos y mejorar el tiro, aquello fue un cambio brutal para todos, pero principalmente a mí me ayudó mucho a convertirme en un 3 de verdad. También que Alfred te diera minutos y pudieras jugar, y pudieras jugar por fuera y con confianza, y en un equipo que encajaba con mi tipo de juego y con todo… la verdad es que fue un acierto.

En este sentido, Alfred Julbe también me comentó lo siguiente: “Xavi hacía de reserva de todos. Hacíamos bromas a veces, que hacía de reserva del 3, del 4 y del 5, sin ser ni 4 ni 5”.

Sí, sí, era eso. Yo había jugado mucho tiempo de 4, de falso 4 y tal, pero sí. Yo defendía a Antonio Martín cuando jugábamos contra el Madrid de juveniles. Antonio también era un falso 5, que era el 4, que podía abrirse un poquito, entonces yo también jugaba ahí y también jugábamos un poco a todo eso. Tenía que salir a veces a marcar al 4 incluso alguna vez al 5. Esta versatilidad me permitía gozar de minutos, coger confianza y afianzarme también en el juego y darme esa capacidad de decir: “Juegas de 4, pero te puedes abrir afuera y puedes tirar”. Y también era una ventaja para el equipo.

Y para este tipo de juego, el poderte abrir y tirar de fuera, fue fundamental la figura de Randy Knowles a tu llegada al Joventut.

Randy Knowles fue impresionante. A nivel de táctica, técnica y tal, Alfred era un tío que hacía muchas cosas, que quería hacer muchas cosas diferentes, que hacíamos muchos tipos de defensa, te daba mucha base. Y Randy nos cogía cada día después de entrenar, venga una hora allí tirando, haciendo tiro, tiro, tiro, con la técnica y los 90º, y tira, y la muñeca… La verdad es que nos ayudó a todos. Yo creo que los cuatro que estuvimos allí, Jose, Rafa, Jordi y yo, aquello nos dio un plus.

Randy era el segundo entrenador del Joventut.

Sí.

Pero se le reconoce como uno de los mejores especialistas en el perfeccionamiento del tiro.

Totalmente, totalmente, sí, sí.

Porque además de los que me has comentado, han pasado por él jugadores como Sergio Llull o Felipe Reyes, que mejoraron sustancialmente sus porcentajes de tiro.

Sí, sí.

Mira cómo va evolucionando tu porcentaje en los triples. En la 86/87, tu primera temporada en el Joventut, tiras poco y tienes un 0/19, en la 87/88, 16/60, un 26,7%, en la 88/89, ya en el Barça, fíjate qué cambio, 30/86, un 34,9%, y la siguiente un 35,9%. En tu última temporada en el Joventut también tuviste un 36,4%, en el Barça la 93/94 un 39,4%. Está claro que la figura de Randy Knowles fue fundamental para convertirte en aquel 3 abierto.

Totalmente. Y además hay otro tema, y no se le da importancia, esto que comentas del porcentaje, de 0/19 un año, pero es que cada partido que jugábamos, todos los que estábamos con Randy perfeccionando el tiro, uno o dos tiros no tocaban ni aro, pero no yo, todos, porque cuando estás cambiando el tiro, estás entrenando mecánica y tal, hasta que no mecanizas aquello hay veces que sale bien, pero muchas no sale bien. Ya te digo, o sea, decíamos: “Agua”, y ya todo el mundo sabía que aquella no tocaba ni el aro.

Randy te cambió la técnica de tiro por completo.

Claro, tienes que mecanizar y tienes que cambiar los pequeños vicios que tienes, la muñeca que la gires un poco. Y hasta que consigues mecanizar eso, exige mucho trabajo.

Se te recuerda con una técnica de tiro muy buena, súper cuadrado a la hora de lanzar, en definitiva, un estilo muy estético.

Sí, esto es mérito de Randy. Yo pasé de ser un 3 alto que estaba allí, un falso 4 o lo que quieras, a que la gente diga: “Es que Xavi era un tirador de 3”. Todo esto viene de Randy.

¿Recuerdas algún entrenamiento en particular con él, algún ejercicio que se te haya quedado grabado de los que hacías con Randy?

Hacíamos ejercicios de 5 posiciones, de zona, cada día. Empezabas debajo del aro con una mano, solo con una mano, hacer todo el movimiento y meter 5. Y luego 1 metro para atrás, a meter 5 desde la línea de la zona de tiro libre, luego de entre la zona y la línea de 3 puntos, y finalmente de 3 puntos. Con una mano, así 5 posiciones, ir y volver.

¿Con una mano todo, incluso el triple?

Sí, con una mano, y luego con las dos manos. Y otra vez, y vuelve, vuelve, vuelve, y luego tiros libres, y luego vuelve a hacerlo, vuelve a tirar, y venga, venga, venga. Y luego, cuando te decía esto de Font-Romeu, que estábamos con la selección con Miquel Nolis, después de haber entrenado por la mañana físico, una hora de correr por la montaña, dos horas de entrenamientos, una hora de gimnasio, siesta, dos horas de entrenamiento, cena, y luego tirar 1000 tiros después de cenar.

Qué barbaridad. Eso con Miquel Nolis.

Con Miquel Nolis, cuando estuvimos en Font-Romeu los 15 días aquellos. Este era el plan de cada día.

¡1000 tiros! ¿Desde qué posiciones?

Desde las diferentes zonas, las 5 posiciones, de 2, de 3, tiros libres… Al final el tiro es mecánica, es tenerlo interiorizado y no tener que pensar. Cuando estás cambiándolo, ¿qué pasa? Que cada vez que vas a tirar, la muñeca, el brazo, el codo, los pies… hasta que no lo interiorizas, hay veces que vas descompensado y el tiro es muy preciso, si no entra no entra.

Fueron dos años muy buenos para ti y también para la Penya, donde se fueron construyendo los mimbres de los éxitos que vinieron después. Se llegó a la final de la ACB, de la Copa del Rey y ganasteis la Copa Príncipe de Asturias. Me comentaba Jose Montero que fraguasteis muy buena amistad Rafa Jofresa, Jordi Villacampa, él y tú, y que aquella amistad transcendió más allá del baloncesto. Según él, erais un cuarteto que os lo pasabais súper bien y con muchas anécdotas divertidas para recordar.

Íbamos juntos a todos los lados, estábamos todo el día juntos. Hicimos muy buena amistad. Aquella época la recuerdo con mucho cariño porque además yo era el nuevo, ellos ya se conocían, eran la base del equipo. Y yo entré allí y me acogieron de manera fantástica. Y lo que dice Jose es cierto, sigo teniendo amistad con todos ellos, nos seguimos viendo de vez en cuando, con Jose es más difícil porque está en Madrid, pero también nos vemos y si no, hablamos por teléfono. Era una época en la que estábamos todo el día juntos. Además, íbamos a la selección, Jordi era mayor y no iba con nosotros, pero el resto nos encontrábamos también en la selección… estábamos todo el día juntos.

¿Qué hacíais fuera del baloncesto? Lo que se pueda contar.

(Risas). Hacíamos mucha vida de… en verano, nos quedábamos en Menorca.

Tengo entendido que dabais la vuelta en barco a la isla.

Yo ahí no entraba porque esto lo hacían los penyeros. Yo llegué tarde y ellos ya hacían la vuelta en barco, pero yo iba a veranear con ellos. La vuelta en barco la hacían Jordi, Rafa, Jose y un par de amigos suyos de Menorca. Con Jose fuimos una vez a buscar a un amigo suyo, que había competido en Palma, y volvimos con el velero desde Palma a Menorca porque estábamos allí. Y luego quedábamos con las familias para comer o cenar, en casa de uno, en casa de otro. Hacíamos mucha vida juntos.

En tu última temporada de la primera etapa en el Joventut, la 87/88, es cuando te rompes los ligamentos cruzados de la rodilla, justo antes de la final de la Recopa contra Limoges.

Sí, en Canarias.

Aquella lesión te marcó.

Sí, marcó.

Fue tu primera lesión grave, ¿no?

Sí, grave sí. Había tenido cosas, pero esto fue una putada y más en aquella época, que te enyesaban toda la pierna un mes. Y claro, habías perdido toda la musculatura y después tenías que doblar y las pasabas canutas. Es una recuperación dura y en aquella época todavía más. Ahora te operan y al día siguiente te hacen doblar y empiezas a hacer recuperación. Allí estabas un mes con toda la pierna tiesa, enyesada, habías perdido la musculatura y toda la movilidad, entonces tenías que ponerte delante de una espaldera y empujar para romper adherencias, para darle flexibilidad al ligamento… Eran 8 meses durillos de recuperación, más luego coger el ritmo de jugar, que eso también tiene lo suyo, y perder el miedo y muchas cosas.

Después también tuviste otra lesión en la misma rodilla.

Sí, estas son las cosas de ser jugador profesional y de estar al último nivel. En aquella época estaban operando a los de las motos. Cuando se rompían el cruzado, les ponían fibra de carbono porque acortaba un par de meses la recuperación, o sea, recuperabas un poco más rápido que con la operación normal, y funcionaba. Lo que pasa, y eso nos pasó a los que lo hicimos, es que la fibra de carbono es de puta madre, muy resistente cuando es rígida, pero cuando tiene movimiento lateral se rompe, y se rompe quiere decir que explota, o sea, es como el mercurio, se convierte en bolitas pequeñas todas de… y explota, se rompe. Y a mí me explotó y a un jugador de balonmano que también se lo había puesto, y algún otro deportista. Con movimientos con rotaciones no era la mejor opción. Pero claro, estás allí con lo último de la tecnología, pero todavía no se ha probado lo suficiente y para unas cosas funciona y para otras no. Eso fue una putada porque un año y medio después se reventó.

Te volviste a lesionar en la misma rodilla en la 90/91, jugando en el Barça, por esto que estás comentando ahora.

Sí, se reventó todo y me tuvieron que volver a abrir, otra vez la recuperación.

¿Cómo recuerdas ese momento en el que reventó todo?

Con el ligamento sí que notas el dolor, pero cuando reventó no te da dolor porque, como te digo, esto se deshace, pum. Ostras, empiezas a notar que falla la pierna.

¿Estabas entrenando?

Sí, estaba entrenando: “Hostia, me falla la pierna. Voy a parar…”. Sí, sí, empiezan a mirarlo y ven que el ligamento se ha ido.

Pero no hiciste ningún giro brusco ni nada.

No, no, no. Así como la primera vez sí que hice un mate y por no caer encima de uno, me tiré a un lado, caí y giré, y sé exactamente cómo me lo hice, esto no, esto es… estás allí y de golpe y porrazo me falla la pierna, pero no es un dolor, no es un momento puntual. Piensas que es un mal gesto y tal, vuelvo a seguir y otra vez la pierna me vuelva a fallar.

Vaya faena, Xavi.

Yo estaba bien, la verdad es que hice una buena recuperación con Gonzalo Lorza, que luego fue el fisio de la Penya, me recuperé muy bien. Jugaba y no tenía dolores y funcionaba bien. Y fue una putada por eso, porque yo estaba bien, estaba jugando y además fue una putada porque era el año que Aíto se había puesto de general mánager y el entrenador era Boza Maljkovic.

La 90/91.

Sí, Andrés también se rompió la rodilla aquel año. Aquello fue una putada. Dices: “Hostias, estás aquí, estás jugando con un entrenador nuevo, una situación entre Aíto y él que tampoco funcionaba muy bien”. Además, un tío que dice: “Tú estás lesionado, tú no eres parte del equipo y te sientas en la grada”.

¿Eso Boza?

Sí, Maljkovic. Decía: “Tú no puedes entrenar y no juegas, tú no te sientas en el banquillo. A la grada”. Y dices: “Oye, a ver tío…”. Y bueno, fue un año cabrón, y cuando me recuperé me hicieron ir a jugar la liga de verano, que yo ya estaba entrenando con el primer equipo, se acabó la temporada y me dijeron: “Boza quiere que vayas a la liga de verano con el júnior”. Digo: “A ver…”. Me fui allí, entonces ellos: “No sé, que sí, que no…”. Y el Barça: “Oye, espérate”. Y yo: “¿Espérate? ¿Cómo que espérate?”. Y me vino la oferta de León y fue cuando fiché por León.

Pero antes de abordar tu etapa en León, estábamos hablando de que te lesionaste la primera vez de la rodilla en tu última temporada en el Joventut, y la siguiente regresas al Barcelona, la 88/89, cuando Petrovic ficha por el Real Madrid. ¿Qué cambios notas en el Barça después de dos años en la Penya?

Primero que Aíto en aquel momento estaba a años luz del resto de entrenadores, era un tío que preparaba todos los partidos, que entrenábamos a un nivel brutal, que exigía al máximo, que sacaba lo mejor de cada uno de nosotros, que te daba un informe de todas las jugadas del otro equipo, de cada jugador del otro equipo, sus puntos fuertes, sus puntos débiles, estadísticas… todo. Y que te preparabas para hacer doscientas mil cosas, tenías jugadas, defensas, teníamos una barbaridad de opciones con un equipo muy potente, con un nivel muy muy alto de entrenamientos, o sea, eran entrenamientos muy muy fuertes, muy fuertes quiere decir que entrenábamos más fuerte que jugábamos porque en los entrenos no pitaban faltas, y allí éramos todos muy competitivos, era una auténtica guerra aquellos entrenos. La ventaja es que nos llevábamos todos muy bien, y cuando se acababa el entreno se acababan las tonterías y no trasladábamos lo que pasaba dentro del campo fuera. Eso creo que lo hicimos muy bien y era una suerte que tuvimos, porque realmente la intensidad y exigencia eran muy altas.

¿Fue un subidón ganar al Madrid la final de la ACB en aquel quinto partido en Barcelona?  

Hombre, aquella serie fue interesante, fue muy divertida, pasaron muchas cosas.

Pasaron muchas cosas durante toda la temporada. El Real Madrid os había ganado en los partidos previos, pero en la final los derrotáis y conseguís ganar la ACB.

Sí, con un Petrovic que era muy buen jugador, pero era un pedazo de cabrón como contrario.

¿Recuerdas alguna anécdota con él de haberte chuleado a ti o a al resto del equipo?

Chuleado sí, el “hala Madrid, hala Madrid, hala Madrid” cuando iba ganando y pasándose el balón entre la piernas, y “hala Madrid, hala Madrid”, y tirarte al público encima cuando jugabas allí. Era un tío, o sea, siempre lo he dicho, como persona era bastante cuestionable, pero como jugador era impresionante, es cierto. Y yo creo que, aparte de que nosotros estábamos muy bien, pero el problema entre Fernando (Martín) y él, que no acabaron de funcionar, también nos ayudó a nosotros. Yo creo que aquello también fue a favor nuestro.

¿Sobre todo después de lo ocurrido en la Recopa que gana el Madrid al Caserta, con los 62 puntos de Petrovic en aquella final?

Sí, lo de la Recopa, pero yo creo que fue todo el año, que él llegó allí creyéndose la estrellita y tal, y Fernando era mucho Fernando, tú lo conoces más que has estudiado a fondo a Fernando. Dos gallos en el mismo gallinero y uno con una filosofía yugoslava, que es diferente de la nuestra, que tiene una mentalidad que es… diferente, y es difícil de encajar si no te has criado en aquella idiosincrasia.

¿Vosotros, desde el Barça, percibías aquella tensión entre los jugadores del Madrid a raíz de la llegada de Petrovic?

Hombre, estás allí, tú lo ves. Y más cuando van perdiendo, cuando tú vas ganando todo se difumina más, pero ves cuando pierden, sobre todo en ese playoff final, que dicen: “Hostia, que nos están ganando estos”. Entonces ves que salen más cositas… y quieras que no tú conoces a gente del equipo y hablas y te enteras de cosas. No es cosa de un momento puntual, yo creo que esto lo llevaron todo el tiempo que estuvieron juntos.

Faltó solo la Copa de Europa. ¿Qué pasaba con la Jugoplastika?

Hostia, ¿a mí me lo vas a decir que he perdido cuatro Final Four? He jugado cuatro y no he ganado ninguna. Mira, el primer año en Múnich, aquel año nosotros estábamos… entrenábamos que éramos unos bestias, jugábamos de puta madre, estábamos impecables. Hostia, y nos encontramos a estos cabrones que eran la polla, además tenían una mentalidad que iban perdiendo y seguían jugando igual, no se ponían nerviosos, y seguían allí, y estaban, tenían un talento impresionante. Y te sale el Toni, que era un chavalito de 20 años, que en aquel momento hizo pum, y hostia, te joden vivo. No pudimos, yo creo que la primera vez nos sorprendieron en Múnich.

Se presentaron en aquella Final Four casi como unos desconocidos. Os sorprendieron, ¿no?

Sí, salieron allí, el típico tapado que se dice. Y nosotros pensando: “Estos chavales. El Kukoc es un chavalín, este sí, este es bueno, pero todavía no ha hecho nada. El Dusko, el Ivanovic, tiene 40 años ya… El Tabak, el otro… unos chavalines. Sí, son buenos, son yugoslavos y tienen categoría, pero nosotros estamos muy bien”. Hostia, y nos jodieron. Y el año siguiente en Zaragoza, allí nosotros ya íbamos avisados y tal, y creo que en ese momento nos pudo el miedo escénico, porque íbamos bien, estábamos ahí, pero cuando se nos fueron un poco nos dio… yo creo que nos pesó un poco el: “Hostia, estos otra vez… nos van a joder otra vez estos”. Se nos metió eso y no acabamos de creérnoslo.

También recuerdo aquel triple que os metió Perasovic desde casi el medio campo al finalizar la primera parte.

Sí, todas estas cosas que dices: “Hostia, coño, joder. Otra vez no, otra vez no”. Y otra vez no te pesa, te pesa en momentos, te pesa en un tirito aquí, en un rebote allí, pum, pum, pum. Y cuando te das cuenta, nos han vuelto a joder. Y es así, el baloncesto es así de cruel, es la espinita clavada que tenemos todos los de aquella época. Supongo que si hablas con Epi la suelta siempre, todos tenemos esa espinita de decir: “Estábamos en el mejor momento, y teníamos que haberla ganado. Podíamos haber ganado dos o tres seguidas”.

La siguiente Final Four, ya con Boza Maljkovic en el banquillo, estabas lesionado.

Sí, ahí estaba lesionado. Y luego otra que jugué después, la de Tel Aviv, la que gana la Penya, la 93/94.

Sí, os derrota el Joventut en semifinales.

Sí, nos pusimos en una zona y nos metieron cinco triples seguidos. He perdido esas cuatro.

Has hablado antes un poco del cambio que supuso la llegada de Maljkovic al Barça como entrenador, en lugar de Aíto. Algunos de los estuvieron ahí me comentaron que era una situación muy complicada porque Aíto era el general mánager y Boza era el entrenador, y no se llevaban nada bien entre ellos.

Nada bien. Nunca lo he hablado con él (Aíto), pero yo creo que Aíto se equivocó ahí. Primero, era un perfil de entrenador (Boza) que no encajaba cómo funcionábamos nosotros. Era un tío que estaba acostumbrado a un sistema yugoslavo que allí les funciona muy bien, pero que aquí desde luego no existe, hay que hacer líneas después de los entrenos… Y dices: “Oye, tío, que nosotros estamos jugando para todos los títulos, que aquí jugamos muchos partidos, que aquí estamos entrenando mucho, no sé de dónde vienes, pero aquí…”. Y segundo, que Boza también tenía el carácter que tenía y yo creo que quería mandar, y que Aíto fuera el jefe, pues no quería, y entonces eso… Y Aíto tenía otra visión del baloncesto y chocaban permanentemente y yo creo que eso también se transmitía en el equipo. Toda esa tensión que había entre ellos se transmitía, y la prueba está en que duró lo que duró y que Aíto volvió, porque Aíto donde se encuentra, donde está es en la pista, y haciendo y dirigiendo él. Desde arriba él veía cosas y supongo que quería hablar con el otro, y el otro le decía que no y…

Me han contado auténticas salvajadas de los entrenamientos de Maljkovic, lo que has dicho tú de las líneas, gente vomitando en los entrenos…

Sí, sí, tenía una filosofía que dices: “Bueno, te ha funcionado, pero…”. Yo creo que un entrenador tiene que tener su carácter pero también tiene que adaptarse al sitio donde va, o sea, es una combinación difícil la de un entrenador y un equipo, ya que tú tienes tu estilo pero tienes que encajar con lo que tienes y adaptarte a lo que hay, y no intentar cambiar todo lo de un equipo que funcionaba bien.

De hecho, a la Final Four de París algunos jugadores llegáis lesionados.

Sí, lesionados, desmotivados, con problemas de mal rollo. Y claro, tú llegas y dices, te has pegado un partido, un viaje de no sé dónde, has dormido poco, llegas del avión que tienes las piernas cuadradas, y te dicen: “Vamos a entrenar ahora y además vamos a hacer líneas”. Y tú: “Hostia, tío, no me jodas, que no somos máquinas, que también necesitas un poco…”. Ya no digo físicamente, a nivel mental también, es decir, es que hemos perdido y entonces castigados. No, coño, a nadie le jode más que a mí perder, y porque me putees no se me va a pasar el cabreo, todo lo contrario, voy a seguir más cabreado.

Antes me has dicho que Boza, si estabas lesionados, te trataba como si no fueses parte del equipo.  

Esa final de París, Andrés y yo la vimos en la grada porque dijo que no formábamos parte del equipo, que estábamos lesionados. Él te decía: “Si tú no entrenas no eres parte del equipo. No estás”. Entonces dices: “A ver tío, que somos un equipo, que no me he jodido haciendo el gilipollas por la noche. Estaba trabajando aquí, estaba entrenando aquí y me he jodido aquí, y yo formo parte del equipo”. Bueno, estas cosas es lo que crean estas tensiones y ese mal rollo que había.

¿Qué pasó al final de temporada? ¿Por qué te hizo ir a jugar a aquella liga de verano con el júnior? ¿Quería contar contigo para la siguiente temporada?

No, no, no, aquello yo creo que… no sé por qué, a él yo no le gustaba. Y aquello yo me lo tomé más para demostrar que él era el jefe, porque tampoco me dio bola. Aquello fue por tocar los cojones, y punto.

Lo de jugar con el júnior ese verano antes de irte a León.

Sí, la liga de verano que hicimos en Andorra, me llevó allí no sé para qué. Porque además, luego te enteras y ya estaban negociando para fichar a Paco Zapata porque no me renovaron. Y me decían: “Y espérate, espérate, espérate”. Y dije: “No, no me espero nada. Yo tengo que buscar por mí”. Y ellos: “No te preocupes que si al final no te quedas, ya te encontremos un equipo”. Y digo: “No, ya me busco yo un equipo”. Y entonces fue cuando fiché por León. Yo había acabado contrato, no me renovaron y ya está.

Antes de llegar a tu etapa en León, Montero me comentó que aquel año, la 90/91, fuiste muy importante para él: “Me apoyó muchísimo, me aguantó en momentos difíciles. Fue un año muy difícil con Maljkovic de entrenador, y Xavi me dio muchísimo cariño y amistad. Ayudaba a sus compañeros y en esa faceta ha sido alguien muy importante en mi vida”.

Joder, se lo agradezco. Esto es lo que tiene tener buenos amigos, que exageran las cosas (risas). Aquel año fue un año complicado para Jose por muchas cosas. Su entrada en el Barça no fue una cosa fácil, venía de la Penya, la gente del Barça también a veces pueden ser muy crueles… se juntaron muchas cosas allí. Y Jose es un tipo de jugador que no encaja para nada, yo tampoco, con el estilo de Maljkovic, para nada. Y Maljkovic no entendió las capacidades que podía ofrecer Jose. Boza también quiso cambiar cosas de un jugador como Jose, cuando a ver… si lo que tienes que hacer es dejarle porque él solo crea magia, tiene unas capacidades y habilidades que no hay que decirle nada, simplemente hay que dejarle y apoyarle y darle un poquito en algún momento, pero nada más. Además, jugábamos en el Sant Jordi, que era un campo muy frío porque estaba el público muy lejos, estábamos acostumbrados al Palau, que es un campo genial para jugar, que tienes a la gente muy cerca, que se oye mucho, que tienes ahí el apoyo. No fue un año fácil. Jose y yo somos amigos, estábamos todo el día juntos cuando estábamos en la Penya, nos encontramos también en la selección. Es una persona que le das cariño y te lo da también, es mutuo, nos apoyábamos. Tampoco yo estaba en una situación fácil, y tener a alguien ahí que está contigo también te ayuda.

Ni en el Joventut ni en el Barça lo tuviste fácil al encontrarte con dos de los mejores jugadores españoles del momento en tu posición, Jordi Villacampa en algunos momentos, y Epi. Lo que tenías por delante en tu puesto eran palabras mayores.

Son dos de los mejores jugadores con los que he jugado.

Y jugaban en tu posición.

Bueno, Jordi un poco menos.

Sí, podía alternar en el 2 y 3.

Sí, pero por otro lado, también es la suerte que he tenido de que he estado entrenando con los mejores, y peleándome con los mejores. Y esto, lo que decía antes, es un máster continuo. Tú estás allí, te tienes que esforzar, te obliga a mejorar, te obliga a sacar más recursos, te obliga a trabajar más duro porque, coño, es que si no es un paseo cada entreno, y en cada jugada que hacen quedas en evidencia.

Con Margall también coincidiste.

Sí, aunque para mí, Margall es más fácil de defender, o sea, el Matraco es un gran tirador y si le das medio metro te la casca, pero es un jugador que es menos virtuoso con el balón, para crearse su propio tiro… todo eso. En cambio, Jordi te corre el contraataque, bota, te rebotea, te tira, te entra… no puedes descuidarte ni medio segundo porque te lo hace todo. Y Epi también, no es tan rápido, pero es un tío que es capaz de ganarse su espacio para hacer su tiro en medio metro. El Matraco físicamente era menos fuerte, menos potente, no jugaba tan físico, pero eso sí, ni medio centímetro porque con medio centímetro te la tiraba.

Y en los entrenamientos, ¿te lo ponía más difícil Villacampa que Epi? ¿Te hacía sudar más?

Sí, Jordi tiene todos los recursos que puede tener un jugador de baloncesto, y más. Es rápido, fuerte, salta, tira, rebotea, es listo, ve el juego. Epi es menos rápido, tiene menos dominio del balón, pero duros, son durísimos los dos. Con Epi sufres más a nivel físico, a nivel de bloqueos porque él sabe hacerlo, aprovecha los bloqueos y te llevas mil hostias. No obstante, sabes que si se te escapa un poquito en el contraataque tú llegarás, pero es que con Jordi no llegas, como se te escape medio metro en el contraataque ya no llegas. Y si llegas tarde te va a penetrar y te la va a meter para abajo, y si sale del bloqueo te la va a tirar (resopla). Es un sufrimiento, sí.

Abordamos si te parece la etapa en León.

Vale.

¿Por qué León? He hablado con Gustavo Aranzana, el entrenador de Elosúa León por entonces, y me comentó que aprovecharon la incertidumbre que había en torno a tu lesión, que se la jugaron, que apostaron fuerte por ti y que la gente se preguntaba cómo iba a venir Xavi Crespo del Barça, internacional con España, a León.

A ver, cómo fue lo de León. Lo de León fue… Higinio Alonso que era mi agente, me llama y me dice: “Tenemos tal, tal, tal, y tenemos León”.

¿Y los tales, se pueden decir qué equipos eran?

Si quieres que te diga la verdad, no me acuerdo, te lo digo en serio. Pero te voy a explicar cómo fue el planteamiento y la decisión. Higinio Alonso me preparó, me dijo: “Mira, es un equipo muy joven, han quedado los últimos, pero la gente que lleva el club son gente de baloncesto y quieren apostar por el club. Hay un sponsor detrás y toda una ciudad que lo apoya, van a fichar a Reginald Johnson, que había coincidido con él en la Penya, y un chaval, Raymond Brown, y tienes a…

Xavi Fernández.

A Xavi, ¿Javi o Xavi? Pero Javi en aquel momento no era el Javi que todos conocen luego, era un jugador bueno, que había jugado en Hospitalet y había llegado a León, pero no era un jugador conocido.

¿Le llamabais Xavi o Javi?

Yo siempre le llamé Javi mientras estuve allí, todo el mundo le llamaba Javi mientras estuvo allí, que a mí me parece perfecto que se llame Xavi, pero yo lo conocí y hablé con él los dos años que estuve allí, y todo el mundo que hablaba con él era Javi. Lo digo porque yo sí que soy Xavi, yo siempre me he llamado Xavi, aquí, en Valencia o en la Cochinchina. Pero si es igual, es una tontería. Entonces, el tema fue que mi agente me dijo: “Hacemos una reunión, que vengan López Dóriga y Ramón Fernández, que son el presidente y el director deportivo, y hablas con ellos”. Y dije: “Bueno, vale”. Y vinieron a Barcelona, fuimos a comer, y la verdad es que lo que me había dicho Higinio, era verdad. Ellos: “Nosotros apostamos por esto, queremos  trabajar con el baloncesto, tenemos la ciudad, el apoyo del sponsor, el ayuntamiento, la afición. Somos un equipo modesto, pero queremos trabajar y tú tendrás protagonismo, tú eres una de las figuras del equipo con Javi, vais a ser los dos referentes del equipo y vamos a basarlo en vosotros para…”. Y yo pensé: “Hasta ahora he sido un jugador polivalente, un sexto hombre que he jugado tal y cual, pues tener el protagonismo y ser uno de los pilares del equipo…”. A mí me atrajo el reto de decir: “Oye, a ver si eres capaz de ejercer este rol. De pasar de ser el sexto hombre, que juegas y tienes minutos, a ser tú el que tienes que dar la cara”. Y por eso fue la decisión.

Y lo demostraste, Xavi.

Bueno, depende de a quién le preguntes.

Las temporadas están ahí, tus estadísticas…

Sí, fueron los dos mejores años de mi carrera, con diferencia. Fueron dos años que yo me lo pasé muy bien, disfruté mucho jugando. Fueron dos años de madurar también, y fueron dos años en los que… es la primera vez que salía de Barcelona, y fue también muy interesante eso, hice muy buenos amigos. Hace dos veranos estuve allí viéndoles, de visita y tal, y sigo teniendo relación con ellos. Y la gente se volcó, la afición fue impresionante, cómo me trataron, cómo me recibieron, y realmente funcionó, o sea, quedamos terceros de la liga regular, una pasada. Nos clasificamos para la Copa del Rey por primera vez, para jugar en Europa.

Al año siguiente jugáis la Copa Korac y alcanzáis los cuartos de final.

Sí, por eso. Fueron dos años espectaculares, de disfrutar muchísimo con la afición, con la ciudad, toda la ciudad volcada. También fue una experiencia salir de un gran club y llegar a un club modesto que estaba empezando, que también había muchas cosas que mejorar. Recuerdo que ellos me preguntaban: “¿Y esto? ¿Qué piensas?”. También tenía esa confianza porque con López Dóriga hice mucha amistad. José Luis López Dóriga, una de las figuras más denostadas de este deporte y más injustamente tratadas por este deporte y por esta ciudad de León. Luego si quieres te hago un resumen un poco rápido.

Sí, por supuesto.

Ellos me preguntaban: “¿Allí cómo hacíais esto?”. Nosotros viajábamos en autocar, pero hostia, no puede ser que… yo decía a Ramón y José Luis: “No puede ser que tú hayas invertido un capital en nosotros, en Reggie, en Javi, en Josines, en mí… en todos, y que nos hagas entrenar el día antes del partido en un campo de cemento”.

Eran cosas que no cuadraban.

Hostia, no puedes hacer esto. Digo: “Mira, Reggie y yo no vamos a entrenar aquí porque lo único que podemos hacer es jodernos para mañana. Busca otro pabellón que tenga parqué”. Claro, es que eran muchas cosas… los dos periodistas que venían con nosotros, uno estaba escribiendo necrológicas y el otro no sé ni lo que hacía. Y de golpe y porrazo, dijeron: “Tú y tú hacéis el baloncesto”. Y estos eran los periodistas que hablaban de baloncesto. Entonces, en los primeros partidos que jugué, en las crónicas me daban hostias por todos los lados, y digo: “Hostia, ¿pero qué pasa?”. ¿Sabes qué? Les invité a cenar a los dos. Y les digo: “Oye, ¿qué pasa?”. Y ellos: “No, no pasa nada. No, claro, tal y cual”. Y yo: “Bueno, contadme”. Empecé a preguntar. Y ellos: “Vale, vale”. Al partido siguiente, oye, yo era el rey del mambo. Digo: “Hombre, a ver, tampoco…”. Pero tuve un error, y es que no invité al que hacía radio.

Y se enteró de que habías invitado a cenar a los otros dos periodistas.

Sí, de que había ido a cenar con ellos, y entonces él: “Ah, claro, os vendéis por una cena”. Bueno, total, que dije: “Mira, no entro más en esta mierda. Decir lo que queráis, hacer lo que queráis, no entro más en esta mierda”. Y luego lo pagué, pero bueno… A lo que íbamos, el baloncesto funcionaba muy bien, fue muy divertido los dos primeros años. Yo tenía otro año de contrato y decidieron hacer un expediente de regulación de empleo, y echarnos a Silvano Bustos y a mí.

¿Por qué?

Aquí viene la historia de López Dóriga, el presidente, es decir, de dónde viene todo esto. ¿Qué pasó? El baloncesto en León eran los López Dóriga, que era un aficionado al baloncesto que impulsó, se puso allí, estuvo trabajando, estuvo picando piedra con un grupo de gente que venía del mundo del baloncesto, y consiguieron que Elosúa, que era una empresa potente allí, esponsorizara y consiguieron hacer un proyecto chulo. De golpe y porrazo, esos que eran cuatro pringaos, dicen: “Hostia, jugamos la Copa del Rey y salimos por la tele, y el presidente sale por la tele, y vas a jugar a Europa, y sales en el periódico”. Y entonces los cuatro caciques, ricos, ilustres de la ciudad, dicen: “Ahora esto es guay. Esto es chulo”. Y deciden entrar en el club y echar al presidente y ponerse ellos de junta directiva. Y, cuando pasa esto, que es a finales del segundo año, la peña El Tambor, que era la peña que seguía al equipo por toda España, hacían cada año un cena, y hacen una cena en homenaje a José Luis López Dóriga para darle las gracias y despedirse de él. Y me llaman y me dicen: “Oye, Xavi, hacemos esto. ¿Podrías venir?”. Y yo había quedado con unos amigos, y digo: “Mira, tengo una cena, pero no te preocupes que por José Luis iré. Terminaré de cenar y llegaré para el café y estaré allí”. Y cuando llego allí, era un salón que estaba lleno de gente, toda la afición, y había una mesa presidencial donde estaba José Luis López Dóriga, y toda la nueva junta directiva. Yo llegué, claro estaba todo el mundo sentado, abracé a José Luis, le di las gracias y tal. Y… no les debió sentar bien.

Ya.

Aquel año fui a la selección.

Al Europeo del 93, ¿no?

Sí, de Alemania. Y cuando vuelvo de la selección me llama Higinio, yo estaba de vacaciones, y me dice: “Oye, Xavi. Que te quieren hacer un expediente de regulación de empleo”. Digo: “¿Cómo dices?”. Dice: “Sí, no tiene ningún sentido porque un expediente de regulación de empleo se tiene que presentar en el Ministerio de Seguridad Social, y entonces los inspectores tienen que hacer un análisis y decidir… pero ellos dicen que van a echarte”. Ellos no me dicen nada e Higinio me dice: “La semana que viene empieza la temporada. Voy a enviar un burofax, que nos notifiquen que día empieza la pretemporada. Tú te tienes que presentar porque si no te van a decir que no te has presentado”. Envía un burofax y responde el club: “El equipo Elosúa León empieza la pretemporada tal día, a tal hora en tal sitio”. Vale, pues nos presentamos allí, nadie nos dice nada. Yo venía de la selección, que había tenido muy pocos días de descanso, yo había seguido entrenando y estaba muy fuerte, y Silvano que es una máquina, está todo el día entrenando… es decir, los dos estábamos muy fuertes. Empezamos la pretemporada y era un día que hacía mucho calor, en León en verano hace un calor de narices y, lo típico, cuando estás en pretemporada nos quitamos la camiseta. Estábamos corriendo por un parque… Al día siguiente en la portada del periódico: “Ni la camiseta quieren ponerse”.

Madre mía.

Y yo digo: “Coño, ¿y esto?”. Al día siguiente nos volvemos a presentar, hacemos el entreno y tal, y nos dicen: “Ahora después del entreno, hay presentación oficial del equipo en el ayuntamiento”. A nosotros no nos dicen nada, nos vamos allí con el equipo, llegamos, entramos, nos sentamos en las sillas donde estaba toda la gente. Y empiezan: “Ahora vamos a presentar al equipo de este año. Fulanito de tal, fulanito de cual…”. Y a Silvano y a mí no nos nombran.

Tremendo.

No nos nombran. Bueno, bajamos, nos ponemos en la foto, salimos en la foto. Dos días después nos íbamos de pretemporada, y le digo a Higinio: “Oye, Higinio, ¿Qué hacemos”. Y él: “Vosotros a la pretemporada”. Nos vamos a la pretemporada, nadie nos decía nada, nosotros íbamos a nuestro rollo, entrenábamos… Volvemos de pretemporada y el primer entreno puertas abiertas. Vamos allí y nos encontramos a dos americanos, un pívot y un alero, que eran los que nos iban a sustituir. Primer entreno, puertas abiertas, todo el pabellón lleno de gente y nos dicen: “Vosotros dos al equipo suplente, contra el equipo titular”, donde estaban los dos americanos. Nosotros: “Bueno, vale”. Hacemos un partidazo, les dimos una paliza Silvano y yo, la gente aplaudiendo. Por la tarde Higinio recibe un fax que dice: “A partir de mañana, el señor Xavi Crespo tiene que entrenar físico de 10 a 12 de la mañana en esta dirección, en este gimnasio. Y por la tarde, de 5 a 7, en este pabellón para entrenar técnica”. Nos vamos allí, Silvano y yo hacemos dos horas de físico en el gimnasio por la mañana, y por la tarde dos horas con el entrenador del juvenil, entrada por la derecha, entrada por la izquierda, reverso, entre las piernas… A puerta cerrada, sin poder entrar nadie, y cada día en el periódico, portada, editorial, nota de opinión: “Que fuéramos a las minas a decirles lo que queríamos robar, que un cojo y un manco querían robar a León…”. Dos meses estuvimos así, apartados del equipo, hasta que al final los inspectores se negaron a aceptar el expediente de regulación de empleo porque decían que era totalmente fuera de funcionamiento. Al final llegamos a un acuerdo, hicimos un acto de conciliación, nos indemnizaron, yo volví al Barça y Silvano se quedó en Valladolid.

O sea, aquel expediente de regulación de empleo no llegó a ningún lado.

En un expediente de regulación de empleo tú no puedes decidir a quién vas a echar. Tú presentas: “Estamos en quiebra, no podemos asumir esto…”. Vienen los inspectores, analizan la empresa y deciden cuáles son las medidas a tomar, si realmente aquella empresa no es viable, si hay que despedir gente, si hay que vender cosas, si hay que cambiar la producción, o sea, toman la decisión los inspectores de trabajo, no puedes decir: “Te voy a echar”, eso lo primero. Y segundo, eso, si hubiera salido adelante, cualquier equipo de la ACB habría tenido la oportunidad de echar a quien quisiera… porque nosotros teníamos contrato, entonces cualquier equipo podría haber dicho: “Mire, tengo problemas económicos y estos me cuestan mucho dinero. Quiero echar a este y a este”. Y todos los contratos a hacer puñetas, toda la liga hubiera sido un follón de narices. La ABP no se presentó y nos dijo: “Seguir, seguir, aguantar allí que esto es importante”. Y yo: “¿Aguantar? ¿Tú quieres que Silvano y yo nos quedemos un año aquí sin jugar, que te está machando la prensa todo el puto día?”.

¿La prensa estuvo dos meses publicando barbaridades sobre vosotros?

Sí, pero ya no solo sobre nosotros, o sea, metieron a amigos míos de León, gente de León que eran amigos míos, a López Dóriga lo machacaron en la prensa, a todo el mundo… era un acoso y derribo brutal. Y yo he de reconocer que fuera de la prensa la gente siempre se portó fantástico conmigo, pero la presión era importante, y tú estabas allí, dos horas encerrado en un pabellón con un tío haciendo entradas por la derecha, entradas por la izquierda, y al gimnasio dos horas por la mañana. Y dices: “Pero, hostia, ¿cómo puede ser esto?”. Nadie te dice nada, ni nadie hace nada…

Supongo que sería durísimo todo aquello.

Fue muy duro, fue muy duro también para nuestros amigos porque es que les daban de hostias en el periódico sin venir a cuento, y unas salvajadas que no tienen nombre. Era todo porque los que estaban en la junta eran los que dominaban el cotarro en la ciudad, eran los que ponían anuncios en el periódico y apretaban para que hicieran esto. Es lo que tienen estas cosas.

¿Qué es lo que más te molestó de todo lo que se publicó? Aquello de decir: “Esto ya es el colmo”.   

Que Javi Fernández estuviera desayunando con la junta directiva, y no dijera ni hiciera ninguna declaración sobre la situación que estábamos viviendo, y era el capitán.

¿Perdona?

Que Javi Fernández, primero, no hiciera ninguna declaración sobre esto que estábamos pasando nosotros, él era el capitán del equipo. Que saliera en la prensa desayunando con la junta directiva, que nos estaba haciendo esto a nosotros, y que nunca hiciera nada por defender la situación… que nunca hiciera nada en contra de la situación. Lo que hizo fue apoyar la decisión de la junta.

Y todo esto era personalizado en ti y en Silvano, ¿no?

Sí.

¿Y por qué? ¿Por lo del abrazo a López Dóriga en aquel momento?

Sí, yo creo que aquello fue una de las cosas que les sentó mal, porque no fue nadie más del equipo.

Ya.

No fue nadie más del equipo. Javi Fernández, que era el capitán, no fue, que José Luis López Dóriga era el que lo había fichado, el que le dio la oportunidad de estar en León, el que lo había puesto allí, y no estuvo allí. A otros yo sé que les dijeron que no fueran y tenían menos peso, y estos sí que se dirigieron a mí y dijeron: “Xavi, lo siento, pero es que…”. Y digo: “No, no, si tú no tienes que hacer nada, tú no puedes hacer nada. El que lo tiene que hacer no lo hace”.

Eres una persona que vas de cara, que dices las cosas como son.

Sí.

Me lo ha dicho Gustavo Aranzana, Jose Montero…

Y Gustavo también estaba en el pan de Javi, tampoco hizo ninguna declaración y no hizo nada por… Pero bueno, es lo que hay. Con Javi, cuando vino a jugar a Barcelona después de todo este follón, que yo había vuelto al Barça, nos tocó jugar contra ellos (León) en el Palau Sant Jordi, y Javi se me acercó antes del partido, venía hacia a mí a saludarme y tal, y le dije: “Mira, no te acerques más. Si quieres hablar conmigo vamos a un sitio que no nos vea nadie, y entonces te diré lo que pienso realmente de ti. Pero aquí delante de todo el mundo, a ti no te saludo”.

¿Y te contestó o te dijo algo?

No, se fue.

Tengo una entrevista pendiente con él.

Pues ya le puedes decir que he dicho esto. A ver qué historia te cuenta él.

Te agradezco mucho tu sinceridad y que estés compartiendo momentos tan complicados como los que viviste en León.

Aquellos (la nueva junta directiva) encontraron su coto allí y querían ser los protagonistas y mira cómo acabó, les duró cuatro días. ¿Por qué? Porque estos solo iban por la foto, no iban a trabajar, no iban a apoyar el baloncesto, cosa que sí había hecho José Luis López Dóriga y la gente de antes, que picaron piedra para sacar de la nada y hacer un equipo de ACB. Estos lo cogieron allí y lo hundieron y desapareció.

Cuando publico alguna foto tuya por twitter con la camiseta de Elosúa León, la gente de León tiene muy buen recuerdo tuyo. Pero alguno comenta que tuviste un incidente con un periodista de allí. No sé si quieres hablar de ello.

Síííí.

Hay varios que lo han comentado.

A ver cuál es la historia que te han comentado, porque esta es muy divertida también.

Si quieres te cuento lo que me dijo Gustavo Aranzana.

A ver qué te dijo Gustavo.

Le pregunté sobre el incidente que tuviste con un periodista, había leído que al parecer hubo un tortazo. Y me dijo: “Sí, eso es verdad. No tuvo una muy grande… Xavi era un tío que, por su forma de ser, por su carácter, te decía las cosas a la cara, era un tío con una personalidad muy definida. Había un momento en León, que no estaba bien cuando empezó por la lesión, se tenía que recuperar de la lesión, y en ese tránsito alguna crítica le llovió, lógicamente. Y ya sabes, esas críticas en una rueda de prensa llegaron a voces más altas y tuvo un… ¿cómo llamarlo?, un enfrentamiento con un manotazo. No fue ni un puñetazo, de esas veces que te encaras con los brazos y hubo un pequeño enfrentamiento, pues nada… Fue un rifirrafe en una rueda de prensa, de tú me has dicho, tú has dicho, has escrito… el otro llegó, se enfrentaron, se pusieron la cara, y creo que le desmontó las gafas al periodista.

Es mentira, todo esto que te ha contado es mentira. ¿Por qué? Porque él estaba dando la rueda de prensa dentro y este periodista estaba en el pasillo esperándome.

Yo había entendido que había sido durante la rueda de prensa.

No, no. Él estaba dando la rueda de prensa, o sea, él no vio nada, nadie vio nada. ¿Cómo fue la cosa? Acaba el partido.

¿Cuándo fue esto, Xavi?

Yo ya me había ido de León. Había ido con el Barça. ¿Con el Barça? ¿O Con la Penya? No, con Valencia, creo… bueno, es igual. Habíamos jugado allí como visitante y vienen al vestuario y me dicen: “Te han convocado a la rueda de prensa. Cuando acabes de ducharte vas allí”. Digo: “Vale, vale”. Me ducho, salgo del vestuario, me doy la vuelta y voy al otro lado del pabellón, había que pasar por debajo de todas las gradas, era un pasillo largo, la sala de prensa estaba al final de todo. Todo vacío porque estaba dando la rueda de prensa Gustavo, estaban dentro todos los periodistas en la rueda de prensa, menos este que estaba en mitad del pasillo (una pausa de unos segundos). Y bueno, voy para la sala de prensa y cuando paso por al lado de él, no sé si le dije: “Eh, ¿estás contento?”. Y se me gira y me dice: “Eres un hijo de puta”. Y digo: “¿Eres un hijo de puta?”. Toma, pum, le di una bofetada. Empezó a chillar, entonces salió todo el mundo. Claro, yo me quedé allí, salió Gustavo: “Xavi, Xavi, tranquilo”. Yo: “No, yo estoy la mar de tranquilo”. Y ya está, no pasa nada. Gustavo: “Bueno, venga, ven, ven”. Me doy la vuelta, me voy, salgo a la pista y, cuando voy por la mitad del campo, se me acerca un tío: “Oye, Xavi, perdona”. Digo: “¿Sí?”. Y él: “Mira, soy policía y tienes que venir con nosotros”. Recuerdo que había quedado con mis amigos de León para cenar e iba para afuera para reunirme con ellos. Este periodista no estaba en la rueda de prensa de Gustavo, me estaba esperando. Luego me enteré que había sido él el que había dicho que quería hablar conmigo, que quería entrevistarme, por eso me estaba esperando, porque sabía que iba a ir por ahí. A mí me dijeron: “Te esperan en la sala de prensa, que te quieren entrevistar”. Y yo: “Vale”. No te dicen quién. Te dicen: “Oye, han pedido que vayas a la sala de prensa”.

Y en mitad del pasillo te estaba esperando.

Este, que luego me enteré que es el que había dicho que me quería entrevistar.

¿Y por qué le dijiste si estaba contento? ¿Porque ya no estabas en León?

Sí, porque te mira con la cara aquella y digo: “¿Estás contento?”. Porque después de estar allí dos meses machacando y tal, al final me echaron… Bueno, total, me llamó hijo de puta y es verdad, tengo un pronto, lo estoy trabajando, pero tengo un pronto… y le di una bofetada y le saltaron las gafas. Entonces, iba a salir ya, que había quedado con mis amigos para cenar, y cuando voy por mitad, se acerca alguien: “Oye, soy policía, que tienes que…”. Digo: “¿Cómo? ¿Por?”. Y el policía: “Que ha presentado denuncia y tienes que venir a la comisaría con nosotros”.

En un momento todo eso.

Coño, es que no había ni salido del campo. Y el tío aquel (policía) se portó… vino y me dijo: “Mira, vamos a llamar que venga un coche sin marcas, salimos por detrás, te vienes conmigo, que yo no voy vestido de policía, y nos vamos a la comisaría”. Y yo: “Vale, pues vamos”. Me sacan, me llevan. Me dicen: “Ha presentado denuncia por lesiones”. Y yo: “Vale, vale. Y ahora, ¿qué tengo que hacer?”. El policía: “Firmas aquí, ¿qué ha pasado?”.  Digo: “Me ha llamado hijo de puta, le he dado una bofetada, ya está, se ha acabado”.

Me voy, me olvido y… Mira, esto debía ser el año del Pamesa, ¿por qué digo esto? Porque cuando estaba en la Penya, en el 95 o 96, me llaman de la oficina: “Oye, Xavi, ha llegado una carta para ti”. Hostia, juzgado de León. Abro la carta y dice: “Celebrado el juicio y ante su no presencia por incapacidad de localizarle, se ha celebrado el juicio, es usted declarado culpable de una falta de lesiones y tiene usted que pagar una multa de 50 euros”. Y yo pensé: “A ver, para enviarme la notificación de la sentencia sí que me han localizado, y para notificarme que tengo un juicio, dice que no me han podido localizar”. Y yo: “A ver, que juego al baloncesto, salgo por la tele cada día, y solo me llega… ”. La verdad es que yo creo que en aquel momento tuve un poco de lucidez, y pensé: “¿Para qué le vas a romper la cara, si este no se lo merece?”. Y le di una bofetada con la mano abierta, porque si le hubiera dado un puñetazo, le hubiera abierto una ceja o le hubiera roto la nariz o algo, seguramente sí que habría ido la cosa a peor. Pero no, si es que además le di una bofetada… fue más humillante que otra cosa. Y luego me arrepentí, diciendo: “¿Por qué le das tanta importancia a este?”. Pero hostia, encima me a venir a tocar los cojones, no. Pero ya está, no pasa nada.

Vamos a hablar, si te parece, de otras cosas, Xavi. En la 93/94 regresas al Barça, ya me has comentado que pierdes tu cuarta Final Four. Y, la temporada siguiente, fichas por el Pamesa Valencia, que fue un año complicado por el descenso.

En Valencia fue un año muy complicado, fue el peor año que he vivido como jugador, y fue por muchas cosas. Se ha visto que era un proyecto interesante, con mucho potencial de los Roig detrás, y este era el inicio del proyecto. Estaban ahí Víctor Luengo y Rodilla, que eran chavalines jóvenes, estaba Juan Carlos Barros, estaba… no me acuerdo, y mira que era buen tío, un pívot que venía del Estudiantes. Si estaba todo el puto día con ellos, con Juan Carlos Barros y… ya lo diré, ¡Pedro Rodríguez!, joder macho, es buena gente. Y Manu Moreno que era el entrenador. No empezamos bien la temporada, y yo creo que fue un fallo de ellos de no tener un poco de paciencia, echaron a Manu Moreno.

Y ficharon a Herb Brown.

Y ficharon a Herb Brown y además trajeron a dos americanos que eran unos mercenarios de cojones. Y Herb era un tío especial también, con una filosofía y una manera de actuar… y aquello fue a peor de una manera brutal. Yo creo que si hubieran tenido un poco más de paciencia con Manu Moreno, que era un tío que te ha llevado hasta aquí, haber apostado un poquito más por él y haberle dado un poco más de confianza, era un tío que trataba bien a los jugadores, a mí me gustaba. Pero a la primera de cambio hicieron eso y trajeron a Herb, que era un tío netamente diferente y trajeron a estos jugadores, el Joshua Grant y el Mason, y el Joshua Grant era un tío, pues bueno… de estos americanos de segunda línea que lo que hacen es, pillan aquí media temporada porque han echado a uno, luego se va a jugar a otro sitio, y este a lo que venía era a hacer sus estadísticas para tener sus números para el año siguiente fichar por otro equipo.

Y eso implicaba que él era un 3 – 4, un tío raro, una cosa rara, se salía mucho fuera, te obligaba a ti a moverte a otros sitios. Yo no encajé muy bien con aquel juego y una cosa te llevaba a la otra. Además, la gente tampoco tuvo mucha paciencia conmigo. Yo estaba allí con Víctor, Nacho Rodilla, con los de la casa. El público tampoco me aceptó del todo bien y fue un año muy complicado.

Regresas al Joventut en la 95/96, donde juegas tus dos últimas temporadas. Buscando información sobre tu vuelta a la Penya, se publicó en aquel momento que te ficharon, pero podían rescindir tu contrato si te accidentabas dos veces. ¿Fue así?

No lo recuerdo. No me suena. Yo no creo que firmara esto, pero igual lo podía haber firmado porque yo estaba bien y me encontraba seguro. No creo que firmara eso porque es una clausula absurda porque, a ver… no me jodas.

Sí, te puedes lesionar de cualquier cosa.

Te puedes lesionar de doscientas mil cosas, no tiene nada que ver. Además, pasé una revisión médica antes de fichar, que dice si puedes o no puedes jugar.

Si hay un recuerdo destacado de estos dos últimos años en el Joventut, es tu  partidazo en la final de la Copa del Rey contra el Cáceres, precisamente en León. Sales en la segunda parte y el Cáceres consigue una ventaja de 17 puntos al poco de comenzar este periodo, 51 a 34. Creo que no habías jugado ni un minuto en la primera.

Ni en toda la Copa del Rey.

Te sacan en la segunda parte y enchufas tres triples, y a partir de ahí se produce la remontada y acabáis ganando la Copa.

Sí, defendí… a Paraíso lo paré bastante también. Fue un partido bueno, y Jordi (Villacampa) estaba lesionado, que también era un hándicap. Esto se lo pregunté a Alfred Julbe hace poco, le pregunté: “Oye, ¿por qué me sacaste a mí?”. Y me dijo: “Porque te vi en la rueda y dije: ‘Este tío está metido en el partido’”. Y salió bien, sí.

Hablé con Alfred Julbe sobre tu actuación en este partido, y me comentó: “Él no estaba jugando, yo ya iba dando empuje a la generación nueva. Y en la final que jugamos de la Copa del Rey, al ir de favoritos contra el Cáceres, se nos encoje la mano, como si el aro tuviese una tapa, y esa era un poco la broma, que sale Xavi y destapa el aro y acabamos ganando fácil cuando íbamos perdiendo de 17”.

Sí, todo el mundo ve los tres triples y es muy chulo, y parece que solo he jugado ese partido en toda mi carrera porque sale en todos los sitios y es de lo que la gente se acuerda. Yo no veía baloncesto, pero un día me salió este partido y lo vi. Y me ha gustado este partido. Así como otros míos que he visto he pensado: “Aquí macho, podías haber hecho bastante más”. En este estoy contento, no solo por los tres triples, que creo que están bien tirados, sino de la defensa, de todo… o sea, estoy muy satisfecho de este partido.

Juegas la segunda parte entera, cuando remontáis y, como dices, defiendes muy bien a Paraíso, que era uno de hombres fuertes del Cáceres.

Sí, Manolo Flores me lo recuerda siempre, el cabrón.

¿Qué te dice? (Manolo Flores era el entrenador del Cáceres).

“Como te odio por lo de León. Qué cabrón”. Me alegro porque fue mi último año, también era el último año de Jordi, y también me alegro por Jordi de que, aunque estuviera lesionado, pudiera levantar ese título. Fue un momento chulo, de un club chulo, un club al que yo quiero mucho. A mí siempre me han tratado… Yo, la verdad es que tenido medio suerte, en la Penya me han tratado siempre bien, en León, la gente, no los directivos estos, siempre me ha tratado de maravilla, es más, ya te digo, hace dos veranos estuve allí y la gente por la calle: “Hombre, Xavi…”.

Me tratan de maravilla y siempre me han tratado muy bien, y en el Barça también, o sea, no tengo ninguna queja en este aspecto, de cómo me han tratado. Y me alegro de haber terminado en la Penya ya que no pude hacerlo en el Barça, porque estaba en casa también. Disfruté las dos épocas que estuve allí, mi primer contrato profesional fue con la Penya los dos primeros años, y los dos últimos de mi carrera también fueron allí.

Un bonito final a tu carrera profesional.

Sí, además con Alfred las dos veces, que es interesante, es curioso.

Y con dos americanos que han dejado huella en España, Andre Turner y Tanoka Beard.

Tanoka era un tío curiosísimo, era muy buen tío, una bestia físicamente, no era un gran talento, pero hacía su trabajo. Y Andre era un tío… tenía un control, experiencia, sabía manejar todo, algunas veces un poco jugón para él, en algunas circunstancias, pero en general era un artista. Los dos eran buena gente.

¿Erais conscientes de lo felices que hicisteis a mucha gente con aquellos años de baloncesto, que fueron años de un gran boom de este deporte en España? ¿O no eres consciente hasta que te retiras?

Yo te voy a contar dos partes de esto. Una es, yo todavía me sorprendo y me halaga que hoy, 27 años después, me encuentre gente por la calle y me diga: “Qué feliz que me hacías. Yo seguía el baloncesto en aquella época. Cómo nos hicisteis disfrutar”. Eso es una satisfacción. Y luego, otra que es más profunda, no te das cuenta, pero es más importante. Me acuerdo que fui a comer con un compañero, llegamos a un restaurante y había…

Con Andrés Jiménez.

Sí, ¿la sabes esta?

Creo que sí. Pero cuéntame, por favor.

A ver si es la misma. Y había tres o cuatro mesas allí, un matrimonio… Total, que vamos a comer, el primero, segundo, los cafés y tal. Y cuando estamos con los cafés, el matrimonio se levanta y se acerca: “Oye, perdonad que os molestemos”. Nosotros: “No, ningún problema”. El matrimonio: “Queríamos daros las gracias”. Nosotros: “¿Las gracias, por qué?”. Ellos: “Hace poco estuvisteis visitando el hospital, en oncología, y nuestro hijo estaba allí y le hicisteis muy feliz, estuvo encantado y estuvisteis tan agradables con él… Estuvisteis un rato hablando con él y le hicisteis tan feliz”. Nosotros: “Muy bien. Nos alegramos. ¿Y qué tal, cómo está?”. El matrimonio: “Murió una semana después de que vosotros estuvierais allí”.

Esta es la parte más importante porque la paradoja de esta historia es que, aquella visita al hospital, la haces porque el club te dice: “Mañana vamos a ir al hospital”. Y no eres consciente de ese impacto que tiene, no eres consciente de… Coño, tú estás haciendo lo que te gusta y además te pagan por hacerlo, es la hostia. Pero eso transciende más allá del baloncesto y está muy bien que alguien esté muy contento porque ha ganado un título el Barça, la Penya o quien sea. Pero que un matrimonio te espere a que termines de comer para venir y darte las gracias porque hiciste feliz a su hijo, que murió una semana después. Hostia, esto es… más allá.

Los deportistas muchas veces no son conscientes, o no somos conscientes de ese poder, esa capacidad que tenemos, y no la utilizamos correctamente ni le damos la importancia que tiene.

Se me viene a la cabeza una anécdota que me contó Brad Branson cuando lo entrevisté. Me contaba Brad, que cuando estuvo en Valencia por el 30º aniversario del club, salía del restaurante después de la cena cuando vinieron dos hombres a saludarle, dos fans. Y le dijeron: «Branson, ¿te acuerdas de nosotros?». Brad les dijo que no se acordaba de ellos. Resulta que eran dos chavales, dos hermanos, que venían a todos los entrenamientos del Valencia cuando él jugaba allí. Como no podían ir a los partidos porque su familia no podía pagar las entradas, faltaban a la escuela para ver los entrenamientos. Pues bien, un día se paró a hablar con ellos: «¿Qué pasa? ¿Por qué no vais a la escuela?». Y le contaron que no querían ir a la escuela, que no les gustaba. Brad les dijo: «A partir de hoy, si vosotros vais a la escuela todos los días, si os comprometéis a ir todos los días, os compro un abono a cada uno por todos los años que esté jugando aquí». Y Brad compró un abono a cada uno. Aquel día, después de la cena del 30º aniversario, vinieron a darle las gracias y le comentaron que habían terminado el instituto, la universidad y que tenían su propio negocio. Brad estaba tan emocionado que no pudo ni hablar. Me contaba Brad, que esta anécdota es uno de los mejores recuerdos que puede tener del baloncesto. Para acabar me decía que es muy bonito ganar partidos, títulos, pero es más bonito cuando tú puedes ayudar a los demás.

Está muy bien que la gente esté contenta porque ganas un título y la alegría que les das, pero está toda esa parte que es mucho más potente y que no se trabaja bien. Yo, a raíz de eso, luego siempre he estado vinculado con la Asociación de Deportes para Discapacidades Psíquicas, y siempre que me piden ir a un sitio de estos voy. Es que no sabes lo que te llena y lo que te llevas tú.

¿No eres consciente en esos momentos de todo eso?

No, y cuesta tan poco. Y puedes hacer eso, cambiar la vida de dos chavales, como Brad. Coño, ¿cuánto gente puede decir que ha cambiado la vida de alguien? Es la hostia. El poder ese, la satisfacción de decir, lo que tú dices: “Estos dos chavales podían haber acabado cargando ladrillos, y como fueron ahí, estudiaron, cogieron el ritmo y han sido capaces de forjarse un futuro”. Que no quiere decir que levantar ladrillos no sea totalmente respetable, y que es un trabajo igual de válido como cualquier otro. Pero, hostia, si tienes la oportunidad de hacer que alguien mejore su calidad de vida, esto no tiene precio.

Te retiras con 31 años, eras muy joven todavía. Y en tu última temporada ganas la Copa del Rey con el Joventut, con aquel partido del que hemos hablado antes. No sé si ya habías pensado antes en dejar las canchas o lo decides durante aquel último año. ¿Cómo se va fraguando tu retirada del baloncesto?  

Esta es la otra parte… hemos empezado hablando de la salud mental, de los chavales… y el otro problema es cuando te retiras. Yo me jodí en un entreno antes de las vacaciones, me dio un pinchazo en la rodilla.

En la rodilla que te habías lesionado.

Sí, la izquierda. Fui al médico y me dijo: “Descansa, la tienes muy machacada”. Y aquello no acababa de funcionar. Y entonces dije: “A mí me ha costado mucho llegar hasta aquí, mucho esfuerzo, mucho sacrificio, y no puedo ya. La rodilla ha dicho basta, se ha roto”. No quiero que nadie diga nunca: “Mira Xavi lo que fue y mira ahora”.

Que acabases arrastrándote por el campo por jugar algún año más.

Sí. Y aparte la rodilla dijo basta y se acabó. Y hasta allí llegamos. Me has preguntado, ¿te lo habías planteado? Hombre, ya ves que no estás como cuando tenías 25 años, que vas notando que la rodilla… hasta que dijo basta.

¿Y el cambio? ¿Cómo es esa nueva vida? Pasas de ser un deportista profesional, con toda la repercusión social que teníais, a abandonar las canchas y…

Ahí entra el aterrizaje en la vida real, en un mundo de decir: “Oye, tú has hecho un trabajo, has triunfado en este trabajo a cierto nivel, has conseguido llegar al máximo, y de golpe y porrazo aquello, en teoría, no te sirve de nada”. Y además piensas: “Pero no pasa nada porque mañana van a empezar a llamar a la puerta para ofrecerme un trabajo súper chulo, bien pagado, relacionado con el baloncesto y esto va a seguir”. Lo jodido es que de golpe y porrazo no llama nadie. Dices: “Igual se ha estropeado el teléfono, se ha estropeado el timbre”. Y nadie llama, y nadie llama y nadie llama. Y entonces entran en juego muchas cosas que te ha dado el deporte, como por ejemplo, la resiliencia, decir: “Hay que reinventarse”. Y reinventarse no es fácil. Recuerdo que alguien que conocía me dijo: “Mándame tu currículum”. Y yo: “¿Y qué quieres que te ponga en el currículum? Las veces que he ganado la liga, las veces que he sido internacional, las Recopas que tengo, que dejé de estudiar con 16 años”.

Tienes que reinventarte, hacer una cura de humildad, de decir: “Antes era Xavi Crespo baloncestista, que ahí está y eso no te lo quita nadie. Y ahora eres Xavi Crespo, ¿qué? Otra cosa. Y hacer esa nueva vida”. Y no es fácil, pasas de ganar mucho dinero a ganar cero. Si no has sido un gran inversor, como es mi caso, has perdido más dinero del que has ganado.

Mientras estás jugando nadie te enseña todo esto, por ejemplo, saber invertir bien el dinero que vas ganando.

Nadie te enseña, y tú no tienes ninguna formación de nada… o sea, perder dinero es muy fácil. La gente se cree: “Tú has hecho dinero…”. Sí, sí, y gastarlo es facilísimo, ¿eh? Y perderlo, por ejemplo, decir: “Vamos a hacer un negocio… ha ido mal, pues mira, no hay nada”. La vida cambia y las circunstancias cambian, y entonces pasan cosas en la vida, y acabas diciendo: “Tengo que levantarme y empezar de cero, y empezar otra vez a forjarme la vida”. Y las pasas canutas, yo las pasé canutas, lo pasé mal, lo pasé muy mal. Y por suerte me rehice y, hoy en día, realmente no me puedo quejar. Estoy feliz, estoy contento, tengo una pareja maravillosa, disfruto haciendo lo que hago… y no me puedo quejar.

¿Tienes hijos?

Sí, dos hijos con mi primera mujer.

Has hablado de que lo pasaste realmente mal cuando te retiras, que las pasaste canutas. ¿En esos momentos encuentras el apoyo de alguien?  

Mira, te voy a poner ejemplos de pasarlo mal. Sí, lo pasé muy mal, tuve que volver a casa de mi padre, sin dinero, sin nada. Y gente alrededor, sí, por ejemplo Jordi Villacampa estuvo ahí cuando lo necesité, y me ayudó a hacer unas vacaciones con mis hijos. Bueno, ayudar no, pagó unas vacaciones de Navidad con mis hijos porque yo no podía ir a ningún sitio, nos invitó él, nos lo pagó él. Y otros amigos estuvieron allí dando la cara, uno que murió hace poco, un buen amigo, estuvo allí y me dio su apoyo. Y gente que me buscó oportunidades de trabajo. Pero tienes que hacer ese proceso y también entender que ya no eres alguien conocido, y que tienes que aprender, esforzarte y tener la capacidad de tener ganas de aprender. Con 40 más o menos, me acababa de divorciar y estaba trabajando en un club deportivo de director de ventas y, la que hoy es mi pareja, Laura, me comentó: “Hacen un Máster de Sport Management orientado a deportistas… lo tienes que hacer porque es interesante, yo lo voy a hacer”. Y yo pensé también: “Es verdad, tú necesitas tener herramientas, estás espabilando y estás haciendo cosas, pero necesitas tener más herramientas”. Donde estaba trabajando no me dieron permiso para hacerlo y lo hice al año siguiente. Unos amigos me habían contratado en su empresa y me permitían compaginarlo. A nivel económico iba muy justito, pero lo hice y no me arrepiento en absoluto. A partir de ahí me salieron más oportunidades…

Es una de las cosas de las que te das cuenta, y dices: “Coño, cuando tenías tiempo, cuando lo podías hacer, que tenías viajes y estabas horas en aviones, en aeropuertos, en hoteles, podías haberlo hecho y aprovechar el tiempo en aquel momento y, seguramente, muchas de las decisiones o las cosas que no salieron bien en tu vida, habrían salido diferente”.

¿Tuviste que terminar los estudios?

No, por suerte era un título propio, era un título oficial, que se hizo específicamente… Mi mujer fue la que movió el tema e hizo que hicieran un máster para deportistas, para gente que ya estábamos retirados. Ella había sido patinadora sobre hielo y estaba trabajando, estaba dirigiendo la pista de hielo del Barça y también había dejado de estudiar. Buscó e hizo un contacto con Johan Cruyff, y con La Salle se hizo un acuerdo e hicieron un máster para deportistas, estaban Jordi Villacampa, Enric Masip, Rafa Jofresa, Dani Ballart, Jordi Sans… muchos deportistas que ya estábamos trabajando, pero no teníamos unos estudios. Por tanto, te daban unas herramientas que te ayudaban a tener más recursos.

¿En qué estás trabajando ahora?

Doy clases de eventos deportivos, de inteligencia emocional, liderazgo, gestión de equipos, habilidades directivas…

Tu experiencia estará muy presente en todas estas charlas, ¿no?

Sí, porque aparte también soy coach de equipos. Son temas que me interesan, son temas que he vivido y además me gusta dar clase con los chavales.

¿Qué es lo más duro que has vivido en tu carrera deportiva? ¿Las lesiones, lo que pasaste en León, el vacío cuando te retiras…?

Hombre, la lesión es sin duda un momento jodido para un deportista. Es uno de los momentos más jodidos y más una lesión grave. Torcerte un tobillo es una semana, pero una lesión de meses es… y además con 21 años que te puede cuestionar toda la carrera… es un momento complicado. Si hablamos de toda mi vida (se queda pensando unos segundos), no sé, muchas cosas… cuando murió mi hermano. La vida te va dando golpecitos, y también la situación del divorcio, la situación de estar económicamente jodido. La vida te da, pero la cuestión es levantarte, no sé quién lo dijo, lo he oído alguna vez, no importa cuántas veces te caigas, lo importante es levantarse.

Tú te has levantado muchas veces, Xavi. Y tiene mucho mérito.

Algunas… ¿Mérito? Tiene el mérito justo. Cuando estás en las situaciones tienes…

Hay deportistas que han caído y no se han levantado.

Sí, hay situaciones muy complicadas. Es cierto, y cada vez que alguien me hace esta puntualización que tú haces, me acuerdo de Jesús Rollán, que yo lo conocía, era un tío encantador, simpático, vitalista y tal, y dices: “Hostia, ¿cómo puedes acabar allí?”. Sí, sí, hay momentos en que la vida te da duro. O Lalo García, por desgracia también hay muchos ejemplos de estos.

O mira ahora Ricky Rubio o Álex Abrines.

Sí, pero no estamos hablando de lo mismo.

Sí, son casos diferentes.

Sí, una cosa es tener un bajón y tener unas situaciones de estas, y la otra es que te lleve a acabar con tu vida, que esto es otra cosa, son situaciones… Pero sí, resiliencia y capacidad de esto y pensar siempre: “Hay que ponerse. Y si hay que vender en farmacia, pues se vende en farmacia. Y si hay que hacer otras cosas, pues se hace lo que haga falta porque hay que salir de aquí y tirar adelante”. Y es la única manera que yo conozco de hacer las cosas, el decir: “Estamos aquí, esto ha pasado y ahora hay que mirar adelante y hacerlo mejor que la última vez”.

¿Tuviste momentos de depresión durante esos meses después de la retirada?

No porque hice una cosa que es de las cosas inteligentes que he hecho en mi vida, busqué algo que hacer, quiere decir, buscar algo que me motivara. Por entonces conocía al amigo de una amiga mía, que su hermano era el presidente de una ONG. Y le dije: “A mí me gustaría colaborar”. Y estuve 6 o 8 meses como si trabajara allí, sin cobrar, sin nada, trabajando en el departamento de comunicación, hacía entrevistas, hacía cosas y tal… estaba trabajando, pero sin cobrar, para tener una rutina. Eso generó que 3 años después me contrataran en la ONG y estuve 3 años de director de relaciones institucionales y portavoz. Cuando tú haces cosas que te interesan, eso va generando oportunidades para hacer otras cosas. Hacer un máster con 40 años luego te abre la oportunidad de un trabajo, de dar clases y hacer muchas más cosas.

¿Qué consejos darías a los deportistas que están ganando mucho dinero, para evitar que cuando se retiren, como me has dicho que te sucedió a ti, puedan pasar dificultades económicas?

Primero, intentar formarse para entender un poquito. Y segundo, lo más barato que hay en el mundo, cuando tienes dinero, es contratar a un profesional para que te ayude a gestionarlo. A un profesional, que quiere decir pagar a alguien que sea bueno para que haga su trabajo. Porque, ¿qué pasa? Es muy fácil que… es que este es mi papá, es que este es mi amigo, este es mi hermano, este es mi cuñado, este es mi suegro… y por muy buena voluntad que tengan, que a veces no es así, no son especialistas. Yo siempre pongo el ejemplo de David Beckham, que tiene 15 personas contratadas que le gestionan su vida porque es un negocio, es una marca. Cuando tú tienes mucho dinero y no tienes los conocimientos, busca a alguien que te asesore y lo pagas. Lo contratas, dices: “Yo le contrato a usted y usted me gestiona esto y me lo explica”. Y yo intento formarme un poco para entender de qué me habla usted y para poder tomar decisiones en un momento determinado, porque al final voy a tomar yo la decisión. Pero tener a alguien, a un profesional. ¿Por qué? Porque perder dinero es muy fácil, muy fácil, mucho.

¿Confiaste en personas para gestionar tu dinero, que no tenían buena fe o no sabían hacerlo?

Sí.

¿Los dos casos?

Sí, los dos casos.

¿Te pilló por sorpresa comprobar que no tenías nada cuando te retiras, o era algo que ya ibas viendo según se iba acercando la retirada?

Cuando tú estás jugando va entrando dinero, es decir, mañana, el mes que viene o dentro de dos meses volverá a haber, y es así. Y cuando no estás preparado, no tienes el conocimiento y te vuelves tonto del culo, porque te vuelves tonto del culo, o al menos yo me volví tonto del culo… es cierto que no todo el mundo se vuelve tonto, pero yo sí, y olvidé de dónde venía. Y eso se paga, es así.

¿Hiciste gastos innecesarios a lo mejor?

Totalmente, y entras en un ritmo de vida porque el entorno es así y hay dinero. ¿Es necesario cambiarse el coche cada dos años? Pues no, no es necesario, es lo más absurdo del mundo, además.

Sí, porque es perder dinero. Los coches enseguida pierden valor.

Claro, en el momento en que lo matriculas ya has perdido dinero, y si encima lo vendes todavía has perdido más porque no recuperas nada, y no has amortizado nada… Todas estas cosas, si tienes a alguien al lado que tiene criterio, que te gestiona, te ayuda y te explica, y te dice: “Oye, a ver. Pero si estás perdiendo dinero. No ves que esto no te sirve de nada. Para hacer eso, alquílalo, alquila un coche que te saldrá más barato”. Es una chorrada, pero te saldrá más barato que comprar uno, venderlo por nada y pagar otro que vale más.

Sí, es un buen ejemplo.

Sí, es con todo. O para que quieres una casa de no sé cuántos miles de metros… no sé, ¿es lo que necesitas realmente? ¿O tienes que ir a comer a un restaurante que vale una pasta porque es lo que está de moda? ¿O prefieres ir con unos amigos a tomar unas bravas y unas cervezas, que es donde disfrutas de verdad?

¿Hubo gente que se arrimaba a ti cuando estabas en la élite y luego desaparecieron en los momentos difíciles?

Sí, claro. Amigos hay poquitos, conocidos algunos y saludados muchos, como decía uno. Pero amigos hay poquitos. Yo, por suerte, tengo bastantes todavía del mundo del baloncesto. No me puedo quejar. Y he de reconocer que muchas veces no he estado todo lo atento que debería haber estado en ciertos momentos, pero no me puedo quejar y tengo muy buenos amigos.

Suscríbete a Gigantes para más entrevistas en profundidad