¡Subcampeonas del Mundo!
Cuando las ilusiones habían ya alcanzado este verano las cotas más altas en el baloncesto femenino español, surgió de pronto la selección U19 que, perfectamente guiadas por el entrenador Lucas Mondelo y todo su equipo técnico consiguieron hacer historia en el Mundial disputado en la lejana Tailandia donde tan sólo fueron superadas en la final por Estados Unidos.
[Por Miguel Panadés
Fotos: FIBA Europa]
Sí, España hizo historia gracias a un grupo de jugadoras y técnicos que elevaron al máximo el prestigio y proyección de nuestro baloncesto femenino. Nunca antes había llegado tan alto una selección femenina y fue en Tailandia, ante las mejores selecciones del Mundo, con una generación de jugadoras que soltaron todo el talento y carácter adquirido durante años en los que no han dejado de sumar medallas verano tras verano y un técnico que consiguió plasmar de la manera más elocuente posible todas las virtudes del método FEB. Fue el triunfo de un trabajo de equipo, de una hoja de ruta perfectamente diseñada, de un camino trazado desde la ilusión y el conocimiento, desde el talento individual y la suma de esfuerzos colectivos.
«Esta plata es un éxito de presente y sobretodo de futuro», afirmó orgulloso el presidente de la FEB José Luis Sáez. Ángel Palmi tampoco podía disimular su satisfacción por un «éxito que llega acompañado de un trabajo de muchos años, de diferentes generaciones, de un método de trabajo». Un método en el que ha encajado perfectamente Lucas Mondelo, el seleccionador U19 que reconocía «un gran orgullo por participar de este maravilloso proyecto que es el baloncesto femenino español».
España viajó a la lejana Tailandia con el único objetivo de competir con las mejores, de vivir todos y cada uno de sus partidos con el propósito de luchar por la victoria pero sin más obligación que el de intentarlo con el máximo esfuerzo. Viajaron con ambición, porque ya nadie en nuestro baloncesto carece de ella, pero sin presión. Viajaron con los precedentes de haber visto como el medallero femenino estaba repleto, como el listón estaba situado en lo más alto.
El método
Desde el salto inicial del primer partido de la primera fase España demostró que nada ni nadie asustaba. No importaba ni el hecho de no haber podido juntar a todo el equipo hasta la mitad de la concentración, que la selección se hubiese compuesto por jugadoras que acababan de disputar otros campeonatos incorporándose algunas jugadoras en terminales de aeropuertos internacionales. España tiene un método de trabajo, sus jugadoras han asimilado en todas y cada una de las selecciones un estilo de juego, innovador en el baloncesto femenino, valiente, atractivo, amenazante desde el primer al último minuto. Todas las jugadoras y todos los técnicos lo entienden así y lo ponen en práctica independientemente de quien sea el rival y qué se estén jugando. Por eso este verano hemos visto como jugadores doblaban en selecciones y el juego de todos los equipos funcionaba como un reloj, con una compenetración fabulosa y con un rendimiento incuestionable.
Así desde el primer el partido ante Estados Unidos en la jornada inaugural con una victoria histórica hasta el resto en los que fueron superando adversarios mostrando un baloncesto cada vez más sólido en defensa y eficaz en ataque nuestras jugadoras fueron creciendo durante el campeonato consiguiendo no sólo ganar si no convencer. Así se plantaron en los temidos cruces de cuartos donde pusieron todavía una marcha más ante Lituania y pasaron por encima del rival, 30 puntos de ventaja y, ante Argentina en semifinales, 20 puntos de ventaja, repitieron el guión aprendido veinticuatro horas antes dejando sin respuesta al adversario y asegurándose nuevamente un lugar privilegiado en el podio. Un nuevo éxito, una nueva razón para sentirnos orgullosos del presente e ilusionados ante un futuro de nuestro baloncesto femenino que debe mantenernos de manera permanente en esta élite internacional.
Tras los cruces y con la plata asegurara España volvió a verse las caras ante la potente Estados Unidos, un grupo de extraordinarias jugadoras que además afrontaban la final conscientes de que delante estaba una selección como la española de la cual ya conocieron sus virtudes en el partido inaugural. Esta vez ese grupo de estrellas norteamericanas no se dejó sorprender y se impuso aunque sin esa superioridad exhibida durante prácticamente todo el campeonato. España dio la cara y demostró que esa generación de ganadoras está llamada a escribir muchos y grandes capítulos en el baloncesto femenino.