Miki Vukovic, un sabio tranquilo

Miki Vukovic, un sabio tranquilo

La noticia saltó en su Fonteta con el Valencia Basket y el Estrella Roja en juego. La muerte de Miki Vukovic a los 76 años tiñó de tristeza Valencia, la ciudad en la que impartió desde el banquillo su magisterio deportivo y humano durante diez años. Su legado va mucho más de los triunfos puntuales.

Estamos ante el caso del mejor entrenador de baloncesto que haya hecho la travesía del femenino al masculino con éxito rotundo en ambos. Y lo que más sorprendente aún, de manera inmediata, de una temporada a otra. Una década en Valencia dividida en dos lustros: el primero al frente del Dorna Godella y el segundo con el Valencia Basket (entonces Pamesa). Dos Euroligas, ¡la segunda con prórroga en Llíria!, en cuatro finales consecutivas con ellas; la Copa de Valladolid’98, la que dio una nueva dimensión al club, con ellos. Sí, un maestro sabio con unas dotes psicológicas muy especiales.

Cuando hablaba, sin levantar mucho la voz y con ese particular acento silbando las eses finales (‘¿sabezzzzz?’, para acabar cada frase), todos escuchaban. Tuve la fortuna de disfrutar de una de esas lecciones magistrales en el viaje de vuelta de la Final Four de la Euroliga femenina de Poznan’93. Habían perdido la final ante el Como, había declarado que esa derrota le dolía tanto que en ese momento borraban sus títulos previos… pero hablando de baloncesto en las numerosas escalas le volvió la luz al rostro, la alegría al espíritu. Oyendo sus reflexiones te metías en su universo y pasaban los minutos sin darte cuenta.

Nacido en Milocaj (1944), a siete kilómetros de Kraljevo, Mihailo comenzó a jugar al baloncesto en el Sloga. Becado por el Sloboda, marchó a Tuzla para estudiar Ingeniería de Minas. Colgadas las botas con 28 años, comenzó a trabajar con la cantera. Pero un hecho concreto cambió su camino: el descubrimiento de un talento único, el de Razija Mujanovic. Un periodista le avisó que en la escuela donde trabajaba su hermano había una alumna grande. Muy grande. Vukovic no dudó en recorrer los 30 kilómetros de Tuzla a Ratkovic.

Vukovic junto a Razija Mujanovic

Y se encontró con una chica de 14 años que medía 1.95 metros. El técnico la marcó un plan de entrenamiento centrado en la coordinación, antes de que llegase al equipo, Jedinstvo en su sección femenina. En aquellos comienzos, Vukovic realizó muchas sesiones individuales con Raza ya que ésta se mostraba incómoda ante las demás jugadoras. Pero el trabajo fructificó. Con el club bosnio, ganaron tres ligas yugoslavas e hicieron historia alzando la Copa de Europa en Florencia’89. Las balcánicas ganaron la final al todopoderoso Vicenza de Aldo Corno, que disputaba su séptima final continental consecutiva y buscaba su sexta corona. Mujanovic, 35 puntos. Tuzla, en el mapa para siempre.

En la Selección nacional, entrenador y pívot vivieron los últimos años de la Yugoslavia unida. De hecho, Vukovic recaló en Valencia en la temporada 1990-91 después de haber sido subcampeón mundial en Malasia’90 al frente del combinado plavi. Cayeron en la final ante los Estados Unidos de Teresa Edwards, Lynette Woodward, Cynthia Cooper, Katrina McClain… Pero una victoria por un punto ante la URSS las metió en semifinales, donde batieron a Cuba. Vukovic había tomado el relevo del legendario Milan Vasojevic, del que había sido asistente en la plata olímpica de Seúl’88 (memorable canasta de Arbutina para ganar por uno la semifinal a Australia; digna derrota por siete en la final ante USA).

Vukovic y Mujanovic, una de esas relaciones que marcan época. En una emotiva carta de la jugadora tras la muerte de su mentor, escribe: Gracias por enseñarme a ser una campeona, que los humildes son los más ricos. ¡Gracias por no dejarme nunca rendirme! Nunca gritó. Tenía tanta autoridad que no era necesario. Grita el que tiene miedo de su ignorancia. De él aprendí a resolver problemas de una manera diferente. Cuando nadie creyó en mí, me animó a perseverar”.

Dorna Godella, un equipo de época

Vukovic convirtió al Dorna Godella en una máquina de ganar. En sus cinco años (1990-95), en España tan solo dejó de ganar una final, la Copa de la Reina de Granada’93. En ese lustro, únicamente perdió seis partidos, algunos de ellos siendo ya campeonas porque no había playoffs. ¡El balance liguero de esos cinco años fue 128-6! No hay más preguntas…

Eso sí, para empezar reclutó a la columna vertebral del desmantelado campeón Microbank El Masnou: Kim Hampton, Anna Junyer, Roser Llop y una Rosa Castillo en fase de recuperación. El periodo de adaptación incluyó una dura derrota en las semifinales de la Copa Ronchetti contra el Como: tras ganar la ida en casa por trece, cayeron en la vuelta por 17. Primer episodio de una rivalidad creciente en los años venideros.

La gran obra maestra de un rebautizado Miki fue la temporada 91-92. ¡Triplete invictas! Sí, 40 partidos, 40 victorias en este curso. El gran golpe de efecto fue el fichaje de la desequilibrante Raza Mujanovic, con 24 años. Además, se sumaba la rusa Natalia Zassoulskaya para formar una pareja interior única (Emma Bezos como relevo puntual). Por fuera, Junyer, Laura Grande, Paloma Sánchez, Luisa Bisetti y la histórica Rosa Castillo. La culminación fue la conquista de la Copa de Europa en Bari’92, en la segunda edición Final Four femenina: Sporting de Atenas en semifinales y Dinamo de Kiev en la finalísima fueron sus víctimas. Solo una cuestión ensombreció aquel curso mágico: no fue posible la renovación de Mujanovic, que hacía las maletas rumbo a Como.

Pero el conjunto valenciano rizó el rizo con el oficioso título de campeonas del mundo al levantar la Copa Intercontinental celebrada en Sao Paulo’92. Torneo exigente con siete partidos disputados y si bien una derrota contra La Habana fue la primera en año y medio, las de Vukovic protagonizaron una épica heroicidad en la gran final. Ante las anfitrionas de Leite Moça de la gran Hortencia Marcari en el caliente pabellón de Ibirapuera perdían por 19 al descanso (60-41). Pero una zona presionante en toda la cancha pese a emplear una rotación corta de seis jugadoras, la dirección de Álvaro, el acierto de Katrina McClain, Zassoulskaya, Geuer, Junyer y Paloma Sánchez obraron la remontada tras 36 minutos por detrás en el marcador (86-90). Vukovic empezaba a dejar su huella.

Para aquella temporada 92-93, llegaron McClain y Geuer para paliar la baja de Mujanovic, además de Álvaro, Pilar Valero, Valdemoro y Piluca Alonso. Fue habitual ver un triple poste y dos bases como quinteto. Una fórmula que tuvo su cénit en la final europea en un abarrotado pabellón Pla de L´Arc de Llíria. Las valencianas revalidaron su título continental… ¡batiendo en la prórroga al Como de Mujanovic! “Mi vida es el baloncesto y aquí me han acogido maravillosamente. Estaba en deuda con todos”, declaraba Vukovic en plena fiesta.

Pero el conjunto italiano, con la torre serbia como gran referencia, se tomaría revancha las dos temporadas siguientes, ganándolas las finales de Poznan’94 y Cantú’95. La rivalidad de estos dos equipos se encarnaba en la figura de los dos técnicos: Vukovic versus Aldo Corno. En esas dos últimas campañas, ya no contaron con el vital patrocinio de Dorna, pero aún así se mantuvieron en la brecha. Para su despedida, Vukovic aprovechó la desintegración del Banco Exterior, su gran rival en España, y reclutó a Blanca Ares, Betty Cebrián y Marina Ferragut. Pero mientras se conquistaba la quinta Liga Femenina seguida con las vitrinas repletas, el Pamesa Valencia de Herb Brown descendía a la Liga LEB, entonces segunda categoría nacional, tras una eliminatoria contra el Huesca. 

Valencia, de la EBA a la Copa

Vukovic firmó por el Pamesa antes de que se concretase ese descenso, pero Fernando Roig le mantuvo las condiciones pactadas. El técnico serbio aceptó el desafío y lo primero fue crear una estructura que se mantendría en el tiempo: Fernando Jiménez primero y Esteban Albert, al que conocía de su etapa anterior, como asistentes, Alfonso Castilla delegado de equipo y Martín Labarta delegado de campo. Mucho más que sólo baloncesto…

Arrancó con una plantilla con 9 de 14 jugadores formados en casa. Nacho Rodilla, Víctor Luengo, César Alonso repescado tras su cesión en Gandía, Berni Álvarez fichado tras una liga de verano en Alcoi… Estos cuatro fueron fijos los cinco años. El americano fue Phil Cartwright, un pívot de 2.11. Recordada es la estampa de Vukovic con un altavoz en Fuenlabrada agradeciendo a la afición desplazada y celebrando la clasificación para la Final a Ocho de Lugo. Allí, tras ganar la semifinal al Bilbao con 31 puntos de Berni, cayeron en la final ante el CB Granada. La ACB no tenia previstos ascensos ese curso, pero finalmente el Pamesa subió al hacerse con la plaza del desaparecido Amway Zaragoza… de donde aterrizaron José Luis Maluenda e Iñaki Zubizarreta.

Pero el punto de inflexión para el club taronja fue la Copa de Valladolid’98. Nunca antes ni después un debutante en esta competición había logrado proclamarse campeón. Aprender a ganar. Aquello cambió al Valencia Basket para siempre. En cuartos de final, apearon al pujante Tau de Scariolo con apenas 4 minutos de Luengo de refresco desde el banquillo. En semifinales, sobreponiéndose al golpe de la lesión de Reggie Fox a los seis minutos. Y en la gran final… la sonada polémica con Alfred Julbe.

Antes del partido, el entrenador del Joventut arremetió contra Vukovic y su filosofía. “Me repele el juego y la estrategia del miedo del Pamesa. Es feo, de máximo control. Albert y Zubizarreta [suplentes] son leñadores. Yo era de Corbalán, no de Ossola”. Pues bien, el entrenador taronja respondió colocando a los dos pívots en el quinteto inicial… aunque la gran sorpresa fue la decisión de Julbe de dejar varias jugadas a Andy Toolson como palomero, defendiendo sólo con cuatro.

Polémicas al margen (sí, Vukovic pidió un tiempo muerto en el último minuto con el resultado decidido), el Pamesa estrenó sus vitrinas con un título que cambió el futuro de la entidad. Ni la cuarta personal antes del descanso de Aaron Swinson, el espectacular artillero de los valencianos, alteró la determinación de los novatos. Campeones con Nacho Rodilla como MVP tras tres exhibiciones ante bases americanos. La clave fue Miki. En toda su etapa no paró de lanzarnos retos de superación. Aquellos cuatro días cambiaron por completo nuestras vidas y dieron una nueva dimensión al club ha manifestado en diversas ocasiones el base levantino. Aquel curso 97-98 terminó con el primer playoff por el título de la entidad: 3-1 ante el Real Madrid, séptimos, la mejor clasificación liguera hasta la fecha.

Bernard Hopkins tomaría el relevo de Swinson en el corazón de la afición. En la 98-99 acogieron la Copa, pero la derrota en cuartos ante el Caja San Fernando fue un jarro de agua fría. Sin embargo, el estreno en competición europea creó una ola de ilusión. Quince victorias seguidas antes de perder en Badalona en la vuelta de los cuartos de la Copa Saporta, heredera de la antigua Recopa. Fue la única derrota hasta la final ante el Benetton Treviso de Obradovic. La afición se desplazó en masa a Zaragoza, pero se pagó la inexperiencia en estas lides. Pero la semilla de un crecimiento global y exponencial estaba plantada.

En su última campaña al frente del equipo (99-00, llegadas de Tanoka Beard y Nenad Markovic) volvieron a disputar la final del torneo del k.o.. Derrota ante un Estudiantes en el que Alfonso Reyes contuvo a Beard. El Pamesa ya era un habitual de los playoffs por el título. Miki Vukovic dejaba el cargo con el record aún vigente de temporadas seguidas (5) y partidos dirigidos (231) El club entraba en el siglo XXI con un bagaje importante para seguir creciendo.

La sala de entrenadores de L´Alqueria lleva su nombre. Un recuerdo imborrable, para siempre. Entrenador, educador, humanista, psicólogo, empático, paciente… Sacaba el máximo de cada jugador y afinaba en el reparto de roles, pero entendiendo los límites y sin forzarlos. Miki Vukovic, el sabio tranquilo, el maestro que cambió Valencia.

*Contenido publicado en la revista de febrero de Gigantes.

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