Goran Dragic, el bebé dragón chupó banquillo en Murcia

Goran Dragic, el bebé dragón chupó banquillo en Murcia

Los primeros pasos profesionales de Goran Dragic fueron en Murcia, donde no acabó de hacerse un hueco en la rotación del equipo

Murcia, finales de la temporada 2006-07. Más allá de los promedios de 4,5 puntos en 15,7 minutos que acreditó Goran Dragic, ¿qué conclusión puede sacarse cuando se alude a que el MVP del Eurobasket se quedó fuera de últimas convocatorias, sustituido por el veterano Nikos Vetoulas? Aquel pequeño ‘Dragón’ de padre serbio y madre eslovena todavía no había cumplido los 21 años. Cojamos el DeLorean para conocerle a través de cinco de sus compañeros de entonces.

Texto extraído del número 1.465 de Gigantes, correspondiente al mes de octubre de 2017

La historia empieza, como tantas, con el buen ojo que tienen en el Buesa Arena para detectar el futuro, surja donde surja. El Baskonia le había visto en el Slovan de Ljubiana y las selecciones inferiores de Eslovenia, pero consideraba que no estaba lo suficientemente maduro como para disputarle el pan a Pablo Prigioni y Zoran Planinic, así es que lo cedió al entonces denominado Polaris World Murcia, que acababa de ascender.

“Era su primera experiencia fuera de casa y la presión era distinta a cualquier cosa que hubiese vivido antes. Nuestro objetivo era la permanencia y a él le costó a nivel deportivo adaptarse a algunas cosas”, cuenta Xavi Sánchez Bernat, uno de los veteranos de aquella plantilla en la que se mezclaban gente como él y jóvenes como el propio compañero de posición de Dragic, el eslovaco Anton Gavel. “Anton acabaría jugando más minutos, pero el talento que se veía que tenía Goran era superior. Lo que pasa es que alternaba acciones muy brillantes con otras de mucho descontrol, lo cual en un equipo como el nuestro era complicado de sobrellevar”, añade el ex escolta catalán.

El entrenador era Manolo Hussein, que no ha respondido a la invitación a participar con su testimonio en este reportaje. Solo él conoce su visión real sobre aquella versión casi junior del esloveno, al que terminó apartando en varios de los últimos encuentros tras la llegada de Vetoulas. Era éste un griego de 33 años con poco currículum internacional, pero que, según Sánchez Bernat, “aportaba consistencia y sabía de qué iba el tema, porque Goran tenía muchos altibajos”. Y es que, de sus 27 partidos ACB, esa máquina de anotar que hemos visto en el Eurobasket solo superó la decena de puntos en cinco, uno de ellos contra el Baskonia (14), con un tope de 18 ante el Girona (‘casualmente’, el día que jugó más: 34 minutos).

“Era una criatura y Hussein le crucificaba”, sostiene sin tapujos Pedro Fernández, pívot de aquel Murcia que, eso sí, terminó salvándose. “Le imagino viendo la final del Eurobasket y preguntándose por qué no le dio bola a un jugador que hace lo que Goran hace”, añade. “Nosotros en el vestuario no nos lo explicábamos. Decíamos que si lo había cedido el Baskonia, es que algo debía tener especial, porque aquella gente siempre ficha bien. Y así era: físicamente era escandaloso, sobre todo destacaba porque defendía con el culo pegado al suelo”, rememora sonriendo.

Lo curioso es que la difícil situación no hundió en lo personal a Dragic, que aprendió rápidamente español. Le ayudó que, cuando llegó, ya sabía algunas palabras que había memorizado viendo en su país culebrones latinoamericanos. En la pista las cosas no terminaron de salir, pero mantuvo alta la cabeza en los entrenamientos y batalló con pequeñas lesiones que le cortaron el ritmo. En plena temporada recibió la visita de su padre y su hermana para evaluar sus condiciones de vida en la capital murciana (“los conocimos y eran personas muy humildes, pero de una educación exquisita”, según Fernández) y se refugió en Maja, la que entonces ya era su novia y que hace dos años se convirtió en su esposa. Son padres de un niño llamado Mateo.

“Supongo que pensó que tanto banquillo le serviría algún día. Todos sabíamos que tenía mucha calidad, aunque es verdad que ha hecho más de lo que pensábamos entonces”, confiesa Sánchez Bernat.

Hizo buenas migas con los norteamericanos del equipo, quizás preparando sin saberlo lo que iba a ser su desembarco en USA apenas dos años después. Según Pedro Fernández, su mejor amigo en la plantilla era Marcus Fizer, mientras que compartía habitación en los desplazamientos con Anthony Stacey, actualmente ayudante en la universidad de Bowling Green. “Me pareció un gran tipo que trabajaba muy duro todos los días. Le apasionaba el baloncesto y tenía una gran inteligencia jugando”, opina.

Para Terrell Myers, “detecté en él a alguien especial desde la primera vez que le vi jugar. En todos los entrenamientos hacía algo diferente. Sabía que iba a terminar siendo un gran jugador de la NBA”. El escolta de pasaporte británico asegura que “Goran venía muchas noches a mi apartamento para jugar a la videoconsola. Hablamos mucho sobre su futuro y lo que él necesitaba para terminar en Estados Unidos. Siempre tuvo velocidad y defensa, pero es que ahora lo está poniendo todo junto”.

La visita a Miami

El chico se hacía querer y hoy en día ofrece detalles de que no ha caído en la tentación de idiotizarse por el éxito. Uno de sus mejores camaradas en el vestuario era Pedro Robles. A pesar de haber perdido el vínculo durante estos años, cuando contactó con él hace unos meses para que le consiguiese entradas para ver a los Heat en Miami le resolvió la petición con rapidez. “Me dio cuatro y también unos pases VIP para poder estar en la zona de vestuarios. Nos recibió allí después del partido y estuvimos hablando 15 o 20 minutos, al principio en español y luego en inglés. La verdad es que mi hijo Pedro flipó, pero tengo que reconocer que yo mismo también”, cuenta el escolta madrileño, ya retirado. Ahora, además de ejercer la docencia en un colegio de Madrid, es monitor de tiro de jugadores como Carlos Suárez.

“Se nota que es un tío que disfruta estando en la selección, un poco como los Gasol y demás. Aunque dispongan mucho tiempo de vacaciones, tienen que estar entrenando. Y si lo pasan bien estando con el equipo nacional es positivo para ellos”, apunta Robles, que considera que el problema de Dragic fue que llegó demasiado joven a una competición tan dura como la española. “Era prácticamente su primer año como senior y era lógico que fallase en algunas lecturas de juego”, añade.

Después se marchó (cedido otra vez) al Olimpia de Ljubiana. Su gran año en casa, jugando al lado de Sasa Doncic, el padre de Luka, le catapultó hacia el puesto 45 del ‘draft’ del 2008. Fue un empeño total de Steve Kerr cuando ejercía como ‘general manager’ de los Phoenix Suns y de hecho solo hizo un ‘workout’ con ellos. Veía en él al perfecto sucesor de Steve Nash. Sin embargo, en sus dos etapas en Arizona, con un paréntesis de dos años en los Houston Rockets, también tardó en convertirse en el jugador de 20 puntos por partido que hoy es en Miami. En medio, gracias al breve cierre patronal de la 2010-11, disputó al fin dos partidos con el Baskonia, pero se ve que ese es un amor gafado (solamente 18 minutos y 7 puntos en total: ya sabemos cómo es Dusko Ivanovic y su alergia a las concesiones). Eso sí, ‘casa Querejeta’ había recibido años antes el premio a su inversión: el pago de la cláusula de rescisión por 1,5 millones de euros, dos tercios de los cuales los tuvo que asumir Dragic procedentes su primer contrato en América.

“Creo que el estilo de la NBA le viene mejor que el de aquí. Es un jugador súper vertical, muy bueno físicamente, algo que allí le han mejorado más todavía, con unas ‘patas’ increíbles. Aquí tenía un gran ‘uno contra uno’ y debía mejorar el tiro, que es algo que claramente ha conseguido”, termina Robles. Y lo que nos queda por verle todavía.