Baloncesto y geopolítica: así está el tablero del basket mundial
El baloncesto hace tiempo que ha dejado de ser un deporte para convertirse en una Industria Global que proyecta poder, influencia y negocio alrededor del planeta. Este artículo analiza los focos de atención que están rediseñando el mapa mundial de la próxima década: Estados Unidos, Europa, Oriente Medio, China y África
Zbigniew Brzezinski fue Consejero de Seguridad Nacional durante el gobierno de los Estados Unidos de Jimmy Carter (1977-1981), profesor en la Universidad de Harvard y un célebre analista político norteamericano de origen polaco. Su libro «El Gran Tablero Mundial» analiza los intereses estratégicos norteamericanos en el mundo posguerra fría. El título y las primeras lineas parecen escritas para el baloncesto.
«La actual supremacía estadounidense se destaca por la rapidez con la que ha surgido, por su alcance global y por la manera en como se ejerce. En el transcurso de un solo siglo, los Estados Unidos se han transformado a sí mismos -y han sido transformados por las dinámicas internacionales- de tal manera que un país que estaba relativamente aislado en el continente americano se ha convertido en una potencia con unas capacidades de acceso y control mundiales sin precedentes».
Artículo publicado originalmente en la revista de diciembre de 2025 que puedes conseguir aquí
La diferencia conceptual en el nacimiento de FIBA (1932) y NBA (1946) les dotó a ambas de una progresión que las marcaría definitivamente: amateurismo y profesionalismo. Con el paso de los años, la Federación Internacional se dio cuenta que no podía ignorar el baloncesto estadounidense y, aunque decidió reconocerlo y abrazarlo para los Juegos Olímpicos de Barcelona 92, ya era tarde. La dimensión de la NBA era tan grande que era imposible dominarla. Es más: la fuerza, el liderazgo, el carácter global y la penetración del baloncesto norteamericano le han posicionado los últimos cuarenta años cómo el auténtico dominador del mundo en este deporte.
El músculo financiero de la NBA es inigualable. Algunos ejemplos: según SportsValue, el valor de mercado de la liga supera los 130 mil millones de dólares y prevé ingresar en 2025, 14.300 millones. Parte de estas cifras se apoyan en los tres nuevos contratos televisivos con ESPN, NBC Sports y Amazon Prime on Video por el que ingresará 76 mil millones en 11 años, a lo que hay que añadir una media de 22 millones de entradas vendidas por temporada y toda la actividad generada a partir del merchandising. Con un pabellón en propiedad, Golden State Warriors es la franquicia con mayor valor de mercado, 11.330 millones de dólares seguido de Los Angeles Lakers y New York Knicks
LeBron James, ya ha facturado a lo largo de su carrera más de 1.000 millones de dólares por ingresos salariales y de patrocinio, y el jugador mejor pagado de la NBA actualmente es Stephen Curry, con casi 60 millones de dólares.
La NBA funciona como una máquina enorme que sólo va bien si todos los años crece un poco más. Si los ingresos de la Liga suben, también suben los salarios de los jugadores, el valor de las franquicias y el dinero disponible. Pero si algún año, la NBA gana menos todo es más pequeño: menos margen salarial y menos capacidad para competir. Por esto, siempre busca nuevas vías de ingresos: porque necesita crecer siempre para mantenerse estable.
Es en este contexto en que hay que situar la expansión en Europa. Según fuentes de la NBA, «el baloncesto es el segundo deporte entre los aficionados. Pero cuando se llega al primer nivel, la Euroliga no está atendiendo a millones de aficionados entre grandes mercados”. La ausencia de equipos permanentes en ciudades como París, Berlín, Roma o Londres provoca que «decenas de millones de aficionados desatendidos”, en una liga que según esas mismas fuentes «no es comercialmente viable”. Así las cosas, la NBA se plantea crear una nueva competición en 2027 de entre 10 y 14 equipos permanentes en Reino Unido, Francia, Alemania, España, Turquía y Grecia, y otros cuatro rotativos, provenientes de las competiciones FIBA.
Su idea es la de atacar mercados que puedan soportar un volumen muy alto de espectadores en los partidos y marcas que puedan ayudar a proyectar la marca NBA más allá del baloncesto. En este sentido, NBA quiere aprovechar el tirón de tres grandes marcas futbolísticas que todavía no han renovado su Licencia A de la Euroliga que termina en 2026 -Real Madrid, Barcelona y Fenerbahçe-. Los tres esperan ver cuál es la propuesta norteamericana y afrontarlo desde la perspectiva del club, no de la sección de baloncesto. «La NBA es un partner de la industria del entretenimiento muy bueno, que puede ayudarnos muchísimo en la aceleración del negocio digital y la difusión de contenidos», cuentan desde el Barcelona. En el club azulgrana sienten que no necesitan la NBA para promocionar a nivel global, pero sí que «es una jugada en la que podemos salir ganando, la NBA tiene una capacidad de negocio que el Barça no tiene».
En mayo hubo una reunión entre una delegación de la NBA y los equipos de la Euroliga en Ginebra. Desde entonces, se han producido una serie de contactos informales en diferentes encuentros en ciudades como Londres, París o Abu Dhabi. Según ha podido saber Gigantes del Basket, también ha habido ya los primeros contactos exploratorios con los propios clubes, pero aún sin concretar el plan de negocio.

La letra pequeña
Una vez se baja a la letra pequeña del desembarco, el proyecto NBA en Europa todavía genera muchas incógnitas. Desde la oficina central de Nueva York se ha contratado a dos empresas de servicios financieros, Jp Morgan y Reign para dar un valor a estos nuevos equipos. Según publicó en el mes de agosto el prestigioso Sports Bussiness Journal, el pago para acceder a esta nueva liga puede fluctuar entre los 500 y los 1.000 millones de dólares, a lo que hay que añadir el coste un equipo y -en la mayoría de los casos- la construcción de un nuevo pabellón.
Si por algo ha destacado la liga norteamericana es por la excelencia de sus instalaciones y es un requisito indispensable a la hora de acoger partidos bien sean de Liga Regular, bien sean amistosos de pretemporada. Da igual que el encuentro se juegue en México, en Alemania o en el Lejano Oriente: la sensación de estar en un pabellón NBA debe ser la misma. Ahora mismo en Europa sólo tres mercados en los que están interesados disponen de Arenas con todos los requisitos: Manchester, Londres y Berlín. En el horizonte está desarrollar un proyecto inmobiliario de grandes instalaciones deportivas por el impacto que tienen en el desarrollo económico de las ciudades en el Viejo Continente.

NBA no se va a encargar de construirlos, si no de promoverlos. Ahí es dónde entra el trabajo de FIBA. «Sus relaciones con los gobiernos nos van a ser de gran ayuda», reconoció el vicepresidente Mark Tatum en una conferencia reciente. En este contexto hay que emmarcar el reciente acuerdo entre el Gobierno Británico y la Liga para el desarrollo del Baloncesto y sus instalaciones en el Reino Unido. A nadie se le escapa que los tres partidos de Regular Season contratados en suelo inglés hasta 2028 son la contrapartida.
Del plan de negocio, poco o nada se sabe. El valor medio de una franquicia NBA se sitúa en los 5.500 millones de dólares, 7’3 veces más del valor medio en el que se mueven JP Morgan y Reign (750 millones para un equipo NBA Europa). A partir de ahí, el terreno se abona a la especulación. El gasto medio en jugadores se sitúa en los 188’6 millones (25’87 millones de dólares, si seguimos la misma proporción para el baloncesto europeo cada temporada). Y luego está la amortización de la construcción del pabellón. La última referencia de un pabellón ultramoderno en España -que curiosamente sí podría acoger partidos de Regular Season- es el Roig Arena: costó 460 millones de dólares. En total, son unos 1700 millones de dólares en 20 años, unos 1.500 millones de euros por equipo para hacer las paces. O lo que es lo mismo, 75 millones de euros de ingresos todas las temporadas. La temporada 24/25, los 18 equipos de la Euroliga ingresaron 480 millones de euros, menos de la mitad de lo que requeriría esta nueva competición.
Es cierto que la construcción de pabellones de última generación abre la posibilidad de enormes beneficios más allá de la competición deportiva. El Chase Center de San Francisco o el Inuit Dome de Los Angeles son dos ejemplos. Y la tendencia entre las franquicias es la de construir -y explotar- instalaciones que fueron construidos durante los años noventa, como el caso de Filadelfia, Washington y Dallas. Además, el modelo de competición que quieren desde Estados Unidos para Europa es un modelo Premium: inspirado en la Champions League de Futbol, la Fórmula 1 y el Tenis de más alto nivel. ¿El producto resultante? Nadie lo sabe.
Euroliga y Oriente Medio
La Euroliga no se ha estado de brazos cruzados. Conscientes de lo que se juegan Dejan Bodiroga y Paulius Motiejunas han activado todo su arsenal diplomático con visitas de alto rango, incluso, este mismo otoño a los Presidentes de Lituania y Grecia. «El baloncesto forma parte de la identidad lituana. No podemos permitir que el baloncesto sea fuente de división», apuntó Gitanas Nauseda, instando a la propia NBA a invertir en la Euroliga. Los mensajes en los medios de comunicación van todos en esta dirección y los esfuerzos se centran en mantener la unidad entre sus propietarios, a partir de la lealtad a una manera de entender el baloncesto y a la generación de más recursos.
En Oriente Medio se está cocinando parte del baloncesto de la próxima década: el Mundial de 2027 se va a jugar en Catar, el presidente de FIBA es también catarí, la NBA ha cerrado varios acuerdos comerciales con el Gobierno de Abu Dhabi -entre los que se encuentra el patrocinio de la NBA Cup y la disputa de partidos amistosos de pretemporada-, mientras que Euroliga jugará en los Emiratos Árabes tres Final Fours en este lustro y incorporado a Dubai para los próximos cinco años, tras durísimas negociaciones.

Gigantes del Basket fue uno de los doce medios invitados a su estreno en la máxima competición del baloncesto contiental del equipo dubaití. «Europa necesitaba aliados y necesitaba esta expansión», nos contó su General Manager Dejan Kamenjasevic. «Gracias al liderazgo de la gente que manda en la Euroliga, ahora va en la dirección completamente correcta. La entrada de Dubai es algo positivo y natural». Y lo que es mejor para los intereses europeos: en Oriente Medio no se mueve ni un sólo dedo si no se cuenta con el favor político local con el que hay ahora una enorme sintonía, gracias al Duabi Sports Council.
El desarrollo del baloncesto en esa zona del planeta es otro gran interrogante. Existen ciudades con enorme potencial para seguir el camino marcado por la Euroliga: Abu Dhabi, Doha, Kuwait City, Ryad, Jiddah o Manama en Barhain podrían seguir la apuesta por la «multiculturalidad», en palabras del presidentte del Dubai Sports Council. Y con ellos, atraer nuevos fondos financieros. Recientemente, el Al-Ula de Arabia Saudí estado en Belgrado conociendo la Liga Adriática.
La paz comercial con China
Pero si alguna cosa tiene la NBA es que jamás pone todos los huevos en el mismo cesto. En la sede central de la 5a Avenida de Nueva York tienen muy claro que Europa es la palanca hacia la globalidad y Oriente Medio el motor que debe ponerlo todo en marcha. Pero el gran mercado está en Asia: China, Filipinas e India.
Yao-Ming a la NBA en 2002 fue el clave para el desembarco de la Liga norteamericana en China. Yao fue mucho más que una estrella nacional: era una marca oriental, un héroe cultural que la propia revista Time llegó a incluir en su día entre las 100 personas más influyentes del mundo. Si Michael Jordan y el Dream Team fueron claves para la internacionalización de la Liga a finales del siglo pasado, Yao-Ming supuso un salto igual o superior en el país más poblado del mundo. En poco tiempo, China se convirtió en el gran mercado extranjero para la NBA. Un simple tweet acabó con casi 20 años de idilio.
En mitad de las protestas de Hong-Kong en octubre de 2019, el General Manager de los Houston Rockets, Daryl Morey se puso de lado de los manifestantes. La reacción del gobierno chino fue furibunda: se suspendió la gira de pretemporada que Lakers y Nets debían al cabo de pocas semanas y se canceló el contrato televisivo. Estalló la pandemia y no se restablecieron contactos hasta pasado más de un año. Los dos amistosos jugados este 2025 entre Phoenix Suns y Brooklyn Nets en Macao son el fruto de años de trabajo para recuperar la normalidad. Las entradas se agotaron en horas y el propio Adam Silver confirmó que se «ha abierto el camino para volver. Tenemos un enorme interés en China». Se calcula que hay unos 425 millones de seguidores de la NBA en este país.
Se trata de una doble victoria: para la NBA, que -según el New York Times- había perdido más de 300 millones de dólares en su conflicto con Pekín y para los líderes chinos, que han buscado mejorar su imagen global a través de inlfuencers y deportistas, en plena guerra comercial con la administración de Donald Trump. Pero es sólo el primer paso y deben darse muchos más. No es que se haya firmado la paz però las relaciones ahora se ven con más optimismo entre los dos gigantes.
Filipinas e India están más algo más atrás en la lista de prioridades de la NBA, pero no por ello menos importantes. Filipinas es de los pocos países del mundo dónde el baloncesto es el deporte número 1 y India es una lata que tarde o temprano va a abrirse y en la que la Liga Norteamericana ya hizo una primera aproximación con Pacers y Kings jugando dos amistosos en Mumbai en 2019 en un pequeño pabellón con capacidad para 5.000 perssonas.. Una prueba más que cuando a la NBA le ha convenido, ha rebajado sus propias pretensiones.
Para muestra, un botón: la BAL (Basketball African League) fue un experimento de una liga apadrinada por el baloncesto norteamericano de éxito cuestionable que el técnico Agustí Julbe la jugó en varias ocasiones dirigiendo el Al-Ahly egipcio. «Los standards de pabellón variaban bastante», cuenta desde Indonesia, dónde ahora entrena. «No era lo mismo Kigali (Rwanda), que Pretoria (Sudáfrica), que El Cairo (Egipto) o Dakar (Senegal). En Rwanda sí había un pabellón nivel NBA de sólo 10.000 espectadores, pero los demás no daban la talla», dice el técnico catalán que jugó dos amistosos de pretemporada con el Barcelona en el ahora Crypto.com de Los Ángeles. Ahora bien, en la Quinta Avenida de Nueva York tienen un ojo puesto en el crecimiento demográfico africano: el 25% de la población mundial residirá en este continente, con un 40% de población menor de 18 años.
Decía Zbigniew Brezinski en su libro que «Estados Unidos debe perpetuar la propia posición dominante durante al menos una generación y la de crear un marco geopolítico capaz de absorber los choques y las presiones inherentes a los cambios sociopolíticos». Como si Adam Silver hubiera leído este libro.
Fotografía: Diseño Gigantes