Trasvases ‘impactantes’ en los banquillos: Repasamos algunos de los nombres más destacados de la Liga Endesa
A lo largo de las últimas décadas ha habido en la Liga Endesa varios movimientos de entrenadores que levantaron un molesto polvo, ya fuera por la forma, el momento, el dinero y hasta la proximidad geográfica.
A lo largo de las últimas décadas ha habido en la Liga Endesa varios movimientos de entrenadores que levantaron un molesto polvo, ya fuera por la forma, el momento, el dinero y hasta la proximidad geográfica. Estos son algunos de los más sonados, empezando por el más reciente: el de Pedro Martínez del Valencia Basket al Real Madrid.
Pedro Martínez (Valencia -> Real Madrid, verano de 2026)
El basket español llevaba años sin vivir una explosión tan radioactiva. El regreso de Juan Carlos Sánchez a la cúspide necesitaba un golpe incontestable y quién mejor que Pedro Martínez para intentar aniquilar la desazón que provocó la recta final de Sergio Scariolo, que no pudo hacer valer que le quedaban dos años más de contrato. Así es que diseñó uno de esos movimientos que dejan a todos petrificados: apenas dos días después de proclamarse campeón de la Liga Endesa, el Real Madrid le puso encima de la mesa una oferta que no pudo/quiso rechazar y que incluía abonar el millón de euros que costaba su salida. Solo él sabe qué le terminó de decidir, si la ‘desbandada’ en plantilla de lujo con la que levantó el trofeo ACB o la tentación de, por primera vez en su carrera, conducir un transatlántico.
Aíto García Reneses (Joventut -> Barcelona, verano de 1985)
Aíto era el técnico de moda en el baloncesto español, una moda que duraría 30 años, y el Barça, en el que había sido jugador, necesitaba un mesías para acabar con la hegemonía del Real Madrid. “No me quedaba más remedio que aceptarla porque era una gran oportunidad para ir a más. Hubo polémica por los aficionados del Joventut, que les daba rabia que me fuera al Barcelona, pero sobre todo la hubo por parte de la prensa del Barcelona. Había un tipo de prensa en Barcelona que era muy del Barça porque los periodistas eran muy amigos de los jugadores… y como yo les había ganado con el Cotonificio y sobre todo con el Joventut, no les hacía ninguna gracia que me fuera allí. Me recibieron con los brazos abiertos pero para cerrarlos como una tenaza”, recordó posteriormente en Jot Down Sport.
Lolo Sainz (Real Madrid -> Joventut, verano de 1990)
Tras quince exitosos años como primer entrenador del Madrid, a Lolo le habían colocado en el puesto de director general en la temporada 89-90. Trabajó unos meses codo con codo con George Karl, pero no terminó de sentirse cómodo porque echaba de menos el banquillo y no tenía ni 50 años todavía. Así es que cuando le llamó el Joventut, con un proyecto relanzado con el dinero de la inmobiliaria Montigalá, que tenía a Mario Conde detrás, no se lo pensó. Sí que fue raro que un símbolo del madridismo diese ese salto, pero sus vínculos con Cataluña también eran estrechos gracias a su mujer. “Disfruté mucho allí. Cuando llegué me querían quitar la presión y me dijeron ‘si eres sexto, eres sexto’. Y yo: ‘¿pero qué dices? Yo he venido a ganar’. Tuve que motivar yo a los directivos primero y luego a los jugadores”, apunta.
Zeljko Obradovic (Joventut -> Real Madrid, verano de 1994)
Obradovic hizo el camino contrario cuatro años después del modo más inopinado y también con el dinero como trasfondo. Montigalá y posteriormente Marbella se cayeron como patrocinadores y la Penya quedó en una situación dificilísima, en la que tenía imposible mantener la superplantilla con la que, con aquel triple de Corny Thompson, había ganado la entonces denominada Liga Europea. El serbio, que en su escaso tiempo como técnico ya había adquirido una fama de irresistible ganador, tuvo que cerrar la puerta verdinegra y abrir la blanca que le había ofrecido Mariano Jaquotot en una rápida gestión. “Tenemos la mejor plantilla del baloncesto español y europeo y por eso tenemos que ganar todas las competiciones en las que participemos”, soltó en su presentación, en la que también dejó el marchamo de su filosofía: “me consideran duro porque uso todos los medios a mi alcance para que el equipo gane, pero no voy a cambiar”.
Manel Comas (Baskonia -> Barça, verano de 1997)
En su momento pareció un matrimonio soñado y perfecto por los dos lados: el Barcelona necesitaba una nueva cara tras años exitosos -en España- pero convulsos con Aíto y Comas había elevado al entonces Tau a una dimensión desconocida. El trasvase tiene trazas del que se pudo hacer este mismo verano entre los azulgranas y Paolo Galbiati: Josean Querejeta prolongó el contrato del técnico para a continuación pedir una indemnización por liberarle, que en el caso de Comas fue de 60 millones de pesetas (360.000 euros). Tras algo de ruido, finalmente se alcanzó un acuerdo. Con el tiempo se supo que hubiese sido mejor que no se hubiera producido: Comas dimitió a principios de noviembre, peleado absolutamente con el vestuario desde la pretemporada, y unos meses después Aíto ya estaba de vuelta.
Gustavo Aranzana (León -> Valladolid, verano de 1997)
En la clase media también cocían sabrosas habas a mediados de los 90. Aranzana era un mito en León, al que había conducido al ascenso a la ACB y su posterior consolidación en ella. Pero el proyecto ya flojeaba a nivel financiero cuando tuvo la oportunidad de volver a su ciudad natal, la vecina Valladolid, donde había entrenado al principio de su carrera siendo apenas un veinteañero. No hizo gracia en León que se marchase, llegando a ser acusado de “traidor” por el consejo de administración. Él, desde luego, tampoco se había mordido la lengua al expresar sus dudas sobre la viabilidad de la entidad, con la que se había distanciado a nivel público: “No me haría socio de este club hasta ver qué plantilla se forma”. Es evidente que le terminaron disculpando una década después, cuando condujo al equipo de nuevo a la máxima categoría.
Javier Imbroda (Unicaja Málaga -> Caja San Fernando, verano de 1998)
Otro viaje dentro de la misma comunidad autónoma fue el de Javier Imbroda, faro del crecimiento del baloncesto malagueño primero en el Mayoral Maristas y después en el fusionado Unicaja. Como sucede en muchas relaciones, el desgaste acumulado durante tantos años acabó pasando factura y ambas partes decidieron poner fin al vínculo. La idea del técnico era hacer en Sevilla lo mismo que había conseguido a orillas del Mediterráneo: que la afición se enganchase a base de buen baloncesto. Pero tanto en un sitio como en otro no logró abrir la sala de trofeos por muy poco, con la final de la Copa del Rey de 1999 como momento culminante, el equivalente al ‘no triple’ de Mike Ansley porque el CSF parecía tener controlado aquel pulso contra el Baskonia en Valencia. Aunque Imbroda se mantuvo como una persona muy querida en Málaga, nunca regresaría.
Luis Casimiro (Cáceres -> Valencia Basket, verano de 2000)
El propio Pedro Martínez ha recordado que el Valencia Basket ya le sacó del Manresa pagando su cláusula en 2024, como ha hecho el Real Madrid ahora. Existe un precedente mucho más atrás en el que los ‘taronja’ están implicados. Y es que en los albores del siglo XXI vieron a Casimiro como un entrenador sobre el que construir y no les importó abonarle al Cáceres una cantidad que ahora parece modesta, pero que en aquel entonces resultaba inhabitual por la libertad de un entrenador (15 millones de pesetas, 90.000 euros). “No me voy por despecho con nadie. Es simplemente una mejora profesional”, adujo el manchego, que un par de años atrás había protagonizado la mayor sorpresa de la historia del baloncesto español ganando la liga con el Manresa.
Dusko Ivanovic (Baskonia -> Barça, verano de 2005)
En el Palau volvieron a darle las llaves a alguien que había triunfado en el Buesa Arena… y fue de nuevo una mala decisión. En dos años y medio en el banquillo azulgrana, Ivanovic solo ganó un trofeo (la Copa de 2007), muy por debajo de lo que había proclamado en su puesta de largo como azulgrana. “He salido de un gran club y vengo a otro gran club al que conozco por su tradición, con una ilusión enorme para conseguir títulos. El baloncesto es igual en todos los sitios: lo más importante es saber hacer bien las cosas y estar con opciones de ganar. Nuestro juego debe ser agresivo, que guste a la gente, pero lo primordial es ganar ¿Año de transición? No lo entiendo en un sitio como este”, dijo. A su lado, Joan Laporta asentía: “Hemos fichado al mejor entrenador de Europa”.
Pablo Laso (Gipuzkoa -> Real Madrid, verano de 2011)
Que levante la mano quien pensase que Laso, pese a venir de un buen ejercicio en San Sebastián (eliminados en cuartos de final por el Valencia), iba a hacer historia en el Madrid al nivel al que la hizo. Era un entrenador de perfil poco mediático, que no había conseguido cuajar en su primera oportunidad con un club puntero, precisamente el Valencia. Los Berserkers, quizás la peña más representativa del baloncesto madridista, llegó a publicar una nota en la que decía: “Las últimas decisiones tomadas por el club demuestran, una vez más, que no se quiere retomar el rumbo y apostar por profesionales de nivel, sino que se prefiere la opción de experimentar y contratar a Pablo Laso”. En su libro ‘Vivir para contarlo’, asegura comprender tanto escepticismo. “¡Coño, si entrenaba al Gipuzkoa!”, exclama. Eso sí, matiza que no le sorprendió la apuesta: “Estaba convencido de que acertaban porque confiaba en mi capacidad y en la de los jugadores que iba a tener”.
Paco Olmos (Río Breogán -> San Pablo Burgos, enero 2022)
Olmos, que había llegado al Breogán en verano, estaba realizando una temporada excelente: el equipo era la revelación de la Liga Endesa y ocupaba la séptima posición. Sin embargo, el 9 de enero comunicó al club su decisión de fichar por el San Pablo Burgos, que era penúltimo y ya había cambiado dos veces de entrenador esa temporada. El motivo principal fue una oferta económica mucho superior (le situaba entre los 3-4 mejor pagados de la competición). No había cláusula: solo pagó la parte proporcional del contrato que le restaba. El Breogán se mostró muy dolido. Su director general, Tito Díaz, criticó que, aunque era legal, resultaba éticamente cuestionable abandonar un equipo en buen momento por uno en crisis. La afición estalló en redes sociales. Olmos justificó la decisión por el bien de su carrera profesional. Le salió rana: no pudo evitar el descenso del Burgos, meses después fue cesado y años más tarde reconoció que se había equivocado.
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