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Una casa atípica. Retrato de la emblemática pista de Sants en Barcelona

Una casa atípica. Retrato de la emblemática pista de Sants en Barcelona

Artículo publicado originalmente en el número 1515 de la revista Gigantes del Basket correspondiente a diciembre de 2021

Una casa atípica

La pista de Sants se ha asentado como un referente del baloncesto callejero español y europeo en los últimos años

Neptuno la vigila mientras custodia el agua. Un dragón de hierro de 32 metros la defiende. Nueve torres faro, que homenajean a la Barcelona industrial de la década de los 80’, la protegen como si de una muralla se tratase. Numerosos árboles mediterráneos la abrigan de la intemperie. Una alfombra verde le atribuye más vitalidad de la que ostenta. Y sus asiduos y asiduas la miman. La pista de baloncesto del parque de la España Industrial, ubicada en un entorno ideal. Un parque que se inspira en los cuatro elementos de la naturaleza: agua, fuego, tierra y aire.

Una casa de 15 metros de ancho y 28 de largo. Con dos canastas, con sus respectivas redes de cordón en genial estado que emiten ese sonido tan adictivo cuando la pelota entra limpia y sus tableros sin perjuicios considerables. Con el gris cemento tan característico de las canchas callejeras y las zonas, actualmente, coloreadas de un azul clásico. Sin un rasguño. Con líneas blancas, difuminadas poco a poco por las zapatillas y los balones, que definen las demarcaciones. Una casa atípica, pero así la sienten sus protagonistas.

“Hubo un cambio generacional. Los que solían venir, ya no venían tanto y comenzaron a llegar paisanos, que venían siempre que yo iba a jugar. Empezamos a ver las problemáticas que tenían el aro, el tablero, el suelo, las canastas, que venía mucha gente… Con el tiempo se deterioraba todo y nadie le hacía caso. Entonces, culturalmente, al menos en Latinoamérica, los usuarios se empoderan mucho del espacio en el que hacen su actividad recreativa deportiva y lo cuidan. Si hace falta, arreglan y mantienen el espacio. Aquí costaba mucho eso y era distinto. Para mí toda la situación era muy chocante. ‘¿Por qué está esto siempre así?’, preguntaba”, recuerda Nelson Martínez, uno de los tres fundadores de Streetball Barcelona Sants (SBS), sus inicios en esta pista. No fue fácil. Había muchos estigmas sobre ellos.

Con el tiempo todo fue a más y el parque comenzó a tener más reconocimiento, hasta el punto que jugar era casi imposible. “Desde muy pequeño la tenía idolatrada. Me daba mucho respeto porque los más jugones de España estaban allí. ‘No puedo ir aún, debo entrenar más’, me decía”, confiesa Carlos Ceacero, conocido mayormente como

“Pollito”, uno de los jugadores de baloncesto callejero más reconocidos en España. La gente hacía cola detrás de la canasta para jugar. Cada vez se acercaban más personas. Incluso profesionales (NBA, ACB y LEB Oro) iban a jugar: Serge Ibaka, Juancho Hernangómez, Rudy Fernández, Nacho Martín, Álex Llorca o Mike Torres, por ejemplo. “Daba pena que todo esto era tan guay y lleno de vida y que las condiciones de la pista no se adecuasen al uso real que se le estaba dando”, relata Nelson sobre esta época.

Dadas las circunstancias, Nelson, Melissa y Kwame decidieron unir fuerzas y fundaron SBS en 2010. Los objetivos eran esencialmente cuidar la pista, dar al barrio lo que necesitaba el barrio y que el barrio cambiase la perspectiva que tenían sobre ellos a través del streetball. “Había gente que te denunciaba por vandalismo. ‘¿Qué haces con el aro?

¡Lo estás rompiendo! ¡Que mi hijo no puede jugar!’ A veces los chavales se caían aquí jugando y luego nos echaban la culpa a nosotros. Todo era muy raro”, cuenta Nelson. Todo nació del barrio para el barrio. Sin ningún tipo de proyección de lo que es ahora. No imaginaban que llegarían a este punto, tanto en popularidad como en relaciones con multinacionales.

Pero… ¿qué es el streetball? Literalmente, significa baloncesto callejero. No obstante, es más que eso. “Baloncesto en la calle, baloncesto en estado puro. Las raíces del baloncesto y los deportes de canasta. Sin edulcorar”, lo define Antonio Gil, periodista deportivo. “Es un uso del espacio comunitario y donde se crea una subcultura, del streetball o el baloncesto de la calle, y todas las sinergias de la calle que hay que se puedan generar. Hay que profundizar muchísimo realmente”, asegura Javi Huertas, miembro del Onil 3×3 y uno de los mayores conocedores del baloncesto callejero en España. “Por definirlo algo más. El streetball es lo máximo de expresión, de libertad, de cultura urbana. Da mucho. Es muy bonito poder compartir, y encima al aire libre. Ser libre”, añade Nelson.

En lo que respecta al juego, el baloncesto callejero no consiste únicamente en dar un balonazo en la cabeza a tu defensor, hacer un caño, un alley oop o filigranas varias, por ejemplo. “Es la libertad de que no haya árbitros. Eres tú contra tu rival. Tienes que ganar para mantenerte en la pista. Es esa cultura de ganar y competir. Baloncesto puro. Toda esa movida de hacer filigranas es un añadido, que lo puedes hacer o no, pero hay que hacerlas con un sentido. No hay que mofarse del rival. Es baloncesto en la calle puro y duro, no le veo mucha diferencia con el baloncesto en general”, explica Joan Fernández, creador de la primera página web de baloncesto callejero (streetballstyle.com) de España. “Y después todo lo que envuelve. La comunidad, conocer a nuevas personas, visitar otras

canchas, crear rivalidades. AND1 no es streetball. Streetball es lo que se juega en Dyckman Park, en el Rucker Park, en Sants o en Pacífico”, concluye.

Además del “Girl can ball too”, uno de los proyectos que ofrece SBS es “Entrena al Parc”, entrenamientos de lunes a jueves gratuitos con diferentes horarios, tanto por la mañana como por la tarde, en la pista. “Está dedicado a jóvenes con problemas de inclusión o que quizá no pueden permitirse jugar en un club, aunque hay quienes vienen por el hecho de pasar un rato en el parque con sus colegas mientras aprenden a jugar al baloncesto. Nos encargamos de preparar cada entrenamiento en función del nivel de los chavales, pues algunos no han jugado nunca o solo lo han hecho en ocasiones puntuales”, explica Paula Fernández, una de las entrenadoras del proyecto.

No solo los que acuden a estos entrenamientos aprenden. Los propios entrenadores también. “Esto no es remunerado. No lo he sido nunca y no sé si lo será. Si te remuneran, nadie dice que no. Pero hasta ahora no lo he sido y no me preocupa. A mí me encanta entrenar con ellos. Mejoro que flipas. No me cuesta despertarme a las 8 de la mañana porque es una alegría”, confiesa Álex Femenía, uno de los entrenadores del proyecto.

Las mejoras en el juego y el progreso a nivel técnico y táctico son reconfortantes. No obstante, son más gratificantes las historias que se generan gracias a la infinidad de horas que comparten. Hay chicos y chicas que llegan realmente lejos, pero siempre recuerdan y son conscientes que salieron de Sants. Inevitablemente, estas relaciones influyen en lo personal e impactan en el comportamiento de las personas, como es el caso de José Carvajal.

José Carvajal, de Barcelona y padres de República Dominicana, dejó de jugar al béisbol a los 15 años tras recibir un duro golpe en la cabeza sin querer con el bate. El impacto fue tan fuerte que se desmayó en el momento y cuando despertó ya estaba en el médico. Recibió seis puntos en la nuca. Aquella experiencia le traumó y dejó definitivamente de jugar. Tras esto, en 2017, decidió comenzar a jugar al baloncesto, un deporte muy secundario para él: “Al lado del campo de béisbol, había una pista de baloncesto. Cada vez que salía del campo, iba a la pista y tiraba dos o tres tiros, pero no jugaba”. No sabía botar el balón, pero él quería aprender. De hecho, las primeras veces no solían contar con él para jugar, e incluso se burlaban de él. Actualmente, admite que le “gusta jugar con público, con personas observándole alrededor” y que “eso le da el toque”, dejando atrás la timidez con la que empezó. “Lo quiero muchísimo (refiriéndose a Álex mientras asiente con una sonrisa). Es el mejor. Antes no jugaba. Él tiene la mano de obra. Del jugador que soy, él tiene un 75% de mí. Es una persona increíble. Le gusta ayudar a la gente. Se sintió bien conmigo porque soy un jugador que vio desde cero, que no sabía hacer nada literalmente, y me desarrolló de una manera que las personas cuando me ven jugar no creen que mi yo del pasado y mi yo de ahora seamos la misma persona. Es lo que me diferencia. Me he superado a mí mismo. Trabajé duro. Me levantaba temprano y él también. Él estaba siempre conmigo aquí. Tirábamos antes de que llegasen los demás. Siempre que necesito algo, está ahí para lo que yo necesite. Es una muy buena persona y también muy sincera. Tiene un carácter fuerte, pero es su forma. Es una de las personas más especiales que hay aquí para mí”, se abre José.

El éxito de Sants es evidente. Crea un impacto tanto a nivel cultural, personal y deportivo en el baloncesto callejero y en la ciudad condal. Situada al lado de la estación de trenes de Sants posee un pasado muy fuerte, un presente potente y un futuro tremendo. Para muchas personas la pista callejera más icónica de España, e incluso de Europa.

Para sus protagonistas es una comunidad. Es un lugar que une a personas con la misma pasión, cada una con sus respectivas vidas. Un sitio donde nacen muchas cosas. Es la consistencia de haberse mantenido durante estos años como una referencia en el baloncesto callejero, donde hay más nivel. Lo más parecido a una cancha de Estados Unidos por estética, por público y por manera de concebir el juego. Es las relaciones que se generan. Un sitio en el que nadie te juzga por tu personalidad, nadie te discrimina por ser negro o blanco, nadie te dice que no a una conversación y un sitio donde encaja cualquier persona. La comodidad. La acogida al que no tenía donde ir y recoge al que sea. Un lugar donde te dan la oportunidad siempre para demostrar qué puedes hacer y te ayuda a mejorar física y mentalmente. Es una familia. Un lugar donde el status no tiene cabida, juega cualquiera. Donde sí tiene cabida la diversión, la igualdad, el trabajo, la superación y las ganas de mejorar. Es el espacio abierto. Es el protagonismo a la gente que viene, a la cultura y a su manera de entender y cuidar el espacio. Es un mix de nacionalidades. Es la charla y risas post-partido. Es un vínculo muy fuerte. Una vibra diferente. Cientos de ojos observándote. Es un aroma diferente. También es humildad. Es armonía. Es el misticismo y el aura que posee. Una pista con esa magia inexplicable. No hay nada semejante. Un lugar donde se juega baloncesto a todas horas. Sants es otra historia. Es arte. Otro rollo. Una identidad. Es una casa, atípica. Pero realmente es una casa para sus inquilinos e inquilinas.

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