Entrevista en profundidad con Sarunas Jasikevicius: «Ser entrenador es una mierda»
Cuesta imaginar escenarios en los que que el único ganador de la Euroliga moderna como jugador y como entrenador se ponga nervioso. Cuesta creer, que esa situación se dé en un pabellón de baloncesto. Delante de otros entrenadores. Más inexpertos. Con mucho menos currículum. Pero es así. Es el segundo clínic que Sarunas Jasikevicius va a impartir en sus 10 años como entrenador. Y lo reconoce, está extremadamente nervioso. Todo a pesar de jugar en casa. En un OAKA que pisó horas antes de enfrentarse a una ‘masterclass’ sobre ataque y defensa del bloqueo directo. La tarde de antes. Recorrió de un aro al otro con la mirada perdida. Con la calma de quien vuelve la casa de verano familiar. Mira, pero no ve las gradas. Recuerda su carrera. La pista donde más veces le han abroncado. En la que Obradovic le llamaba Jasikevicius cuando se equivocaba y Saras cuando acertaba. Andando con la paz de quien sabe que algún día sus pasos le devolverán allí.
Hay más de 500 entrenadores de todo el mundo en las gradas. Impresiona, pero menos que la primera fila; Dimitrios Itoudis, Ioannis Sfairopoulos, Zeljko Obradovic… las mentes más brillantes de la Euroliga. A diferencia del resto de charlas, en ésta comienza a hablar la persona y no el entrenador. Sobre la familia y su amor por el deporte. Su padre fue campeón junior de tenis de mesa de la Unión Soviética. Su madre, una de las mejores jugadoras de balonmano del mundo. Sin embargo, sólo pudo competir dentro del bloque soviético. No participó en los Juegos Olímpicos de Montreal en 1976 porque era hija de un enemigo del estado. Su padre, el abuelo de Saras, fue enviado a Siberia. Fue uno de los pocos que sobrevivió, pero al volver a casa, lo hizo marcado.
La charla ha terminado. Del ‘pick and roll’ se ha hablado poco. De personas, exigencia y esfuerzo, mucho. Y como quien se prepara ante una tarde de ‘sillón ball’ se deja caer en uno de lo sofás del palco privado del OAKA. Con una cerveza en la mano y el alivio del que ha superado algo que le cuesta hacer. “Ya está. Ahora, sí”.
Gigantes: ¿Estabas nervioso de verdad?
Sarunas Jasikevicius: Súper nervioso. Dimitrios (Itoudis) me ha ayudado mucho. Me dijo que empezase hablando de mi historia. Cuando pasan los años y hablas de cualquier cosa, te das cuenta de que muy poco tiene que ver con el baloncesto. Igual estoy madurando un poco.
Gigantes: Cuando has empezado a contar tu historia, nadie parpadeaba.
SJ: ¿Te ha gustado?
Gigantes: Mucho. Me identifico con quienes piensan que, talento al margen, hay que hacer las cosas al 100%.
SJ: Claro. El talento, sin esfuerzo, no existe. Por eso los mejores lo hacen todo. Se esfuerzan más que cualquiera y el de arriba les ha dado tanto talento.
Gigantes: ¿Cómo se convence a un número uno de que tiene que ir al 100% siempre?
SJ: Insistes, insistes. Hay mucho conflicto. Quizás a mí me creen un poco más porque he jugado a cierto nivel. Pero las relaciones hay que ganárselas. Los jugadores no son tontos. Huelen cuando les estás engañando. No podría. Y creo que ellos lo entienden. Además, hay que dar menos importancia a uno mismo. Esto va de jugadores. Son quienes deciden y te hacen ver que tú eres mejor entrenador. Hay que insistir. Cada día lo mismo hasta que llegue a la sangre.
Gigantes: ¿Lo construyes también fuera de pista? ¿Cenando con ellos, por ejemplo?
SJ: He ido muy pocas veces a cenar con ellos. Con alguno juego al golf porque es mi pasión. Si aparecen por el campo me apetece sentarme con ellos, tomar vino en el día libre, pero después tienen que entender que mañana tienen que dar el 100%. No hay otra manera. Si no lo entienden mejor no ir a comer o a jugar al golf con él porque condiciona la relación. Creo que no tiene porqué. Yo soy su jefe máximo dos horas al día. Después quiero ser amigo. Quiero ser amigo.
Gigantes: Ahora hay que hablar con mucho cuidado. Tú si tienes que gritar o enfadarte, no mides. ¿Te ven de otra manera?
SJ: Yo soy igual cada día. He tenido entrenadores que en el entreno no hacen nada, no te corrigen y, cuando empieza el partido, delante de gente se ponen histéricos. ¿Qué te pasa? Yo intento ser cada día igual. Una de mis mejores y peores cosas es que soy expresivo. Intento ser igual cada día. Hay que pensar que somos millonarios trabajando hora y media al día. Ya sé que es un trabajo de 24 horas, con el teléfono, el GM, jugadores… pero en la pista estamos hora y media. A la gente le tiene que extrañar. Alguien que está ocho horas en la oficina… si el jugador no entiende esto, es que es gilipollas.
Gigantes: Ha pasado más de un mes desde que ganasteis la Euroliga. Dijiste que celebrabas mejor que entrenabas. ¿Te has recuperado ya?
SJ: No. La fiesta sigue macho. Por donde voy por Atenas quieren celebrar conmigo. Entrenadores, amigos… te lo juro, estoy hasta los cojones de celebrar. Aquí hay algunos entrenadores que son como mi familia, Zeljko (Obradovic), Dimitrios (Itoudis), Ioannis (Sfairopoulos), (Jurica) Golemac… con muchos. Somos muy cercanos. De corazón siento que están felices por mí. Así que quiero celebrar con ellos, pero no te miento, estoy hasta los cojones de celebrar.
Gigantes: ¿Se siente distinto al ganarlo como entrenador que como jugador?
SJ: Estás más viejo y no puedes celebrar tanto. Como jugador era joven. De joven eres un animal celebrando. Se me escapó muchas veces este título. Y lo he dicho. Todo era muy injusto conmigo. La pregunta no era si iba a ganar la Euroliga, era cuándo la iba a ganar y por qué estaba tardando tanto. “¿Por qué no gana la Euroliga el primer año?”
Gigantes: ¿Notabas esa presión?
SJ: La presión externa es una broma comparada con la que me pongo yo a mí mismo. Porque soy muy loco en cuanto a la exigencia. Lo más importante es que, con el paso de los años, esa exigencia la he bajado con mis jugadores. No para mí. Volviendo a lo que hemos hablado, creo que se era súper injusto conmigo porque era “Saras va a ser campeón seguro, pero está perdiendo cuando llega a Final Four”. Es muy difícil llegar ahí. No se dan cuenta. Sé que tuve suerte por los jugadores increíbles que tuve en el Barça, pero si fuera fácil todos los jugadores y entrenadores tendrían diez Euroligas como Obradovic. Que tiene nueve, pero bueno. Es muy difícil, de corazón tío. Es muy difícil ganar la Euroliga.
Gigantes: ¿Qué te dijo tu padre, que siempre te llama tras los partidos, cuando la ganaste?
SJ: Ah… No sé. Buffff.
Gigantes: Sí lo sabes porque te emocionas…
SJ: Él está ahí (respiro). Después de la cerveza estoy algo emocional. Él siempre está conmigo. Rajando de que no tengo ni buen pívot, ni esto… y le digo, “papá, hemos ganado la Euroliga” y él diciéndome “ya pero éste es mejor cinco”. Coño que hemos ganado el triplete. Son los mejores que hay (se ríe).
Gigantes: ¿Y ahora? ¿Desconectas en verano?
SJ: Cojo las maletas con mi familia y nos vamos dos meses viajando por el mundo. Cada año es más difícil. Yo quiero viajar menos, pero lo más importante es que nuestros hijos vean mundo. Después estoy cansado y necesito vacaciones de las vacaciones.
Gigantes: Viajando, pero con el teléfono en la mano porque tienes que cerrar un equipo…
SJ: Sinceramente, ahora mismo estamos en el plan D. A, B y C no han funcionado. Hay que ser honestos. Hemos tomado decisiones, por ejemplo dónde podemos gastar dinero y no nos ha salido nada de momento. Es normal. Es la vida.
Gigantes: ¿Lo ves así de tranquilo porque has ganado o porque tienes una perspectiva distinta?
SJ: No. No lo puedes controlar. Puedes llorar o buscar el plan E o D. Ya no sé qué letra.
Gigantes: Hablando de cosas que no puedes controlar… si te diesen una camiseta sin mangas, sales a la pista.
SJ: No, no. Ya no puedo jugar.
Gigantes: Una cosa es que puedas y otra lo que pesa el jugador que hay dentro de ti. ¿Eso desaparece al convertirse en entrenador?
SJ: No. Increíble cómo se siente. Como dijo Spanoulis en la Final Four: “‘Malaka’, no tenemos balón y es nuestro momento”. En los partidos importantes, quiero el balón, quiero ser protagonista, quiero ganar por mi equipo.
Gigantes: Pero cuando se forma a un entrenador, que ha jugado, se le pide que olvide esa parte.
SJ: Claro. Tengo que ponerme al nivel de mis jugadores, pero es que la profesión de entrenador es una mierda. Ser jugador como profesión es lo mejor del mundo. Juegas a lo que amas, ganas dinero, estás enfrente de la gente… si no te das cuenta de esto es que, otra vez, eres gilipollas.
Gigantes: ¿Qué te ha dado a ti el baloncesto?
SJ: Todo. ¿Quién sería yo sin el baloncesto? ¿Quién?
Gigantes: Alguien que paseaba ayer por este pabellón como si fuese su hogar.
SJ: Es mi sitio. ¿Sabes por qué? Zalgiris es amor de cuando tienes cinco años y vas a la pista con tu padre. Mis hijos han nacido a cinco minutos de OAKA. Cuando llegué a Atenas vinieron cinco mil personas a recibirme al aeropuerto. Pensé que no saldríamos de allí, que nos iban a matar. El ‘Gate 13’ (ultras Panathinaikos) vino a por mí cuando era entrenador de Zalgiris para decirme que querían que fuese entrenador del PAO. Me han tratado increíble, mis hijos son griegos al 50%, esto no va a cambiar nunca.
Gigantes: Echando la vista atrás esta temporada. ¿Cuándo identificas que tu equipo tiene ADN de campeón?
SJ: Enero, febrero. Cuando ganamos la Copa. Contra buenos equipos a los cuales quizás los aficionados no les dan importancia, como Basaksehir o Besiktas. Hemos ganado de 40, de 30, jugando muy bien. Devon Hall, después de ganar la Copa viene y me dice: “Bueno, hemos ganado uno, lo mejor está por venir”. Digo, “coño Devon, ¿así hablas?”. Está de puta madre que lo piense así. Después de ganar el triplete le dije a Devon que fue el primero en decirme que vamos a ganar los tres este año. En el otro extremo, que de mis ayudantes en diciembre me llevó a casa desde el pabellón y me decía: “Saras, no sé si este equipo está bien hecho, no lo veo, no lo veo”. Le dije: “Cállate hombre, estamos en diciembre. No hemos ganado ni perdido nada”. Con todos lesionados, con un calendario ese mes que fue horrible, creo que cuatro partidos fuera en España y Francia. Perdiendo contra Baskonia de 30 y dos días después ganando muy bien al Real Madrid. Aquí estamos. Además, no importa, hay que seguir.
Gigantes: El camino es importante.
SJ: En los momentos difíciles te das cuenta de quién es quién. Quién está contigo, quién no. En diciembre ya vi quién estaba ahí y quién no. Cuando ganamos todo el mundo decía que era el mejor, pero no es así. Es una broma. Te das cuenta de con quién estás. Al final, con lo difícil que es el conflicto y los malos momentos, te hacen bien.
Gigantes: ¿A ti te hace crecer?
SJ: Sí. No el conflicto, pero sí buscar soluciones a los malos momentos. Ahí es donde creces como persona y, si sales de esa situación, lo puedes usar después en tu vida.
Gigantes: ¿Qué sueño te queda por cumplir?
SJ: No lo sé. En baloncesto se puede decir intentar ganar con cinco equipos diferentes. (Suspira). Seguir ganando tío. Quiero seguir ganando. Disfrutar de la vida y disfrutar de los míos. Vuelvo a repetir, trabajo 24 horas, pero realmente con vídeos y todo serán seis horas al día. Y mira la vida que llevamos aquí.
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