Epi, por Piti Hurtado

Epi, por Piti Hurtado

Es el aniversario del nacimiento de Juan Antonio San Epifanio. “Epi” cumple años pero no los suma a su edad, es uno de esos mitos que parece no envejecer. Cuando se dejaba ver más, tras muchos años retirado, no sabías si estabas contemplando a Nicholas Cage (en un papel serio y sobrio) o al mejor jugador de baloncesto de Europa en la década de los 80.

“Epi” no fue, “Epi” es. “Epi” es la salida rápida del tiro tras un bote, la perfilación al tiro lateral, tabla o no tabla, es la tenacidad de querer ser el mejor en cada partido y conseguirlo muy a menudo. Y siempre lo será.

Caminar erguido hacia una misión en la vida, meter canasta y correr marcha atrás metiendo codos. Caminar hacia una misión en la vida, estar disponible. Tantos partidos, tantos minutos, siempre estar disponible y dirigirse hacia el balón, no esperar que te llegue. Canastas ganadoras desde el primer minuto hasta el 38, no fue un jugador de finales ajustados, no se le recuerda por eso. La bicefalía de Real Madrid y FC Barcelona hace que los grandes jugadores de la historia de nuestro baloncesto tengan un porcentaje menor de partidos ajustados que en otros baloncestos.

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Desde una calle pegada a la Plaza del Pilar hasta el Forum de Inglewood, desde el Colegio Alpe como Campeón del Mundo Escolar hasta la salida de las “Adidas Epi Pro Hi”, desde “Misha” hasta el arco de Antonio Rebollo. Desde el bronce junior en Santiago de Compostela hasta la subida a los hombros de Mike Peplowski, extraño lugar dónde retirarse…

Si la rivalidad de Magic y Bird cambian la NBA, “Epi” y su baloncesto irrumpen en el cambio natural de marca de los tiempos, los 80. “Epi” es la ACB, “Epi” es los anuncios en la tele, “Epi” es el cuidado estético, “Epi” es lo moderno. En su era se tiende a olvidar los grandes éxitos anteriores, con jugadores que alzaron las Copas de Europa pero con perfil mediático bajo, sus nombres están al servicio de la entidad. Las marcas personales irrumpen con “Epi”, de un nombre compuesto y apellido multisilábico, se compacta un monema perfecto para prefijos suntuosos como “SuperEpi” o sufijos categorizantes como “EpiSistema”. Buscató, Emiliano o Corbalán llevan la carga de la larga dicción, ya no importa tanto el número de estanterías en la Sala de Trofeos, sino cómo la ilumines las baldas que contiene.

Pero Juan Antonio “San Epifanio”, Epi II es el fruto de un trabajo muy duro, esa parte de su carrera que supo colocar en un lugar donde no estorbara. Llegado al FC Barcelona por petición de su hermano Herminio, no paró de luchar contra la lentitud de movimientos, escapó de la posibilidad de ser un 4 pequeño por estatura, consolidó su posición de alero en el 1.98. Lucha técnica constante para que no se notara que su manejo de bola con la mano izquierda era muy justo. Ayuda en el rebote, trabajo profundo de puesta a punto de unos abductores que la parte final de su carrera le obligaban a ir con mucha antelación a entrenamientos y partidos. Un físico con poca flexibilidad que pasó de obstáculo a mérito a añadir a las menciones individuales que coleccionó.

Listo a la hora de establecer alianzas, su relación deportiva y personal con Manolo Flores ,uno de las personas más queridas de la sección de baloncesto, la cercanía con Eduard Portela, las negociaciones cara a cara con Nuñez y el “farol” de llamar al ascensor rechazando oferta para dos pasos después detenerse a la llamada del Presidente y la subida inmediata, no pensaba bajar de todas maneras, nunca quiso bajar.

Buena adaptación a los cambios, entendió que no había otra forma. La velocidad punta de Corbalán, la línea de 3 puntos tras los JJOO de Los Ángeles, la llegada de Aíto García Reneses, vivir el ascenso y caída de la Selección y de Antonio Díaz Miguel, y sobrevivirle.

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“Epi” las metía de todos lados, incluso desde la grada en un anuncio televisivo de “Nocilla”, eso si que era un “Spot up” expresión que hoy en día “obligatoriamente” los entrenadores debemos usar para tiros abiertos. Nos parecía normal ver a “Magic Johnson” abrazado y sonriéndole a “Epi” mientras anunciaban fiambre. Tal para cual, alto rendimiento deportivo, mitad de su mente pensando en el siguiente negocio. Cada saludo, cada autógrafo, cada fotografía, cada reportaje fue pensado y medido. Una forma de ser de un alero en una misión completa, un comportamiento sin salidas de tono, en todas las victorias y en todas las derrotas. Excepto cuando Petrovic mordió el polvo en el Palau y “Super Epi” agitó a su afición y agitó una toalla con una alegría que era producto del pago de cuentas pendientes.

Batir récords de anotación y de partidos jugados con su club y con el equipo nacional fue la consecuencia natural de una forma de trabajar y de jugar. Siempre estuvo disponible para la siguiente jugada, entrenamiento o partido. La ausencia de unas piernas potentes le benefició. N hubo grandes saltos, ni malas caídas. La ausencia de grandes lesiones fue motivado por esa preparación y un punto de suerte que los grandes tienen, si Mike Ansley hubiera metido aquel triple, se hubiera ido de las canchas sin ganar otra Liga.

Posteriormente “Epi” trabajó en Canal+ como comentarista de partidos y copresentador en programas, con otra etapa en La Sexta. Consciente de que hablar era sencillo pero comentar con sentido y comunicar algo que tuviera interés necesitaba una preparación, optó por la documentación estadística, el trabajo previo para saber quién era qué. Siguió fiel a estar preparado por trabajo previo o con apoyo de labor periodística. Invertir en uno mismo para hacer mejor tu trabajo. Nunca fue desnudo, ni a la cancha ni al micro.

Las finales de Copa de Europa perdidas y el fracaso de Barcelona-92 existieron y forman parte de él. Los grandes ganadores pasan de puntillas por esos momentos tratando de no manchar sus zapatos, hablar poco de la zona oscura. Eso también es marketing. Un marketing del que los entrenadores de esos equipos no salen tan indemnes.

Aquí terminan estas líneas que recuerdan que “Epi” no añade años, ni en su “cumple”, “Epi” acumula experiencia igual que acumuló Copas del Rey, Ligas y Recopas. Ahora en 2020 nos parece poco por lo que le faltó.

Mirado en perspectiva fue mucho