Razones para no dejar de jugar: por qué seguir haciendo deporte después de los 40 protege la salud

Cumplir 40 años no obliga a dejar la cancha, los senderos ni el deporte que siempre nos ha gustado. Mantenerse activo ayuda a conservar la fuerza, a cuidar los huesos y a reducir el riesgo de enfermedades, aunque el cuerpo ya no se recupera igual que a los 25. El traumatólogo Vicente Carratalá y la especialista en Rehabilitación Bárbara Nasarre Muro de Zaro, ambos especialistas de Quirónsalud, Grupo que colabora desde hace años con el movimiento Over40Basket, explican qué gana quien sigue moviéndose, cómo adaptar el esfuerzo, y por qué calentar, trabajar la fuerza, y respetar el descanso permiten seguir jugando durante muchos años.

En concreto, entre los 40 y los 65 años de edad es el segmento con mayor abandono de la práctica de ejercicio, justo cuando el organismo más lo necesita. “El sedentarismo a estas edades es un factor de riesgo real para numerosas enfermedades. Es más peligroso que el deporte bien practicado. Las personas que mantienen actividad física regular a partir de los 40 tienen menor riesgo cardiovascular, mejor salud ósea y articular, y una calidad de vida significativamente superior en la vejez”, advierte en este sentido Vicente Carratalá, jefe de Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología del Hospital Quirónsalud Valencia, centro que actualmente es Servicio Médico Oficial del Valencia Basket.

Al mismo tiempo, Bárbara Nasarre Muro de Zaro, especialista del Servicio de Medicina Física y Rehabilitación del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz de Madrid, defiende que llevar una vida activa es importante a todas las edades porque el movimiento es una necesidad básica del cuerpo humano: “Cada edad tiene unas necesidades diferentes pero, en todas ellas, el aporte del ejercicio físico es esencial. La actividad física regular, entre otros beneficios, reduce a la mitad el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares, el cáncer, o por ejemplo enfermedades mentales como el Alzheimer”.

Más allá de lo físico, subraya esta experta, el deporte aporta también bienestar emocional, gracias a la liberación de endorfinas, a la par que disminuye el estrés, y favorece la salud mental y la interacción social. “La práctica deportiva suele realizarse en grupos o clubes, lo que fomenta la interacción y el apoyo mutuo”, sostiene.

LUCHAR CONTRA LA PÉRDIDA DE MASA MUSCULAR

A nivel de fuerza, según prosigue, se sabe que con la edad se tiende a una pérdida de masa muscular fisiológica (que se denomina sarcopenia), y el ejercicio físico es el único que nos ayuda a minimizar dicha pérdida muscular. “También ayuda a disminuir los niveles de colesterol y de triglicéridos, además de descender la tensión arterial, y mejora la tolerancia a la glucosa, aparte de reforzar el sistema inmunitario”, subraya. Además, hay muchos estudios que concluyen que el ejercicio físico es la única que, de manera aislada, tiene impacto en el riesgo de caídas de las personas mayores, influyendo así en su fragilidad.

Por no hablar de la liberación de endorfinas con el ejercicio, y el impacto en el dolor crónico que muchos pacientes tienen: “El deporte actúa como un arma terapéutica que reduce drásticamente el riesgo de patologías crónicas (cardiovasculares, oncológicas, y neurodegenerativas), ayuda a controlar factores metabólicos y cardiovasculares”, explica la especialista de la Fundación Jiménez Díaz, centro que desde hace varios años es Proveedor Médico Oficial de Movistar Estudiantes.

¿MÁS LESIONES A PARTIR DE LOS 40?

Por otro lado, la doctora Nasarre avisa de que, aunque existe la creencia de que a mayor edad hay más riesgo de lesiones, las fuentes indican que el deterioro funcional puede retrasarse significativamente en personas activas a través de la nutrición, del ejercicio, y de una actitud positiva. “Hay que adaptar la actividad física a la edad y evitar ciertas rutinas de impacto, o que pueda ser más agresivo para las articulaciones. Pero siempre es beneficioso y se sabe que impacta directamente en la calidad de vida”, ahonda esta especialista en medicina rehabilitadora.

En el caso del baloncesto, el doctor Carratalá recomienda dedicar al menos 15 o 20 minutos al calentamiento, con movilización articular progresiva y activación neuromuscular. También es fundamental fortalecer el cuádriceps, los isquiotibiales y el core. A ello se suman otros factores importantes como cuidar el sueño y la hidratación.

Con el paso de los años, las lesiones pueden aumentar, aunque el tipo de problema también suele ser distinto. Mientras entre los jugadores jóvenes predominan los traumatismos agudos, en los mayores son más frecuentes las lesiones relacionadas con la sobrecarga, como tendinopatías, condropatías o sobrecargas musculares. Una buena preparación y un calentamiento adecuado pueden ayudar a prevenir muchas de ellas.

Ante una molestia que no desaparece, conviene no normalizar el dolor y consultar con un especialista. Un diagnóstico precoz permite ajustar la carga a tiempo y, cuando es necesario, recurrir a técnicas mínimamente invasivas como la artroscopia, que favorecen una recuperación más rápida y una vuelta segura a la pista.

UNA REVISIÓN MÉDICA ANTES DE COMPETIR

Además, a la hora de proponer una serie de consejos si se va a practicar deporte en serio a partir de los 40, este traumatólogo apuesta, en primer lugar, por una revisión médico-deportiva antes de competir: un electrocardiograma en reposo y esfuerzo, analítica y valoración musculoesquelética. Segundo, recuerda la importancia de contar con el material adecuado; y después de planificar el descanso con la misma seriedad que el entrenamiento; y adaptarse a la etapa vital.

Por su parte, Bárbara Nasarre, especialista del Servicio de Medicina Física y Rehabilitación del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz, señala que el senderismo y el montañismo destacan como actividades muy adecuadas para la cuarentena, porque son aptas para casi todo el mundo, se pueden practicar en cualquier época según el nivel, y sus efectos se potencian al estar en contacto con la naturaleza.

“Las limitaciones dependen de la condición física individual no solo de la edad cronológica, ya que el envejecimiento varía de una persona a otra. A partir de los 30 años, las funciones fisiológicas suelen disminuir un 1% anual, por lo que el nivel debe ajustarse a esta realidad individual”, remarca esta experta.

Para saber si la intensidad es la correcta durante la práctica deportiva, y sin necesidad de tecnología compleja, se recomienda la ‘prueba del habla’, es decir, que la persona pueda hablar mientras camina o hace ejercicio sin alcanzar fatiga respiratoria. “Es fundamental encontrar un ritmo propio que no agote al deportista. También es importante ‘escuchar al cuerpo’, de manera que si un ejercicio nos produce molestia excesiva o dolor conviene reducir la intensidad del mismo o adaptarlo para que no produzca dolor”, concluye Nasarre Muro de Zaro.