Samuel Deguara y las dificultades que supone medir 2.26

Samuel Deguara es uno de los techos del baloncesto mundial. Sus 2.26 de altura deberían ser una virtud en un deporte de altura, pero no siempre es así

Samuel Deguara

Samuel Deguara (Malta, 1991) tiene a sus espaldas una vida personal y una carrera profesional plagada de complicaciones. Para empezar, no es fácil moverse a 2.26 metros del suelo y, cuando tu altura se convierte en uno de tus mayores problemas, el resto de complicaciones vienen unas detrás de otras.

A lo largo de su carrera, Samuel Deguara ha pasado por diferentes países y ligas, pero no ha llegado a cuajar en ninguna de ellas. Comenzó en 2007 en el Pallacanestro Treviso y siguió en varios clubes Italia, para posteriormente pasar por Malta, España, Estados Unidos (G-League), Canadá, Malasia, Tailandia y Hong Kong, además del minicamp de los Dallas Mavericks. Los últimos destinos del pívot maltés hasta la fecha han sido Chile y Filipinas, pero, pese a sus logros personales en competiciones domésticas e internacionales, a día de hoy no ha encontrado su sitio.

Para colmo, sus 2.26 no paran de traerle problemas allá donde viaja a jugar. Encontrar casa y dar con una cama con las dimensiones adecuadas son el primer escoyo de cualquier equipo que se decide a ficharle. “Fue complicado el tema. Encontramos cabañas de dos pisos que estaban en su último proceso de construcción. La altura de las paredes es de 2,45 metros, entonces no había problemas. En las puertas, nada que hacer”, explica Sandro Ovando, presidente del CEB Puerto Montt en un reportaje de Latercera.com. “Sabe que uno trata de hacer lo posible para tenerlo cómodo. Sabe que por su altura tendrá algunos inconvenientes, pero es una persona humilde, sencilla y que se adapta”, continúa.

Hablamos de alguien que da con la cabeza en el techo de su casa subiendo sólo al primer peldaño de una escalera y cuya cama es el ensamblaje de una de dos plazas con otra sencilla atravesada a los pies. Dicho esto, comentar que en el autobús del equipo retiraron los asientos de primera fila para que Samuel Deguara pudiese sentarse en la segunda, ya no es tan llamativo.

La dura vida de Samuel Deguara

Estos inconvenientes del día a día no suponen un drama para el pívot. Está acostumbrado a sobreponerse a situaciones complicadas desde bien pequeño. Sufrió bullying cuando era un chaval, pero se sobrepuso. Nunca fue sencillo encontrar ropa de su talla, y del calzado es incluso mejor no hablar. Con sólo 10 años no había zapatos de su número. Pese a ello, con los años, y una vez descartado el fútbol como su deporte profesional, viajó a Treviso para dedicarse al baloncesto. Tenía 16 años y no siempre estuvo alejado de las malas compañías e hizo del alcohol uno de sus mejores amigos.

No pude salir del alcohol. Con eso me lesioné el tobillo, por mucho estrés y no hacerme cargo de mi cuerpo. Estuve mucho tiempo recuperándome. Nadie me quería. No sabía qué hacer y creía que abandonar era una buena idea. Volví un año a Malta, hice muchos puntos, pero no cambié mis hábitos”, explica el propio Samuel Deguara en el medio latino.

Probar suerte lejos de casa… y seguir soñando

Como en muchos otros casos conocidos del deporte, alejarse de lo negativo y salir del entorno tóxico podría salvar su carrera, así que el interminable pívot puso rumbo a otros países y ligas anteriormente mencionados en este texto. Y, aunque no llegó a cuajar en ninguna gran liga (en España jugó en LEB Plata y Liga EBA), su nombre comenzó a estar en las libretas de los ojeadores de la NBA. Los Dallas Mavericks le pusieron a prueba y le ofrecieron jugar con el equipo en la Liga de Verano de 2019. Sin embargo Samuel Deguara no tenía claro que esa aventura fuese a terminar con un contrato garantizado y prefirió ir a lo seguro en Chile. Eso sí, la liga profesional norteamericana sigue siendo el sueño del gigante maltés, pero no a cualquier precio.