La muerte de la agencia libre: causas y consecuencias
El nuevo convenio colectivo ha alterado por completo el mercado NBA, dándole mucho más peso a los traspasos y poniendo fin a los frenéticos veranos de agencia libre. Un cambio estructural que define la nueva liga.
La medianoche del 30 de junio al primero de julio ha sido, al menos en España, una hora clave para el aficionado NBA. Con la llegada de una nueva página en el calendario, en los últimos años, se abría la agencia libre de la NBA y estrellas, jugadores de rol y veteranos de fondo de armario cambiaban de equipo para empezar una nueva temporada de baloncesto. Protagonistas como LeBron James, Kevin Durant, Kyrie Irving, Jalen Brunson o Kawhi Leonard mudaban sus talentos a la otra punta del país en busca de nuevos inicios seducidos por el dinero que franquicias habían reservado específicamente para ellos o la oportunidad de hacer historia allá donde nadie lo había hecho antes.
Proyectos campeones y desastres faraónicos con nombres de leyenda se han formado en la agencia libre de la NBA desde que Shaquille O’Neal derribara la puerta. Shaq fue el primer gran protagonista en cambiar de aires por decisión propia, dejando Orlando por Los Angeles, para conseguir tres anillos y un MVP de la mano de Kobe Bryant y Phil Jackson. Aunque nadie ha usado mejor el poder de la agencia libre y controlar su propio destino como LeBron James. El Rey, en un periodo de ocho años, fue capaz de dejar Cleveland, abandonar Miami para regresar a casa y en 2018, como O’Neal en su día, poner rumbo a los Lakers. Este 2026 es el último ejemplo de Bron decidiendo. Un poder que los jugadores han perdido.
Del nuevo convenio colectivo firmado en 2023 se ha hablado largo y tendido, sobre todo del impacto que ha tenido en los equipos que buscan competir por el anillo de campeón. De cómo el CBA vigente ha cambiado por completo la construcción de plantillas, en búsqueda de la paridad competitiva, ha revolucionado el sistema de multas por impuesto de lujo y ha desarrollado un límite salarial duro, no real, pero sí latente. Pero la verdadera víctima del acuerdo firmado entre la asociación de jugadores y propietarios es la agencia libre, que ha dejado de existir como tal. Durante dos décadas, la agencia libre fue el principal mecanismo de redistribución del talento. Ahora, el libre albedrío de las estrellas ha desaparecido y julio, ese mes de firmas y contratos, se ha transformado por completo. Desde el verano de 2019, cuando Kawhi, Durant, Kyrie, Kemba Walker, Al Horford, Jimmy Butler o Julius Randle cambiaron de equipo la misma semana, solo ha habido un All-Star vigente que haya tomado la decisión de dejar su franquicia: Paul George en 2024, abandonando a los Clippers por Philadelphia. Incluso antes del cambio de CBA, los nombres más atractivos que movieron sus vidas a un nuevo equipo fueron Fred VanVleet, Kyle Lowry o Gordon Hayward; ¿los dos últimos años? Ningún jugador que cobre más del 25% del límite salarial ha abandonado su equipo. Lo más parecido, Myles Turner el pasado año y Walker Kessler este julio, nombres de un nivel lejano al de las superestrellas que solían copar las portadas de la prensa en veranos anteriores. ¿Por qué?
¿Qué ha cambiado?
Al contrario de lo que muchas franquicias y ejecutivos de la liga han argumentado de cara al público, el segundo apron no es el culpable de todo. Sí tiene parte de responsabilidad, pero no es el único enemigo de los jugadores. En el mismo convenio hay varios cambios menores que se pasaron por alto y a la larga, han tenido mayor impacto en la agencia libre mientras al mismo tiempo comprometían la libertad de movimiento de los jugadores. Ajustes que sobre el papel iban a beneficiar a la clase media y obrera de la liga, pero han acabado teniendo el efecto contrario. Los jugadores se siguen llevando porcentualmente el mismo dinero, pero hay un patrón, especialmente entre las segundas y terceras estrellas, cuyo valor (y poder) ha caído.
El primer gran cambio fue el suelo salarial: en el antiguo convenio, si un equipo no llegaba al 90% del límite salarial, tenía que compensarlo pagándole a sus jugadores ese dinero a final de temporada. En el nuevo CBA, la NBA exige llegar al 90% el primer día de temporada, y en caso contrario, los propietarios no tendrán acceso al reparto de beneficios a final de curso. ¿Qué genera eso? Que haya menos espacio salarial en verano, menos dinero a repartir entre agentes libres y por lo tanto, menos movimientos. Los jugadores quieren asegurarse el máximo dinero posible y firman extensiones antes de acabar la temporada para seguir en el mismo equipo y mantener un salario alto.
Esta off-season, el jugador que más dinero ha firmado en otra franquicia ha sido Walker Kessler (unos $32.5 por temporada) y ha sido mediante un sign and trade. Agente libre como tal, sin traspaso, hemos de irnos a los $22 millones de Norman Powell en Chicago o los casi 16 millones de Mitchell Robinson con Boston, cifra que New York no ha querido igualar por el ya mencionado segundo apron. De los doce acuerdos firmados este verano por encima de los $16 millones al año, hay tres que vestirán un nuevo uniforme: el mencionado Kessler, John Collins (también en sign and trade) y Norm.
El resto han renovado porque su franquicia era la única que podía pagarles el dinero que buscaban: Trae Young, Austin Reaves, Ayo Dosunmu, Isaiah Hartenstein, Coby White, CJ McCollum, Kristaps Porzingis, Tari Eason y Gary Trent cobran más. Más de la mitad de la lista, por cierto, fueron adquiridos el último curso vía traspaso con el objetivo de poder renovarles por encima del límite salarial, algo que no sería posible como agente libre.
El segundo punto que también es relevante es el encarecimiento del impuesto de lujo. La NBPA aceptó que la multa del luxury tax se elevara muchísimo, por lo que ahora, tener una plantilla cara es insostenible. No solo le dieron a los propietarios motivos deportivos para no gastar dinero, sino que además les dieron una excusa para argumentarlo. Los repetidores del lujo, por cada dólar gastado, pagarán al menos tres en una fórmula creciente. El objetivo real era evitar que tres o cuatro propietarios, los más ricos entre milmillonarios, fueran los únicos que podían permitirse un equipo caro; el problema fue que buscando fomentar la igualdad, han conseguido paridad por la parte media y baja. Ahora sí que da vértigo estar por encima del impuesto de lujo incluso a los dueños más ricos de toda la NBA. La NBPA aceptó el acuerdo de los propietarios manteniendo un 51% del beneficio de la liga para sus salarios, pero por el camino cedieron el control. A cambio de poder invertir en casas de apuestas y ser propietarios pasivos de franquicias (hasta un 4%), nuevas fuentes de ingresos masivos para las estrellas, los dueños de las 30 franquicias NBA convencieron a los jugadores de ceder el poder. Y con él, perdieron la agencia libre.
¿Y ahora qué?
¿Cuál es la alternativa para que los jugadores sigan controlando, en menor medida, su futuro? El miedo de las franquicias a perderles por nada. El caso Giannis Antetokounmpo es el más reciente. El griego lleva año y medio con rumores sobre una salida, aunque a Milwaukee le costara una temporada entera tomar la decisión. Para entonces, a Anteto le quedaba solo un año de contrato con una opción de jugador para 2028. Los Bucks podían decidir el futuro del jugador, pero Giannis tenía la oportunidad de secuestrar la negociación al negarse a firmar una extensión con su siguiente equipo. Sin estar al mando de la operación, el jugador puede generar que el precio de mercado baje o la lista de equipos que pujen por la estrella se reduzca hasta quedar únicamente las franquicias a gusto del involucrado.
Esa es la nueva agencia libre de los jugadores: el mercado de traspasos, tanto en febrero como en verano. Con Giannis o cualquier otra estrella acabando contrato, el peor escenario es traspasar por él y perderle a los doce meses; el mejor, el caso de los Raptors de 2019 que tuvieron a Kawhi Leonard en su equipo un año. Suficiente tiempo para proclamarse campeones por primera y única vez en su historia. No es casualidad que desde que hay un nuevo convenio colectivo, Luka Doncic, Kevin Durant, Kawhi Leonard, el propio Giannis, Jaylen Brown, Ja Morant, Anthony Davis (dos veces), Trae Young, James Harden o Karl-Anthony Towns han sido traspasados. Y todos los que han salido a la agencia libre tras el movimiento, han renovado con sus equipos o han vuelto a ser intercambiados.
Es una carretera de doble vía. Por un lado, los equipos no quieren dejar a sus jugadores entrar en agencia libre por el miedo de perderlos por nada, arriesgando a pagar extensiones por encima del precio de mercado, como se ha visto este verano. Mientras, los jugadores no ven opción de encontrar el mismo dinero en otra franquicia al no existir el espacio salarial y deciden renovar, evitando salir a la agencia libre, aunque eso implique seguir en una franquicia donde no quieren estar. Nadie queda feliz del todo, aunque las estrellas mantienen sus millones.
El draft sigue siendo el pilar en el que los equipos construyen las bases fundacionales de los proyectos a medio y largo plazo, pero la agencia libre ha dejado paso al mercado de traspasos como herramienta para complementar un candidato al anillo, algo que demostraron los últimos campeones o finalistas. La libertad ya no se firma en julio, sino durante el mercado de traspasos, y es la única manera viable, en 2026, de que una estrella pueda cambiar de equipo. Ha muerto la agencia libre, al menos como la hemos conocido en este siglo, pero la NBA y sus estrellas vivirán para contarlo.
Foto: Getty Images
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