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Raül López, por los que mejor le conocen: así fueron sus primeros años en el Joventut

Raül López, por los que mejor le conocen: así fueron sus primeros años en el Joventut

Texto publicado en el especial que dedicamos a Raül López. Número 1449, junio de 2016, que puedes comprar aquí

PACO LÓPEZ. PADRE DE RAÜL

“Los primeros botes de Raül fueron en un pueblo al lado de Vic, en Sant Julià de Vilatorta. Allí había un colegio, el Roser, donde había una pista para jugar. Me llevaba a Raül y a su hermano y allí se enganchó al baloncesto. Yo sólo había jugado hasta que fui a la mili y me lesioné. Soy un loco del baloncesto y pusimos un bar en Vic, que se llamaba La Tortuga, donde aficionados y jugadores venían a charlar de baloncesto. Un día, en una de esas tertulias, Toni Martorell, uno de los entrenadores que era de Tarragona y entrenaba en Vic, me comentó de bajar a Badalona a hacer una prueba. Y así lo hicimos. El primer año sólo entrenaba un día en la Penya y seguía jugando en Vic. Al segundo año ya íbamos tres veces y el día de partido y entrenaba un día en Vic. En esa época mi cuñado me ayudó en el bar para que yo pudiese acompañar a Raül. Cuando llegaba al Palau Olímpic y me tocaba esperar, tomaba el café sobre todo con Rosa, la madre de Xavi Mendiburu. Con los padres me sentía muy bien, hablando cómo no de baloncesto. Los 60 kilómetros de Vic a Badalona no se me hacían pesados aunque Raül siempre me ha dicho que voy lento.

“Raül siempre me ha dicho que conduzco lento… pero nunca hemos llegado tarde”

Un secreto: nunca, nunca llegamos tarde ni a un partido ni a un entrenamiento. Como anécdota, contaré que el debut de Raül con el Joventut fue en Hospitalet… y nos dejamos el carnet en casa. Para ganar tiempo, un padre consiguió el permiso por un burofax que llegó a tiempo para que jugase media parte. Cuando volvíamos para Vic llegábamos a las 11 de la noche al bar. Su madre, la Montse, se lo llevaba a casa… y yo me quedaba haciendo tertulia con la gente del básquet Vic”.

Y el amor llegó, cómo no, por el basket

El baloncesto manda en Badalona. Mientras Raül jugaba en la Penya, una chica, Rosa Plazas, jugaba en el BBC, un club que era como la sección femenina del Joventut. Y coincidiendo en los distintos pabellones y otros lugares, se conocieron siendo él júnior. Ella iba a verle en el Olímpic y en el Sant Josep, él iba al histórico pabellón de la Plana, donde jugaba el BBC. A los pocos días de empezar a salir juntos, Raül fue convocado para el primer equipo. A partir de entonces empezaron una relación que ha perdurado hasta hoy con el baloncesto como punto de unión pasando por Madrid, Utah, Moscú, Girona y Bilbao. Mark y Axel ya son la nueva generación López Plazas. Con los genes que tienen, apuntan alto seguro».

SOULEY DRAME. COMPAÑERO DE RAÜL 1995-2000

“Seguramente soy quien ha pasado más horas con Raül a parte de su pareja. Dejé el baloncesto hace tres años y me fuí a Londres donde trabajo en Matchtech, la empresa número uno en Gran Bretaña en Recrutiment Consultant. Yo llegué un año antes a la Penya, en infantil. Y la llegada de Raül la recuerdo perfectamente porque tenía un pique increíble con El Baradzi, otro base que había que era buenísimo, y Jordi Jiménez. Había mucha competencia”.

“Fuimos a vivir en el piso de Miquel Nolis. Allí estábamos en la misma habitación y como dormíamos en una litera nos íbamos turnando: una semana uno dormía arriba y otra abajo. ¡Ninguno quería estar arriba! También estaba Pacreu pero era más grande y tenía una habitación. Aquellos años trabajamos muchísimo. Cuando nos veía en casa sin hacer nada, Miquel nos cogía e íbamos al pabellón de Ausias March o al Olímpic a entrenar porque tenía las llaves. Íbamos muertos. Y estudiábamos juntos en el Instituto Pompeu Fabra. Lo mejor eran las inolvidables comilonas que nos preparaba la Carme, la mujer de Miquel. Cuando hacía fricandó (ternera) era una fiesta”.

“En la litera dormíamos una semana arriba y otra abajo, nos lo turnamos»

“Hay una anécdota que siempre nos reímos mucho cuando la recordamos. A veces comíamos en un restaurante que se llamaba Can Mas. Hacían una ensaladilla rusa impresionante. Un día cerró el restaurante para siempre y Raül me pidió que fuese a pedir mucha ensaladilla para tener. Le hice caso pero mientras le esperaba en casa no pude aguantarme y me comí primero una parte de su ración y después todo. De verdad que me arrepiento porque nunca podré olvidar la ilusión con la que llegó para comerse su ensaladilla… y no quedaba. Más tarde, nos mudamos a un piso en el que reconozco que había poco orden. Cuando se fue al Madrid le eche mucho de menos. Mira que somos de caracteres diferentes, pero tenemos una relación única. También con Mumbrú y Cabezas”.

MIQUEL NOLIS. TÉCNICO DE RAÜL Y CON QUIEN VIVIÓ 3 AÑOS

“En 1995, la Penya fue campeón de Europa, pero la situación económica del club cayó en picado. La cantera siguió trabajando duro y se apostó fuerte por ellos. Yo estaba de entrenador del júnior y los becados vivían en la que sigue siendo mi casa en Can Mercader, en Badalona. Inicialmente sólo estaba Josep Pacreu pero llegaron Souley y Raül, uno de Mataró y el otro de Vic. Eran realmente un par de tipos muy peculiares, muy diferentes entre ellos de carácter aunque finalmente se unieron mucho. Como estaba de tutor, recuerdo haber tenido que ir a hablar con una profesora del instituto para que fuera comprensiva con Souley ya que le costaba más compaginar baloncesto y estudios. Me acuerdo de un día en que mi mujer pilló a Souley con una amiguita, cuestión que teníamos prohibida”.

“A los vecinos les hacía gracia su presencia porque eran jugadores de la Penya pero también eran ruidosos. La verdad es que todo el mérito fue de mi mujer, la Carme, porque ella es quien les hacia la comida, es una cocinera excelente, y estaba pendiente de ellos exigiéndoles los deberes. Después en el piso estuvieron gente como Rudy o Miralles pero fue bastante diferente. Algunos fines de semana se iban con sus familias. Yo iba con el coche al instituto, les recogía junto con Josep Pacreu y Albert Roma e íbamos a entrenar. Mis hijas, Laia y Alba, eran aún pequeñas pero tienen buen recuerdo del ambiente de baloncesto que se ha vivido en casa”.

XAVI CASTILLO. TÉCNICO CADETE CAMPEÓN ESPAÑA

“El primer año de Raül en el cadete, la Penya no se clasificó para el campeonato de España. Fue el año siguiente cuando el equipo empezó la temporada entrenados por Joan Plaza, pero en diciembre fichó por el Tarragona y lo cogí yo. Hubo un dato increíble. Durante la temporada jugamos siete veces contra el Barça y perdimos las siete, pero en el campeonato de España, en Málaga, les ganamos en la fase previa y en la final. En aquel Barcelona la estrella era Juan Carlos Navarro; aún no estaba Pau Gasol”. 

“El primer año cadete no fue convocado para la Selección. Aún no lo tenían controlado”

“Durante ese año, la progresión de Raül fue muy grande aunque su explosión fue en junior .De hecho, como curiosidad, no fue convocado por la Selección española hasta el año que fuimos campeones de España. Antes no lo tenían controlado. Tenía un dominio de balón con las dos manos único, tenía buena muñeca, buena mecánica aunque no explotaba mucho el tiro porque tenía tanta capacidad explosiva que rompía a su rival y penetraba con facilidad. Tenía ya buena visión y unas piernas privilegiadas. En un entrenamiento vino Tomàs Jofresa y se quedó alucinado con él”.

“Era muy introvertido pero se transformaba en la pista. De hecho hablaba más dentro que fuera. En el perímetro había tanta calidad que él compartía la posición de base con El Baradzi y a Xavi Mendiburu y a Jordi Jiménez los pasamos al dos. Recuerdo perfectamente que todavía en categoría cadete fue a un torneo con el junior a Rho, Italia, con el equipo que entrenaba en la Penya Josep Maria Berrocal. Lo hizo tan bien Raül que se inventaron sobre la marcha un trofeo para darle un premio a él de lo impresionados que los dejó a todos”.

CESC CABEZA. JUNIOR DE ORO Y AMIGO RAÜL

“Puede decirse que mi relación con Raül curiosamente empieza gracias a una lesión. El día después de la noche de San Juan -fiesta tradicional en Cataluña- me llamaron desde la FEB para decirme que por la tarde me iba con la Selección porque se había lesionado un jugador. En la concentración que hicimos en la residencia Blume de Madrid yo apenas conocía a los jugadores porque yo era un año menor a la generación del 80. En cierto modo, creo que nuestra amistad empezó un día que teníamos libre: yo me fui a entrenar solo… y me encontré a Raül entrenando a tope. No lo hemos hablado nunca, pero creo que ese día empezamos a conectar”.

“Siempre le he admirado muchísimo como jugador y persona. Después de ser campeones del mundo en Lisboa, hicimos una cena con Souley, Raül y Mumbrú y desde entonces se ha convertido en tradición. Tenemos un grupo del whatsapp los cuatro que nos sirve para mantener el contacto y preparar esa cena. Cada verano iba a Badalona y jugábamos pachangas interminables en la pista de Can Cañadó y en el pabellón de Casagemas con Adolfo Sada -hermano de Víctor-, Gabi Giménez… Siempre nos reímos de un día que le dijimos a Souley que viniese discreto para que no nos reconocieran mucho y se presentó con la camiseta oficial de la Penya. ¡Qué tío!”.

“También hemos convertido en tradición una excursión muy especial: subir a La Mola, una montaña de Matadepera que los dos hemos usado para recuperarnos de las lesiones de rodilla. Su forma de demostrar su amistad es con hechos, no sólo con palabras. Cuando me operaron por primera vez de la rodilla, tras ganar el Mundial, yo estaba en el Barça y vino mucha gente a verme al hospital. A la segunda operación, cuando jugaba en el UB Sabadell, vino muy poca gente, pero Raül fue de los primeros”.

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