‘De blanco a Colorado (obstinado por definición)’: la historia y el reto de Facundo Campazzo, por Piti Hurtado

‘De blanco a Colorado (obstinado por definición)’: la historia y el reto de Facundo Campazzo, por Piti Hurtado

El contenido pertenece al número 1.503 de la revista ‘Gigantes del Basket’

En Agosto de 2019, en mitad de la concentración para la Copa del Mundo de China, se veía a Facundo Campazzo con un humor sombrío por los Hoteles del mundo. Él que sembró en todos las alegrías de su carácter, las flores de su gracia. La preocupación era que el Real Madrid le había propuesto un contrato de ¡5 años! y unas cantidades económicas de jugador de primer nivel en Euroliga… Lo que a cualquier humano de 28 años y con estatura de 1,79 supondría la gran alegría de su vida, el Ítaca económico, la seguridad financiera de su familia y alguna generación venidera, en Campazzo se tornó en duda y cavilación.

La alternativa era esperar a la NBA, el siguiente nivel. Teóricamente.

Cuando el base originario de Córdoba llegó a la capital de España en 2014, Sergio Llull le recibió y acompañó de visita por los lugares que debía pisar. Los gastronómicos propios de su condición de jugador de élite, los nocturnos y los competitivos. Vio a Llull gobernar las multitudes en el Palacio de Goya, vio a Llull poner música dentro y fuera del vestuario, las canciones y el sonido ambiente ensordecedor tras victorias de mitad de década. Fue Campazzo un compañero divertido para las hazañas de Nocioni, del Chacho y de la soñada Copa de Europa ganada en casa en 2015. No amargó a nadie durante ese viaje, pero su obstinación no le dejaría en el banquillo.

Al llegar a Murcia, en préstamo, ya había sucedido la famosa historia con Ginóbili reprochándole su falta de tono físico. Fue en 2012, pero hasta la 2015-16 no se “cayó la ficha” y pidió a Paulo Maccari, el gran secreto de la Generación Dorada y posteriores, que condujera 400 km desde Fuenlabrada hasta la Huerta Murciana. Y lo primero que hizo el fisioterapeuta al llegar fue ordenarle que tirara a la basura todo el contenido de su nevera y de paso le hizo descubrir algunas verduras. Campazzo no sabía lo que eran las alcachofas (que mejor lugar que Murcia para esa epifanía), ni lo que era rendirse.

Ahora tocaban más sacrificios, pero debía cambiar y aprender.

Su etapa en el UCAM Murcia fue clave para entender su liderazgo desde los hechos y no las palabras, para conocer las competiciones europeas (jugó una Eurocup a muy buen nivel) y para relacionarse con entrenadores de distintos registros (Oscar Quintana y Fotis Katsikaris).Tras 31 años sin que el equipo de esa CCAA llegara al Playoff, con “El Facu” de líder, lo consiguieron.Ese fue el trofeo que levantó allí. Los convenció a todos, menos a sí mismo.

Tanta ansiedad, tanta tozudez casi le dejó sin consuelo, pero es imposible que tantos cambios hubieran sucedido sin que ella le hubiera acompañado en la transformación, en esta historia, Consuelo es una parte indispensable para comprender. Cambios de dieta, de prevención de lesiones, de orden personal, de hábitos de vida. Su importancia deportiva fue creciendo a la vuelta de la cesión, con Llull varado en astilleros había más tiempo y balón. Pero era el Real Madrid de Luka Doncic. Llegó a jugar titular la final de Belgrado pero es complejo encontrar un plano televisivo donde luzca… El genio esloveno, su amigo Causeur o Thompkins son los hombres de la noche. Segunda Euroliga ganada. Su obstinación no estaba satisfecha. Aún se tenía que definir más para ser quién él quería

Muchas vidas, muchos maestros

Sergio “El Oveja” Hernández le recomendó este libro de hipnosis regresivas y de vidas pasadas. A un chico tan inquieto le marcó esta lectura. Facundo es él mismo. Pero también es un segundo base indómito, un rebotador imposible, un pasador de fantasía que no sonríe a la grada, un defensor pétreo, un picabolsillos de época. Tantas vidas en un mismo partido.

Para ganarte la posibilidad de grandes maestros, antes tienes que poner la base, la fe, la voluntad. Con esos cimientos, pudo sentarse a escuchar la cátedra de Julio Lamas, de Andrés Nocioni, de Manu Ginobili, del “Oveja”, de Sergio Llull. Y de Pablo Laso, si alguna vez se han mirado en un espejo del Ministerio del Tiempo estos dos humanos, ha sido cuando se han tenido uno enfrente del otro.

Velocidad, jugar todo el partido, responsabilizarse de marcador, tiempo y compañeros. Mantener todas las vías comunicativas abiertas. A veces hasta cansar. Pensar en lo siguiente, en lo que puede ayudar. Creer en la victoria, ser positivo y participar en el proceso. Eso fue Laso como jugador, eso es Campazzo. Y se han ayudado hasta el último segundo de cooperación. Procesadores rápidos de conductas. Para Laso no es una afrenta, un desamor que prefiera irse a NBA. Y si lo es, nunca lo sabremos.

Y mientras tanto, a partir de ahora, la comunidad argentina basquetbolera en Madrid, pasará a hacer los asados en casa del “Tortu” Deck. Laprovittola y él despiden a un amigo, pero también a un rival. De su paso adelante ahora no tienen tapón moral, el Real Madrid necesita de su mejor concurso.

Cuentan testigos oculares que en la comida previa al crucial partido de cuartos de final en la Copa del Mundo de China, en medio del salón-buffet, los dos equipos, Serbia y Argentina compartían espacio. Luis Scola, cada año más magro para poder alargar su pasión de jugar, se acercó a la mesa de sus compañeros con un plato lleno de verdura y pescado a la plancha. Se sentó junto a Campazo y el resto de los chicos y observaron a varios jugadores balcánicos que cuando acudían a la zona de postres, se metían hasta la pelvis en el arcón de los helados a ver cuanto chocolate sacaban.

El comentario de los argentos fue “A estos gordos les tenemos que ganar hoy, y si no es así… nos tenemos que replantear algunas cosas…” La Generación Post-dorada con ese pasajero del tiempo que es “Luifa”, por comparación es menos talentosa y carismática que sus mayores pero trabaja sus cualidades físicas y técnicas achicando el espacio entre rendimiento y expectativas hasta comprimirlo. Por convicción. Y lo que Ginobili fue a los mayores, Campazzo es a los actuales. El que convence hasta a su entrenador que se puede ganar el partido más imposible. Serbia y Francia cayeron. Argentina fue la otra Campeona, con España.

En una operación contractual muy compleja (no digan imposible, pues cada vez que pasa, este muchacho se hace un tatuaje nuevo en la piel o en su agenda), Campazzo recala en Denver Nuggets. Desde rockear Castellana arriba, pasando por la granítica disciplina alimentaria hasta llegar a las montañas rocosas. Un viaje alucinante que aún no tiene destino final.

Dos años de contrato donde demostrará a Murray, a Gary Harris y a Monte Morris que es un dolor de cabeza en cada entrenamiento, que no les va a dejar pasar. La defensa del balón a los pequeños es su fuerte. Tendrá que endurecerse (aún más) con tantos bloqueos directos entre escoltas y bases que le pondrán para postearle. Tendrá que pensar que los árbitros no saben quién es. Tendrá que sentarse al lado de Jordi Fernández, el ayudante de Mike Malone para entender lo que aún no sabe. Facu le puso un tapón a Kobe Bryant, dominó los ritmos europeos, pasó sobre bote como nadie, pero llega nuevo y ha de absorber un nuevo conocimiento. Y mientras encuentra la aprobación y afecto de Mike Malone, volverá a lidiar con la ansiedad de no jugar. Con la ansiedad de no tener la bola en la mano y mandar. Con la ansiedad de que Jokic no es Tavares, quiere la bola pronto y en poste alto.

Pero la temporada viene comprimida, Nuggets tiene que ser un equipo de arriba en el Oeste. Aprovechará sus oportunidades y peleará lo que se le ponga por delante. No se llega bien peinado a la NBA siendo un jugador de menos de 1,80 no nacido en USA (solamente el producto nipón de marketing Yuta Tabuse lo consiguió antes). Manos preparadas, juego por debajo del radar, balones cercanos al piso. Pasar muchos bloqueos por delante y en reverso, su especialidad. Para muchos que no llegamos al 1,80 y que nos gusta el baloncesto, Facundo Campazzo ya ha triunfado. Para él, que convirtió la definición muscular y física en un elemento básico a añadir a su obstinación deportiva, este es otro reto como todos los anteriores y no concibe otra cosa que no sea jugar mucho, jugar bien y jugar para ganar.